SANTO TOMÁS DE AQUINO CIENCIA REDACCIÓN EN PRIMERA PERSONA.
La doctrina sagrada es necesaria porque la razón humana, aunque verdadera y valiosa, no basta para alcanzar por sí sola el conocimiento pleno de Dios y del fin último del hombre. Esta ciencia procede de la revelación divina y posee mayor certeza que las demás, pues se funda en la verdad perfecta de Dios. Su objeto principal es Dios mismo, origen, causa y fin de toda verdad. Las criaturas son estudiadas únicamente en cuanto dependen de Él y conducen hacia Él.
La teología es la sabiduría suprema porque contempla las causas más altas y orienta al hombre hacia la felicidad eterna. La razón sirve para explicar y defender la fe, aunque no pueda abarcar totalmente el misterio divino. Así, la Escritura utiliza símbolos y múltiples sentidos porque el entendimiento humano asciende desde lo sensible hacia las verdades espirituales y eternas.
REDACCIÓN EXTENDIDA CIENCIA EN PRIMERA PERSONA.
La doctrina sagrada es una ciencia verdadera y necesaria para la salvación del ser humano. Aunque la razón natural posee gran dignidad y capacidad para conocer muchas verdades acerca del mundo, ella no basta por sí sola para alcanzar plenamente el conocimiento de Dios y del fin último al que está ordenada la existencia humana. El entendimiento humano puede descubrir ciertas verdades mediante la observación de la realidad creada y el uso correcto de la razón, pero existen misterios superiores que exceden las fuerzas naturales de la inteligencia. Por esta causa, Dios quiso revelarse y comunicar al hombre aquellas verdades necesarias para conducirlo hacia la felicidad eterna.
Esta doctrina posee mayor nobleza y certeza que todas las demás ciencias, porque sus principios no proceden de opiniones humanas cambiantes, sino de la misma sabiduría divina, que no puede equivocarse. Las ciencias humanas estudian aspectos particulares de la realidad: unas consideran el movimiento, otras los cuerpos, otras las sociedades o las cantidades. Sin embargo, la doctrina sagrada contempla la causa suprema de todo cuanto existe. Por ello, su dignidad es superior, ya que la nobleza de una ciencia depende principalmente de la nobleza de su objeto.
El objeto principal de esta ciencia es Dios. Aunque la doctrina sagrada trate también acerca de los ángeles, del hombre, de la creación, de la moral y de la historia, todas estas realidades son consideradas únicamente en cuanto proceden de Dios, dependen de Él o se ordenan hacia Él como fin último. Nada posee existencia independiente y absoluta fuera de Dios, pues toda criatura recibe de Él el ser y participa de su perfección. Por esta razón, toda verdad auténtica conduce finalmente hacia Dios como causa primera y fundamento supremo de la realidad.
La doctrina sagrada es sabiduría en el grado más alto, porque corresponde al sabio considerar las causas más universales y elevadas. Quien conoce solamente realidades particulares posee un conocimiento limitado, mientras que quien contempla la causa primera puede comprender el orden general de todas las cosas. La teología supera incluso a la metafísica, porque no sólo considera lo que la razón puede descubrir acerca de Dios, sino también aquello que Dios ha querido revelar acerca de sí mismo y que el hombre jamás podría conocer únicamente mediante sus fuerzas naturales.
La razón humana no es destruida por la fe. Al contrario, la fe perfecciona la inteligencia y la conduce hacia una verdad más alta. Por ello, la doctrina sagrada utiliza argumentos racionales para explicar, defender y ordenar las verdades reveladas. Sin embargo, yo afirmo que la razón posee límites y no puede comprender plenamente la esencia infinita de Dios. La inteligencia humana puede acercarse a los misterios divinos, pero nunca agotarlos completamente.
Asimismo, enseño que la Sagrada Escritura utiliza metáforas, imágenes y símbolos porque el conocimiento humano comienza por los sentidos. El hombre asciende desde las realidades visibles hacia las invisibles. Por esta causa, Dios adapta la revelación a la condición humana y emplea comparaciones sensibles para conducir gradualmente la inteligencia hacia verdades espirituales superiores. Estas imágenes no disminuyen la verdad divina, sino que permiten aproximarse a ella de modo proporcionado a la capacidad humana.
Finalmente, sostengo que la Escritura posee diversos sentidos. El sentido literal constituye el fundamento de toda interpretación verdadera, pero además existen sentidos espirituales mediante los cuales los acontecimientos históricos pueden significar realidades futuras, morales y eternas. Esto es posible porque Dios no sólo gobierna las palabras, sino también la historia misma. Así, toda la realidad creada manifiesta un orden providencial que conduce hacia Dios, principio, verdad y fin último de todo cuanto existe.
Necesidad de la revelación divina.
Para la salvación humana fue necesario que, además de las materias filosóficas, cuyo campo analiza la razón humana, hubiera alguna ciencia cuyo criterio fuera la revelación divina. Y esto es así porque Dios, como fin al que se dirige el hombre, excede la comprensión a la que puede llegar sólo la razón. Dice Is 64,4: ¡Dios! Nadie ha visto lo que tienes preparado para los que te aman. Sólo Tú. El fin tiene que ser conocido por el hombre para que hacia El pueda dirigir su pensar y su obrar. Por eso fue necesario que el hombre, para su salvación, conociera por revelación divina lo que no podía alcanzar por su exclusiva razón humana.
Más aún. Lo que de Dios puede comprender la sola razón humana, también precisa la revelación divina, ya que, con sola la razón humana, la verdad de Dios sería conocida por pocos, después de muchos análisis y con resultados plagados de errores. Y, sin embargo, del exacto conocimiento de la verdad de Dios depende la total salvación del hombre, pues en Dios está la salvación. Así, pues, para que la salvación llegara a los hombres de forma más fácil y segura, fue necesario que los hombres fueran instruidos, acerca de lo divino, por revelación divina. Por todo ello se deduce la necesidad de que, además de las materias filosóficas, resultado de la razón, hubiera una doctrina sagrada, resultado de la revelación.
La doctrina sagrada como ciencia.
La doctrina sagrada es ciencia. Hay dos tipos de ciencias. 1) Unas, como la aritmética, la geometría y similares, que deducen sus conclusiones a partir de principios evidentes por la luz del entendimiento natural. 2) Otras, por su parte, deducen sus conclusiones a partir de principios evidentes, por la luz cíe una ciencia superior. Así, la perspectiva, que parte de los principios que le proporciona la geometría; o la música, que parte de los que le proporciona la aritmética. En este último sentido se dice que la doctrina sagrada es ciencia, puesto que saca sus conclusiones a partir de los principios evidentes por la luz de una ciencia superior, esto es, la ciencia de Dios y de los Santos. Así, pues, de la misma forma que la música acepta los principios que le proporciona el matemático, la doctrina sagrada acepta los principios que por revelación le proporciona Dios.
Unidad de la doctrina sagrada.
La doctrina sagrada es una única ciencia. La unidad de la facultad o del hábito la da el objeto, pero no bajo el aspecto material, sino formal. Por ejemplo, el hombre, el asno y la piedra pueden ser considerados bajo el aspecto formal del color, que es el objeto de la vista. Si tenemos presente que la Sagrada Escritura considera algunas cosas en cuanto reveladas por Dios, todo lo que puede ser revelado por Dios cae bajo el aspecto formal del objeto de tal ciencia. Es así como queda comprendido dentro de la doctrina sagrada como una única ciencia.
Carácter especulativo y práctico.
La doctrina sagrada, siendo una abarca todo lo que concierne a las ciencias filosóficas. De ahí que, aun cuando las ciencias filosóficas unas sean especulativas y otras prácticas, sin embargo, la doctrina sagrada las abarca todas con la misma ciencia. Por otra parte, estamos ante una ciencia más especulativa que práctica porque trata principalmente más de lo divino que de lo humano; cuando trata de lo humano lo hace en cuanto que el hombre, por su obrar, se encamina al perfecto conocimiento de Dios, puesto que en ese conocer consiste la felicidad eterna.
Superioridad frente a otras ciencias.
Como quiera que esta ciencia con respecto a algo es especulativa, y con respecto a algo es práctica, está por encima de todas las demás ciencias tanto especulativas como prácticas. De entre las ciencias especulativas se dice que una es superior a otra según la certeza que contiene, o según la dignidad de la materia que trata. En ambos aspectos, la doctrina sagrada está por encima de las otras ciencias especulativas.
Con respecto a la certeza de las ciencias especulativas, fundada en la razón natural, que puede equivocarse, contrapone la certeza que se funda en la luz de la ciencia divina, que no puede fallar. Con respecto a la dignidad de la materia, porque la doctrina sagrada trata principalmente de algo que por su sublimidad sobrepasa la razón humana. Las otras ciencias sólo consideran lo que está sometido a la razón. De entre las ciencias prácticas es más digna la que se orienta a un fin más alto, como lo civil a lo militar, puesto que el bien del ejército tiene por fin el bien del pueblo. El fin de la doctrina sagrada como ciencia práctica es la felicidad eterna que es el fin al que se orientan todos los objetivos de las ciencias prácticas. Queda patente, bajo cualquier aspecto, que la doctrina sagrada es superior a las otras ciencias.
La doctrina sagrada como máxima sabiduría.
Esta doctrina es, entre todas las sabidurías humanas, sabiduría en grado sumo, y no sólo en un sentido especial, sino único y total. Le corresponde al sabio dirigir y juzgar; y su juicio lo hace teniendo como punto de referencia la causa más alta de todo lo inferior. Así, en todo tipo de cosas, se llama sabio a aquel que tiene presente la causa más alta de cada cosa concreta. Por ejemplo, el trabajador que prepara los planos de un edificio es llamado sabio y arquitecto respecto a los trabajadores que labran la madera o pulen la piedra. En este sentido dice 1 Cor 3,10: Como sabio arquitecto puso los cimientos. Y en la vida humana, el sabio es llamado prudente por orientar el obrar humano a su debido fin. De ahí que diga Prov 10,23: La sabiduría en el hombre es la prudencia. Así, pues, aquel que tenga como punto de referencia la causa suprema de todo el universo, que es Dios, será llamado sabio en grado sumo; de ahí que la sabiduría sea definida como conocimiento de lo divino, según refiere Agustín en XII De Trin. p11 Lo más genuino de la doctrina sagrada es referirse a Dios como causa suprema, y no sólo por lo que de El se puede conocer a través de lo creado (y que en este sentido ya lo conocieron los filósofos, tal como dice Rom 1,19: Lo que puede conocerse de Dios lo tienen a la vista); sino también por lo que sólo El puede saber de sí mismo y que comunica a los demás por revelación. De donde se deduce que la doctrina sagrada es sabiduría en grado sumo.
Dios como sujeto central.
Dios es el sujeto de esta ciencia. La relación que hay entre una ciencia y su sujeto es la misma que hay entre una facultad o hábito y su objeto. El objeto propio de una facultad o hábito lo constituye el aspecto bajo el cual lo considera todo tal facultad o hábito. Así, el hombre y la piedra son considerados por la vista bajo el aspecto del color, de ahí que el color sea el objeto propio de la vista. Todo lo que trata la doctrina sagrada lo hace teniendo como punto de mira a Dios. Bien porque se trata de Dios mismo, bien porque se trata de algo referido a El como principio y como fin. De donde se sigue que Dios es verdaderamente el sujeto de esta ciencia. Esto mismo queda patente por los principios de esta ciencia, que son los artículos de fe, y que proviene de Dios. El sujeto de los principios es el mismo que de toda la ciencia, pues toda la ciencia virtualmente está contenida en los principios. Es verdad que ha habido quienes, considerando lo que se trata en esta ciencia y no el aspecto bajo el que se trata, le han asignado a la doctrina sagrada otro sujeto. Por ejemplo, los hechos y los signos, o la obra de la reparación, o el Cristo total, esto es, la cabeza y los miembros. Cierto que en esta ciencia se trata de todo esto, pero siempre en cuanto referido a Dios.
Método argumentativo y defensa de la fe.
Así como las otras ciencias no argumentan para probar sus principios, sino que, partiendo de tales principios, argumentan para demostrar otras cosas que hay en ellas, de la misma forma la doctrina sagrada no argumenta para probar sus principios, los artículos de fe, sino que, a partir de ellos, argumenta para probar otra cosa. Por ejemplo, el Apóstol en 1 Cor 15,12ss, partiendo de la resurrección de Cristo, argumenta para probar la resurrección de la humanidad. Sin embargo, hay que tener presente que, dentro de las ciencias filosóficas, las inferiores ni prueban sus principios ni discuten contra quien los niega, sino que dejan que esto lo hagan las superiores. La metafísica, que es la suprema de las ciencias filosóficas, discute contra quien niega sus principios siempre que éste esté de acuerdo en algo; pues si el interlocutor lo niega todo, a la metafísica no le es posible discutir con él, aunque sí puede resolver sus problemas.
Como quiera que la Sagrada Escritura no tiene por encima como superior otra ciencia, discute con quien niega sus principios. Si éste está de acuerdo en algo de los principios que se tienen por revelación, entonces argumenta. Así, con la autoridad de la Sagrada Escritura discutimos contra los herejes; y con un artículo de fe lo hacemos contra quien niega otro. Si, por otra parte, el interlocutor lo niega todo, ya no hay posibilidad de hacerle ver con razones los artículos de fe, aunque sí se pueden resolver los problemas que plantee contra la fe, si es que lo hace. Pues la fe se fundamenta en la verdad infalible, y lo que es contrario a la verdad no es demostrable; de donde se sigue que los razonamientos que se presentan contra la fe no son demostraciones inapelables, sino argumentos rebatibles.
Uso de imágenes y símbolos materiales.
Es conveniente que la Sagrada Escritura transmita lo divino y espiritual a través de imágenes tomadas de lo material. Pues Dios acude a todos a través del modo que les es propio. Es propio de lo humano que llegue a lo inteligible por lo sensible, puesto que nuestro conocer empieza por los sentidos. De ahí que fuera conveniente que lo espiritual se nos transmitiera en la Sagrada Escritura a través de lo material. Esto es lo que nos dice Dionisio en el c.1 de Ierarch. Cel.19: Es imposible que la luz divina nos ilumine si no nos llega atenuada por variados velos sagrados. También convenía que la Sagrada Escritura, dirigida a todos según aquello de la carta a los Rom 1,14: Me debo a los sabios y a los ignorantes, presentase lo espiritual bajo imágenes tomadas de lo material, a fin de poder ser captado por los más simples, los cuales, por sus propias fuerzas, son incapaces de entender lo que es posible ser comprendido.
Sentidos literal y espiritual de la Escritura.
El autor de la Sagrada Escritura es Dios. Y Dios puede no sólo adecuar la palabra a su significado, cosa que, por lo demás, puede hacer el hombre, sino también adecuar el mismo contenido. Así, de la misma forma que en todas las ciencias los términos expresan algo, lo propio de la ciencia sagrada es que el contenido de lo expresado por los términos a su vez significa algo. Así, pues, el primer significado de un término corresponde al primer sentido citado, el histórico o literal. Y el contenido de lo expresado por un término, a su vez, significa algo. Este último significado corresponde al sentido espiritual, que supone el literal y en él se fundamenta.
Este sentido espiritual se divide en tres. Como dice el Apóstol en la carta a los Hebr 7,19, la Antigua Ley es figura de la Nueva; y esta misma Nueva Ley es figura de la futura gloria, como dice Dionisio en Ecclesiastica Hierarchia 23. También en la Nueva Ley todo lo que ha tenido lugar en la cabeza es signo de lo que nosotros debemos hacer. Así, pues, lo que en la Antigua Ley figura la Nueva, corresponde al sentido alegórico; lo que ha tenido lugar en Cristo o que va referido a Cristo, y que es signo de lo que nosotros debemos hacer, corresponde al sentido moral; lo que es figura de la eterna gloria, corresponde al sentido anagógico. El sentido que se propone el autor es el literal. Como quiera que el autor de la Sagrada Escritura es Dios, el cual tiene exacto conocimiento de todo al mismo tiempo, no hay inconveniente en que el sentido literal de un texto de la Escritura tenga varios sentidos, como dice Agustín en el XII Confess.
SANTO TOMÁS DE AQUINO EXISTENCIA REDACCIÓN EN PRIMERA PERSONA.
La existencia de Dios es evidente en sí misma, porque en Dios el ser y la esencia son idénticos. Sin embargo, para nosotros no es evidente, ya que no conocemos directamente qué es Dios. Por ello, necesitamos llegar a su existencia mediante aquello que sí conocemos: sus efectos visibles en el mundo. Así ocurre con Dios.
La demostración puede realizarse de dos maneras: por la causa o por el efecto. La demostración por la causa parte de aquello que es anterior por naturaleza; la demostración por el efecto parte de lo que primero conozco mediante la experiencia sensible. Como los efectos son más evidentes para mí que la causa divina, puedo llegar racionalmente al conocimiento de Dios a partir de los efectos observables del mundo. Por tanto, aunque la existencia de Dios no sea inmediatamente evidente para el entendimiento humano, sí puede ser demostrada racionalmente mediante sus efectos.
Yo afirmo que la existencia de Dios puede demostrarse por cinco vías racionales.
La primera vía parte del movimiento. Observo que todo lo que se mueve es movido por otro, porque nada pasa de potencia a acto por sí mismo. No es posible proceder indefinidamente en una cadena de motores, pues entonces no existiría un primer motor y, en consecuencia, tampoco existiría movimiento alguno. Por ello concluyo que debe existir un primer motor inmóvil, al que llamo Dios.
La segunda vía parte de las causas eficientes. En el mundo sensible descubro un orden de causas donde ninguna cosa puede ser causa eficiente de sí misma. Tampoco es posible una serie infinita de causas eficientes, porque sin una causa primera no existirían causas intermedias ni efectos finales.
Por ello afirmo la existencia de una causa eficiente primera, a la que llamo Dios.
La tercera vía parte de lo posible y lo necesario. Compruebo que muchas cosas pueden existir o dejar de existir, pues son contingentes. Pero si todo fuese contingente, habría existido un momento en que nada existía. Y si alguna vez no hubiese existido nada, nada existiría ahora, porque lo inexistente no puede comenzar a existir sin algo ya existente. Por ello concluyo que debe existir un ser necesario que cause la existencia de los demás. Ese ser necesario es Dios.
La cuarta vía parte de los grados de perfección. Observo que en las cosas existen distintos grados de bondad, verdad y nobleza. Estos grados implican una referencia máxima dentro de cada género, porque lo más y lo menos se entienden por aproximación a un máximo. Por ello afirmo que existe un ser sumamente verdadero, bueno y perfecto, causa de toda perfección en los demás seres. A este ser lo llamo Dios.
La quinta vía parte del orden del universo. Veo que las cosas naturales, aun careciendo de conocimiento, actúan regularmente para alcanzar fines determinados. Esto demuestra que no obran al azar, sino dirigidas hacia un fin. Como aquello que carece de inteligencia no puede dirigirse a sí mismo hacia un fin, concluyo que existe una inteligencia ordenadora que dirige todas las cosas naturales. A esta inteligencia suprema la llamo Dios.
¿LA EXISTENCIA DE DIOS ES EVIDENTE?.
La evidencia de algo puede ser de dos modos. Uno, en sí misma y no para nosotros; otro, en sí misma y para nosotros. Así, una proposición es evidente por sí misma cuando el predicado está incluido en el concepto del sujeto, como el hombre es animal, ya que el predicado animal está incluido en el concepto de hombre. De este modo, si todos conocieran en qué consiste el predicado y en qué el sujeto, la proposición sería evidente para todos. Esto es lo que sucede con los primeros principios de la demostración, pues sus términos como ser-no ser, todo-parte, y otros parecidos, son tan comunes que nadie los ignora.
Por el contrario, si algunos no conocen en qué consiste el predicado y en qué el sujeto, la proposición será evidente en sí misma, pero no lo será para los que desconocen en qué consiste el predicado y en qué el sujeto de la proposición. Así ocurre, como dice Boecio 5, que hay conceptos del espíritu comunes para todos y evidentes por sí mismos que sólo comprenden los sabios, por ejemplo, lo incorpóreo no ocupa lugar. Por consiguiente, digo: La proposición Dios existe, en cuanto tal, es evidente por sí misma, ya que en Dios sujeto y predicado son lo mismo, pues Dios es su mismo ser, como veremos (q.3 a.4). Pero, puesto que no sabemos en qué consiste Dios, para nosotros no es evidente b, sino que necesitamos demostrarlo a través de aquello que es más evidente para nosotros y menos por su naturaleza, esto es, por los efectos.
¿SE PUEDE DEMOSTRAR LA EXISTENCIA DE DIOS?.
Toda demostración es doble. Una, por la causa, que es absolutamente previa a cualquier cosa. Se la llama: a causa de. Otra, por el efecto, que es lo primero con lo que nos encontramos; pues el efecto se nos presenta como más evidente que la causa, y por el efecto llegamos a conocer la causa. Se la llama: porque. Por cualquier efecto puede ser demostrada su causa (siempre que los efectos de la causa se nos presenten como más evidentes): porque, como quiera que los efectos dependen de la causa, dado el efecto, necesariamente antes se ha dado la causa. De donde se deduce que la existencia de Dios, aun cuando en si misma no se nos presenta como evidente, en cambio sí es demostrable por los efectos con que nos encontramos.
LAS CINCO VÍAS.
La existencia de Dios puede ser probada de cinco mañeras distintas.
1) La primera y más clara es la que se deduce del movimiento. Pues es cierto, y lo perciben los sentidos, que en este mundo hay movimiento. Y todo lo que se mueve es movido por otro. De hecho nada se mueve a no ser que en, cuanto potencia, esté orientado a aquello por lo que se mueve. Por su parte, quien mueve está en acto. Pues mover no es más que pasar de la potencia al acto. La potencia no puede pasar a acto más que por quien está en acto. Ejemplo: El fuego, en acto caliente, hace que la madera, en potencia caliente, pase a caliente en acto. De este modo la mueve y cambia. Pero no es posible que una cosa sea lo mismo simultáneamente en potencia y en acto; sólo lo puede ser respecto a algo distinto. Ejemplo: Lo que es caliente en acto, no puede ser al mismo tiempo caliente en potencia, pero sí puede ser en potencia frío.
Igualmente, es imposible que algo mueva y sea movido al mismo tiempo, o que se mue-va a sí mismo. Todo lo que se mueve necesita ser movido por otro. Pero si lo que es movido por otro se mueve, necesita ser movido por otro, y éste por otro. Este proceder no se puede llevar indefinidamente, porque no se llegaría al primero que mueve, y así no habría motor alguno pues los motores intermedios no mueven más que por ser movidos por el primer motor. Ejemplo: Un bastón no mueve nada si no es movido por la mano. Por lo tanto, es necesario llegar a aquel primer motor al que nadie mueve. En éste, todos reconocen a Dios.
2) La segunda es la que se deduce de la causa eficiente. Pues nos encontramos que en el mundo sensible hay un orden de causas eficientes. Sin embargo, no encontramos, ni es posible, que algo sea causa eficiente de sí mismo, pues sería anterior a sí mismo, cosa imposible. En las causas eficientes no es posible proceder indefinidamente porque en todas las causas eficientes hay orden: la primera es causa de la intermedia; y ésta, sea una o múltiple, lo es de la última. Puesto que, si se quita la causa, desaparece el efecto, si en el orden de las causas eficientes no existiera la primera, no se daría tampoco ni la última ni la intermedia. Si en las causas eficientes llevásemos hasta el infinito este proceder, no existiría la primera causa eficiente; en consecuencia no habría efecto último ni causa intermedia; y esto es absolutamente falso. Por lo tanto, es necesario admitir una causa eficiente primera. Todos la llaman Dios.
3) La tercera es la que se deduce a partir de lo posible y de lo necesario. Y dice: Encontramos que las cosas pueden existir o no existir, pues pueden ser producidas o destruidas, y consecuentemente es posible que existan o que no existan. Es imposible que las cosas sometidas a tal posibilidad existan siempre, pues lo que lleva en sí mismo la posibilidad de no existir, en un tiempo no existió. Si, pues, todas las cosas llevan en sí mismas la posibilidad de no existir, hubo un tiempo en que nada existió. Pero si esto es verdad, tampoco ahora existiría nada, puesto que lo que no existe no empieza a existir más que por algo que ya existe.
Si, pues, nada existía, es imposible que algo empezara a existir; en consecuencia, nada existiría; y esto es absolutamente falso. Luego no todos los seres son sólo posibilidad; sino que es preciso algún ser necesario. Todo ser necesario encuentra su necesidad en otro, o no la tiene. Por otra parte, no es posible que en los seres necesarios se busque la causa de su necesidad llevando este proceder indefinidamente, como quedó probado al tratar las causas eficientes. Por lo tanto, es preciso admitir algo que sea absolutamente necesario, cuya causa de su necesidad no esté en otro, sino que él sea causa de la necesidad de los demás. Todos le dicen Dios.
4) La cuarta se deduce de la jerarquía de valores que encontramos en las cosas. Pues nos encontramos que la bondad, la veracidad, la nobleza y otros valores se dan en las cosas. En unas más y en otras menos. Pero este más y este menos se dice de las cosas en cuanto que se aproximan más o menos a lo máximo. Así, caliente se dice de aquello que se aproxima más al máximo calor. Hay algo, por tanto, que es muy veraz, muy bueno, muy noble; y, en consecuencia, es el máximo ser; pues las cosas que son sumamente verdaderas, son seres máximos, como se dice en II Metaphys. Como quiera que en cualquier género, lo máximo se convierte en causa de lo que pertenece a tal género — así el fuego, que es el máximo calor, es causa de todos los calores, como se explica en el mismo libro 8 —, del mismo modo hay algo que en todos los seres es causa de su existir, de su bondad, de cualquier otra perfección. Le llamamos Dios.
5) La quinta se deduce a partir del ordenamiento de las cosas. Pues vemos que hay cosas que no tienen conocimiento, como son los cuerpos naturales, y que obran por un fin. Esto se puede comprobar observando cómo siempre o a menudo obran igual para conseguir lo mejor. De donde se deduce que, para alcanzar su objetivo, no obran al azar, sino intencionadamente. Las cosas que no tienen conocimiento no tienden al fin sin ser dirigidas por alguien con conocimiento e inteligencia, como la flecha por el arquero. Por lo tanto, hay alguien inteligente por el que todas las cosas son dirigidas al fin. Le llamamos Dios.
SANTO TOMÁS DE AQUINO SIMPLICIDAD REDACCIÓN EN PRIMERA PERSONA.
Dios no es un cuerpo ni una realidad material, porque es el origen primero de todo cuanto existe y no depende de nada para ser. En Él no hay potencia, cambio, partes ni composición alguna, pues es acto puro y perfección absoluta. Dios no posee una esencia distinta de sí mismo, sino que Él es su propia divinidad, su propia vida y su propio ser.
En Dios la esencia y la existencia son una misma realidad, de modo que no recibe el existir de otro, sino que es el mismo existir subsistente. Por ello no pertenece a ningún género ni categoría creada, ni posee accidentes o cualidades añadidas.
Dios no es el alma del mundo, ni su forma, ni su materia, sino la causa primera eficiente, trascendente y absoluta de todo lo que existe.
Dios, ¿es o no es cuerpo?.
En absoluto Dios es cuerpo.
Y esto puede demostrarse de tres modos:
1) Porque ningún cuerpo mueve a otro si, a su vez, no es movido, como se puede comprobar examinando cada caso. Ha quedado demostrado (q.2 a.3) que Dios es el primer motor no movido. De donde se concluye que Dios no es cuerpo.
2) Es necesario que el primero exista en acto y no en potencia. Pues, aun cuando en un mismo ser que pasa de la potencia al acto, la potencia es cronológicamente anterior al acto, bajo ningún concepto el acto es anterior a la potencia; puesto que lo que está en potencia no pasa al acto sino por un ser en acto. Ha quedado demostrado (q.2 a.3) que Dios es el primer ser. Por lo tanto, es imposible que en Dios algo esté en potencia. No obstante, todo cuerpo está en potencia por cuanto todo lo que es continuo en cuanto tal es divisible indefinidamente. Luego es imposible que Dios sea cuerpo.
3) Como ha quedado demostrado, Dios es el más noble entre todos los seres. Es imposible que algún cuerpo sea el más noble entre todos los seres. Puesto que el cuerpo o es vivo o no lo es, evidentemente un cuerpo vivo es más noble que un cuerpo no vivo. No obstante, un cuerpo vivo no vive en cuanto cuerpo, porque, de ser así, todo cuerpo sería viviente. Es necesario que viva por otro, como, por ejemplo, nuestro cuerpo vive por nuestra alma.
Aquello por lo que vive un cuerpo es más digno que el cuerpo. Por lo tanto, es imposible que Dios sea cuerpo.
En Dios, ¿hay o no hay composición de forma y de materia?.
Es imposible que Dios sea materia.
1) Primero, porque la materia es lo que está en potencia. Pero se ha demostrado (a.l) que Dios es puro acto sin ningún tipo de potencialidad. De ahí que sea imposible que Dios sea un compuesto de materia y forma.
2) Segundo, porque todo compuesto de materia y forma es perfecto y bueno por su forma; de ahí que sea bueno por participación, por cuanto la materia participa de la forma. Pero lo que es bueno y óptimo, Dios, no es bueno por participación, puesto que lo bueno por esencia es anterior a lo bueno por participación. De ahí que sea imposible que Dios sea un compuesto de materia y forma.
3) Tercero, porque todo el que actúa, lo hace por su forma. La relación de un ser con su obrar está determinada por su relación con la forma. Pero el ser que es el primero y que obra por su propia naturaleza, también será el primero como forma y por su propia naturaleza.
Como quiera que Dios es el primer agente, por cuanto es la primera causa eficiente, tal como se demostró, se concluye que es también por esencia su forma y no un compuesto de materia y forma.
Dios, ¿es o no es lo mismo que su esencia o naturaleza?.
Dios es lo mismo que su esencia o naturaleza. Para entender esto hay que saber que en las cosas compuestas de materia y forma es necesario que se distingan la esencia o naturaleza y el supuesto. Porque la esencia o naturaleza comprehende todo lo que entra en la definición de la especie. Así, humanidad comprehende en sí misma lo que entra en la definición de hombre.
Pues, decir este hombre es hombre, significa decir humanidad, esto es, aquello por lo que el hombre es hombre. Pero la materia individual, con todos los accidentes propios de su individuación, no entra en la definición de la especie; pues en la definición de hombre no entran esta carne o estos huesos, o esta blancura o esta negritud, etc. De donde se sigue que esa carne y esos huesos y otros accidentes que determinan una materia, no entran en la definición de humanidad.
Y, sin embargo, sí entran en lo que es el hombre; de ahí que lo que es el hombre incluye algo que no incluye la humanidad. Por eso no es totalmente idéntico hombre y humanidad, sino que por humanidad hay que entender lo formal del hombre, pues los principios que la definen son el aspecto formal con relación a la materia que individualiza.
Así, pues, en aquellas cosas que no están compuestas de materia y forma, en las cuales la individuación no se da por la materia propia, esto es, por esta materia determinada, sino que se individualizan por su misma forma, es necesario que la misma forma sea su principio subsistente. De ahí que en ellas no haya diferencia entre supuesto y naturaleza.
De este modo, como Dios no es compuesto de materia y forma, como quedó demostrado, es necesario que Dios sea su deidad, su vida y cualquier otra cosa que en este sentido se diga de Dios.
En Dios, ¿es o no es lo mismo su esencia y existencia?.
Dios no es sólo su .esencia, como quedó demostrado (a.3), sino también su existencia. Lo cual se puede demostrar de muchas maneras.
1) Porque todo lo que se da en un ser y no pertenece a su esencia, tiene que ser causado, bien por los principios de su esencia, como ocurre con los accidentes de la especie. Ejemplo: El poder reír es propio del hombre y brota de los principios de su esencia. O bien por algo externo. Ejemplo: El calor del agua está causado por el fuego. Si, pues, en un ser su existencia es distinta a su esencia, es necesario que la existencia de dicho ser esté causada por algo externo a él o por los principios propios de su esencia.
No obstante, es imposible que los propios principios de la esencia de un ser causen su existencia, porque todo ser creado no es causa de su propio existir; por eso, siendo distintas en él esencia y existencia, la existencia tiene que ser causada por otro. Nada de todo esto se puede aplicar a Dios, pues sostenemos que Dios es la primera causa eficiente. Por lo tanto, es imposible que en Dios una cosa sea su existencia y otra su esencia.
2) Existir es la forma o naturaleza en acto. De hecho, la bondad o la humanidad no estarían en acto si no tuvieran lo que nosotros entendemos por existir. Es necesario, pues, que entre la existencia y esencia en un ser veamos la misma relación que hay entre la potencia y el acto. Como quiera que en Dios nada es potencial, como quedó demostrado (a.1), se deduce que en El no hay distinción entre su esencia y su existencia. Así, pues, su esencia es su existencia.
3) Así como lo que tiene fuego y no es fuego es fuego por participación, de la misma forma lo que tiene existencia y no es existencia, es ser por participación. Por su parte, Dios es su esencia, como quedó demostrado (a.3). Si, en cambio, no fuera su propia existencia, sería ser por participación, no por esencia. Tampoco sería el primer ser; y sostener esto es absurdo. Por lo tanto, Dios es su propio existir y no sólo su esencial.
Dios, ¿es o no es lo mismo que su esencia o naturaleza?.
Se pertenece a un género de dos maneras.
1) Una, propia y directamente, como las especies de un género.
2) Otra, por reducción, como los principios y las privaciones. Por ejemplo, el punto y la cantidad se reducen al género de la cantidad como a su principio; o la ceguera, y toda privación también, que se reduce al género del hábito.
De ninguna de estas dos maneras pertenece Dios a un género.
Hay tres razones que demuestran que Dios no puede ser especie de género alguno.
1) La primera, porque la especie consta de género y diferencia. La relación que hay entre aquello de lo que se toma la diferencia que constituye la especie y aquello de lo que se toma el género es siempre la misma a la que se da entre el acto y la potencia. Así, al llamar al hombre animal racional, animal se toma, por concreción, de la naturaleza sensitiva, puesto que por tener naturaleza sensitiva se le llama a algo animal. Nacional se toma de la naturaleza intelectiva, puesto que por tener razón se le llama a algo racional. Lo intelectivo se compara a lo sensitivo como el acto a la potencia. Algo parecido sucede claramente con otras cosas. Como quiera que en Dios no hay potencia que añadir al acto, es imposible que pertenezca tanto a un género como a una especie.
2) La segunda, porque siendo Dios su propia esencia, como quedó demostrado (a.4), si perteneciera a algún género, necesariamente el género sería ser, ya que género significa esencia de una cosa, pues está en aquello por lo que algo es lo que es. El Filósofo en III Metaphys.7 demuestra que el ser no puede tener género alguno, pues todo género tiene diferencias que no pertenecen a su esencia, ya que no puede haber diferencia que no sea ser, porque el no ser no puede ser diferencia. Se deduce de ahí que Dios no pertenece a ningún género.
3) La tercera, porque todas las cosas que pertenecen a un género, tienen en común la esencia de dicho género, que es lo que se dice de aquello por lo que algo es lo que es. En cambio, se diferencian en el ser, pues no es lo mismo el ser del hombre que el ser del caballo, ni el ser de este hombre, ni el ser de aquel hombre. Así, es necesario que en las cosas de un mismo género se distinga el ser de aquello por lo que es lo que es, es decir, la esencia.
Como quedó demostrado (a.4), en Dios no hay diferencia. De donde se sigue claramente que Dios no pertenece a ningún género ni a especie alguna. Con todo esto queda patente que no tiene género ni diferencia; tampoco definición ni demostración a no ser por los efectos, porque la definición contiene género y diferencia; y la definición es la base de la demostración.
Que Dios como principio no pertenece a género alguno por reducción, queda claro por el hecho de que todo principio que se reduce a un género no va más allá de dicho género; como el punto no es más que principio de la cantidad continua, y la unidad lo es de la alterna. Dios es principio de todo ser como se demostrará (q.44 a.1). De ahí que no pertenezca a ningún género como principio.
En Dios, ¿hay o no hay algo accidental?.
Después de lo establecido, queda claro que en Dios no puede haber algo accidental.
1) Primero, porque la relación entre sujeto y accidente es la misma que hay entre potencia y acto; pues el sujeto en cuanto accidente de algún modo está en acto. No obstante, estar en potencia es absolutamente inaplicable a Dios, como queda claro por todo lo dicho (q.3 a.1).
2) Segundo, porque Dios es su propio ser; y, como dice Boecio en De hebdomad.10: aun cuando lo que es admite tener algo añadido, sin embargo, el mismo ser no lo admite; Como, por ejemplo, lo que es caliente puede tener como añadido algo no caliente, como lo blanco; pero el calor en sí mismo no admite más que el calor.
3) Tercero, porque todo lo que es por naturaleza es anterior a lo que es por accidente. Como quiera que Dios es absolutamente el primer ser (q.2 a.3), en El no puede haber nada por accidente. Ni siquiera los accidentes per se pueden darse en El, como el reír es en el hombre accidente per se. Porque este tipo de accidentes son causados por el sujeto, pero en Dios nada puede ser causado, ya que El es la causa primera.
De donde se concluye que en Dios no hay nada accidental.
Dios, ¿es o no es absolutamente simple?.
Dios es absolutamente simple, lo cual puede demostrarse de muchas maneras.
1) La primera, por todo lo dicho anteriormente (q.3). Como quiera que en Dios no hay composición ni partes de cantidad porque no es cuerpo; ni hay composición de forma y de materia, ni de naturaleza y supuesto, ni de género y diferencia, ni de sujeto y accidente, queda claro que Dios no es compuesto de ningún tipo, sino completamente simple.
2) La segunda, porque todo compuesto es posterior a sus componentes y dependiente de ellos. En cambio, Dios es el primer ser, como quedó demostrado.
3) La tercera, porque todo compuesto tiene causa, pues donde hay diversidad no se puede formar un todo si no es por una causa que lo unifica. En cambio, Dios no tiene causa, ya que es la primera causa eficiente, como quedó demostrado.
4) La cuarta, porque en todo compuesto es necesario que haya potencia y acto, que en Dios no existe; porque una parte es acto con respecto a otra, o, al menos, todas las partes están como en potencia respecto del todo.
5) La quinta, porque todo compuesto es algo que no puede aplicarse a cada una de sus partes. Esto resulta evidente en todos los seres de partes distintas; pues ninguna parte del hombre es hombre, o una parte del pie es pie. En cambio, en todos los seres de partes semejantes, puede decirse del todo lo que se dice de la parte, como es aire la parte del aire, o es agua la parte del agua.
Sin embargo puede decirse algo del todo que no es aplicable a una de las partes. Pues si el todo de agua mide metro y medio 12, lo dicho del todo no es aplicable a su parte. Así, pues, en todo compuesto hay algo que no es el mismo. Aunque esto puede decirse de lo que tiene forma, es decir, que tenga algo que no es el mismo (así en lo blanco hay algo que no pertenece a lo que se dice blanco), sin embargo, en la forma nada le es extraño. Como quiera que Dios es la misma forma, o mejor, el mismo ser, no puede ser compuesto en absoluto. Esto mismo lo expresa Hilario en el VII De Trinit.13 al decir:
Dios, que es la fuerza, no contiene lo débil; El, que es la luz, no admite la tiniebla.
Dios, ¿entra o no entra en la composición de los demás seres?.
Sobre lo que estamos tratando ha habido tres errores.
1) Unos propusieron que Dios fuese el alma del mundo como nos cuenta Agustín en el l.VII De Civitate Dei 18. A estos pertenecen también los que sostenían que Dios era el alma del primer cielo.
2) Otros, por su parte, dijeron que Dios era el principio formal de todo. Se atribuye esta opinión a los almarianos.
3) El tercer error fue de David de Dinant, el cual, torpemente, propuso que Dios fuese la materia prima.
Pues bien, todo esto es manifiestamente falso, ya que ni es posible que Dios entre de algún modo en composición de algo, ni como principio formal ni como principio material.
En primer lugar porque, ya lo dijimos, Dios es la primera causa eficiente. Y la causa eficiente no tiene con respecto a la forma del efecto el mismo número, sino sólo la misma especie. Ejemplo: El ser humano engendra un ser humano. La materia, por su parte, no tiene con respecto a la causa eficiente ni el mismo número, ni la misma especie pues aquella está en potencia, ésta en acto.
Segundo, como quiera que Dios es la primera causa eficiente, le corresponde ser, en cuanto tal, el primer agente. Lo que entra en composición con algo no es, en cuanto tal, el primer agente, sino que lo es el compuesto. Ejemplo: La mano no hace algo, sino que lo hace el hombre con la mano; o el fuego, que calienta por el calor. Se sigue de ahí que Dios no puede ser parte de algo compuesto.
Tercero, porque ninguna parte del compuesto puede ser en absoluto lo primero en los seres; tampoco lo puede ser la materia y la forma, que son las primeras partes de los compuestos.
Pues la materia está en potencia, y la potencia, como quedó demostrado es siempre posterior al acto. La forma que es parte del compuesto es forma participada; de este modo, así como el que participa de algo es posterior al que lo tiene por esencia, así también sucede al mismo participado. Ejemplo: El fuego en lo que arde es posterior al fuego en sí mismo. Como quedó demostrado ya, Dios es absolutamente el primer ser.
SANTO TOMÁS DE AQUINO PERFECCIÓN REDACCIÓN EN PRIMERA PERSONA.
Dios es absolutamente perfecto. No le falta nada y posee plenamente todo lo que pertenece al ser. Mientras las criaturas tienen perfecciones limitadas, Dios las posee de manera infinita y completa.
Dios no es materia ni algo que esté llegando a ser. Dios es la causa primera de todo cuanto existe. Por eso es perfección plena, sin carencias ni límites.
Toda bondad, verdad, belleza, sabiduría y perfección que encuentro en las criaturas procede de Dios. Lo que aparece de forma parcial en los seres creados existe en Dios de manera total y superior.
Dios es el Ser mismo que existe por sí mismo. Por esta razón contiene toda la plenitud del ser y ninguna perfección auténtica puede faltarle.
Asimismo, las criaturas se parecen a Dios porque proceden de Él. Todo ser creado refleja algo de la perfección divina, aunque de manera limitada e imperfecta. Existe una semejanza real entre Dios y las criaturas, pero nunca una igualdad. Dios supera infinitamente todo lo creado.
En conclusión, Dios es la perfección absoluta, la fuente de todo ser y el origen de toda perfección. Todo lo bueno y verdadero que existe en el mundo es un reflejo limitado de la perfección infinita que existe plenamente en Dios.
Dios, ¿es o no es perfecto?.
Tal como nos cuenta el Filósofo en XII Metaphys. 1 , algunos filósofos antiguos, como los Pitagóricos y Espeusipo a) no atribuyeron al primer principio lo óptimo y lo más perfecto. El porqué de esto radica en que los filósofos antiguos tan sólo tenian presente el principio material; y el principio material es el más imperfecto. Como quiera que la materia en cuanto tal está en potencia, es necesario que el primer principio esté en potencia en grado sumo; y así también sea en grado sumo imperfecto. En cambio, Dios es tenido como primer principio, pero no material, sino como causa eficiente b) y por eso es necesario que sea perfecto en grado sumo. Pues así como la materia en cuanto tal está en potencia, del mismo modo el agente en cuanto tal está en acto. De ahí que el primer principio activo precisa en grado sumo estar en acto; y consecuentemente también en grado sumo ser perfecto. Pues se dice que algo es perfecto en cuanto que está en acto. Se llama perfecto a lo que, de cuanto requiere su perfección, nada le falta.
En Dios, ¿están o no están las perfecciones de todas las cosas?.
En Dios están las perfecciones de todas las cosas. Y se dice que es absolutamente perfecto porque no le falta ninguna grandeza que se encuentra en cualquier género, como dice el comentarista en V Metaphys. Y esto puede ser considerado desde dos puntos de vista.
1) El primero, teniendo presente que todo lo que de una perfección está en el efecto, también tiene que estarlo en la causa efectiva; o, si el agente es unívoco, por razón de su misma naturaleza. Así, el ser humano engendra otro ser humano. O, de modo más sobresaliente, si el agente es equívoco. Así, en el sol está la semejanza de todo aquello que es engendrado por la fuerza del sol. Resulta evidente que el efecto preexiste virtualmente en la causa agente; preexistir virtualmente en la causa agente no es preexistir de un modo más imperfecto, sino, al contrario, más perfecto. Sin embargo, preexistir en la potencia de la causa material es una forma más imperfecta de preexistir, ya que la materia, en cuanto tal, es imperfecta; en cambio, el agente, en cuanto tal, es perfecto. Así, pues, como quiera que Dios es la primera causa efectiva de las cosas, es necesario que las cosas preexistan en Dios de un modo más sobresaliente. Idéntica razón expresa Dionisio en el c.5 De Div. Nom.5, al decir de Dios: No es esto, ni aquello, sino todo como causa de todo.
2) El segundo, deducible de lo que se demostró (q.3 a.4), porque Dios es el mismo ser que subsiste por sí mismo, por lo cual es necesario que contenga toda la perfección del ser. Pues resulta evidente que, si algo caliente no tiene toda la perfección del calor, esto es así porque no participa del calor perfectamente; pero si el calor fuera subsistente por sí mismo, nada le faltaría de la perfección del ser. Por tanto, si Dios es el mismo ser subsistente, no puede faltarle nada de la perfección del ser. Las perfecciones de todas las cosas pertenecen a la perfección del ser; pues son perfectos en tanto en cuanto tienen de algún modo ser. De ahí se sigue que -ninguna perfección de las cosas le falta a Dios. Idéntica razón expresa Dionisio en el c.5 De Div. Nom.6 al decir de Dios: No existe de un modo cualquiera, sino absolutamente; concentrando en sí mismo todo el ser de forma ilimitada e invariable. Y después añade: porque el mismo es el ser en lo que subsiste 7d.
¿Puede o no puede alguna criatura ser semejante a Dios?.
Como quiera que la semejanza responde a la correspondencia o comunicación en la forma, al haber muchos modos de comunicación en la forma, la semejanza será múltiple.
1) Son llamadas semejantes aquellas cosas que se comunican en la misma forma por la misma razón y en el mismo modo. Y éstas no sólo son semejantes, sino iguales en su semejanza. Ejemplo: Dos cosas blancas son semejantes en la blancura. Esta es la semejanza más perfecta.
2) Son llamadas semejantes también aquellas cosas que se comunican en la misma forma, por la misma razón, pero no en el mismo modo, sino más o menos. Ejemplo: Lo menos blanco es semejante a lo más blanco. Esta es una semejanza imperfecta.
3) En tercer lugar, son llamadas semejantes aquellas cosas que se comunican en la misma forma, pero no por la misma razón. Esto resulta evidente en los agentes no unívocos. Pues, como quiera que todo agente hace algo semejante a sí mismo en cuanto agente, y todo lo hace según su forma, es necesario que en el efecto haya alguna semejanza de la forma del agente. Así, pues, si el agente pertenece a la misma especie de su efecto, habrá semejanza de forma entre el que hace y lo hecho por la misma razón de la especie. Ejemplo: El ser humano engendra un ser humano.
En cambio, si el agente no pertenece a la misma especie, habrá semejanza, pero no por la misma razón de la especie. Ejemplo: Las cosas que son generadas por la fuerza del sol, tienen alguna semejanza con el sol, pero no porque reciban la forma del sol por la semejanza en la especie, sino por la semejanza en el género. Así, pues, si hay algún agente que no pertenezca a ningún género, sus efectos tendrán todavía una semejanza más remota con la forma del agente. Sin embargo no participarán de la semejanza de la forma del agente por razón de la misma especie o del mismo género, sino por una cierta analogía, como el mismo ser es común a todos. De este modo, todas las cosas, que proceden de Dios, se asemejan a El en cuanto seres como al principio primero y aboluto de todo ser.
SANTO TOMÁS DE AQUINO EL BIEN Y EL SER REDACCIÓN EN PRIMERA PERSONA.
El bien y el ser, no son dos realidades distintas. Todo aquello que es, en la medida en que existe, también es bueno. La diferencia entre ser y bien está en la manera en que mi entendimiento los considera.
Ser es aquello que existe. Bien es aquello que, por existir y poseer alguna perfección, resulta deseable o apetecible. Por eso, cuando algo posee ser, posee también algún grado de bondad.
El ser es lo primero que conoce mi inteligencia. Antes de preguntarme si algo es bueno, primero reconozco que existe. El ser es lo primero que encuentro en toda realidad y el fundamento de todo conocimiento posterior.
Todo cuanto existe posee alguna perfección. Ningún ser existe sin participar de algún modo de la actualidad y de la perfección propias de su naturaleza. Por ello se puede afirmar que todo ser, en cuanto ser, es bueno.
No significa esto que todas las acciones o decisiones del ser sean moralmente correctas. Significa que toda realidad existente posee algún bien por el simple hecho de existir y participar del ser.
Toda acción se dirige hacia algún bien. Cuando actúo, siempre busco algo que considero conveniente, valioso o deseable. Toda tendencia, todo deseo y toda elección se orientan hacia algún fin que aparece ante mí bajo la razón de bien.
Por esta razón el bien tiene carácter de fin. El bien es aquello hacia lo cual se dirigen mis acciones y aquello que mueve toda búsqueda. Primero concibo el fin que deseo alcanzar y después realizo las acciones necesarias para conseguirlo.
Asimismo, entiendo que una cosa es plenamente buena cuando nada le falta de aquello que corresponde a su naturaleza. La bondad supone perfección, integridad y plenitud.
Para que algo sea completamente bueno debe poseer tres elementos fundamentales:
- Modo: la medida adecuada y proporcionada de lo que le corresponde.
- Especie: la naturaleza o forma que lo constituye como lo que es.
- Orden: la orientación correcta hacia su fin propio.
Cuando estos elementos se encuentran presentes, la realidad alcanza una mayor perfección y participa más plenamente del bien.
Hay tres maneras principales en las que el bien puede presentarse ante mí:
El bien útil es aquello que deseo como medio para alcanzar otra cosa. Lo aprecio por el beneficio que me proporciona para conseguir un fin posterior.
El bien honesto es aquello que deseo por sí mismo. Tiene valor propio y constituye un fin digno de ser buscado por lo que es.
El bien deleitable es aquello que produce satisfacción, gozo o descanso cuando alcanzo el bien que buscaba.
Finalmente, comprendo que todo cuanto existe participa del bien porque todo cuanto existe participa del ser. Cuanto mayor es la perfección de una realidad, mayor es también su participación en el bien.
En conclusión, el bien y el ser son una misma realidad considerada desde perspectivas distintas. El ser expresa la existencia misma de las cosas; el bien expresa la perfección y deseabilidad que acompaña a esa existencia. Por ello, todo cuanto existe posee algún bien, toda acción busca algún bien y toda perfección encuentra su fundamento último en la plenitud absoluta del Ser.
SANTO TOMÁS DE AQUINO BONDAD REDACCIÓN EN PRIMERA PERSONA.
Dios es bueno de manera absoluta y perfecta. No recibe su bondad de ningún otro ser ni depende de nada para poseerla. Dios es el origen de toda bondad y aquello hacia lo cual tienden todas las cosas que buscan su perfección.
Cuando observo la realidad, descubro que todo ser busca de algún modo aquello que le perfecciona. Todo ser desea alcanzar el bien que le corresponde según su naturaleza. Como Dios es la causa primera de todo cuanto existe, reconozco que toda perfección y todo bien proceden en último término de Él.
Dios no posee la bondad de manera limitada, parcial o incompleta. Mientras las criaturas participan de la bondad según su capacidad, Dios la posee en plenitud infinita. Por esta razón reconozco que Dios es el Bien Supremo y que ningún bien creado puede igualar su perfección.
Sólo Dios es bueno por esencia. En las criaturas, la bondad es algo recibido y participado. En Dios, en cambio, la bondad no es una cualidad añadida, sino que pertenece a su mismo ser. Dios no solamente tiene bondad; Dios es plenamente bueno por lo que es.
Toda verdad, belleza, sabiduría, justicia y perfección que se encuentra en las criaturas procede de Dios como de su fuente primera. Aquello que aparece en los seres creados de forma limitada existe en Dios de manera perfecta, plena e infinita.
Asimismo, todas las cosas son buenas porque participan de la bondad divina. Ninguna criatura posee por sí misma la plenitud del bien, pero todas reflejan algo de la bondad de Dios según el grado de perfección que han recibido.
En el orden de la creación, se descubre que cada ser manifiesta alguna semejanza con la bondad divina. Todo cuanto existe participa del ser recibido de Dios y, por ello, participa también de alguna manera de su bondad.
Dios es el principio primero de toda bondad, el modelo perfecto de toda perfección, la causa de todo bien que existe y el fin último hacia el cual se orientan todas las cosas.
En conclusión, Dios es la Bondad absoluta, el Bien Supremo y la fuente de toda perfección. Todo bien presente en las criaturas procede de Él y refleja de manera limitada la infinita plenitud de bondad que existe eternamente en Dios.
SANTO TOMÁS DE AQUINO INFINITUD REDACCIÓN EN PRIMERA PERSONA.
Dios es infinito y perfecto. No posee límites de ningún tipo y contiene plenamente toda la perfección que corresponde al ser. Mientras las criaturas participan del ser de manera limitada, Dios lo posee de forma absoluta, plena e infinita.
Dios no es materia ni está sujeto a las limitaciones propias de las realidades materiales. Dios existe por sí mismo y no depende de ninguna causa superior. Por esta razón su ser no está restringido por nada y su perfección no conoce límite alguno.
Todo lo creado posee una naturaleza determinada y unas capacidades concretas. Cada criatura tiene una medida propia de perfección y existencia. Dios, en cambio, no está limitado por una naturaleza recibida ni por condición alguna que reduzca la plenitud de su ser.
Dios es el Ser mismo que subsiste por sí mismo. Por esta razón contiene toda la plenitud del ser y ninguna perfección auténtica puede faltarle. Su infinitud no significa ausencia de perfección, sino plenitud absoluta de toda perfección.
Asimismo, ninguna criatura puede ser infinita como Dios. Todo ser creado recibe el ser de otro y participa de él de manera limitada. Aunque algunas realidades puedan parecer inagotables desde determinados aspectos, permanecen siempre dentro de los límites propios de la creación.
Todo cuerpo material posee una forma, una cantidad y unos límites determinados. Por ello ninguna realidad corporal puede ser infinita en sentido absoluto. Sólo Dios trasciende toda limitación porque no depende de materia alguna ni está contenido por ninguna realidad superior.
Cuando considera el crecimiento indefinido de los números o la posibilidad de dividir continuamente una cantidad, existe una infinitud posible o potencial. Sin embargo, esta posibilidad no equivale a una infinitud plenamente realizada. La infinitud absoluta pertenece únicamente a Dios.
Asimismo, las criaturas reflejan de manera limitada algunos aspectos de la perfección divina. Todo cuanto existe manifiesta algo de la riqueza del ser recibido de Dios, aunque ninguna criatura pueda contener la plenitud infinita que sólo pertenece a su Creador.
En conclusión, Dios es infinito porque es el Ser mismo que existe por sí mismo, sin limitación alguna y con plenitud absoluta de perfección. Todo lo creado es finito y participa del ser de manera limitada. La infinitud perfecta, plena y eterna existe únicamente en Dios, que supera infinitamente todo cuanto ha sido creado.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: DICCIONARIO DE TERMINOLOGÍA_1 TOMISTA (LECTURA TEOLÓGICA).
Criterio: definiciones formuladas exclusivamente desde el marco de la teología de Santo Tomás de Aquino, sin referencia a “filosofía”.
1. ENTE
Def: Todo lo creado por Dios que existe.
Ej: Una persona concreta (un individuo humano).
2. SER
Def: Existir recibido de Dios.
Ej: Una persona que está viva en este momento.
3. ESENCIA
Def: Lo que Dios ha querido que el ser humano sea.
Ej: Ser un hombre o una mujer como naturaleza humana.
4. ACTO DE SER
Def: Existencia que Dios comunica a cada persona.
Ej: El hecho de que una persona esté viva ahora.
5. ACTO
Def: Lo ya realizado en el ser humano.
Ej: Una persona adulta ya desarrollada.
6. POTENCIA
Def: Capacidad humana dada por Dios para cambiar o desarrollarse.
Ej: Un niño que puede aprender a leer.
7. SUSTANCIA
Def: Persona humana como unidad completa.
Ej: Un individuo humano concreto.
8. ACCIDENTE
Def: Rasgo del ser humano que puede cambiar sin dejar de ser persona.
Ej: Color de ojos o altura.
9. MATERIA
Def: Base corporal del ser humano creada por Dios.
Ej: El cuerpo físico de una persona.
10. FORMA
Def: Principio que organiza el cuerpo humano.
Ej: Ser un ser humano vivo y organizado.
11. HILEMORFISMO
Def: Unión de cuerpo y alma en la persona.
Ej: Un ser humano vivo (cuerpo + alma).
12. CAUSA EFICIENTE
Def: Lo que produce un efecto en la vida humana bajo Dios.
Ej: Padres que engendran un hijo.
13. CAUSA MATERIAL
Def: Lo que compone el cuerpo humano.
Ej: Tejidos del cuerpo humano.
14. CAUSA FORMAL
Def: Lo que hace que una persona sea humana.
Ej: El ser racional humano.
15. CAUSA FINAL
Def: Fin para el que el ser humano existe.
Ej: Alcanzar la unión con Dios.
16. CAUSALIDAD
Def: Relación de causa y efecto en la vida humana.
Ej: Estudiar y aprender.
17. ANALOGÍA DEL SER
Def: Diferencia entre el ser de Dios y el del hombre.
Ej: Dios existe plenamente, el hombre de modo limitado.
18. UNIDAD
Def: Cada persona es un individuo único.
Ej: Una persona irrepetible.
19. VERDAD
Def: Concordancia del pensamiento humano con la realidad.
Ej: Decir la verdad sobre lo que uno hizo.
20. BIEN
Def: Aquello que perfecciona al ser humano.
Ej: Actuar con justicia.
21. BONUM
Def: Bien entendido como perfección humana.
Ej: Ayudar a otra persona.
22. VERUM
Def: Verdad en el entendimiento humano.
Ej: Reconocer correctamente un hecho.
23. ENS COMMUNE
Def: Todo ser humano considerado como existente.
Ej: Toda la humanidad.
24. ENS PER SE
Def: Persona humana como individuo.
Ej: Un solo ser humano.
25. ENS PER ACCIDENS
Def: Agrupación de personas sin unidad esencial.
Ej: Multitud en una plaza.
26. ACTUS PURUS
Def: Solo Dios, sin cambio ni potencia.
Ej: No aplicable al ser humano.
27. POTENTIA PASSIVA
Def: Capacidad del humano de recibir cambios.
Ej: Aprender durante la infancia.
28. POTENTIA ACTIVA
Def: Capacidad humana de actuar.
Ej: Enseñar a otro.
29. ESENCIA DIVINA
Def: Lo que Dios es (no humano).
Ej: No aplicable al hombre.
30. IPSUM ESSE SUBSISTENS
Def: Dios como Ser absoluto.
Ej: No aplicable al humano.
31. CREACIÓN EX NIHILO
Def: El ser humano es creado por Dios sin materia previa.
Ej: El inicio de la vida humana.
32. PROVIDENCIA
Def: Orden de Dios sobre la vida humana.
Ej: Circunstancias de la vida de una persona.
33. ANIMA RATIONALIS
Def: Alma racional del ser humano.
Ej: Capacidad de pensar de una persona.
34. INTELECTO
Def: Capacidad humana de entender.
Ej: Comprender un problema.
35. VOLUNTAD
Def: Capacidad humana de elegir.
Ej: Decidir entre dos opciones.
36. INTELECTO AGENTE
Def: Capacidad de formar ideas.
Ej: Entender conceptos abstractos.
37. INTELECTO POSIBLE
Def: Capacidad de recibir conocimiento.
Ej: Aprender una lección.
38. ESPECIE INTELIGIBLE
Def: Idea mental en el humano.
Ej: Imagen mental de una persona.
39. SUSTANCIA PRIMERA
Def: Persona individual.
Ej: Un individuo humano concreto.
40. SUSTANCIA SEGUNDA
Def: Naturaleza humana general.
Ej: “Ser humano” como especie.
41. FORMA SUSTANCIAL
Def: Lo que hace humano al ser humano.
Ej: Tener alma racional.
42. FORMA ACCIDENTAL
Def: Rasgos cambiantes en el humano.
Ej: Vestimenta o peinado.
43. TRANSCENDENTALES
Def: Propiedades del ser humano en cuanto creado.
Ej: Toda persona es una, verdadera y buena en cuanto ser.
44. ACTO Y POTENCIA
Def: Lo que la persona es y lo que puede llegar a ser.
Ej: Niño que puede ser adulto.
45. ANALOGÍA ENTIS
Def: Diferencia entre el ser humano y Dios.
Ej: Hombre existe por Dios, Dios por sí mismo.
46. SUSTANCIA SIMPLE
Def: No aplica plenamente al humano (es compuesto).
Ej: El alma separada en doctrina.
47. SUSTANCIA COMPUESTA
Def: Ser humano como unión de cuerpo y alma.
Ej: Persona viva.
48. ESENCIA Y EXISTENCIA
Def: Lo que el humano es y el hecho de que existe.
Ej: Ser humano vs persona real viva.
49. INTELLECTUS POSSIBILIS
Def: Capacidad de aprender del humano.
Ej: Estudiar una materia.
50. INTELLECTUS AGENS
Def: Capacidad de comprender activamente.
Ej: Resolver un problema.
51. CREACIÓN CONTINUA
Def: Dependencia constante del humano respecto de Dios.
Ej: Una persona sigue existiendo cada instante.
52. PARTICIPACIÓN
Def: El humano recibe cualidades de Dios de forma limitada.
Ej: Ser bueno en cierta medida.
53. ORDEN DIVINO
Def: Orden de la vida humana bajo Dios.
Ej: Ciclo de vida humana.
54. CAUSA PRIMERA
Def: Dios como origen de la existencia humana.
Ej: Toda persona existe por Dios.
55. CAUSAS SEGUNDAS
Def: Agentes humanos bajo Dios.
Ej: Padres, maestros, médicos.
SANTO TOMÁS DE AQUINO OMNIPRESENCIA REDACCIÓN EN PRIMERA PERSONA.
Dios está verdaderamente presente en todas las cosas. No porque forme parte de ellas, ni porque se mezcle con su naturaleza, sino porque Él es quien les comunica continuamente el ser. Así como el efecto depende constantemente de la acción de su causa, también toda criatura depende de Dios para existir en cada instante.
No afirmo que Dios solamente haya dado origen al mundo en un momento pasado. Enseño que toda criatura permanece en el ser porque Dios continúa sosteniéndola. Si cesara esta acción divina, dejaría inmediatamente de existir aquello que ha sido creado.
El ser es lo más profundo e íntimo de cada realidad, como Dios es quien comunica ese ser, Dios está presente íntimamente en todas las criaturas.
También Dios está en todas partes. Sin embargo, no debe entenderse esta presencia como la de un cuerpo que ocupa un espacio determinado. Los cuerpos llenan un lugar porque impiden que otro cuerpo ocupe exactamente el mismo espacio. Dios no llena los lugares de ese modo, sino porque da el ser a todas las criaturas que se encuentran en ellos.
Por ello sostengo que ningún lugar puede existir separado de Dios, pues todo cuanto ocupa un lugar recibe continuamente de Él la existencia. Dios no está contenido por el universo; es el universo el que depende constantemente de Dios para permanecer en el ser.
Distingo tres modos mediante los cuales puede comprenderse la presencia divina. En primer lugar, Dios está por potencia, porque todas las cosas se encuentran sometidas a su poder y ninguna realidad puede escapar a su dominio.
En segundo lugar, Dios está por presencia, porque todo cuanto existe permanece completamente descubierto ante Él. Nada puede ocultarse a su conocimiento, ya que conoce perfectamente todas las criaturas y todas sus acciones.
En tercer lugar, Dios está por esencia, porque Él mismo es quien comunica el ser a todas las cosas. Esta presencia no significa que Dios se divida o que una parte suya habite en cada criatura. Dios está entero en todas ellas porque obra enteramente allí donde comunica el ser.
Y existe una forma especial de presencia divina en las criaturas racionales. Cuando el ser humano conoce a Dios y le ama por la gracia recibida, Dios habita en él de un modo distinto al que corresponde a las demás criaturas. Esta presencia no elimina la presencia universal, sino que la perfecciona mediante una relación de conocimiento y amor.
No existen dos principios supremos del universo, uno bueno y otro malo. Todo cuanto posee ser depende del único Dios verdadero y únicamente de Él recibe la existencia.
Dios no creó el mundo y después dejó de ocuparse de él. La Providencia divina alcanza continuamente a toda la creación y que nada permanece fuera de su cuidado y gobierno.
Dios no creó solamente las primeras criaturas dejando que ellas produjeran por sí mismas toda la realidad restante. Toda criatura depende inmediatamente de Dios en cuanto al ser que posee y que ninguna existencia puede mantenerse sin su acción continua.
Por esta razón únicamente Dios puede decirse que está verdaderamente en todas partes. Ninguna criatura posee esta propiedad. Los seres creados ocupan un lugar concreto y están limitados por su propia naturaleza. Dios, en cambio, no se encuentra limitado por el espacio ni por el tiempo.
Cuando digo que Dios está en todas partes, no entiendo que se distribuya por partes entre los distintos lugares. Dios permanece siempre entero allí donde está presente. No existe una parte de Dios en un lugar y otra parte en otro, porque la naturaleza divina es absolutamente simple e indivisible.
Y esta propiedad pertenece exclusivamente a Dios. Aunque imagináramos un número ilimitado de lugares o incluso una creación mayor que la conocida, Dios estaría plenamente presente en todos ellos, pues nada puede existir sin recibir de Él el ser.
Concluyo, por tanto, que Dios está presente en todas las cosas y en todos los lugares no como un cuerpo que ocupa espacio, sino como la causa primera que comunica y conserva continuamente la existencia de toda criatura.
Todo cuanto existe depende de Él en cada instante, permanece bajo su poder, está plenamente conocido por Él y recibe de Él el ser que posee. Por ello la omnipresencia pertenece propia, exclusiva y perfectamente sólo a Dios.
SANTO TOMÁS DE AQUINO INMUTABILIDAD REDACCIÓN EN PRIMERA PERSONA.
Dios es completamente inmutable. En Él no existe cambio alguno, porque es el primer ser, el Ser que existe por sí mismo y la plenitud absoluta del ser. Todo cuanto cambia pasa de un estado a otro; Dios, en cambio, permanece eternamente idéntico a sí mismo, pues nada le falta y nada puede añadírsele.
Dios es acto puro. En Él no existe potencia alguna que deba realizarse, ni posibilidad de llegar a ser algo que todavía no sea. Todo cambio supone una capacidad para adquirir una nueva perfección o para perder la que se posee. Como Dios posee desde toda la eternidad la plenitud absoluta de toda perfección, no puede cambiar de ninguna manera.
Dios es absolutamente simple y en Él no existen partes, elementos o componentes que puedan alterarse separadamente. Dios, por el contrario, contiene plenamente toda perfección del ser. No puede hacerse más sabio, más poderoso, más bueno o más perfecto, porque desde toda la eternidad posee de modo absoluto cuanto corresponde a la perfección divina.
Por esta razón Dios no progresa, no disminuye, no envejece ni se transforma. Su ser permanece eternamente el mismo, sin aumento, sin disminución y sin alteración alguna.
Esta inmutabilidad pertenece exclusivamente a Dios. Toda criatura, por el solo hecho de ser creada, posee alguna forma de mutabilidad. Ninguna realidad creada existe por sí misma, sino que recibe continuamente el ser de Dios y depende constantemente de su acción conservadora.
Si Dios dejara de comunicar el ser a cualquier criatura, ésta dejaría inmediatamente de existir, pues ninguna criatura posee en sí misma su propia existencia.
Existen criaturas cuya naturaleza limita determinados cambios. Algunas realidades no pueden perder aquello que pertenece esencialmente a su propia naturaleza sin dejar de ser lo que son. De este modo distingo entre aquello que puede modificarse y aquello cuya alteración supondría la desaparición de la propia realidad.
Las sustancias espirituales creadas no están sujetas a la generación y a la corrupción propias de los cuerpos materiales. Sin embargo, no son absolutamente inmutables, pues pueden cambiar en el ejercicio de su voluntad y en la aplicación de sus capacidades conforme al orden establecido por Dios.
Todas las criaturas permanecen sometidas al poder del Creador. Antes de existir dependían únicamente de la potencia divina para ser creadas, y después de existir continúan dependiendo de esa misma potencia para conservar el ser recibido. Ninguna criatura puede mantenerse por sí sola en la existencia.
Toda mutabilidad manifiesta la limitación propia de lo creado. Cambiar significa que todavía existe alguna perfección por alcanzar, alguna condición susceptible de modificarse o alguna dependencia respecto de otro. Todo ser creado posee esa limitación porque participa del ser de manera finita y recibida.
Dios, por el contrario, no participa del ser como las criaturas, sino que es el mismo Ser subsistente. Su perfección no es adquirida ni recibida de otro. Existe por sí mismo y posee desde toda la eternidad cuanto corresponde a la plenitud absoluta del ser.
En Dios no existe posibilidad de corrupción, alteración, aumento, disminución, sucesión o transformación. Nada puede perfeccionarlo porque es la perfección misma; nada puede disminuirlo porque su ser es infinito; nada puede modificarlo porque es absolutamente simple y carece de toda composición.
Concluyo, por tanto, que sólo Dios es completamente inmutable. Toda criatura puede cambiar de una u otra manera porque es creada, limitada y dependiente. Dios, en cambio, permanece eternamente el mismo, porque es acto puro, absolutamente simple, plenamente perfecto y el Ser que subsiste por sí mismo.
De esta verdad se sigue que toda la creación depende continuamente de Él para existir, mientras que Él permanece inalterable, eterno e idéntico a sí mismo por toda la eternidad.
SANTO TOMÁS DE AQUINO ETERNIDAD REDACCIÓN EN PRIMERA PERSONA.
Dios es eterno de manera absoluta. Su eternidad consiste en existir sin principio, sin fin y sin cambio alguno. Mientras todas las criaturas experimentan el paso del tiempo y la sucesión de los acontecimientos, Dios permanece eternamente idéntico a sí mismo.
La eternidad es la posesión plena, perfecta y simultánea de una vida que no tiene término. En Dios no existe un antes ni un después. No hay pasado que haya dejado de ser ni futuro que todavía no haya llegado. Todo cuanto pertenece a su ser existe en un eterno presente.
La causa de la eternidad divina es la absoluta inmutabilidad de Dios. Allí donde existe cambio aparece el tiempo; donde no existe cambio alguno, existe la eternidad. Como Dios es completamente inmutable, su existencia no transcurre, sino que permanece siempre perfecta y plena.
Dios no sólo posee eternidad, sino que es su misma eternidad. En Él no hay diferencia entre su ser, su existencia, su vida y su eternidad. Todo cuanto es Dios existe con absoluta simplicidad, sin composición y sin sucesión temporal.
Ninguna criatura puede poseer la eternidad de la misma manera que Dios. Todo ser creado recibe la existencia de otro y permanece sujeto a alguna forma de limitación. Aunque algunas criaturas duren mucho tiempo o permanezcan estables, ninguna alcanza la eternidad absoluta que pertenece únicamente al Creador.
El tiempo y la eternidad. El tiempo mide el cambio y el movimiento. Todo cuanto nace, crece, envejece o se transforma está sometido al tiempo. La eternidad, por el contrario, no mide cambio alguno, porque en ella todo permanece perfectamente estable.
No basta afirmar que la eternidad es una duración infinita. Una duración muy larga seguiría siendo tiempo si existiera sucesión. La verdadera diferencia consiste en que el tiempo transcurre continuamente, mientras que la eternidad nunca transcurre.
La existencia del evo, que constituye una duración intermedia entre el tiempo y la eternidad. Corresponde a aquellas criaturas espirituales creadas que permanecen estables en su ser, aunque no poseen la absoluta inmutabilidad propia de Dios. De este modo, el evo no es tiempo propiamente dicho, pero tampoco es la eternidad divina.
Las sustancias espirituales creadas participan de una permanencia superior a la de las realidades materiales. Sin embargo, continúan siendo criaturas y, por ello, no poseen la perfección infinita ni la eternidad absoluta que sólo corresponden a Dios.
Los bienaventurados participan de la vida eterna por la visión de Dios. Esta participación no significa que se conviertan en eternos por naturaleza, sino que reciben por gracia una comunión permanente con Aquel que es eternamente inmutable.
Cuando la Sagrada Escritura llama eternas a ciertas realidades creadas, debe entenderse según el contexto. En algunos casos expresa una duración muy prolongada o una estabilidad extraordinaria, pero no la eternidad absoluta que sólo pertenece a Dios.
La eternidad manifiesta la perfección absoluta de Dios. Nada puede añadirse a Él, nada puede disminuirlo y nada puede modificarlo. Su plenitud permanece siempre idéntica, sin aumento ni pérdida, porque contiene desde toda la eternidad toda la perfección del ser.
Por ello Dios contempla todas las cosas sin quedar sometido al paso del tiempo. Lo que para las criaturas acontece sucesivamente, para Dios permanece siempre presente en su conocimiento eterno, sin que ello implique cambio alguno en su ser.
Concluyo, por tanto, que sólo Dios es eterno en sentido pleno y absoluto. Todo lo creado participa de la duración según su propia naturaleza, ya sea mediante el tiempo o mediante el evo, pero únicamente Dios posee la eternidad como perfección propia.
Él es el Ser que subsiste por sí mismo, absolutamente inmutable, simple, perfecto y eterno, en quien no existe principio ni fin, pasado ni futuro, sino un eterno presente que permanece inalterable por toda la eternidad.
SANTO TOMÁS DE AQUINO UNIDAD REDACCIÓN EN PRIMERA PERSONA.
Existe un solo Dios verdadero. Esta verdad puede conocerse tanto por la Sagrada Escritura como por la recta razón, pues la perfección absoluta sólo puede pertenecer a un único Ser. Si existieran varios dioses verdaderos, ninguno poseería la plenitud absoluta de la perfección, ya que tendrían que distinguirse entre sí por alguna diferencia. Aquello que posee una diferencia carece de algo que otro posee, y quien carece de algo ya no es absolutamente perfecto. Por ello únicamente existe un solo Dios.
Dios es el Ser absolutamente perfecto, simple, eterno, infinito e inmutable. Todas estas perfecciones pertenecen a un único sujeto. No existen varios seres infinitamente perfectos, porque la perfección infinita no admite división ni multiplicación. Allí donde aparece la multiplicidad existe alguna limitación que distingue unos seres de otros, pero en Dios no existe limitación alguna.
La unidad divina nace de su misma naturaleza. Dios no está compuesto de partes, ni de elementos, ni de cualidades separadas. Todo cuanto existe en Dios es Dios mismo. Su sabiduría es Dios; su bondad es Dios; su poder es Dios; su verdad es Dios; su vida es Dios. Debido a esta absoluta simplicidad, Dios constituye una unidad perfectísima que no puede dividirse.
Las criaturas creadas son múltiples porque participan de la existencia de manera limitada. Cada una recibe una naturaleza determinada y posee perfecciones parciales. Ninguna criatura contiene toda la plenitud del ser. Dios, por el contrario, posee toda la perfección del ser sin límite alguno. Precisamente por ello no puede existir otro semejante a Él.
Se puede observar que todo el universo manifiesta un admirable orden. Los innumerables objetos cooperan entre sí formando un conjunto armónico. Este orden universal exige un único principio supremo que gobierne todas las cosas. Toda la creación depende del único Dios que gobierna el universo con infinita sabiduría.
La Sagrada Escritura confirma constantemente esta verdad. Cuando Dios revela su nombre al pueblo elegido manifiesta que Él es el único Señor. Asimismo, el primer mandamiento prohíbe reconocer otros dioses, porque solamente uno posee verdaderamente la naturaleza divina. La fe cristiana conserva firmemente esta confesión desde el comienzo hasta el final de la Revelación.
La unidad de Dios no significa pobreza ni ausencia de perfecciones. Al contrario, cuanto más perfecta es una realidad, mayor es su unidad. Dios posee una unidad infinitamente superior a toda unidad creada porque en Él no existe ninguna división, ninguna composición ni ninguna posibilidad de separación.
Tampoco la Santísima Trinidad contradice la unidad divina. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no constituyen tres dioses. Son un solo Dios verdadero porque poseen una única naturaleza divina, una sola esencia, un solo poder, una sola sabiduría, una sola voluntad y una sola eternidad. Las Personas divinas se distinguen únicamente por sus relaciones de origen, permaneciendo siempre una única e indivisible divinidad.
Toda criatura creada recibe su existencia de este único Dios. Ningún ser creado puede existir por sí mismo ni conservarse sin la continua acción del Creador. Toda existencia procede del único Dios que comunica el ser a cuanto existe.
Todo bien participa del Bien supremo que es Dios. Cuando encontramos bondad, verdad, belleza, justicia o sabiduría en las criaturas creadas, contemplamos únicamente una parte limitada de aquellas perfecciones que existen plenamente en Dios. Por ello toda perfección creada conduce finalmente al reconocimiento del único Dios.
La adoración pertenece exclusivamente a Dios. Ningún ser creado, por excelente que sea, puede recibir el culto que corresponde únicamente al Creador. Los ángeles, los santos y toda la creación manifiestan la gloria de Dios, pero ninguno comparte con Él la naturaleza divina ni la dignidad que corresponde solamente a Dios.
La unidad divina constituye el fundamento de toda la creación, de toda la providencia y de toda la salvación. Porque Dios es uno, el universo posee un único origen, un único gobierno y un único fin. Toda la historia de la salvación manifiesta la acción del único Dios que conduce todas las cosas hacia el cumplimiento de su voluntad santa.
Concluyo, por tanto, que existe un solo Dios verdadero, absolutamente simple, perfecto, infinito, eterno e inmutable. Ninguna otra realidad puede poseer la plenitud del ser ni compartir la naturaleza divina. Toda la creación procede de Él, depende continuamente de Él y hacia Él se dirige como a su principio y a su fin. La unidad de Dios no constituye una perfección entre otras, sino la manifestación necesaria de su absoluta plenitud, pues sólo quien posee íntegramente toda la perfección del ser puede ser el único Dios verdadero, digno de toda adoración, amor y gloria por los siglos de los siglos.
SANTO TOMÁS DE AQUINO CONOCEMOS REDACCIÓN EN PRIMERA PERSONA.
Durante esta vida el ser humano puede conocer verdaderamente a Dios, aunque no puede contemplarlo en su esencia porque Dios supera infinitamente toda inteligencia creada y, por ello, ningún hombre puede comprender plenamente quién es Dios mientras vive en este mundo. Sin embargo, Dios no ha dejado a la humanidad sin conocimiento de Él, sino que se ha dado a conocer por sus obras y por su divina Revelación.
Todo conocimiento humano comienza por los sentidos. El hombre contempla las criaturas creadas, observa el orden del universo, descubre la belleza de la creación, reconoce el movimiento de las cosas, advierte la existencia del bien y de la verdad, y mediante este conocimiento asciende hasta reconocer la existencia del Creador. Las criaturas creadas no son Dios, pero manifiestan realmente la sabiduría, el poder y la bondad de Aquel que las ha creado.
La belleza manifiesta la hermosura de Dios; el orden manifiesta su sabiduría; la existencia de todas las cosas manifiesta su poder creador; la bondad de las criaturas creadas manifiesta la infinita bondad del Creador. Aunque ninguna criatura pueda representar plenamente a Dios, todas anuncian verdaderamente su grandeza.
Conocemos a Dios principalmente por sus efectos. Así como al contemplar una obra bien realizada reconocemos la habilidad de quien la construyó, al contemplar el universo conocemos que existe un Creador infinitamente sabio. Del mismo modo que una magnífica catedral manifiesta la inteligencia de su arquitecto, toda la creación manifiesta la perfección de Dios.
El conocimiento natural de Dios nunca agota la realidad divina. Las criaturas creadas solamente participan de manera limitada de las perfecciones que en Dios existen de forma infinita. Por ello, cuando conocemos a Dios mediante la creación, alcanzamos un conocimiento verdadero, pero siempre imperfecto e incompleto.
Cuando afirmamos que Dios es bueno, sabio, justo o poderoso, hablamos con verdad. Sin embargo, estas palabras no significan exactamente lo mismo cuando se aplican a Dios que cuando se aplican a los creados. Las perfecciones que vemos en los objetos y seres creados existen en Dios de una manera infinitamente superior, sin límite alguno y con absoluta perfección.
Dios no es corporal, no cambia, no envejece, no puede morir, no puede equivocarse, no ignora nada y no posee limitación alguna. Al eliminar de nuestro pensamiento toda imperfección propia de las criaturas creadas, nuestra inteligencia se aproxima con mayor pureza al conocimiento del verdadero Dios.
La Revelación divina perfecciona el conocimiento que la razón humana puede alcanzar. Dios ha querido manifestarse mediante la Sagrada Escritura y, de manera plena y definitiva, por medio de Nuestro Señor Jesucristo. Gracias a esta Revelación conocemos verdades que jamás habríamos podido descubrir únicamente observando la creación, como el misterio de la Santísima Trinidad, la Encarnación del Verbo y el designio de la salvación.
La fe es un don por el cual aceptamos como verdaderas las verdades reveladas por Dios. No creemos porque comprendamos completamente esos misterios, sino porque Dios, que es la Verdad misma, no puede engañarse ni engañarnos. La fe no destruye la razón, sino que la ilumina y la conduce hacia verdades más altas.
Durante la vida presente conocemos a Dios como quien contempla parcialmente una realidad inmensamente superior a su capacidad. Ninguna inteligencia creada puede abarcar plenamente la infinitud divina.
Sin embargo, existe una perfección futura reservada para los bienaventurados. En la vida eterna, Dios concede la visión beatífica, mediante la cual los santos contemplan directamente la esencia divina. Este conocimiento no nace del esfuerzo humano, sino de un don sobrenatural concedido por Dios. Gracias a la luz de gloria, la inteligencia creada es elevada para contemplar al mismo Dios tal como Él es, sin intermediarios ni imágenes.
Esta visión constituye la felicidad perfecta del ser humano. Ningún conocimiento terreno puede compararse con ella. Todo deseo de conocer encuentra allí su pleno cumplimiento, porque el entendimiento contempla directamente a Aquel que es la Verdad eterna, el Bien supremo y la fuente de toda perfección.
Aunque los bienaventurados contemplan verdaderamente la esencia divina, pero la infinitud de Dios jamás puede ser abarcada totalmente por una inteligencia creada. Contemplar verdaderamente a Dios por un ser creado significa verlo tal como Él es según la capacidad que Dios concede a cada bienaventurado.
Cuanto más pura es el alma por la gracia y más unida vive a Dios, tanto mayor disposición posee para conocerle. La santidad dispone mejor al hombre para recibir y contemplar las verdades divinas aunque no añade nuevas verdades a la Revelación.
Toda verdadera teología tiene como finalidad conducir la inteligencia humana hacia un conocimiento cada vez más verdadero de Dios. La verdadera teología pretende ordenar rectamente aquello que Dios ha dado a conocer para que la razón sirva a la fe y ambas conduzcan al hombre hacia la contemplación del Creador y lo que no pretende es sustituir la Revelación ni agotar el misterio divino.
Por tanto, el hombre conoce verdaderamente a Dios durante esta vida por medio de la creación, mediante la recta razón y, sobre todo, gracias a la Revelación divina recibida en la fe. Sin embargo, solamente en la visión beatífica el alma contemplará directamente la esencia divina por el don de la luz de gloria, alcanzando la plenitud del conocimiento y la felicidad eterna. Así, toda la existencia humana se orienta hacia el conocimiento de Dios, principio de toda verdad y fin último para el cual fue creada la inteligencia del hombre.
SANTO TOMÁS DE AQUINO NOMBRES REDACCIÓN EN PRIMERA PERSONA.
Dios puede ser verdaderamente nombrado por el ser humano, aunque ningún nombre creado puede expresar plenamente su infinita perfección. Toda palabra humana ha sido formada a partir de la experiencia de las criaturas creadas, mientras que Dios supera infinitamente cuanto existe en el universo. Por ello, nuestros nombres alcanzan verdaderamente a Dios, pero nunca logran abarcar completamente lo que Él es.
El fundamento de todos los nombres divinos consiste en que las criaturas creadas proceden de Dios y participan realmente de las perfecciones que existen en Él de manera infinita. Cuando encontramos bondad, sabiduría, justicia, verdad, vida o poder en las criaturas creadas, contemplamos una participación limitada de aquellas perfecciones que pertenecen plenamente al Creador. Por esta razón, esos mismos nombres pueden aplicarse verdaderamente a Dios.
Cada uno Los nombres atribuidos a Dios manifiesta una perfección que existe realmente en Dios. Cuando llamamos a Dios bueno, afirmamos verdaderamente su bondad infinita. Cuando lo llamamos sabio, proclamamos su sabiduría perfecta. Cuando lo llamamos justo, confesamos su justicia absoluta. Ninguno de estos nombres añade algo a Dios, sino que expresa de manera limitada lo que Él es eternamente.
Debemos comprender, sin embargo, que ninguna palabra humana puede describir completamente la esencia divina. Dios posee una perfección infinita que supera toda expresión creada. Por ello, aunque nuestros nombres sean verdaderos, siempre resultan insuficientes para manifestar plenamente la realidad de Dios.
Muchos nombres divinos proceden de las perfecciones visibles en la creación. Dios creó todas las cosas y dejó en ellas un reflejo de su sabiduría y de su bondad. Cuando el hombre contempla la creación, descubre esas perfecciones y las atribuye legítimamente al Creador, reconociendo que en Dios existen de manera absoluta, eterna e infinita.
Entre todos los nombres revelados por Dios ocupa un lugar singular aquel con el que se manifestó a Moisés: «Yo soy el que soy». Este nombre expresa con la mayor perfección que Dios existe por Sí mismo y que toda existencia creada depende de Él. Ningún otro nombre manifiesta tan claramente que Dios es el Ser subsistente, aquel cuya existencia no ha sido recibida de otro ni puede desaparecer jamás.
El nombre «Dios» expresa al Ser supremo que gobierna todas las cosas y es reconocido como Señor del universo. Aunque este nombre es verdadero, no manifiesta con tanta precisión como «El que es» la realidad íntima del ser divino. El nombre revelado a Moisés señala directamente aquello que distingue absolutamente a Dios de toda criatura: su existencia eterna e independiente.
La Sagrada Escritura utiliza numerosos nombres para hablar de Dios: Señor, Rey, Padre, Pastor, Juez, Creador, Todopoderoso, Misericordioso, Santo, Luz, Verdad y muchos otros. Todos ellos son verdaderos porque expresan diferentes perfecciones divinas. Ninguno de ellos, sin embargo, agota la riqueza infinita del ser de Dios.
Cuando afirmamos que Dios es Padre, debemos de saber que se trata de una paternidad divina que constituye el modelo perfecto del cual procede toda auténtica paternidad creada. Del mismo modo, cuando llamamos Rey a Dios, no hablamos de un gobernante limitado como los hombres, sino del soberano absoluto que gobierna con sabiduría perfecta toda la creación.
Algunos nombres expresan aquello que Dios es en Sí mismo, mientras que otros manifiestan su relación con las criaturas creadas. Llamar a Dios eterno, bueno, verdadero o sabio expresa perfecciones que pertenecen eternamente a su naturaleza. En cambio, llamarlo Creador, Señor o Salvador manifiesta acciones mediante las cuales Dios obra respecto de las criaturas creadas.
Los nombres negativos también ayudan a conocer verdaderamente a Dios. Cuando afirmamos que Dios es invisible, inmortal, infinito, incorruptible o inmutable, eliminamos de nuestro pensamiento las limitaciones propias de las criaturas creadas. Estos nombres no empobrecen nuestro conocimiento de Dios, sino que purifican nuestra inteligencia para reconocer que ninguna imperfección puede encontrarse en Él.
Existen nombres que indican la excelencia absoluta de Dios. Cuando confesamos que Dios es el Bien supremo, la Verdad suprema o la Vida misma, afirmamos que toda bondad, toda verdad y toda vida creadas tienen su origen en Él y participan de sus perfecciones. Dios no posee estas perfecciones como algo añadido, sino que Él mismo es la Bondad, la Verdad y la Vida.
La diversidad de nombres divinos no significa que existan diversas partes en Dios. Dios permanece absolutamente simple. La multiplicidad de nombres procede únicamente del entendimiento humano. Nosotros necesitamos muchas palabras para expresar diversas perfecciones que en Dios constituyen una única realidad absolutamente simple. Su bondad no es distinta de su sabiduría, ni su sabiduría es distinta de su justicia, ni su justicia es distinta de su ser. Todo cuanto existe en Dios es el mismo Dios.
La Santísima Trinidad tampoco multiplica la naturaleza divina. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo poseen una única esencia divina. Por ello, todos los nombres que expresan la naturaleza de Dios pertenecen igualmente a las tres Personas divinas. Cuando confesamos que Dios es eterno, bueno, omnipotente, sabio o verdadero, afirmamos estas perfecciones del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, porque existe un solo Dios verdadero.
Los nombres de Dios tienen además una finalidad espiritual. Fueron dados para instruir la inteligencia y, también para mover al ser humano hacia la adoración, la confianza y el amor. Cada nombre divino manifiesta una perfección que invita al hombre a reconocer la grandeza del Creador y a glorificarlo.
La contemplación de los nombres divinos fortalece la fe, alimenta la esperanza y acrecienta la caridad. Cuanto más comprende el hombre la bondad, la verdad, la sabiduría, la misericordia y la santidad de Dios, tanto más reconoce su propia dependencia del Creador y tanto mayor es su deseo de vivir conforme a la voluntad divina.
Concluyo, que Dios puede ser verdaderamente nombrado porque Él mismo ha querido manifestarse mediante la creación y por la Revelación. Todos los nombres divinos expresan auténticas perfecciones que existen eternamente en Dios, pero ninguno consigue abarcar plenamente la inmensidad de su naturaleza infinita. El nombre revelado «Yo soy el que soy» manifiesta con especial claridad que Dios es el Ser que existe por Sí mismo, fuente de toda existencia y fundamento de todos los demás nombres con los que la Iglesia lo confiesa, lo adora y lo glorifica por los siglos de los siglos.
SANTO TOMÁS DE AQUINO CONOCE REDACCIÓN EN PRIMERA PERSONA.
Dios posee un conocimiento absolutamente perfecto. Su conocimiento no tiene principio ni fin, no aumenta con el paso del tiempo, no necesita aprendizaje alguno y jamás puede disminuir. Dios conoce todas las cosas con una perfección infinita porque Él mismo es la Verdad eterna y la fuente de todo cuanto existe.
El conocimiento de Dios no se parece al conocimiento humano. El hombre aprende poco a poco, observa la realidad mediante los sentidos, razona, compara, recuerda y llega lentamente al conocimiento. Dios, por el contrario, no necesita adquirir ciencia, porque desde toda la eternidad conoce perfecta y simultáneamente todo cuanto existe y todo cuanto puede existir.
Dios se conoce perfectamente a Sí mismo. Este conocimiento constituye el fundamento de toda su ciencia. Como Dios es el Ser absolutamente perfecto y contiene en Sí mismo toda la plenitud del ser, al conocerse perfectamente conoce también toda la perfección que puede encontrarse en las criaturas creadas, pues todas participan, de manera limitada, de aquello que existe plenamente en Él.
Dios conoce todas las criaturas creadas porque es su Creador. Ninguna realidad puede permanecer oculta para quien le ha concedido el ser. Así como un arquitecto conoce el edificio que ha diseñado con mucha mayor profundidad que quien solamente lo contempla desde el exterior, así Dios conoce infinitamente mejor toda la creación porque Él mismo la ha querido y la ha producido.
Nada escapa al conocimiento divino. Dios conoce los cielos, la tierra, los ángeles, los hombres, los animales, las plantas y cuanto existe en el universo visible e invisible. Conoce igualmente cada una de las acciones, de los pensamientos, de las palabras y de las decisiones libres de todas las criaturas creadas. Ningún acontecimiento puede sorprenderle, porque todo permanece eternamente presente ante su conocimiento.
Dios conoce las cosas particulares. Su ciencia no se limita a conocer únicamente las leyes generales del universo. Conoce cada persona concreta, cada criatura singular y cada instante de la historia. Conoce el número de las estrellas, el crecimiento de cada planta y hasta el más pequeño de los acontecimientos que suceden en el mundo.
Dios conoce igualmente los pensamientos más íntimos del corazón humano. Antes de que una palabra llegue a nuestros labios, Dios ya la conoce perfectamente. Antes de que una decisión sea realizada, Dios conoce la libertad con la que será tomada. Este conocimiento no destruye la libertad del hombre, porque Dios conoce eternamente los actos libres precisamente como actos libres.
Dios conoce tanto las realidades presentes como las pasadas y las futuras. Lo que para nosotros sucede sucesivamente en el tiempo permanece eternamente presente para Dios. Él no espera que ocurra un acontecimiento para conocerlo. Su conocimiento eterno abraza simultáneamente toda la historia de la creación.
La causa de esta perfección consiste en que Dios es eterno. Como en Él no existe sucesión temporal, tampoco existe sucesión en su conocimiento. Dios no recuerda el pasado ni prevé el futuro del modo en que lo hacemos nosotros. Todo permanece presente ante su mirada eterna en un único acto perfecto de conocimiento.
Dios conoce no solamente aquello que existe realmente, sino también todo cuanto podría existir si Él hubiera querido crearlo. Conoce todas las posibilidades de la creación, todas las criaturas creadas que podría haber creado y todos los acontecimientos que podrían producirse bajo cualquier circunstancia. Ninguna posibilidad escapa a la infinitud de su inteligencia.
Dios conoce el bien y conoce el mal. Conoce el bien porque Él mismo es el Bien supremo. Conoce el mal no porque exista como una realidad positiva independiente, sino porque conoce perfectamente el bien cuya ausencia constituye el mal. La perfección del conocimiento divino permite conocer incluso las privaciones y desórdenes que aparecen en las criaturas creadas.
El conocimiento divino jamás puede contener error alguno. El error nace cuando el entendimiento humano no coincide con la realidad. En Dios esto resulta absolutamente imposible, porque su inteligencia es la medida perfecta de toda verdad. Todo cuanto Dios conoce coincide perfectamente con la realidad, ya que Él mismo es el origen de toda existencia.
Dios nunca olvida nada. Dios no necesita memoria, porque todo permanece eternamente presente en su inteligencia. Nada puede desaparecer de su conocimiento, ni quedar oculto, ni debilitarse por el transcurso de los siglos.
El conocimiento de Dios tampoco depende de lo que Èl ha creado. No conoce las cosas porque ellas existan primero. Al contrario, las criaturas creadas existen porque Dios las conoce y las quiere desde toda la eternidad. Su conocimiento no recibe información del mundo; más bien, constituye uno de los fundamentos por los cuales el mundo existe.
El conocimiento divino permanece inseparable de su voluntad. Dios conoce perfectamente el bien y lo quiere perfectamente. Nunca existe contradicción entre su inteligencia y su voluntad. Toda decisión divina procede de una sabiduría infinita y de una voluntad absolutamente buena.
La providencia divina nace precisamente de esta ciencia perfecta. Dios gobierna toda la creación porque conoce perfectamente cada criatura, cada circunstancia y cada finalidad para la que ha creado todas las cosas. Su gobierno nunca es improvisado ni necesita corrección, porque desde toda la eternidad contempla el conjunto completo de la creación.
Los ángeles poseen un conocimiento muy superior al humano, pero limitado. Dios, en cambio, supera infinitamente a toda inteligencia creada. Ningún ángel ni ningún santo puede igualar la perfección de la ciencia divina.
La contemplación de la ciencia de Dios mueve al hombre a la confianza. Nada de cuanto sucede escapa a su conocimiento. Ninguna oración pasa inadvertida. Ningún sufrimiento permanece desconocido. Ninguna buena obra deja de ser vista por Dios. Toda la vida humana permanece continuamente presente ante su inteligencia eterna.
El conocimiento divino manifiesta igualmente la infinita sabiduría del Creador. Todo cuanto Dios realiza responde a un orden perfectísimo. Aunque muchas veces el hombre no alcance a comprender plenamente los caminos de la Providencia, puede estar seguro de que Dios gobierna todas las cosas con conocimiento absoluto, justicia perfecta y bondad infinita.
Concluyo, la ciencia de Dios es infinita, eterna, perfecta, inmutable e infalible. Dios se conoce plenamente a Sí mismo y, al conocerse, conoce simultáneamente toda la creación, todas las criaturas creadas, todos los acontecimientos, todas las acciones libres, todas las posibilidades y todo cuanto ha existido, existe o existirá. Nada puede añadirse a su conocimiento ni disminuirlo. Su ciencia constituye una perfección propia de su naturaleza divina y manifiesta que Él es la Verdad eterna, el Creador omnisciente y el sabio gobernador de todo el universo, digno de toda confianza, adoración y gloria por los siglos de los siglos.
SANTO TOMÁS DE AQUINO INFOGRAFÍA UNIDAD - CONOCE .
SANTO TOMÁS DE AQUINO CONOCIMIENTOS REDACCIÓN EN PRIMERA PERSONA.
En Dios existen los conocimientos de todas las cosas creadas. Estos conocimientos no son pensamientos cambiantes ni imágenes semejantes a las que posee el entendimiento humano. Son el conocimiento eterno, perfecto e inmutable que Dios tiene de todas las criaturas creadas antes de crearlas. En Dios no existe sucesión de pensamientos ni descubrimiento progresivo, pues toda su ciencia es eterna y permanece siempre idéntica.
Los conocimientos divinos no existen fuera de Dios ni constituyen realidades independientes de Él. Tampoco son algo añadido a su naturaleza. Todo cuanto existe en Dios es Dios mismo. Por ello, los conocimientos divinos son el mismo entendimiento divino que conoce perfectamente todas las criaturas creadas que puede crear y todas las que libremente ha querido crear.
Dios no necesita contemplar modelos exteriores para realizar su obra creadora. El hombre necesita observar, aprender y copiar aquello que desea construir. Un arquitecto diseña un edificio después de estudiar numerosos elementos; un escultor contempla la piedra antes de comenzar su trabajo; un artesano aprende mediante la experiencia. Dios, por el contrario, no aprende de nadie ni recibe conocimiento alguno. El modelo perfecto de toda la creación existe eternamente en su propia inteligencia.
Así como un constructor conoce con precisión el edificio antes de levantarlo, Dios conoce desde toda la eternidad cada criatura antes de darle existencia. Sin embargo, la diferencia es infinita. El constructor puede equivocarse, modificar sus planos o descubrir errores. Dios jamás necesita corregir su conocimiento. Todo cuanto conoce permanece eternamente perfecto.
Dios conoce todas las criaturas creadas posibles porque conoce plenamente su propio poder infinito. Al contemplar la perfección de su naturaleza divina conoce todas las maneras en que su bondad puede ser participada por las criaturas creadas. De este modo conoce las cosas que existen realmente y todas aquellas que podría haber creado si así lo hubiera querido.
No todas las criaturas creadas posibles han sido creadas. Dios podía haber creado un universo diferente del actual, con un número distinto de criaturas creadas y con otro orden de acontecimientos. La creación presente existe porque Dios la quiso libremente entre todas las posibilidades conocidas por su inteligencia infinita.
Los conocimientos divinos constituyen el modelo según el cual Dios crea todas las cosas. Ninguna criatura aparece por casualidad. Cada una responde al conocimiento perfecto y al designio eterno del Creador. Desde el más pequeño ser viviente hasta las inmensas galaxias, todo ha sido conocido por Dios antes de recibir la existencia.
Los conocimientos divinos manifiestan principalmente la sabiduría de Dios. El admirable orden que contemplamos en el universo no procede del azar ni de una necesidad ciega. Todo responde a un proyecto eterno conocido perfectamente por Dios desde siempre. La armonía de la creación refleja la perfección del entendimiento divino.
Las diversas criaturas creadas existen porque manifiestan de modos diferentes la infinita perfección de Dios. Ninguna criatura puede reflejar por sí sola toda la riqueza del Creador. Por ello Dios ha querido una inmensa variedad de seres. Cada uno participa de alguna perfección divina según el lugar que ocupa dentro del orden de la creación.
Existen muchos conocimientos divinos respecto de las criaturas creadas, aunque Dios posee un único entendimiento. La multiplicidad no se encuentra en Dios como si hubiera muchos pensamientos separados. La multiplicidad procede de las diversas maneras en que las criaturas creadas participan de la única perfección divina. Dios permanece absolutamente simple mientras conoce perfectamente la diversidad de cuanto puede crear.
La unidad del entendimiento divino nunca desaparece. Nosotros necesitamos muchos conceptos para conocer distintas realidades. Dios no. En un único acto eterno de conocimiento conoce simultáneamente todas las criaturas creadas posibles y todas las criaturas creadas realmente existentes. Su conocimiento nunca se divide ni se multiplica.
Los conocimientos divinos no obligan a Dios a crear. Conocer una criatura posible no significa que deba existir necesariamente. Dios conoce infinitas posibilidades de creación, pero solamente crea aquello que libremente quiere crear. La creación nace de su voluntad libre y no de una necesidad impuesta por su inteligencia.
Los conocimientos divinos permanecen inseparablemente unidas a la voluntad divina. Dios conoce perfectamente todas las criaturas creadas posibles y, entre ellas, quiere libremente aquellas que realmente existirán. Ninguna criatura puede exigir su propia creación. Todo cuanto existe procede exclusivamente de la libre voluntad del Creador.
Afirmo igualmente que el orden del universo manifiesta la perfecta correspondencia entre la ciencia y la voluntad de Dios. Nada ha sido creado sin finalidad. Nada carece de sentido dentro del conjunto de la creación. Cada criatura ocupa el lugar que Dios le ha asignado conforme a su sabiduría eterna.
Los conocimientos divinos también explican por qué la creación posee inteligibilidad. El ser humano puede conocer el mundo porque el universo ha sido creado por una Inteligencia infinita. El orden de la naturaleza no es fruto del desorden, sino expresión de la sabiduría eterna de Dios. Al estudiar la creación, el hombre descubre el reflejo del conocimiento divino que le dio origen.
Afirmo que el hombre participa de este conocimiento de manera muy limitada. Cuando diseña una casa, escribe un libro o fabrica una herramienta, primero conoce aquello que desea realizar y después lo ejecuta. Esta capacidad procede de haber sido creado a imagen de Dios. Sin embargo, el conocimiento humano es imperfecto, mientras que el conocimiento divino es absolutamente perfecto y eterno.
La Sagrada Escritura confirma constantemente esta verdad cuando afirma que Dios creó todas las cosas con sabiduría. Ninguna criatura quedó fuera de su conocimiento. Antes de que existiera el tiempo, Dios conocía perfectamente toda la historia de la creación y el lugar que cada ser ocuparía dentro de ella.
La contemplación de los conocimientos divinos conduce al hombre a admirar la infinita sabiduría del Creador. Cuanto más profundamente contempla el orden del universo, la armonía de la naturaleza y la admirable disposición de todas las criaturas creadas, tanto más reconoce que todo responde a un conocimiento eterno y perfectísimo que sólo puede pertenecer a Dios.
Los conocimientos divinos manifiestan igualmente la bondad del Creador. Dios no crea para satisfacer una necesidad propia, pues nada puede faltarle. Crea porque libremente quiere comunicar el bien a las criaturas creadas. Cada ser recibe la existencia conforme al designio sabio y amoroso que Dios ha establecido desde toda la eternidad.
Concluyo, por tanto, que los conocimientos existen verdaderamente en Dios como el conocimiento eterno, perfecto e inmutable que posee de todas las criaturas creadas posibles y de todas aquellas que libremente ha querido crear. Estos conocimientos no constituyen realidades distintas de Dios, sino que son el mismo entendimiento divino contemplando perfectamente toda la creación. Gracias a ellas comprendemos que el universo no procede del azar ni de la necesidad, sino de la infinita sabiduría del único Dios, que conoce eternamente todas las cosas y las crea conforme al designio perfecto de su inteligencia y de su voluntad, para manifestar su bondad, su verdad y su gloria por los siglos de los siglos.
SANTO TOMÁS DE AQUINO VERDAD REDACCIÓN EN PRIMERA PERSONA.
La verdad existe verdaderamente y tiene su origen en Dios. No depende de la opinión de los hombres, de las costumbres de una época ni del parecer de la mayoría. La verdad permanece siempre idéntica porque Dios es la Verdad misma. Todo cuanto es verdadero participa de aquella Verdad eterna que existe plenamente en el Creador.
La verdad consiste en la conformidad entre la razón y la realidad. Cuando la razón conoce las cosas tal como realmente son, posee la verdad. Cuando afirma algo contrario a la realidad, aparece el error. La verdad no cambia porque cambien nuestros pensamientos. Es la razón humana la que debe ajustarse a la realidad creada por Dios.
Toda verdad creada procede de Dios. Ninguna realidad puede ser verdadera por sí misma si antes no ha recibido el ser del Creador. Dios no solamente conoce toda verdad, sino que constituye el fundamento de toda verdad existente. Cuanto existe ha sido creado conforme a su sabiduría eterna y, por ello, posee una verdad propia que puede ser conocida por la inteligencia.
Las criaturas creadas son verdaderas porque responden fielmente al designio con el que Dios las ha creado. Un árbol es verdadero cuando posee la naturaleza que Dios le ha dado. Un ser humano es verdadero cuando existe conforme a la naturaleza con la que fue creado. Toda criatura manifiesta una verdad porque refleja realmente el pensamiento eterno de Dios que le concedió la existencia.
Dios conoce perfectamente todas las cosas porque Él mismo las ha creado. Su conocimiento no depende de observar el mundo ni de aprender mediante la experiencia. Las criaturas creadas son verdaderas porque corresponden al conocimiento eterno que Dios tiene de ellas. Antes de existir en el mundo, toda criatura era conocida perfectamente por Dios.
Dios es la Verdad primera. Toda otra verdad depende de Él. Así como toda luz visible procede en último término del sol, toda verdad procede del entendimiento divino. Ninguna inteligencia creada puede constituirse en fundamento absoluto de la verdad. Solamente Dios posee esta dignidad porque únicamente Él conoce todas las cosas con absoluta perfección.
El entendimiento humano puede alcanzar la verdad porque Dios lo ha creado capaz de conocer. La inteligencia del hombre no produce la verdad. La descubre. Cuando el hombre conoce correctamente la realidad creada por Dios, participa verdaderamente de la verdad. Por ello el conocimiento humano alcanza su perfección cuando busca sinceramente aquello que realmente es.
La verdad existe tanto en la razón como en las cosas, aunque de distinta manera. En Dios, la verdad consiste en que su inteligencia conoce perfectamente todas las cosas. En las criaturas creadas, la verdad consiste en corresponder al plan con el que Dios las creó. En el hombre, la verdad consiste en conocer correctamente esa realidad creada por Dios.
Toda verdad creada refleja, aunque de manera limitada, la Verdad infinita. La belleza de la creación, el orden del universo, la armonía de las leyes naturales y la rectitud de la ley moral manifiestan que todo procede de una inteligencia perfecta. Nada verdadero puede oponerse verdaderamente a Dios, porque toda verdad tiene en Él su origen.
Dios jamás puede equivocarse. El error aparece cuando la comprensión juzga de manera distinta a como realmente son las cosas. En Dios esto resulta imposible. Su conocimiento constituye la medida suprema de toda verdad. Todo cuanto Dios conoce coincide perfectamente con la realidad porque Él mismo es el Creador de cuanto existe.
La Sagrada Escritura es verdadera porque Dios es su autor principal. Al revelar su palabra, Dios no puede enseñar el error. Todo cuanto Dios comunica para nuestra salvación posee verdad absoluta. La Revelación divina ilumina la razón humana y la conduce hacia verdades que jamás habría podido descubrir únicamente mediante sus propias fuerzas.
Nuestro Señor Jesucristo manifestó plenamente esta realidad cuando afirmó: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». Con estas palabras enseñó que la verdad no consiste solamente en un conjunto de afirmaciones correctas, sino que alcanza su plenitud en la Persona del Hijo de Dios, que revela perfectamente al Padre y conduce a los hombres hacia la salvación.
La verdad nunca puede contradecir a la verdad. Dios es autor tanto de la creación como de la Revelación. Por ello, la verdad descubierta rectamente mediante la razón y la verdad enseñada por Dios jamás pueden estar realmente enfrentadas. Si parece existir contradicción, el error no se encuentra en Dios, sino en la comprensión imperfecta del hombre.
Toda mentira constituye un alejamiento de la verdad. Quien miente pretende presentar como verdadero aquello que sabe que no corresponde a la verdad. La mentira contradice la naturaleza misma de Dios, porque Dios jamás puede engañar ni ser engañado. Toda verdad acerca de Dios conduce al hombre hacia la luz; toda mentira lo aparta de ella.
La contemplación de la verdad fortalece la vida espiritual. Cuanto más conoce el hombre la verdad acerca de Dios, de sí mismo y de la creación, tanto más puede orientar correctamente su vida. La ignorancia y el error oscurecen la inteligencia; la verdad la ilumina y la dirige hacia el bien.
Toda búsqueda sincera de la verdad conduce finalmente hacia Dios. Aunque muchas personas comiencen estudiando las criaturas creadas, la contemplación del orden, de la belleza y de la armonía del universo conduce naturalmente al reconocimiento del Creador. Toda verdad auténtica señala, de una u otra manera, a Aquel que es la Verdad primera.
La visión beatífica constituye la plenitud del conocimiento de la verdad. En esta vida conocemos muchas verdades de manera parcial e imperfecta. En la gloria, Dios concede a los bienaventurados contemplar directamente su esencia. Allí desaparece toda oscuridad y el alma participa plenamente de la contemplación de la Verdad eterna.
La verdad divina permanece siempre idéntica. No envejece, no cambia y no puede ser modificada por el paso del tiempo. Las opiniones humanas nacen y desaparecen, pero la verdad de Dios permanece para siempre porque se identifica con su propio ser eterno e inmutable.
Concluyo, que toda verdad procede de Dios, porque Él es la Verdad primera, eterna, infinita e inmutable. Las criaturas creadas son verdaderas porque responden al designio con el que Dios las creó, y la razón humana alcanza la verdad cuando conoce la realidad tal como Dios la ha dispuesto. La Revelación perfecciona este conocimiento mostrando las verdades necesarias para la salvación, y la visión beatífica constituye el cumplimiento definitivo de todo deseo de conocer. Así, la verdad encuentra en Dios su origen, su fundamento, su plenitud y su fin, porque Él mismo es la Verdad subsistente, de quien procede toda luz para la inteligencia y toda certeza para la fe, digno de ser conocido, amado y glorificado por los siglos de los siglos.
SANTO TOMÁS DE AQUINO FALSEDAD REDACCIÓN EN PRIMERA PERSONA.
La falsedad no posee existencia propia como si fuera una realidad creada por Dios. La falsedad aparece cuando el entendimiento o el lenguaje dejan de corresponder con la realidad. Del mismo modo que la oscuridad no constituye una sustancia, sino ausencia de luz, la falsedad no constituye una realidad positiva, sino la falta de verdad allí donde debería encontrarse.
Dios no puede ser causa de la falsedad, porque Él es la Verdad misma. Todo cuanto Dios conoce es verdadero, todo cuanto Dios revela es verdadero y todo cuanto Dios realiza manifiesta la perfección de su sabiduría. La falsedad nunca puede tener su origen en Aquel cuya naturaleza consiste en ser la Verdad eterna e infinita.
La falsedad se encuentra principalmente en el entendimiento cuando éste juzga las cosas de manera distinta a como realmente son. Mientras el entendimiento conoce correctamente la realidad, permanece en la verdad. Cuando afirma como verdadero aquello que no corresponde a la realidad, incurre en el error y aparece la falsedad.
Las cosas creadas, consideradas en sí mismas, no son falsas. Toda criatura ha sido creada por Dios conforme a su sabiduría eterna y responde al designio con el que recibió la existencia. Un árbol es verdaderamente un árbol; una piedra es verdaderamente una piedra; un ser humano es verdaderamente un ser humano. La falsedad no pertenece a la naturaleza de las cosas, sino al juicio equivocado que el entendimiento puede formular acerca de ellas.
Sin embargo, una cosa puede llamarse falsa en sentido derivado cuando induce fácilmente al error por su semejanza con otra. Así hablamos de oro falso, de una moneda falsa o de un testigo falso. No porque la cosa posea una naturaleza distinta de la que realmente tiene, sino porque produce una apariencia que puede llevar al entendimiento a emitir un juicio equivocado.
El entendimiento humano puede equivocarse porque es limitado. Aprende poco a poco, razona, compara y muchas veces carece de toda la información necesaria para emitir un juicio correcto. Por ello puede caer en el error. Esta posibilidad no constituye un defecto de la verdad, sino una consecuencia de la limitación propia de toda inteligencia creada.
Dios, por el contrario, jamás puede equivocarse. Su conocimiento es absolutamente perfecto. Nada permanece oculto para Él. Ninguna apariencia puede confundirle. Ninguna circunstancia puede alterar su juicio. Toda la realidad permanece eternamente presente ante su inteligencia infinita, de modo que en Dios resulta absolutamente imposible cualquier forma de falsedad.
Los sentidos, considerados en sí mismos, no son falsos. El ojo ve los colores, el oído percibe los sonidos y los demás sentidos reciben aquello que les corresponde percibir. El error aparece cuando el entendimiento interpreta de manera incorrecta aquello que los sentidos le presentan, o cuando las circunstancias dificultan una percepción adecuada.
Por esta razón, no debe atribuirse la falsedad a la creación de Dios, sino al uso imperfecto que el hombre hace de sus facultades. Dios creó al hombre con inteligencia capaz de alcanzar la verdad. Sin embargo, esta inteligencia necesita razonar cuidadosamente, evitar los juicios precipitados y buscar siempre la conformidad con la realidad.
La imaginación puede presentar imágenes que no corresponden exactamente con la realidad. Durante los sueños, en ciertos estados de enfermedad o mediante la fantasía, el hombre puede representar interiormente cosas inexistentes. No por ello la imaginación constituye la falsedad. La falsedad aparece únicamente cuando el entendimiento acepta como verdadera una representación que no corresponde a la realidad.
La mentira constituye una forma particular de falsedad moral. No basta que una afirmación sea objetivamente falsa. Existe mentira cuando una persona afirma deliberadamente como verdadero aquello que sabe que es falso con intención de engañar. La mentira pertenece al acto voluntario del hombre y contradice directamente la verdad que Dios ama.
Dios jamás puede mentir. La Sagrada Escritura enseña claramente que Dios es fiel y que en Él no existe engaño alguno. Todo cuanto Dios promete se cumple. Toda palabra pronunciada por Dios manifiesta perfectamente la verdad. Su fidelidad permanece eterna porque brota de su naturaleza inmutable.
Los ángeles buenos permanecen en la verdad porque contemplan y sirven a Dios. Los ángeles caídos, en cambio, introdujeron la mentira al apartarse libremente de la verdad divina. El demonio recibe justamente el nombre de padre de la mentira porque busca apartar al hombre del conocimiento de Dios mediante el engaño.
La falsedad nunca puede destruir la verdad. Un error humano no modifica la realidad creada por Dios. Si un hombre afirma que el sol no existe, el sol continúa existiendo. Del mismo modo, si alguien niega la existencia de Dios, Dios permanece siendo el mismo Ser eterno, infinito e inmutable. La verdad depende de la realidad y no de las opiniones humanas.
Toda búsqueda sincera de la verdad exige humildad. Quien reconoce los límites de su inteligencia está mejor dispuesto para corregir sus errores y acercarse a la verdad. La soberbia, por el contrario, inclina al hombre a mantenerse en el error incluso cuando la verdad se manifiesta claramente.
La gracia de Dios ilumina el entendimiento para que pueda conocer con mayor claridad la verdad revelada. Aunque la razón humana posee capacidad natural para conocer muchas verdades, la Revelación comunica aquellas realidades necesarias para la salvación que superan las fuerzas de la inteligencia creada. Rechazar deliberadamente esta luz conduce al oscurecimiento del entendimiento.
La contemplación de la verdad fortalece el alma y la aparta de la falsedad. Cuanto más profundamente conoce el hombre a Dios, más fácilmente distingue entre la verdad y el error. La oración, el estudio de la Sagrada Escritura y la enseñanza fiel de la Iglesia ayudan a conservar el entendimiento unido a la verdad divina.
En la visión beatífica desaparecerá toda posibilidad de falsedad. Los bienaventurados contemplarán directamente a Dios, que es la Verdad misma. Allí no existirá ignorancia, error ni engaño, porque la inteligencia será plenamente iluminada por la luz de gloria y participará del conocimiento que Dios quiera comunicarle.
Concluyo, por tanto, que la falsedad no posee existencia propia ni procede de Dios. Surge cuando el entendimiento o el lenguaje dejan de conformarse con la realidad. Las criaturas creadas, en cuanto creadas por Dios, son verdaderas; el error pertenece al juicio imperfecto de la inteligencia creada y la mentira al uso desordenado de la voluntad. Dios permanece eternamente libre de toda falsedad porque Él es la Verdad subsistente, cuya ciencia jamás puede errar, cuya palabra jamás puede engañar y cuya fidelidad permanece inmutable por los siglos de los siglos.
SANTO TOMÁS DE AQUINO VIDA REDACCIÓN EN PRIMERA PERSONA.
Dios vive de la manera más perfecta que puede existir. La vida pertenece principalmente a aquellos seres que obran por sí mismos y no son movidos únicamente por otro. Cuanto más perfecta es una realidad en su modo de obrar, tanto más perfecta es también su vida. Como Dios posee el grado supremo de perfección, en Él existe la vida en su plenitud absoluta.
La vida de Dios no se parece a la vida de las criaturas creadas. Los hombres, los animales y las plantas viven porque han recibido la vida de otro. Su vida comenzó en un determinado momento y terminará o se transformará según la condición propia de cada criatura. Dios, por el contrario, no recibió la vida de nadie. Él vive por Sí mismo desde toda la eternidad. Nunca comenzó a vivir y jamás dejará de vivir.
Dios no solamente posee vida, sino que Él mismo es la Vida. En Dios no existe diferencia entre su ser, su existencia, su inteligencia, su voluntad y su vida. Todo cuanto existe en Dios es una misma realidad absolutamente simple. Por ello, cuando Dios vive, no describe una cualidad añadida a su naturaleza, sino su misma esencia eterna.
La vida divina consiste principalmente en el acto perfectísimo del entendimiento y de la voluntad. Dios se conoce perfectamente a Sí mismo y se ama con un amor infinito. Este conocimiento y este amor no cambian jamás, no aumentan ni disminuyen, porque pertenecen a su naturaleza eterna e inmutable.
Cuanto más perfecto es el conocimiento de un ser, tanto más perfecta es también su vida. Las plantas viven, pero no conocen. Los animales viven y conocen mediante los sentidos. El hombre vive, conoce con inteligencia y ama libremente. Dios posee el conocimiento absolutamente perfecto y, por ello, posee también la vida absolutamente perfecta.
La vida divina es completamente independiente. Ninguna criatura sostiene la existencia de Dios. Ninguna realidad exterior alimenta su vida ni la conserva. Toda criatura necesita continuamente del poder creador para existir; Dios, en cambio, existe por Sí mismo y constituye la fuente de toda vida creada.
La vida de Dios es absolutamente inmutable. Las criaturas creadas experimentan nacimiento, crecimiento, madurez y envejecimiento. Sus fuerzas cambian con el paso del tiempo. Dios jamás experimenta modificación alguna. Su vida permanece eternamente perfecta, sin aumento, sin disminución y sin alteración.
La eternidad de Dios manifiesta la perfección de su vida. Como Dios es eterno, su vida no transcurre de un instante a otro. No existe en Él pasado que haya dejado de ser ni futuro que todavía no exista. Toda su vida permanece en un eterno presente, plenamente poseída y perfectamente vivida desde toda la eternidad.
La vida divina es infinita. Ninguna limitación puede encontrarse en ella. Toda vida creada participa de la vida según la medida que Dios le concede. Sólo Dios posee la plenitud infinita de la vida. Ninguna criatura puede igualar esta perfección ni participar de ella por naturaleza.
Toda vida creada procede de Dios. Las plantas crecen porque Dios les comunica la vida vegetal. Los animales viven porque Dios les concede la vida sensible. El hombre vive porque Dios le ha dado una naturaleza racional y un alma espiritual. Los ángeles viven porque Dios los creó como espíritus inteligentes. Ninguna forma de vida existe independientemente del Creador.
Dios conserva continuamente toda vida creada. No basta que haya dado la existencia al comienzo de la creación. Si Dios dejara un solo instante de comunicar el ser a las criaturas creadas, todas volverían inmediatamente a la nada. La permanencia de toda vida depende constantemente de la acción conservadora de Dios.
La vida divina manifiesta también la perfección de la Providencia. Dios conoce perfectamente todas las criaturas creadas vivientes y gobierna cada una conforme a su sabiduría. Ningún ser vivo queda fuera de su cuidado. Desde los más poderosos hasta los más pequeños, todos dependen continuamente de la voluntad del Creador.
La Sagrada Escritura llama repetidamente a Dios «Dios vivo». Este nombre manifiesta que Dios no es una fuerza impersonal, una realidad inerte o un principio abstracto. Él conoce, ama, gobierna, actúa y sostiene continuamente cuanto existe. Su vida es infinitamente superior a toda forma de vida creada.
La vida divina constituye el fundamento de toda la esperanza cristiana. Porque Dios vive eternamente, también puede comunicar la vida eterna a quienes permanecen unidos a Él. La vida sobrenatural que comienza por la gracia encuentra su plenitud definitiva en la gloria del Cielo.
Nuestro Señor Jesucristo manifestó esta verdad cuando afirmó: «Yo soy la vida». En Él contemplamos perfectamente la vida divina comunicada a la naturaleza humana mediante el misterio de la Encarnación. Cristo posee verdaderamente la misma vida eterna del Padre y la comunica a quienes creen en Él y permanecen en su gracia.
La vida eterna prometida a los bienaventurados no significa que el hombre llegue a poseer por naturaleza la misma vida infinita de Dios. Significa que Dios concede gratuitamente participar de su propia vida mediante la visión beatífica y la comunión perfecta con Él. Esta participación es un don de la gracia y no una transformación de la naturaleza humana en naturaleza divina.
Toda verdadera felicidad consiste en participar de la vida de Dios. Ningún bien temporal puede encantar plenamente el corazón humano. Las riquezas, los honores, el poder y los placeres son limitados y pasajeros. Sólo la unión con el Dios vivo puede colmar definitivamente el deseo de felicidad para el cual fue creada el alma humana.
La contemplación de la vida divina mueve al hombre a la adoración y a la confianza. Dios nunca deja de vivir, nunca se cansa, nunca pierde poder, nunca disminuye su sabiduría ni deja de amar a quienes ha creado. Su vida permanece eternamente perfecta y constituye el fundamento seguro de toda esperanza.
Toda perfección vital observada en las criaturas creadas refleja de manera limitada la vida infinita del Creador. La fuerza de un árbol, la actividad de los animales, la inteligencia humana y la santidad de los ángeles manifiestan, cada una según su propia condición, una participación creada de aquella Vida que existe plenamente sólo en Dios.
Concluyo, por tanto, que Dios vive con una vida absolutamente perfecta, eterna, infinita, inmutable y plenamente subsistente. Él no solamente posee vida, sino que es la Vida misma. Toda criatura recibe de Él la existencia y toda forma de vida, permaneciendo continuamente sostenida por su poder creador. La vida divina constituye el origen, la conservación y el fin de toda vida creada, y la participación eterna en esta vida por la visión beatífica es la felicidad suprema para la que Dios creó al hombre. Así, toda la creación proclama que únicamente Dios es el Viviente por excelencia, fuente inagotable de toda vida, digno de toda adoración, amor y gloria por los siglos de los siglos.
SANTO TOMÁS DE AQUINO VOLUNTAD REDACCIÓN EN PRIMERA PERSONA.
En Dios existe voluntad de la manera más perfecta que puede existir. La voluntad acompaña necesariamente al entendimiento. Allí donde existe un conocimiento perfecto del bien, existe también una voluntad perfectísima que ama ese bien. Como Dios posee el conocimiento absolutamente perfecto de Sí mismo y de todas las cosas, posee igualmente una voluntad infinita, eterna e inmutable.
La voluntad de Dios no es una facultad distinta de su ser. En Dios no existe composición alguna. Su voluntad no constituye una parte de su naturaleza ni una cualidad añadida a ella. Todo cuanto existe en Dios es Dios mismo. Por ello, su voluntad es idéntica a su esencia, a su inteligencia, a su bondad, a su vida y a su ser eterno.
El primer objeto de la voluntad divina es Dios mismo. Dios se conoce perfectamente y, al contemplar su infinita bondad, se ama con un amor absolutamente perfecto. Este amor no comienza, no aumenta ni disminuye, porque pertenece a la perfección eterna de su naturaleza.
Dios ama necesariamente su propia bondad. No puede dejar de amarse, porque Él es el Bien supremo e infinito. Amar el bien perfecto pertenece necesariamente a su naturaleza. Sin embargo, fuera de Sí mismo, Dios no ama por necesidad, sino por una decisión absolutamente libre de su voluntad.
Dios quiso libremente crear el universo. Nada podía obligarlo a crear. Antes de la creación Dios poseía ya toda perfección y toda felicidad. No necesitaba criatura alguna para aumentar su gloria ni para completar su felicidad. La creación nació únicamente de la libre voluntad de Dios, que quiso comunicar el bien a las criaturas creadas.
Todo cuanto Dios quiere lo quiere con infinita sabiduría. Su voluntad nunca actúa separada de su inteligencia. Dios jamás decide sin conocer perfectamente aquello que quiere. Del mismo modo, nunca conoce un bien sin quererlo conforme al orden perfectísimo de su sabiduría. En Dios no existe contradicción entre conocer y querer.
La voluntad divina permanece eternamente inmutable. Los hombres cambian de opinión porque adquieren nuevos conocimientos, olvidan, se equivocan o modifican sus circunstancias. Dios jamás necesita cambiar su voluntad, porque desde toda la eternidad conoce perfectamente todas las cosas. Ningún acontecimiento puede sorprenderle ni obligarlo a rectificar sus designios.
Todo cuanto Dios quiere se realiza conforme a su voluntad. Ninguna criatura puede frustrar los designios del Creador. Aunque Dios permita que las criaturas creadas racionales actúen libremente, incluso esas acciones permanecen bajo el gobierno de su Providencia, que ordena todas las cosas hacia el bien que Él ha dispuesto.
Dios quiere principalmente su propia gloria. No porque necesite recibir honor de las criaturas creadas, sino porque su gloria consiste en la manifestación de su infinita perfección. Al crear el universo y conducir la historia de la salvación, Dios manifiesta su bondad, su sabiduría, su justicia, su misericordia y su poder.
Dios quiere el bien de las criaturas creadas. Todo cuanto crea lo crea bueno. Toda existencia constituye un bien recibido de Dios. Ninguna criatura existe porque Dios quiera su mal. Si permite ciertos males, lo hace únicamente porque, con su sabiduría infinita, sabe obtener de ellos un bien mayor conforme a su Providencia.
La voluntad divina constituye el fundamento de toda la creación. Nada existe por azar. Nada aparece sin haber sido querido o permitido por Dios. Desde el más pequeño de los seres hasta el conjunto del universo, todo depende de la voluntad eterna del Creador.
Afirmo que Dios quiere de manera distinta diversos bienes. Algunas cosas las quiere como fin supremo, especialmente su propia gloria. Otras las quiere como medios ordenados a ese fin. Toda la creación posee un orden perfecto porque la voluntad divina dispone cada realidad conforme al lugar que le corresponde dentro del conjunto del universo.
La voluntad de Dios es universal. Abraza cuanto existe. Ningún acontecimiento escapa a ella. Dios conoce y gobierna todas las criaturas creadas visibles e invisibles, grandes y pequeñas. Nada sucede fuera de su conocimiento y de su Providencia.
Dios quiere la salvación de los hombres conforme al orden de su justicia y de su misericordia. Ha dispuesto los medios necesarios para conducir a la humanidad hacia la vida eterna mediante la gracia, la fe, los sacramentos y la obediencia a su voluntad revelada. Nadie puede alcanzar la salvación sin el auxilio que Dios concede gratuitamente.
La Sagrada Escritura manifiesta constantemente la bondad de la voluntad divina. Dios llama al hombre a cumplir sus mandamientos no para limitar su libertad, sino para conducirlo hacia el bien verdadero y hacia la felicidad eterna. La ley divina constituye una expresión de la sabiduría y del amor con que Dios gobierna a sus criaturas creadas.
La voluntad divina es siempre eficaz. Lo que Dios quiere absolutamente no puede dejar de cumplirse. Ninguna fuerza creada posee poder suficiente para impedir aquello que Dios ha dispuesto realizar. Su omnipotencia garantiza el cumplimiento de todos sus designios eternos.
Debe distinguirse, sin embargo, entre aquello que Dios quiere realizar directamente y aquello que permite libremente dentro del orden de su Providencia. Dios nunca quiere el pecado como un bien. El pecado nace del uso desordenado de la libertad creada. No obstante, Dios permite esa libertad porque ha querido crear seres capaces de amarle libremente, y porque es tan poderoso y sabio que puede ordenar incluso los males permitidos hacia bienes mayores sin ser jamás autor del pecado.
La voluntad divina constituye también el fundamento de la ley moral. El bien no depende del capricho humano ni de las costumbres cambiantes de las sociedades. El bien consiste en aquello que corresponde al orden querido por Dios. La ley eterna permanece como medida suprema de toda rectitud moral.
Nuestro Señor Jesucristo manifestó perfectamente la voluntad del Padre durante toda su vida terrena. En todas sus obras buscó cumplir plenamente el designio divino. Por ello enseñó a sus discípulos a orar diciendo: «Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo». Con estas palabras mostró que la verdadera perfección del hombre consiste en conformar libremente su voluntad con la voluntad santísima de Dios.
Los bienaventurados participan plenamente de esta conformidad. En la visión beatífica aman cuanto Dios ama y quieren cuanto Dios quiere, no porque pierdan su libertad, sino porque contemplan perfectamente el Bien supremo y permanecen unidos a Él por un amor perfecto que excluye toda posibilidad de apartarse del bien.
La contemplación de la voluntad divina fortalece la confianza del hombre. Dios nunca quiere el mal moral, nunca obra injustamente, nunca actúa con arbitrariedad y jamás deja de gobernar el universo con infinita sabiduría. Todo cuanto dispone o permite responde a un orden perfecto que supera frecuentemente la comprensión limitada del entendimiento humano.
Concluyo, por tanto, que la voluntad de Dios es eterna, infinita, perfectísima, libre, inmutable y absolutamente buena. Dios se ama necesariamente a Sí mismo como Bien supremo y quiere libremente toda la creación para comunicar su bondad y manifestar su gloria. Toda criatura existe porque ha sido querida o permitida conforme a su sabiduría eterna, y toda la historia del universo permanece gobernada por esta voluntad soberana, que jamás puede equivocarse, cambiar o frustrarse. Así, la voluntad divina constituye el principio del orden de la creación, el fundamento de la Providencia, la fuente de toda ley, el origen de la salvación y el fin último hacia el cual deben dirigirse libremente todas las criaturas creadas racionales, para gloria del único Dios verdadero por los siglos de los siglos.
SANTO TOMÁS DE AQUINO INFOGRAFÍA IDEAS - VOLUNTAD.
SANTO TOMÁS DE AQUINO AMOR REDACCIÓN EN PRIMERA PERSONA.
Dios ama verdaderamente. El amor no constituye una perfección añadida a su naturaleza, sino que pertenece a lo que Dios es desde toda la eternidad. Su amor es infinito, perfecto, eterno e inmutable. Nunca comenzó a amar, nunca dejará de amar y nunca experimenta cambio alguno, porque en Él no existe mutación ni imperfección. Cuanto existe en Dios es Dios mismo. Su amor es Dios; su bondad es Dios; su sabiduría es Dios; su poder es Dios; su justicia es Dios. Todas estas perfecciones permanecen inseparablemente unidas en la simplicidad de la naturaleza divina.
Amar consiste en querer el bien. Dios, que es el Bien supremo, quiere siempre el bien de cuanto ha creado. Todo cuanto realiza manifiesta este amor eterno. La creación del universo, la conservación de las criaturas, el gobierno de la providencia, la comunicación de la gracia, la misericordia, la justicia y la obra de la salvación tienen un único origen y principio: el amor infinito con el que Dios obra desde toda la eternidad.
El amor de Dios es distinto del amor que suele encontrarse entre los hombres. Muchas veces los hombres aman porque descubren primero algún bien en otra persona. En Dios sucede lo contrario. Ninguna criatura posee previamente un bien capaz de mover a Dios a amarla. Dios ama primero y, por ese amor, comunica todos los bienes que las criaturas reciben. Toda bondad creada nace del amor divino y permanece continuamente sostenida por Él.
Toda criatura existe porque ha sido amada por Dios. Antes de la creación no existía ningún bien creado. Fue el amor del Creador el que quiso comunicar la existencia a cuanto hoy existe. Ninguna criatura se dio el ser a sí misma ni puede conservarlo por sus propias fuerzas. Dios sostiene continuamente toda la creación mediante el mismo amor con el que libremente quiso crearla desde el principio.
Dios ama a los ángeles, ama a los hombres y ama toda la creación. Sin embargo, no comunica idénticos dones a todas las criaturas. A unas concede mayores perfecciones y a otras bienes diferentes, conforme al orden establecido por su infinita sabiduría. Esta diversidad no manifiesta injusticia, sino la riqueza y la armonía del universo querido por Dios.
Cuando unas criaturas reciben mayores bienes que otras, debe entenderse que Dios manifiesta en ellas una mayor comunicación de su amor. El amor divino no cambia ni aumenta, pero produce diversos efectos conforme al designio eterno del Creador. Cuanto mayor es el bien recibido, mayor es la manifestación del amor con el que Dios ha querido enriquecer a aquella criatura.
Toda virtud, toda gracia, toda santidad y toda perfección proceden primeramente de Dios. Los méritos hacia Dios son posibles porque antes ha concedido los dones necesarios para realizarlos. Todo comienza en el amor divino y todo permanece sostenido por ese mismo amor.
El amor de Dios nunca se separa de su justicia, de su misericordia, de su providencia ni de ninguna otra perfección divina. Cuando gobierna el universo, cuando corrige al pecador, cuando perdona al arrepentido, cuando fortalece a los justos o cuando conduce a los fieles hacia la vida eterna, siempre obra movido por un mismo amor eterno que jamás puede disminuir ni alterarse.
Toda la historia de la salvación manifiesta este amor. Dios llama constantemente a las personas hacia la comunión con Él, concede su gracia para perseverar en el bien, sostiene a quienes permanecen fieles y prepara desde toda la eternidad la participación en la vida bienaventurada. Nada de cuanto realiza deja de manifestar su deseo de comunicar su bondad a las criaturas racionales.
El hombre ha sido creado para responder libremente a este amor divino. La verdadera vida consiste en amar a Dios sobre todas las cosas y ordenar toda la existencia conforme a su santa voluntad. Cuanto más permanece una persona unida a Dios mediante la gracia, tanto más participa del amor con el que Dios la sostiene y la conduce hacia su fin último.
Ningún bien temporal puede llenar plenamente el corazón humano. Las riquezas, los honores, el poder y todos los bienes de este mundo son limitados y pasajeros. Solamente Dios constituye el Bien supremo capaz de satisfacer completamente el deseo del hombre, porque únicamente en Él existe la plenitud infinita del amor y de toda perfección. Quien permanece unido a Dios encuentra el verdadero descanso para el cual fue creado.
La Sagrada Escritura manifiesta constantemente este amor divino. Desde la creación del mundo hasta la plenitud de la obra redentora realizada por nuestro Señor Jesucristo, aparece siempre el mismo Dios que llama, guía, protege, perdona, fortalece y conduce hacia la vida eterna. Toda la Revelación constituye una manifestación continua del amor con el que Dios busca la salvación de quienes permanecen fieles a Él.
Concluyo, por tanto, que el amor constituye el principio de todas las obras de Dios. Él crea, conserva, gobierna, concede la gracia, corrige y conduce a los fieles hacia la bienaventuranza eterna por amor. Toda criatura procede de Dios, permanece sostenida por Dios y alcanza su perfección únicamente en el amor de Dios. Este amor es infinito, eterno, perfecto e inmutable, y manifiesta la infinita bondad del único Dios verdadero, digno de toda adoración, de todo amor y de toda gloria por los siglos de los siglos.
SANTO TOMÁS DE AQUINO JUSTO Y MISERICORDIOSO REDACCIÓN EN PRIMERA PERSONA.
Dios es infinitamente justo e infinitamente misericordioso. Estas perfecciones no se oponen ni pueden separarse, porque pertenecen a la misma naturaleza divina. Cuanto existe en Dios es Dios mismo. Su justicia es Dios; su misericordia es Dios; su bondad es Dios; su sabiduría es Dios; su poder es Dios. Debido a esta absoluta simplicidad, todas sus obras manifiestan siempre una perfecta armonía entre justicia y misericordia.
La justicia divina nace de la perfección misma de Dios. Él obra siempre conforme a la verdad y al orden eterno de su sabiduría. Nada realiza sin causa, nada dispone sin razón y nada acontece fuera de su providencia. Todo cuanto Dios quiere y realiza responde al bien perfecto, porque su voluntad jamás puede apartarse de su infinita bondad.
Todo cuanto existe procede del Creador. La existencia, la vida, la inteligencia, la gracia y toda perfección creada han sido recibidas de Él.
Cada criatura recibe aquello que corresponde al lugar que ocupa dentro del universo querido por Dios. La diversidad de dones, capacidades y misiones no manifiesta desigualdad injusta, sino la riqueza del admirable orden de la creación. Así como en el cuerpo existen diversos miembros que cooperan para un mismo bien, también toda la creación manifiesta una armonía establecida por la justicia divina.
La misericordia tampoco debe entenderse como una emoción semejante a la experimentada por los hombres. Dios nunca cambia, nunca pasa de la tristeza al consuelo ni experimenta alteraciones propias de la condición humana. Su misericordia consiste en comunicar abundantemente el bien, llevando a las criaturas hacia la plenitud para la cual han sido creadas.
Toda comunicación de bienes manifiesta la misericordia divina. Cuando Dios concede la existencia, cuando conserva la vida, cuando sostiene a las criaturas, cuando fortalece a los débiles, cuando concede la gracia, cuando perdona al pecador arrepentido y cuando conduce a los fieles hacia la vida eterna, manifiesta continuamente la abundancia de su infinita misericordia. Ningún bien verdadero puede existir sin proceder previamente de Dios.
La misericordia no destruye la justicia, sino que la lleva a su mayor perfección. Toda obra misericordiosa de Dios permanece plenamente ordenada por su justicia, y toda obra de justicia se encuentra penetrada por su misericordia. Nunca juzga sin amor, ni ama dejando de ser justo. Ambas perfecciones resplandecen inseparablemente en todas sus acciones, porque brotan de una misma e infinita perfección divina.
La creación entera manifiesta esta admirable unión. El universo posee un orden perfecto. Todo cuanto existe ha sido querido libremente por Dios, que comunica el ser por pura bondad y sostiene continuamente la creación mediante su providencia.
También la historia de la salvación manifiesta constantemente estas dos perfecciones divinas: justicia y misericordia. Dios llama al hombre hacia la conversión, concede los auxilios necesarios para perseverar en el bien, corrige con amor a quienes se apartan de su voluntad, fortalece a quienes permanecen fieles y promete la gloria eterna a quienes perseveran hasta el final. Toda esta obra salvadora manifiesta una justicia perfecta iluminada por una misericordia infinita.
En la vida de las personas Dios no abandona jamás a quienes ha creado. Incluso aquello que resulta difícil puede convertirse, bajo el gobierno de la providencia divina, en camino de purificación, crecimiento espiritual y mayor unión con Él. La justicia mantiene el orden del bien y la misericordia conduce siempre a la salvación de quienes permanecen abiertos a la gracia de Dios.
La Sagrada Escritura proclama constantemente que Dios es justo en todos sus caminos y misericordioso en todas sus obras. Desde el comienzo de la Revelación hasta su cumplimiento en Jesucristo, aparece el mismo Dios que premia el bien, corrige el pecado, perdona al arrepentido, sostiene a su pueblo y permanece fiel a todas sus promesas. Nunca abandona a quienes ponen en Él su esperanza.
Toda criatura encuentra seguridad en estas perfecciones divinas. La justicia garantiza que Dios gobierna el universo con orden perfecto; la misericordia asegura que jamás deja de comunicar los bienes necesarios para conducir a las personas hacia la vida eterna. Ninguna de las dos puede comprenderse separadamente, porque ambas manifiestan la infinita bondad del único Dios verdadero.
Concluyo, Dios es infinitamente justo e infinitamente misericordioso. Toda la creación, toda la providencia y toda la historia de la salvación manifiestan estas perfecciones inseparables. La justicia divina establece el orden perfecto de todas las cosas; la misericordia divina comunica los bienes que conducen a la plenitud de la vida. Ambas proceden del amor eterno de Dios, que gobierna el universo con infinita sabiduría y conduce a quienes permanecen fieles hacia la participación eterna de su gloria, donde resplandecen para siempre su justicia, su misericordia y su infinita bondad.
SANTO TOMÁS DE AQUINO PROVIDENCIA REDACCIÓN EN PRIMERA PERSONA.
No solamente creó todas las cosas, sino que continúa gobernándolas, conservándolas y ordenándolas con infinita sabiduría hacia el fin para el cual fueron creadas. Nada existe fuera de su conocimiento, nada permanece fuera de su poder y nada acontece al margen de su gobierno. Toda la creación depende continuamente de la providencia divina.
La providencia nace de la sabiduría de Dios. Antes de la creación del mundo conocía perfectamente cuanto habría de existir y dispuso desde toda la eternidad el orden por el cual cada criatura alcanzaría el fin que le corresponde. En Dios no existe ignorancia, incertidumbre ni cambio de decisión. Su conocimiento es eterno, perfecto e inmutable, y por ello también lo es su providencia.
Así como un sabio gobernante ordena cuanto pertenece al bien de su reino, así Dios, de manera infinitamente más perfecta, gobierna el universo entero. Ninguna criatura ha sido creada sin finalidad. Todas han recibido una naturaleza determinada, una misión propia y un lugar dentro del admirable orden establecido por el Creador. Todo cuanto existe manifiesta la perfección de este gobierno divino.
La providencia alcanza a todas las criaturas sin excepción. Dios gobierna a los ángeles, a los hombres y a toda la creación visible e invisible. No solamente dirige los grandes acontecimientos de la historia, sino también cuanto pertenece a la vida de cada criatura. Nada resulta demasiado pequeño para quedar fuera de su cuidado, porque todo cuanto existe ha recibido el ser de Él y permanece continuamente sostenido por su poder.
La conservación de las criaturas constituye una obra permanente de la providencia. Ningún ser creado puede conservar por sí mismo la existencia que ha recibido. Así como toda criatura comenzó a existir por la acción creadora de Dios, así también continúa existiendo porque Dios mantiene constantemente su ser. Si Dios retirara esta acción conservadora, toda la creación volvería inmediatamente a la nada de la que fue llamada a existir.
Dios ha querido que muchas criaturas cooperen entre sí para la realización del bien. Así unas sirven a otras conforme a la naturaleza recibida. Los padres cuidan de sus hijos, los maestros instruyen a sus discípulos, los gobernantes procuran el bien común y los pastores conducen al pueblo de Dios. En todas estas acciones permanece siempre Dios como causa primera y supremo gobernador del universo.
La diversidad de criaturas manifiesta la riqueza de la providencia divina. No todas reciben los mismos dones ni desempeñan la misma misión. Cada una participa del bien conforme al lugar que ocupa dentro del orden querido por Dios. Esta variedad no disminuye la perfección de la creación, sino que la hace más admirable, porque refleja de múltiples maneras la infinita bondad del Creador.
Muchas veces los hombres no comprenden plenamente los caminos de la providencia. La limitación propia de la inteligencia humana impide contemplar el conjunto del designio divino. Sin embargo, aquello que parece incomprensible para las criaturas permanece perfectamente ordenado por la sabiduría eterna de Dios. Ningún acontecimiento escapa a su gobierno ni altera el cumplimiento de su voluntad santa.
Todo bien recibido por las personas manifiesta la acción de la providencia. Cuando alguien encuentra ayuda en medio de la dificultad, recibe fortaleza para perseverar en el bien, alcanza el perdón de sus pecados o crece en la gracia de Dios, Dios continúa obrando mediante los instrumentos que libremente ha querido utilizar para conducir a sus criaturas hacia la salvación.
La historia de la salvación constituye la manifestación más perfecta de la providencia divina. Desde la creación del mundo hasta la plenitud de los tiempos, Dios guía a su pueblo, prepara la venida de Jesucristo, concede la gracia del Espíritu Santo y conduce continuamente a los fieles hacia la participación de la vida eterna. Todo responde al mismo designio eterno preparado desde antes de la creación del universo.
La providencia sostiene la esperanza de quienes permanecen unidos a Dios. Ninguna prueba, ninguna dificultad ni ningún sufrimiento escapan a su gobierno. Aun cuando las personas no alcancen a comprender plenamente cuanto sucede en esta vida, pueden confiar con absoluta certeza en que Dios conduce todas las cosas hacia el verdadero bien de quienes le aman y permanecen fieles a su voluntad.
La Sagrada Escritura proclama constantemente este gobierno universal de Dios. Él sostiene la creación, dirige la historia, alimenta a las criaturas, escucha las oraciones de los fieles y cumple infaliblemente todas sus promesas. Desde el comienzo de la Revelación hasta la consumación definitiva de la historia aparece siempre el mismo Dios providente, cuya sabiduría y cuyo poder gobiernan todas las cosas con perfecta bondad.
Concluyo, la providencia constituye el gobierno eterno, sabio y perfecto mediante el cual Dios conoce, conserva y dirige toda la creación hacia el fin que libremente le ha señalado. Nada existe fuera de su cuidado, nada permanece fuera de su poder y nada acontece al margen de su voluntad providente. Toda la creación manifiesta este admirable orden, toda la historia de la salvación confirma su cumplimiento y toda criatura encuentra seguridad bajo la providencia del único Dios verdadero, cuya sabiduría, bondad y poder conducen infaliblemente todas las cosas hacia la plenitud de su designio eterno.
SANTO TOMÁS DE AQUINO PREDESTINACIÓN REDACCIÓN EN PRIMERA PERSONA.
La predestinación pertenece verdaderamente a la providencia de Dios. Así Dios dispone desde toda la eternidad cuanto es necesario para conducir a determinadas personas hasta la participación de la vida eterna. Este designio no comienza en el tiempo ni cambia con el transcurso de los siglos, pues permanece eternamente en la inteligencia y en la voluntad de Dios.
Dios conoce desde toda la eternidad a quienes alcanzarán la gloria eterna. Su conocimiento es perfecto, infinito e inmutable. Nada permanece oculto ante Él, porque contempla simultáneamente toda la historia de la creación y toda la historia de la salvación. Lo que para los hombres pertenece al futuro, para Dios permanece siempre presente en su eterno conocimiento.
La predestinación nace de la infinita bondad de Dios.
La predestinación no comprende únicamente la gloria eterna como fin último, sino también todos los medios mediante los cuales Dios conduce a las personas hacia ese fin. La fe, la gracia santificante, el crecimiento en las virtudes, la perseverancia en el bien, el arrepentimiento de los pecados, la ayuda recibida durante la vida y la fidelidad hasta el último instante forman parte del mismo designio eterno dispuesto por Dios.
Nada de cuanto conduce verdaderamente a la salvación escapa a este gobierno providente. Así como un arquitecto prepara no solamente el edificio terminado sino también todos los medios necesarios para levantarlo, así Dios dispone desde toda la eternidad todo cuanto pertenece al camino de quienes llegarán a contemplar eternamente su gloria. Su providencia nunca improvisa, porque su sabiduría todo lo conoce y todo lo ordena perfectamente.
Las criaturas no poseen por sí mismas el origen de los bienes que las conducen hacia Dios. Toda gracia, toda fortaleza espiritual, toda perseverancia y toda santificación son dones recibidos Dios. Los méritos mismos que conducen a la vida eterna nacen de la gracia que Dios concede a quienes llama hacia Él.
La predestinación no destruye la libertad con la que Dios creó al hombre. Dios mueve a las personas conforme a la naturaleza que Él mismo les ha concedido, de manera que la respuesta libre forma parte del orden establecido por la providencia divina. Dios obra interiormente para que el hombre pueda querer el bien y permanecer fiel, sin destruir por ello la verdadera libertad de sus actos.
La misericordia y la justicia resplandecen también en la predestinación. La misericordia aparece porque toda la obra de la salvación constituye un bien recibido de Dios. La justicia permanece porque Dios jamás obra contra la verdad, nunca deja de recompensar el bien realizado por su gracia y nunca condena sino conforme al rectísimo juicio de su infinita sabiduría. Ambas perfecciones permanecen inseparablemente unidas en toda la economía de la salvación.
El conocimiento eterno de Dios acerca de quienes alcanzarán la gloria no convierte a Dios en autor del pecado ni del rechazo de las criaturas. Dios llama constantemente al bien, concede gracias suficientes para la conversión y manifiesta su voluntad salvadora. Cuando una persona rechaza libremente la gracia recibida, el desorden procede en la criatura y no de la infinita bondad de Dios, que permanece siempre santa y perfecta.
Ningún hombre puede conocer con absoluta certeza durante esta vida el contenido del designio eterno de Dios respecto de todas las personas. Este conocimiento pertenece únicamente a Dios. Por ello todos deben perseverar en la gracia, confiar plenamente en la misericordia divina y esforzarse constantemente por permanecer fieles a la voluntad revelada por Dios.
La oración, la práctica de las virtudes, la recepción de los sacramentos, la conversión continua y la perseverancia hasta el final no resultan inútiles por causa de la predestinación. Al contrario, forman parte de los medios establecidos por Dios para conducir a sus elegidos hacia la vida eterna. Quien permanece fiel coopera con la gracia que Dios le comunica abundantemente mediante en su providencia.
Toda la historia de la salvación manifiesta este admirable designio eterno. Desde la creación del mundo hasta la gloria celestial, Dios llama, sostiene, fortalece, santifica y conduce a quienes ha dispuesto hacer partícipes de su bienaventuranza. Nada puede impedir el cumplimiento de este designio, porque descansa sobre la infinita sabiduría, el poder omnipotente y la misericordia eterna del único Dios verdadero.
Concluyo, por tanto, que la predestinación constituye el designio eterno mediante el cual Dios, por su infinita bondad, sabiduría y misericordia, dispone tanto la gloria eterna como todos los medios necesarios para conducir a ella a quienes ha querido hacer partícipes de su vida. Toda la iniciativa permanece sostenida por su providencia. La predestinación manifiesta la perfección del gobierno divino y la certeza de que la historia de la salvación se desarrolla conforme al plan eterno de Dios, que conduce infaliblemente a sus fieles hacia la contemplación eterna de su gloria.
SANTO TOMÁS DE AQUINO LIBRO DE LA VIDA REDACCIÓN EN PRIMERA PERSONA.
La Sagrada Escritura utiliza la expresión Libro de la Vida para manifestar, de un modo accesible al entendimiento humano, que Dios conoce perfectamente a quienes alcanzarán la bienaventuranza eterna. Así como los hombres escriben los nombres de quienes pertenecen a una comunidad o reciben un honor, así la Revelación expresa mediante esta figura el conocimiento infalible que Dios posee acerca de quienes participarán para siempre de su gloria.
Este conocimiento divino permanece inseparablemente unido a la providencia y a la predestinación. Dios gobierna todas las cosas con infinita sabiduría y dispone desde toda la eternidad cuanto es necesario para conducir a los elegidos hacia la vida eterna. El Libro de la Vida manifiesta precisamente este designio eterno mediante el cual Dios conoce el término de toda la obra de la salvación.
Nada puede añadirse al conocimiento de Dios, porque jamás ha existido en Él ignorancia alguna. Los hombres escriben porque olvidan; Dios no olvida jamás. Los hombres adquieren conocimientos con el paso del tiempo; Dios posee desde toda la eternidad el conocimiento perfecto de todas las criaturas, de todas sus acciones y del destino definitivo de cada una según su providencia eterna.
La participación en la vida eterna constituye un don que procede enteramente de Dios. Nadie puede inscribir por sí mismo su nombre en el Libro de la Vida. Toda la obra de la salvación comienza en la misericordia divina. Dios llama, concede la gracia, fortalece a quienes permanecen fieles, sostiene su perseverancia y los conduce finalmente hacia la contemplación eterna de su gloria.
Cuando la Sagrada Escritura habla de nombres escritos o borrados del Libro de la Vida, utiliza un modo de expresarse adaptado a la comprensión de los hombres. No significa que Dios cambie de parecer ni que modifique su conocimiento eterno. En Dios no existe mutación alguna. Estas expresiones manifiestan cómo las personas aparecen ante los hombres según perseveran o se apartan del camino de la salvación, permaneciendo siempre inmutable el conocimiento divino.
El Libro de la Vida manifiesta también la fidelidad absoluta de Dios. Dios nunca abandona a quienes conduce por el camino de la salvación. Todo cuanto promete lo cumple con perfecta verdad. Ninguna de sus palabras deja de realizarse, porque su voluntad permanece eternamente unida a su infinita sabiduría, a su justicia y a su misericordia.
Los hombres no pueden conocer durante esta vida el contenido del Libro de la Vida. Este conocimiento pertenece únicamente a Dios. Por ello conviene perseverar humildemente en la gracia, permanecer fiel a la voluntad de Dios y esperar con firme confianza la recompensa prometida por Dios.
La oración, la conversión, la práctica de las virtudes y la perseverancia hasta el final forman parte del camino dispuesto por Dios para conducir a los fieles hacia la gloria eterna. Nada de ello resulta inútil. Todo pertenece al orden de la providencia mediante el cual Dios realiza su designio salvador en quienes permanecen unidos a Él.
Toda la historia de la salvación confirma esta verdad. Desde la creación del mundo hasta la entrada de los justos en la gloria eterna, Dios conduce con sabiduría infinita a quienes ha llamado. Los sostiene con su gracia, los fortalece en medio de las pruebas, los preserva mediante su providencia y los hace partícipes finalmente de la bienaventuranza preparada desde toda la eternidad.
El Libro de la Vida constituye que Dios conoce perfectamente a quienes permanecen en su amistad y jamás deja de acompañarlos con su gracia. Ninguna dificultad puede frustrar el cumplimiento de su designio eterno, porque todo permanece bajo el gobierno Dios, cuya voluntad es infinitamente sabia, justa y misericordiosa.
Concluyo, el Libro de la Vida manifiesta el conocimiento eterno, perfecto e inmutable con el que Dios conoce a quienes participarán de la vida eterna. No constituye un libro material, sino una expresión de la Sagrada Escritura que permite comprender la perfección del conocimiento divino y la certeza de su designio salvador. Toda la iniciativa pertenece a Dios, que llama, concede la gracia, sostiene mediante su providencia y conduce a sus fieles hasta la contemplación eterna de su gloria. Así resplandece la fidelidad del único Dios verdadero, cuya sabiduría, misericordia y amor permanecen para siempre y jamás pueden cambiar.
SANTO TOMÁS DE AQUINO PODER DE DIOS REDACCIÓN EN PRIMERA PERSONA.
Dios es verdaderamente omnipotente. Su poder es infinito, eterno, perfecto e inmutable. Ninguna criatura puede igualarlo ni limitarlo, porque toda existencia procede únicamente de Él. Cuanto existe en Dios es Dios mismo. Su poder es Dios; su sabiduría es Dios; su bondad es Dios; su justicia es Dios; su verdad es Dios. Debido a esta absoluta perfección, toda la creación depende continuamente de su poder soberano.
El poder divino pertenece a la misma naturaleza de Dios. No ha sido recibido de otro ni puede aumentar o disminuir. Dios posee desde toda la eternidad la plenitud absoluta del poder, porque es el Creador de todo cuanto existe. Ningún ser creado puede producir por sí mismo la existencia, pues únicamente Dios comunica el ser a todas las criaturas.
La creación manifiesta admirablemente la omnipotencia divina. Antes de que el universo existiera no había criatura alguna capaz de producirse a sí misma. Todo cuanto contemplan los hombres, tanto en el cielo como en la tierra, comenzó a existir únicamente porque Dios quiso comunicarle el ser. Ninguna realidad creada puede compararse con esta obra del poder divino.
La omnipotencia de Dios no terminó cuando creó el universo. Toda criatura permanece existiendo porque Dios continúa sosteniéndola mediante su acción conservadora. Si Dios retirara su poder conservador, todo volvería inmediatamente a la nada. Así como la creación depende de la omnipotencia divina para comenzar a existir, también depende de ella para permanecer en la existencia.
El poder de Dios gobierna igualmente toda la creación. Nada sucede fuera de su providencia. El movimiento de los astros, el orden de la naturaleza, el curso de la historia y cuanto acontece en la vida de las personas permanece bajo el gobierno del único Dios verdadero. Su poder nunca actúa separado de su sabiduría, sino que ordena todas las cosas hacia el bien querido desde toda la eternidad.
La omnipotencia divina jamás obra de manera contraria a la verdad ni a la perfección de Dios. Dios no deja de ser quien es. Nunca deja de ser verdadero, santo, justo o bueno. Tampoco convierte en verdadero aquello que por su propia naturaleza constituye una contradicción. La omnipotencia divina permanece eternamente inmutable.
Toda obra realizada por Dios manifiesta al mismo tiempo su poder, su sabiduría y su bondad. El universo no ha sido producido por una fuerza ciega ni por una necesidad inevitable. Todo ha sido creado libremente por la voluntad divina, conforme al orden perfecto conocido desde toda la eternidad. El poder de Dios obra siempre con infinita inteligencia y con perfecta bondad.
Dios ha querido servirse también de las criaturas para realizar muchas de sus obras. Los ángeles cumplen fielmente los ministerios que reciben Dios; los hombres cooperan con las misiones que Dios les encomienda; la naturaleza produce sus efectos conforme al orden establecido por el Creador. Sin embargo, toda eficacia procede finalmente del poder divino, que sostiene constantemente a las causas creadas y les concede obrar según su propia naturaleza.
Toda la historia de la salvación manifiesta la omnipotencia de Dios. La creación del universo, la conservación de todas las criaturas, la elección del pueblo de Israel, la Encarnación del Verbo, los milagros realizados por nuestro Señor Jesucristo, su gloriosa Resurrección y la comunicación de la gracia manifiestan continuamente la acción del poder divino, que conduce todas las cosas hacia la salvación preparada desde toda la eternidad.
La Sagrada Escritura proclama constantemente que nada resulta imposible para Dios cuando corresponde a su infinita naturaleza y a su voluntad santa. Ninguna fuerza creada puede impedir el cumplimiento de sus designios. Los hombres pueden resistirse a la gracia mediante el pecado, pero nunca pueden vencer el poder del Creador ni frustrar definitivamente el cumplimiento de su providencia eterna.
La omnipotencia divina constituye un motivo permanente de esperanza para quienes permanecen unidos a Dios. Ninguna dificultad supera su poder, ninguna prueba escapa a su providencia y ninguna circunstancia puede apartar a Dios del cumplimiento de sus promesas. Quienes confían en Él permanecen bajo el cuidado del único Dios verdadero, cuya fuerza sostiene continuamente toda la creación y conduce a los fieles hacia la vida eterna.
Toda criatura debe reconocer que únicamente Dios posee el poder absoluto. Los hombres reciben capacidades limitadas y temporales; Dios posee la plenitud infinita del poder. Toda autoridad creada, toda fuerza y toda perfección participan únicamente de aquello que existe plenamente en Dios, que permanece eternamente soberano sobre cuanto existe en el cielo y en la tierra.
Concluyo, que el poder de Dios constituye una perfección infinita, eterna, simple e inmutable. Toda la creación procede de su omnipotencia, toda criatura permanece por su continua conservación y toda la historia es gobernada conforme a su providencia. El poder divino nunca se separa de su sabiduría, de su justicia, de su misericordia ni de su amor. Dios realiza cuanto corresponde a su naturaleza perfecta y conduce infaliblemente toda la creación hacia el cumplimiento de su designio eterno, manifestando para siempre la gloria del único Dios verdadero, omnipotente y digno de toda adoración.
SANTO TOMÁS DE AQUINO BIENAVENTURANZA REDACCIÓN EN PRIMERA PERSONA.
Dios es perfectamente bienaventurado. En Él existe la plenitud absoluta de todo bien, de toda verdad, de toda sabiduría y de toda perfección. Nada puede añadirse a su gloria ni disminuir su felicidad, porque desde toda la eternidad posee plenamente cuanto corresponde a la naturaleza divina. Su bienaventuranza es infinita, eterna, perfecta e inmutable.
La verdadera bienaventuranza consiste en la posesión plena del Bien supremo. Ninguna criatura puede alcanzar esta plenitud por sí misma, porque todas participan del bien de manera limitada y reciben cuanto poseen del Creador. Dios, por el contrario, no participa del bien recibido de otro, sino que Él mismo es el Bien supremo, del cual proceden todos los bienes que existen en la creación.
La bienaventuranza divina nace de la perfección misma de Dios. Él se conoce perfectamente y contempla eternamente toda la plenitud de su naturaleza. Nada permanece oculto a su inteligencia infinita. Su conocimiento nunca aumenta, nunca disminuye y nunca cambia, porque desde toda la eternidad contempla perfectamente cuanto Él mismo es y cuanto libremente ha querido crear.
El conocimiento perfecto de Dios va inseparablemente unido al amor perfecto.
La bienaventuranza de Dios no depende de la existencia de las criaturas. Antes de la creación del universo, Dios ya era perfectamente bienaventurado. Ninguna obra realizada fuera de Él añade perfección alguna al Creador. La creación manifiesta su infinita bondad, pero no completa aquello que pudiera faltarle, porque en Dios jamás ha existido carencia alguna.
Toda perfección creada participa de la bienaventuranza divina sin poder igualarla jamás. Cuando los hombres contemplan la verdad, practican el bien, viven conforme a la voluntad de Dios y participan de bienes que tienen su origen en Dios. Sin embargo, toda felicidad creada permanece limitada, mientras que la felicidad de Dios es absolutamente infinita y eterna.
El hombre ha sido creado para alcanzar la bienaventuranza. Ningún bien temporal puede satisfacer plenamente el corazón humano. Las riquezas, los honores, el poder, la salud y todos los bienes de este mundo poseen un valor limitado y pasajero. Solamente Dios constituye el Bien supremo capaz de colmar plenamente el deseo más profundo del hombre, porque únicamente Él posee la plenitud absoluta de toda perfección.
La vida eterna constituye la participación en la bienaventuranza que Dios prepara para quienes permanecen fieles a su gracia. Esta participación no significa que la criatura llegue a poseer la naturaleza divina (Padre, Hijo y Espíritu Santo), sino que recibe el don de contemplar eternamente la gloria de Dios y vivir para siempre en perfecta comunión con Él. En esta contemplación alcanza el hombre la felicidad para la cual fue creado.
Toda la historia de la salvación se orienta hacia este fin supremo. Dios llama continuamente a las personas mediante su gracia, las fortalece con su gracia, las conduce por el camino de la santidad y las prepara para la vida eterna. Todo cuanto realiza en favor de sus fieles tiene como finalidad hacerlos partícipes de la bienaventuranza que Él posee desde toda la eternidad.
La Sagrada Escritura anuncia constantemente esta promesa. Dios invita a los hombres a permanecer unidos a Él para participar de la gloria preparada desde el principio del mundo. Los justos contemplarán eternamente a Dios, permanecerán para siempre en su presencia y gozarán de una felicidad que jamás tendrá fin. Ningún sufrimiento, ninguna tristeza y ninguna muerte podrán ya separarlos de Dios.
La bienaventuranza divina manifiesta igualmente la perfección de todas las obras del Creador. Porque todo cuanto realiza responde siempre a su infinita sabiduría, a su justicia, a su misericordia y a su amor. Ninguna obra divina puede apartarse del bien perfecto, porque toda procede de Aquel que posee eternamente la plenitud absoluta de toda perfección.
Toda criatura encuentra finalmente en Dios el término de su existencia. De Él procede toda vida, por Él permanece cuanto existe y hacia Él se dirige toda la creación. En la contemplación de Dios alcanza el hombre el descanso definitivo de su alma, porque únicamente el Bien supremo puede satisfacer plenamente a quien fue creado para participar eternamente de su gloria.
Concluyo, Dios es perfectamente bienaventurado porque posee desde toda la eternidad la plenitud absoluta de todo bien. Se conoce perfectamente, se ama perfectamente y goza eternamente de la infinita perfección de su naturaleza divina. Ninguna criatura puede añadir algo a su felicidad ni disminuir su gloria. Toda bienaventuranza creada procede de Él y encuentra en Él su plenitud definitiva. La vida eterna consiste precisamente en participar, por gracia de Dios, de esta bienaventuranza infinita, contemplando para siempre al único Dios verdadero, cuya bondad, sabiduría, amor y gloria permanecen por los siglos de los siglos.
SANTO TOMÁS DE AQUINO INFOGRAFÍA AMOR - BIENAVENTURANZA.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: DICCIONARIO DE TERMINOLOGÍA_2 TOMISTA (LECTURA TEOLÓGICA).
SANTO TOMÁS DE AQUINO LA TRINIDAD --> IGUALDAD Y SEMEJANZA.
Las Personas son plenamente iguales.
Las Personas divinas son iguales porque poseen una única naturaleza divina.
El Padre no es más Dios que el Hijo, ni el Hijo es más Dios que el Espíritu Santo. En Dios no existen grados de divinidad.
Por eso:
PADRE = DIOS
HIJO = DIOS
ESPÍRITU SANTO = DIOS
Pero esto no significa:
PADRE = HIJO = ESPÍRITU SANTO COMO PERSONA.
Las Personas son realmente distintas, aunque poseen la misma divinidad.
El Hijo es coeterno con el Padre y el Espíritu Santo es coeterno con ambos.
El orden es un orden de origen.
Así:
PADRE
↓
HIJO
y:
PADRE + HIJO
↓
ESPÍRITU SANTO
La igualdad procede de la única naturaleza divina; la distinción procede de las relaciones de origen.
SANTO TOMÁS DE AQUINO LA TRINIDAD --> NÚMERO.
¿Cuántas Personas hay?.
La respuesta es tres:
PADRE
HIJO
ESPÍRITU SANTO
Son tres Personas, porque las procesiones divinas corresponden a dos modos fundamentales de proceder:
ENTENDER → PALABRA → HIJO
AMAR → AMOR → ESPÍRITU SANTO
El Padre no procede de otro.
Por eso:
UNO QUE NO PROCEDE
UNO QUE PROCEDE COMO PALABRA
UNO QUE PROCEDE COMO AMOR
Y de ahí resulta el número tres.
No hay tres dioses. Hay tres Personas que poseen la única esencia divina.
SANTO TOMÁS DE AQUINO LA TRINIDAD --> PLURALIDAD.
La pluralidad no divide la esencia.
¿Cómo puede existir pluralidad en Dios sin dividir la esencia?.
En las criaturas, muchas personas normalmente significan muchas realidades individuales de una misma naturaleza.
Pero en Dios no sucede así.
El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son tres partes de Dios.
Tampoco cada uno posee una tercera parte de la divinidad.
La esencia divina permanece completamente una.
Entonces se tiene que distinguir:
UNIDAD DE ESENCIA
≠
PLURALIDAD DE PERSONAS
La pluralidad no procede de que la esencia se divida.
Procede de las relaciones de origen:
PADRE → Paternidad
HIJO → Filiación
ESPÍRITU SANTO → Procesión
Por eso se afirma simultáneamente:
UNA ESENCIA
TRES PERSONAS
La pluralidad está en las Personas, no como división de la esencia, sino como distinción real de relaciones.
SANTO TOMÁS DE AQUINO LA TRINIDAD --> UNIDAD/PLURALIDAD.
Lo esencial se dice en singular; lo personal permite pluralidad.
Cuando se habla de la esencia divina, se utiliza el singular:
un Dios
una esencia
una naturaleza
una divinidad
Cuando se habla de las Personas, se utiliza el plural:
tres Personas
tres relaciones
tres supuestos
Los nombres que significan la esencia sustancialmente se atribuyen en singular:
un Dios
una esencia
Los nombres que pueden significar características presentes en los supuestos pueden expresarse en plural:
tres sabios
tres eternos
tres vivientes
No significa que existan tres sabidurías o tres eternidades divinas separadas.
Significa que la misma esencia divina está plenamente en las tres Personas.
Por eso se tiene que conservar siempre esta regla:
LO ESENCIAL → UNIDAD
LO PERSONAL → PLURALIDAD
SANTO TOMÁS DE AQUINO LA TRINIDAD --> CONOCIMIENTO.
La razón conoce los atributos divinos; la Trinidad es revelada.
¿Cómo podemos conocer que existen Personas divinas?.
No se puede descubrir la Trinidad simplemente observando las criaturas.
Por las criaturas se puede llegar al conocimiento de Dios como uno, perfecto, eterno, poderoso, sabio y bueno.
Pero no se puede demostrar únicamente desde ellas que en Dios existen tres Personas.
Eso pertenece al conocimiento que Dios mismo nos revela.
Por eso se debe distinguir:
RAZÓN → puede conocer atributos esenciales de Dios.
REVELACIÓN → manifiesta el misterio de las Personas.
La razón prepara el camino, pero no puede producir por sí sola el conocimiento completo de la Trinidad.
También se puede utilizar semejanzas encontradas en las criaturas para hacer más comprensible lo revelado, pero se debe recordar que ninguna semejanza creada explica perfectamente a Dios.
SANTO TOMÁS DE AQUINO LA TRINIDAD --> PADRE.
Es principio sin principio y posee la paternidad.
El Padre, no quiere decir que sea anterior al Hijo.
La propiedad personal del Padre es la paternidad.
El Padre es Padre porque engendra al Hijo.
Pero no recibe su existencia de otra Persona.
Por eso:
PADRE = PRINCIPIO SIN PRINCIPIO
El Padre comunica al Hijo la totalidad de la naturaleza divina.
No le entrega una parte de Dios.
La naturaleza divina es indivisible.
Por eso el Padre es plenamente Dios y el Hijo recibe plenamente la misma divinidad.
La paternidad distingue al Padre del Hijo, pero no establece superioridad.
SANTO TOMÁS DE AQUINO LA TRINIDAD --> HIJO.
Es engendrado eternamente como Palabra.
El Hijo procede del Padre por generación.
Se debe entender esta generación de manera espiritual, no material.
El Hijo procede como Palabra.
Cuando mi entendimiento conoce algo, forma interiormente una palabra. Esta palabra procede de mi entendimiento y permanece en él.
De manera infinitamente superior, el Hijo procede eternamente del Padre como Palabra divina.
Por eso el Hijo es:
VERDADERO HIJO
ETERNO
PLENAMENTE DIOS
IGUAL AL PADRE
No es una criatura.
No ha sido producido desde la nada.
Procede de la sustancia del Padre y posee plenamente la misma naturaleza divina.
Por eso también es llamado:
PALABRA
SABIDURÍA
IMAGEN
SANTO TOMÁS DE AQUINO LA TRINIDAD --> IMAGEN.
Es Imagen perfecta del Padre.
¿Por qué se llama al Hijo Imagen del Padre?.
Una imagen representa aquello de lo que procede.
Pero no toda imagen representa perfectamente su modelo.
En las criaturas puede existir semejanza parcial o imperfecta.
En el Hijo, en cambio, hay una semejanza perfecta porque el Hijo posee plenamente la misma naturaleza divina del Padre.
Por eso el Hijo es Imagen perfecta del Padre.
La relación queda así:
PADRE
↓
engendra
↓
HIJO
=
IMAGEN PERFECTA
El Hijo no es una copia inferior.
Es plenamente Dios, igual al Padre.
La idea de Imagen ayuda a comprender la procesión del Hijo como Palabra y la perfecta semejanza de naturaleza entre Padre e Hijo.
SANTO TOMÁS DE AQUINO LA TRINIDAD --> ESPÍRITU SANTO.
Es Persona divina que procede como Amor.
Después del Padre y del Hijo, se llega al Espíritu Santo.
También es una Persona divina verdadera.
No es simplemente una fuerza, una cualidad o una criatura.
Procede del Padre y del Hijo como Amor.
Por eso:
PADRE → principio sin principio
HIJO → procede como PALABRA
ESPÍRITU SANTO → procede como AMOR
El Espíritu Santo posee la misma esencia divina.
Por eso es:
ETERNO
PLENAMENTE DIOS
IGUAL AL PADRE
IGUAL AL HIJO
La diferencia no está en la divinidad, sino en el modo de proceder.
SANTO TOMÁS DE AQUINO LA TRINIDAD --> AMOR.
El Espíritu Santo procede según el amor divino.
¿Por qué se llama al Espíritu Santo Amor?.
Cuando se ama, la voluntad se dirige hacia aquello que considero bueno.
El amor implica una inclinación hacia el bien amado.
En Dios, esta procesión de amor no es una emoción pasajera ni un accidente.
Es una Persona divina.
Por eso el Espíritu Santo procede como Amor subsistente.
El Espíritu Santo no es simplemente una cualidad llamada amor sino que la Persona del Espíritu Santo procede según la naturaleza del amor divino.
Así se puede comprender:
PADRE → principio
HIJO → PALABRA
ESPÍRITU SANTO → AMOR
Estas expresiones no dividen a Dios.
Ayudan a comprender el modo de origen de las Personas.
SANTO TOMÁS DE AQUINO LA TRINIDAD --> DON.
El Espíritu Santo es dado a la criatura mediante la gracia.
El Espíritu Santo Don.
Un don es algo que se entrega gratuitamente para que otro pueda disfrutarlo.
El Espíritu Santo es Don porque procede como Amor y porque es dado a la criatura racional.
Cuando Dios comunica su gracia, el Espíritu Santo habita en la criatura de un modo especial.
Esto no significa que Dios esté ausente de las criaturas antes de la gracia.
Dios está en todas las cosas por su esencia, poder y presencia.
Pero mediante la gracia existe una presencia especial en la criatura racional.
Por eso se puede relacionar:
ESPÍRITU SANTO
↓
AMOR
↓
DON
↓
GRACIA
↓
HABITACIÓN EN EL ALMA
Así se comprende por qué Amor y Don son nombres especialmente adecuados para el Espíritu Santo.
SANTO TOMÁS DE AQUINO LA TRINIDAD --> ESENCIA Y PERSONAS.
Una esencia divina subsiste en tres Personas.
¿Cómo pueden existir tres Personas si sólo existe una esencia?
En Dios esencia y Persona son realmente idénticas, pero no significan exactamente lo mismo bajo nuestro modo de entender.
La esencia responde a:
¿QUÉ ES DIOS?
La Persona responde a:
¿QUIÉN ES?
Por eso se afirma:
PADRE = DIOS
HIJO = DIOS
ESPÍRITU SANTO = DIOS
sin concluir:
PADRE = HIJO = ESPÍRITU SANTO como Personas.
La esencia divina es una y simple.
Las Personas son tres porque existen relaciones reales de origen que las distinguen.
Por eso:
UNA ESENCIA
+
TRES PERSONAS
no es contradicción.
La contradicción existiría si se dice que hay tres esencias y una esencia en el mismo sentido.
SANTO TOMÁS DE AQUINO LA TRINIDAD --> PROPIEDADES Y PERSONAS.
Las relaciones personales distinguen y constituyen las Personas.
Relación existe entre las Personas y sus propiedades.
Las propiedades personales son:
PADRE → PATERNIDAD
HIJO → FILIACIÓN
ESPÍRITU SANTO → PROCESIÓN
Estas propiedades no son accidentes añadidos a Personas que existieran previamente.
En Dios, la propiedad personal es la misma Persona subsistente.
Por eso:
PATERNIDAD → PADRE
FILIACIÓN → HIJO
Las relaciones distinguen y constituyen a las Personas.
No se debe imaginar primero tres Personas ya constituidas y después añadirles relaciones.
La relación personal es precisamente aquello por lo que cada Persona es distinta.
Así:
PATERNIDAD → constituye al PADRE
FILIACIÓN → constituye al HIJO
PROCESIÓN → constituye al ESPÍRITU SANTO
SANTO TOMÁS DE AQUINO LA TRINIDAD --> ACTOS NOCIONALES.
Generación y espiración expresan los orígenes personales.
Para comprender las Personas se necesita hablar también de los actos nocionales.
Los principales son:
GENERACIÓN
ESPIRACIÓN
La generación expresa la procedencia del Hijo.
La espiración expresa la procedencia del Espíritu Santo.
Pero se debe distinguir estos actos de las Personas mismas.
El Padre engendra al Hijo.
El Padre y el Hijo espiran al Espíritu Santo.
La generación divina no procede de una decisión libre como si el Padre pudiera elegir entre engendrar o no engendrar al Hijo.
El Padre engendra al Hijo por naturaleza.
Por eso el Hijo es verdadero Hijo y no criatura.
La naturaleza divina es también aquello por lo que el Padre puede engendrar.
Por tanto:
NATURALEZA DIVINA
↓
PODER DE ENGENDRAR
↓
GENERACIÓN
↓
HIJO
Y:
PADRE + HIJO
↓
ESPIRACIÓN
↓
ESPÍRITU SANTO
SANTO TOMÁS DE AQUINO LA TRINIDAD --> IGUALDAD, SEMEJANZA Y RELACIONES.
La distinción de origen no destruye la igualdad divina.
Las relaciones, la relación mutua entre las Personas.
Ahora se puede expresar con mayor precisión:
SON DISTINTAS
PERO SON IGUALES.
El Hijo es igual al Padre en grandeza, porque posee la misma perfección de naturaleza.
También es igual en poder.
Lo mismo del Espíritu Santo respecto del Padre y del Hijo.
Además, el Padre está en el Hijo y el Hijo en el Padre.
No porque sean una sola Persona, sino porque poseen la misma naturaleza divina y porque sus relaciones están mutuamente referidas.
El Hijo procede del Padre, pero permanece en el Padre.
El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, sin separarse de ellos.
Por eso se puede resumir:
DISTINCIÓN PERSONAL
+
UNIDAD DE ESENCIA
+
IGUALDAD ABSOLUTA
La relación de origen no introduce desigualdad.
SANTO TOMÁS DE AQUINO LA TRINIDAD --> MISIÓN.
El Hijo y el Espíritu Santo son enviados y se manifiestan especialmente mediante la gracia.
Cuando una Persona divina es enviada, se debe considerar dos cosas:
1. DE QUIÉN PROCEDE.
2. DE QUÉ MANERA NUEVA ESTÁ PRESENTE.
Por eso sólo pueden ser enviadas el Hijo y el Espíritu Santo, porque ambos proceden de otra Persona.
El Padre no es enviado porque no procede de otro.
La misión puede ser visible o invisible.
El Hijo fue enviado visiblemente al mundo al asumir la naturaleza humana.
El Hijo ya estaba en el mundo como Dios, pero comenzó a estar en él de una nueva manera mediante su humanidad.
También existe misión invisible.
Esta se produce cuando una Persona divina está presente de una manera nueva en la criatura racional mediante la gracia.
La gracia santificante permite esta presencia especial de Dios.
Por eso se puede distinguir:
PRESENCIA GENERAL
→ Dios está en todas las cosas.
PRESENCIA ESPECIAL
→ Dios habita en la criatura racional por la gracia.
El Hijo y el Espíritu Santo pueden ser enviados porque proceden de otro.
Toda la Trinidad produce el efecto de la gracia, pero la misión personal permite reconocer especialmente al Hijo y al Espíritu Santo.
Así termina el recorrido.
SANTO TOMÁS DE AQUINO LA TRINIDAD --> INFOGRAFÍA.
SANTO TOMÁS DE AQUINO LA CREACIÓN --> CRIATURAS.
Todo cuanto existe fuera de Dios procede de Dios como de su primera y universal causa. Dios es el principio primero del que reciben su existencia todas las cosas creadas. Por eso, el ser de las criaturas, no procede de ellas mismas, sino que lo reciben de Dios.
Dios produce las cosas creadas a partir de su poder. Si Dios es la causa primera de todo cuanto existe, no puede suponerse que exista una materia independiente y anterior a Él que haya servido como fundamento para crear las cosas.
Dios no solamente da a las criaturas su existencia en el principio, sino que conserva continuamente en ellas el ser que han recibido de Él. Si Dios dejara de conservarlas, dejarían de existir.
Las criaturas proceden de Dios según un orden determinado. No todas reciben de Dios el mismo grado de perfección, porque existe diversidad entre ellas. Algunas poseen una perfección mayor y otras una menor, y esta diversidad no significa desorden, sino que forma parte del orden querido por Dios. Cada criatura tiene su propio modo de ser y ocupa su lugar dentro de la totalidad de la creación.
Las criaturas dependen de Dios de manera absoluta en cuanto a su existencia, aunque Dios puede servirse de ellas como causas secundarias para producir determinados efectos. Una criatura puede actuar sobre otra, pero ninguna criatura es causa primera de su propio ser. Todas dependen finalmente de Dios.
Dios es, por tanto, causa del ser de todas las criaturas y de todo cuanto en ellas existe de perfección. Todo bien y toda perfección que encontramos en las criaturas tienen su origen último en Dios. Las criaturas, al proceder de Él, manifiestan de diferentes maneras la perfección divina, pero ninguna puede poseerla de la misma manera infinita y perfecta en que existe en Dios.
Dios es la primera causa de todos los seres: de Él procede todo lo creado, Él da y conserva el ser, y todas las criaturas dependen de Él como de su principio primero.
SANTO TOMÁS DE AQUINO LA CREACIÓN --> LAS COSAS.
La creación es el origen de todo ser a partir de Dios, que es el primer principio de todas las cosas. Cuando una cosa particular procede de otra, normalmente existe algo anterior que sirve de base para producirla. Pero cuando se considera el origen de todo el ser, no se puede suponer que exista antes alguna cosa que Dios utilice para crear, porque entonces esa realidad anterior no habría sido creada por Él. Por eso Dios produce todas las cosas a partir de la nada.
Crear no significa transformar algo que ya existía, significa producir el ser mismo de una cosa. Por esta razón, la creación no es un movimiento ni un cambio, porque en todo movimiento o cambio hay algo que existe previamente y que pasa de un estado a otro. En la creación no existe una materia anterior sobre la cual Dios actúe. Dios produce directamente el ser de las criaturas. Por eso, en la criatura, ser creada significa estar realmente relacionada con Dios como con el principio del que recibe su ser.
También, son creadas las cosas que tienen existencia propia, es decir, los seres que subsisten. Las formas y los accidentes no existen por sí mismos, sino en otros seres. Por eso, hablando con propiedad, estos últimos no son creados separadamente, sino que son producidos juntamente con aquello en lo que existen.
Crear es una acción que corresponde exclusivamente a Dios. El efecto más universal es el ser mismo, y solamente Dios producirlo. Ninguna criatura puede crear, ni por su propio poder ni como instrumento de Dios, porque para crear tendría que producir el ser sin presuponer ninguna materia. Una causa secundaria siempre necesita algo previamente existente sobre lo cual pueda actuar. Por eso, ninguna criatura puede realizar la creación.
Como crear pertenece a Dios en cuanto Dios, es una acción común a las tres Personas divinas. El Padre produce las criaturas por su Palabra, que es el Hijo, y por su Amor, que es el Espíritu Santo.
Todas las criaturas llevan además una huella de su origen divino. En las criaturas racionales (seres humanos y los ángeles) existe una semejanza más profunda, porque poseen entendimiento y voluntad. Pero toda criatura manifiesta de algún modo a su Creador por existir, por tener una determinada forma y por estar ordenada.
Por tanto, Dios crea todas las cosas de la nada, que solamente Él puede crear y que toda criatura depende de Él para recibir y conservar su ser.
SANTO TOMÁS DE AQUINO LA CREACIÓN --> LA DURACIÓN.
Fuera de Dios, nada existe desde toda la eternidad. El mundo y todas las cosas creadas comenzaron a existir por voluntad de Dios. Dios no está obligado por ninguna necesidad a querer que el mundo exista eternamente. Por eso, aunque Dios sea eterno, no es necesario que las criaturas hayan existido siempre.
La existencia de las criaturas depende de Dios, porque Dios es su causa. Así como una cosa existe cuando Dios quiere que exista, también puede comenzar a existir cuando Dios lo dispone. Por eso no debemos considerar necesario que el mundo haya existido desde siempre solamente porque Dios sea eterno. La eternidad pertenece propiamente a Èl, mientras que las criaturas reciben de Él el comienzo y la duración de su existencia.
No podemos demostrar mediante la razón, partiendo solamente del mundo, que el mundo comenzó a existir. Cuando observamos una cosa concreta, podemos conocer cómo es y cómo funciona, pero no podemos demostrar únicamente por ella que haya comenzado a existir en un determinado momento. Del mismo modo, tampoco podemos demostrar por la sola razón que el mundo haya existido eternamente.
Cuando afirmo que el mundo tuvo un principio, lo hago porque Dios lo ha revelado y esto pertenece a la fe. No se trata de una conclusión que podamos demostrar necesariamente mediante la razón. La voluntad de Dios respecto de las criaturas no es algo que podamos conocer plenamente por nosotros mismos, porque Dios no está obligado a querer que las criaturas existan.
Debemos tener esto presente especialmente al hablar con quienes no comparten nuestra fe. No debemos presentar como demostraciones necesarias argumentos que en realidad no pueden demostrar aquello que pertenece a la fe. Si pretendemos demostrar mediante razones insuficientes lo que creemos por revelación, podemos dar la impresión de que nuestra fe depende de argumentos débiles.
Cuando explico las palabras «Al principio creó Dios el cielo y la tierra», afirmo que «al principio» puede entenderse como el comienzo del tiempo. También puede entenderse que Dios creó todas las cosas en el principio que es el Hijo, porque el Hijo es la Palabra y la sabiduría de Dios. Y puede entenderse que Dios creó el cielo y la tierra antes de cualquier otra criatura.
Por tanto, fuera de Dios nada existe desde la eternidad: las criaturas comenzaron a existir porque Dios quiso crearlas. Que el mundo tuvo un principio pertenece a la fe y no puede ser demostrado rigurosamente solamente mediante la razón.
SANTO TOMÁS DE AQUINO LA CREACIÓN --> LA DIVERSIFICACIÓN 1.
La diversidad y multiplicidad de las cosas creadas no proceden de la materia por sí sola, ni del azar, ni de la acción independiente de causas secundarias. Proceden de la intención y de la sabiduría de Dios, que es el primer principio y creador de todas las cosas.
Algunos pensaron que las diferencias entre las cosas se debían principalmente a la materia. Pero esto no puede sostenerse, porque la misma materia ha sido creada por Dios. Además, la materia existe para recibir las formas y no al contrario. Por eso, la diversidad de las cosas se explica principalmente por las distintas formas que Dios ha querido darles.
Tampoco puedo aceptar que la diversidad de todo lo creado proceda de causas secundarias que actúan independientemente de Dios. Si así fuera, la perfección del universo dependería de la coincidencia de muchas causas particulares. Esto significaría que la diversidad y el orden de todas las cosas serían producto del azar. Pero el universo manifiesta un orden y una perfección que proceden de la sabiduría del primer agente.
Por eso Dios quiso crear muchas cosas diferentes porque ninguna criatura, por sí sola, podía representar plenamente su bondad. Dios posee toda perfección de manera plena y única, mientras que las criaturas reciben y manifiestan esa bondad de maneras diferentes y limitadas. Lo que una criatura no puede manifestar, puede ser manifestado por otra. Así, la multiplicidad de las criaturas permite que el conjunto de todas ellas represente mejor la bondad divina que cualquiera de ellas por separado.
También la desigualdad entre las criaturas pertenece al orden querido por Dios. No todas poseen el mismo grado de perfección, porque el universo necesita distintos grados de bondad. Existen seres más perfectos y otros menos perfectos, y esta diferencia contribuye a la perfección del conjunto. Por eso encontramos una ordenación progresiva: los seres compuestos son más perfectos que sus elementos, las plantas son más perfectas que los minerales, los animales son más perfectos que las plantas y el hombre es más perfecto que los demás animales.
No acepto, por tanto, que las diferencias entre las criaturas sean consecuencia del pecado o un castigo impuesto a criaturas que originalmente fueron todas iguales. Las cosas corporales son buenas porque Dios las creó y quiso que formaran parte del orden y de la belleza del universo.
Finalmente, afirmo que todas las cosas están ordenadas entre sí y también hacia Dios. Esta ordenación constituye la unidad y armonía del mundo. Por eso no debemos pensar que existen muchos mundos independientes y sin un orden común. La diversidad de las criaturas no destruye la unidad del universo, sino que la hace posible y manifiesta.
Así, Dios, mediante su sabiduría, quiso la diversidad, la desigualdad y la multiplicidad de las criaturas para que, unidas y ordenadas entre sí, manifestaran de la manera más perfecta posible la bondad divina.
SANTO TOMÁS DE AQUINO LA CREACIÓN --> LA DIVERSIFICACIÓN 2.
Para comprender qué es el mal, debemos partir del bien, porque conocemos una cosa por su contrario. Todo ser, por el hecho de existir, posee algún bien, pues toda naturaleza busca conservar su existencia y alcanzar su perfección. Por eso no puedo considerar que el mal sea una cosa que exista por sí misma o que tenga una naturaleza propia. El mal consiste en la privación de un bien que algo debería poseer.
No toda ausencia de un bien es un mal. Si algo simplemente no posee una perfección que no le corresponde, no existe mal alguno. Un hombre no es malo por no tener la velocidad de una cabra ni la fuerza de un león, porque esas perfecciones no le corresponden por su naturaleza. El mal aparece cuando a un ser le falta una perfección que debería tener. Así como la ceguera es un mal porque un ser que debería ver carece de la vista, así también otras privaciones son males cuando afectan a un bien que corresponde poseer.
El bien es el sujeto en el que existe el mal. Esto significa que el mal no puede existir por sí mismo, sino que necesita apoyarse en algo que sea bueno. Todo lo que existe es bueno en cuanto tiene ser. Por eso, aunque pueda existir una privación de algún bien, siempre permanece algún bien en aquello que sufre esa privación.
Por esta razón, el mal nunca puede destruir completamente todo el bien. Puede eliminar un bien determinado, y puede disminuir la capacidad de un ser para alcanzar determinadas perfecciones, pero no puede convertirlo absolutamente en nada ni eliminar todo bien de él. Mientras exista el sujeto en el que se encuentra el mal, permanece algún bien.
Hay dos formas principales de mal. Una consiste en la pérdida de la forma o de alguna parte necesaria para la integridad del ser. Por ejemplo, la ceguera o la pérdida de un miembro. La otra consiste en la falta de una acción debida o en realizar una acción de manera desordenada. Esta segunda forma de mal aparece especialmente en los seres que poseen voluntad.
Cuando el mal consiste en la privación de una perfección que corresponde al ser, lo llamo mal de desgracia. Cuando consiste en actuar voluntariamente de manera desordenada, lo llamo mal de culpa que es un mal mayor que la desgracia, porque por la culpa la persona se hace mala mediante el desorden de su voluntad. En cambio, la desgracia consiste en sufrir la privación de algún bien.
Además, afirmo que Dios puede ser autor del mal de pena, porque puede quitar a una criatura un bien como consecuencia del orden y de la justicia. Pero Dios no es autor del mal de culpa, porque la culpa se opone al orden de la voluntad y al bien que Dios quiere.
Por tanto, afirmo que el mal no es una realidad independiente ni una naturaleza creada por sí misma. Es una privación de un bien debido. Existe en aquello que es bueno y nunca puede destruir completamente el bien. La diversidad de las cosas incluye también la posibilidad de que algunas sufran privaciones, porque el universo requiere distintos grados de perfección. Así se comprende que el mal existe en las criaturas sin que por ello deje de ser verdadera la bondad de la creación.
SANTO TOMÁS DE AQUINO LA CREACIÓN --> CAUSA DEL MAL.
Todo mal tiene alguna causa, porque el mal no consiste en una realidad que exista por sí misma, sino en la privación de un bien que algo debería poseer. Para que suceda así tiene que haber alguna causa.
Sin embargo, el mal no puede tener como causa primera algo que sea absolutamente malo. Toda causa que produce algo debe tener algún ser y alguna perfección, y todo ser, en cuanto existe, es bueno. Por eso, el mal solamente puede proceder de un bien, pero puede proceder de él de manera accidental.
El mal no tiene una causa formal ni una causa final propia. No tiene causa formal porque el mal no es una forma o naturaleza, sino una privación de una forma o perfección debida. Tampoco tiene causa final porque el mal, considerado como tal, no es aquello hacia lo cual tiende una acción ordenada.
El mal puede tener una causa eficiente, pero solamente de manera accidental. Puede aparecer porque falta algo que debería estar presente en el agente o en aquello que recibe su acción.
También puede suceder que un agente bueno produzca accidentalmente la corrupción de otra cosa. Cuando un agente posee suficiente perfección para producir determinada forma, puede ocurrir que, al producirla, destruya otra forma que no puede permanecer junto a ella. Así, el fuego produce su propio efecto, pero al mismo tiempo puede destruir accidentalmente la forma de otros cuerpos. En este caso, la destrucción no es buscada como mal, sino que resulta accidentalmente de una acción que produce un bien determinado.
Dios nunca es causa del mal por defecto alguno, porque en Dios no existe ninguna deficiencia. Dios es causa de todo lo que tiene ser y perfección. Cuando se produce corrupción o pérdida de alguna perfección en las criaturas, esto puede formar parte del orden universal querido por Dios. Algunas cosas nacen y otras se corrompen, y esta sucesión contribuye al orden y a la armonía del conjunto.
Distinguiendo entre los males, afirmo que Dios es autor del mal de pena, porque la pena puede pertenecer al orden de la justicia. Pero Dios no es autor del mal de culpa, porque la culpa procede del desorden de la voluntad de una criatura y se opone al bien querido por Dios.
Finalmente, no existe un primer principio absolutamente malo. El mal no puede ser un ser absolutamente independiente, porque necesita existir en algo que sea bueno. Tampoco puede existir un mal supremo capaz de destruir todo bien, porque al destruir completamente aquello en lo que existe destruiría también su propio sujeto. Además, el mal no puede ser causa primera de todo lo que existe.
Por tanto, existe un solo primer principio de todas las cosas: Dios, que es el principio primero de todo ser y de todo bien. El mal no constituye un principio opuesto e independiente de Dios, sino una privación o defecto que aparece accidentalmente en las criaturas.
SANTO TOMÁS DE AQUINO LA CREACIÓN --> INFOGRAFÍA.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ÁNGELES --> SU SUSTANCIA.
Existen las criaturas incorpóreas en el universo, son seres intelectuales que no tienen cuerpo. Dios crea mediante su entendimiento y su voluntad, y las criaturas deben reflejar de algún modo la perfección de su Creador. Como entender no es una operación propia del cuerpo ni de ninguna facultad corporal, existe una realidad intelectual que no depende de un cuerpo. Por esto existen sustancias incorpóreas, y a ellas pertenecen los ángeles. No podemos pensar que sólo existe aquello que puede ser percibido por los sentidos, porque el entendimiento alcanza realidades que están por encima de lo sensible.
Los ángeles son completamente inmateriales. No tienen materia corporal ni una materia espiritual común con los cuerpos. Entender es una operación inmaterial y, por eso, la sustancia que realiza esta operación debe ser también inmaterial. El ángel no está compuesto de materia y forma, como los seres corporales, sino que es una forma que subsiste por sí misma.
Por esta razón, no puede haber dos ángeles pertenecientes exactamente a la misma especie. En los seres materiales, muchos individuos pueden pertenecer a una misma especie porque se distinguen por la materia. Pero los ángeles no tienen materia que permita esa multiplicación. Cada ángel posee, por tanto, su propia naturaleza y se distingue de los demás por ella.
Además existe una multitud inmensa de ángeles, superior a la cantidad de los seres materiales. Esto corresponde a la perfección del universo: cuanto más perfectas son las criaturas, mayor es la abundancia con que Dios las produce. La multitud de las sustancias inmateriales supera así nuestra capacidad de numerarlas.
Finalmente, los ángeles son incorruptibles por naturaleza. Lo que se corrompe es aquello cuya forma puede separarse de la materia. Pero los ángeles no están compuestos de materia y forma: son una forma subsistente. Por ello, no pueden perder su ser mediante corrupción. Su misma inmaterialidad hace que los ángeles sean, por naturaleza, incorruptibles.
En resumen, los ángeles existen, son criaturas intelectuales completamente inmateriales, cada uno posee su propia especie, forman una multitud inmensa y, por su misma naturaleza espiritual, son incorruptibles.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ÁNGELES --> SERES INCORPÓREOS.
¿Tienen o no tienen los ángeles cuerpo unido a ellos por naturaleza?
Los ángeles no tienen cuerpo unido a ellos por naturaleza. El cuerpo no pertenece a la esencia de toda sustancia intelectual. Esto se ve porque entender no es una acción propia de un órgano corporal. El ser humano, aunque también posee entendimiento, está unido a un cuerpo porque su conocimiento es imperfecto y necesita recibir de los sentidos corporales aquello que después conoce intelectualmente. Por eso, el alma humana necesita naturalmente estar unida al cuerpo.
Pero no sucede lo mismo con los ángeles. Ellos son sustancias intelectuales cuya naturaleza no necesita recibir el conocimiento mediante los sentidos. Por eso existen sustancias intelectuales separadas de los cuerpos, y a estas sustancias las llamamos ángeles. En consecuencia, el ángel no es un alma humana que necesite un cuerpo para completar su naturaleza, sino una sustancia intelectual que existe separada de todo cuerpo.
¿Pueden los ángeles tomar cuerpos?
Sí pueden tomar cuerpos, pero estos cuerpos no forman parte de su naturaleza. Las Sagradas Escrituras presentan apariciones de ángeles que fueron vistas corporalmente por varias personas al mismo tiempo, como ocurrió con los ángeles que se aparecieron a Abraham, a Lot y a Tobías. Si estas apariciones fueran únicamente imágenes producidas en la imaginación de una persona, no podrían haber sido vistas corporalmente por varias personas.
Por tanto, cuando un ángel aparece de manera visible, puede asumir un cuerpo para manifestarse a los seres humanos. Ese cuerpo es sólo un instrumento de su aparición y no constituye su propia sustancia.
También puede realizar mediante ese cuerpo determinadas acciones que exteriormente parecen acciones de un ser vivo, como hablar o caminar. Sin embargo, el ángel no posee por ello vida corporal. Puede producir sonidos o movimientos mediante el cuerpo que asume, pero no realiza esas acciones propiamente de un principio vital corporal.
Por tanto, los ángeles son incorpóreos por naturaleza y los cuerpos que algunas veces asume sirven únicamente para manifestar su presencia y realizar determinadas acciones visibles.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ÁNGELES --> SU LUGAR.
¿Ocupan o no ocupan los ángeles un lugar?
Los ángeles ocupan un lugar, pero no del mismo modo que lo ocupa un cuerpo. El cuerpo está en un lugar porque sus dimensiones corporales están relacionadas con las dimensiones del lugar. Por eso el cuerpo está contenido y delimitado por el espacio que ocupa.
Un ángel, en cambio, no tiene cantidad corporal ni dimensiones espaciales. Por eso no puede estar en un lugar como está un cuerpo. Un ángel está en un lugar por la aplicación de su poder o virtud a ese lugar. Allí donde ejerce directamente su poder sobre una realidad corporal, allí decimos que está presente.
Por esto, un ángel no está contenido por el lugar como lo está un cuerpo. Más bien, al aplicar su virtud a un lugar corporal, se relaciona con él de una manera distinta. Un ángel tampoco tiene que ocupar necesariamente un punto geométrico indivisible. Su naturaleza es indivisible, pero no es un punto espacial. Puede aplicar su virtud a un lugar mayor o menor, según aquello sobre lo que actúe.
¿Está el ángel en todas partes?
No. Sólo Dios está en todas partes, porque su esencia y su poder son infinitos. El ángel, por el contrario, es una criatura de esencia y poder finitos. Su poder no alcanza universalmente a todas las cosas, sino que se dirige a algo determinado. Por eso el ángel puede estar presente en un lugar concreto mediante la aplicación de su virtud, pero no puede estar simultáneamente en todos los lugares.
¿Pueden dos ángeles estar en el mismo lugar?
Dos ángeles no pueden estar en un mismo lugar de la misma manera y al mismo tiempo. Cada ángel está en un lugar por el contacto directo de su virtud con aquello sobre lo que actúa. Por eso, en un mismo lugar considerado bajo esta relación, no puede haber dos ángeles como causas directas y perfectas del mismo efecto.
Se puede distinguir tres maneras de estar en un lugar: el cuerpo está circunscrito por el lugar; el ángel está en un lugar mediante su virtud, sin estar contenido corporalmente por él; y Dios está en todas partes sin quedar limitado por ningún lugar.
La presencia del ángel es real, pero no espacial en el sentido corporal. Su presencia se explica por el ejercicio de su poder sobre un lugar determinado.
Así, mientras el cuerpo está en un lugar circunscribiéndose a él; el ángel está en un lugar sin estar contenido por él; y Dios está en todas partes.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ÁNGELES --> SU MOVIMIENTO LOCAL.
¿Puede o no pueden los ángeles bienaventurados moverse localmente?
Los ángeles bienaventurados pueden moverse localmente. Pero su movimiento no debe entenderse exactamente como el movimiento de un cuerpo.
El cuerpo está contenido y delimitado por un lugar. Por eso, cuando un cuerpo se mueve, su movimiento depende de la continuidad y extensión del espacio que atraviesa. El cuerpo pasa sucesivamente de un lugar a otro y, cuando su movimiento es continuo, debe recorrer los lugares intermedios.
Los ángeles no están contenidos ni delimitados por el lugar. Están allí por la aplicación de su virtud. Por eso su movimiento local consiste fundamentalmente en cambiar la aplicación de esa virtud: deja de estar presente en un lugar y comienza a estar presente en otro.
Por esta razón, el movimiento de los ángeles puede ser discontinuos. Los ángeles puede abandonar totalmente un lugar y ocupar otro sin tener que recorrer todos los lugares intermedios de la misma manera que lo hace un cuerpo. No existe para ellos la necesidad de atravesar físicamente el espacio intermedio.
Sin embargo, también puede darse cierta continuidad en el movimiento angélico. Si un ángel abandona sucesivamente el lugar anterior y aplica progresivamente su virtud a lugares diferentes, entonces puede existir continuidad en su movimiento. Por eso afirmo que el movimiento local del ángel puede ser continuo o discontinuo.
Si el movimiento es continuo, el ángel debe pasar por los lugares intermedios antes de alcanzar el lugar final. Si el movimiento es discontinuo, puede pasar de un extremo a otro sin recorrer sucesivamente todos los lugares intermedios.
¿Se realiza este movimiento en el tiempo?
Afirmo que sí. Donde existe sucesión entre un estado anterior y otro posterior existe tiempo. Por eso, el movimiento de un ángel se realiza en el tiempo. Pero este tiempo no debe confundirse con el tiempo que mide los movimientos de los cuerpos y que depende del movimiento de los cielos. El movimiento angélico no depende del movimiento celeste.
Por tanto, los ángeles pueden moverse localmente y que sus movimientos son diferentes del movimiento corporal: puede ser continuo o discontinuo y se realiza en un tiempo propio de esa sucesión.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ÁNGELES --> SU CONOCIMIENTO.
¿Es o no es el entender del ángel su propia sustancia?
El entender del ángel no es su sustancia. La acción de entender es la actualidad de una facultad, mientras que el ser pertenece a la sustancia o esencia. Una criatura no es acto puro, porque en ella hay una diferencia entre lo que es y el acto por el que obra. Sólo Dios es acto puro.
Por eso, sólo en Dios su sustancia, su ser y su obrar son absolutamente uno. En el ángel no sucede así. El ángel tiene una sustancia propia y, además, tiene la capacidad de entender y realiza actos de conocimiento.
Si el entender del ángel fuera idéntico a su sustancia, ese entender tendría que existir por sí mismo como una realidad subsistente. Pero entonces no habría verdadera distinción entre el entender de un ángel y el de otro, ni podrían existir grados diferentes de perfección en el conocimiento angélico. Sin embargo, sabemos que existen diferentes grados de perfección entre las sustancias intelectuales.
Por tanto, el entender no puede ser la misma sustancia del ángel.
¿Cómo conocen los ángeles?
Los ángeles conocen de una manera propia de su naturaleza intelectual. No necesitan obtener su conocimiento mediante los sentidos corporales como sucede con el hombre. El conocimiento angélico se realiza mediante formas inteligibles que están en ellos.
El ángel, por ser una sustancia intelectual separada del cuerpo, no necesita órganos corporales para entender. Su conocimiento no depende de ver, oír, tocar u otros sentidos para recibir inicialmente aquello que conoce.
El conocimiento angélico puede ser verdadero y ordenado, aunque esto debe entenderse según la condición propia de cada ángel. Los ángeles buenos, cuya voluntad permanece sometida al orden divino, no se equivocan cuando juzgan las cosas según su naturaleza. Los demonios, en cambio, al apartarse voluntariamente de la sabiduría divina, se equivocan respecto de las realidades sobrenaturales, aunque conservan su conocimiento natural.
Por tanto, el entender pertenece a la operación del ángel, pero no es su sustancia. El ángel es una sustancia intelectual creada que posee y ejerce la facultad de entender.
El entender del ángel no es su propia sustancia. La acción de entender es una operación de la facultad intelectual, mientras que la sustancia es aquello que existe como sujeto de esa operación.
Sólo Dios es acto puro. En Dios, su ser, su sustancia y su obrar son uno. En toda criatura, en cambio, hay una distinción entre lo que la criatura es y aquello por lo que actúa. Por eso, aunque el ángel sea una sustancia intelectual, su entender no es idéntico a su sustancia.
Si el entender del ángel fuera su misma sustancia, tendría que ser un entender subsistente por sí mismo. Entonces no habría verdadera distinción entre la sustancia de un ángel y la de otro, ni podrían existir distintos grados de perfección en el conocimiento. Pero existen diversos grados de perfección entre los ángeles. Por eso, su entender no puede ser su sustancia.
Tampoco la potencia intelectiva del ángel es idéntica a su esencia. La esencia de una criatura se distingue de su ser, y la potencia operativa se distingue de la esencia. El acto de entender pertenece a la operación de una facultad, no constituye la esencia misma del ángel.
¿Necesitan los ángeles un entendimiento agente y un entendimiento posible como los seres humanos?
No en el mismo sentido. Nosotros necesitamos un entendimiento posible porque a veces estamos en potencia para conocer y pasamos al acto cuando conocemos. También necesitamos un entendimiento agente porque las cosas materiales que conocemos no son inteligibles en acto para nosotros y necesitan ser hechas inteligibles.
En los ángeles no sucede esto. Su entendimiento no está en pura potencia respecto de aquello que naturalmente puede conocer, porque posee de modo connatural las facultades inteligibles necesarias para su conocimiento. Tampoco necesita abstraer de las cosas materiales como hacemos nosotros.
Por eso, los ángeles son sustancias intelectuales separadas de los cuerpos y sus facultades propias son el entendimiento y la voluntad. Son llamados inteligencias o mentes porque su naturaleza es enteramente intelectual.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ÁNGELES --> SU MEDIO DE CONOCER.
¿Conocen los ángeles por medio de facultades inteligibles?
Los ángeles no conocen todas las cosas simplemente por su propia esencia. Sólo Dios conoce todas las cosas por su esencia, porque solamente la esencia divina es infinita y contiene en sí la plenitud universal del ser.
El ángel, aunque sea una sustancia intelectual, posee una esencia determinada. Por eso su esencia no contiene todas las cosas que pueden ser conocidas. Para conocer necesita facultades inteligibles, es decir, formas mediante las cuales las cosas están presentes en su entendimiento.
Pero estas facultades no proceden de los sentidos ni son adquiridas por el ángel mediante la experiencia corporal. Son connaturales a su naturaleza intelectual. Dios las imprime en el entendimiento angélico junto con la creación del ángel, de modo que este posee desde su naturaleza las formas necesarias para conocer aquello que naturalmente puede conocer.
Aquí existe una diferencia fundamental entre el hombre y el ángel. El alma humana está unida al cuerpo y su conocimiento comienza mediante los sentidos. El hombre recibe de las cosas sensibles las facultades inteligibles y, mediante ellas, alcanza progresivamente el conocimiento intelectual.
El ángel, por el contrario, está separado de todo cuerpo y posee una naturaleza intelectual más perfecta. Por eso no necesita adquirir gradualmente las facultades inteligibles a partir de las cosas sensibles.
¿Todos los ángeles conocen mediante el mismo número de facultades?
No. Cuanto más elevado es un entendimiento creado, más universal es su conocimiento y menos facultades necesita para conocer muchas cosas. Los ángeles superiores conocen una mayor cantidad de cosas mediante un número menor de facultades, mientras que los inferiores necesitan un número mayor de facultades para alcanzar un conocimiento semejante.
La razón es que Dios conoce todas las cosas por una sola realidad: su esencia divina. Las criaturas intelectuales participan de esta perfección de manera limitada. Cuanto más perfecta es una inteligencia creada, más se aproxima a esa unidad del conocimiento divino.
Por eso, el conocimiento angélico es superior al humano: no procede de los sentidos ni de un proceso progresivo de adquisición, sino de facultades inteligibles connaturales que Dios ha dado al ángel conforme a su naturaleza y a su grado de perfección.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ÁNGELES --> SU CONOCIMIENTO INMATERIAL.
¿Se entiende el ángel a sí mismo por su propia forma o sustancia?
Sí el ángel se entiende a sí mismo por su propia forma, que es su sustancia. Para entender, una facultad necesita que aquello que conoce esté presente de algún modo en ella. En los seres materiales, la facultad cognoscitiva recibe las facultades de las cosas conocidas. Pero cuando existe una forma inteligible que subsiste por sí misma, puede ser conocida directamente.
El ángel es inmaterial y subsiste como forma espiritual. Por eso es inteligible en sí mismo. No necesita recibir de un cuerpo una imagen de sí mismo para poder conocerse. Su propia sustancia es aquello mediante lo cual se entiende.
Dios, al crear las cosas, hizo que existieran de dos maneras: en sus propias naturalezas y en el conocimiento de la criatura intelectual. Por eso imprimió en el entendimiento angélico las semejanzas o facultades de las criaturas.
En cada ángel está impresa de manera especial la razón de su propia especie, tanto para existir naturalmente como para conocerse intelectualmente. También posee facultades mediante las cuales conoce otras criaturas, tanto espirituales como corporales.
¿Puede el ángel conocer a Dios por sus propias fuerzas naturales?
Sí puede tener algún conocimiento natural de Dios, pero no puede ver la esencia divina mediante sus propias fuerzas naturales. Hay tres maneras principales de conocer: por la presencia de la esencia de lo conocido en quien conoce; por la presencia de una semejanza del objeto en la facultad cognoscitiva; y mediante una semejanza que aparece en otra cosa, como cuando vemos a alguien en un espejo.
El ángel se conoce a sí mismo porque su propia sustancia está presente en él. Pero ninguna criatura puede conocer naturalmente la esencia divina, porque ninguna semejanza creada puede representar adecuadamente la infinitud de Dios.
El ángel conoce naturalmente a Dios de una manera intermedia: su propia naturaleza es una semejanza de Dios y, al conocerse, alcanza cierto conocimiento de su causa. Por eso su naturaleza puede compararse a un espejo que refleja la semejanza divina.
Así, afirmo que el ángel se conoce directamente por su propia sustancia, conoce las criaturas mediante las facultades que Dios ha puesto en su entendimiento y puede conocer naturalmente a Dios, aunque no pueda ver su esencia divina.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ÁNGELES --> SU CONOCIMIENTO MATERIAL.
¿Conocen los ángeles las cosas materiales y singulares?
Los ángeles conocen las cosas materiales, incluso en su singularidad. Sería insuficiente decir que sólo conocen las naturalezas universales de las cosas. Si los ángeles administran las realidades del mundo material, deben conocer también aquello sobre lo que ejercen su administración y acción.
El hombre conoce lo universal mediante el entendimiento y lo singular corporal mediante los sentidos. El ángel, por ser una criatura intelectual superior al hombre, puede conocer ambas cosas mediante una sola facultad: el entendimiento.
Dios es causa de todas las cosas, no solamente de sus naturalezas universales, sino también de aquello por lo que cada cosa es este ser singular y concreto. Como Dios conoce todas las cosas y las causa según su ciencia, también ha dado a los ángeles facultades inteligibles mediante las cuales pueden conocer las criaturas en su universalidad y en su singularidad.
Por eso, un ángel puede conocer una cosa concreta como existente aquí y ahora, y no solamente conocer la clase general a la que pertenece.
¿Pueden conocer los ángeles el futuro?
Sí pueden conocer el futuro en sus causas. Cuando algo se sigue necesariamente de una causa, pueden conocerlo con certeza. Cuando procede de causas que sólo producen sus efectos en la mayoría de los casos, pueden conocerlo con mayor o menor probabilidad. Pero no pueden conocer por sí mismos el futuro en cuanto futuro y tal como existe en sí mismo.
Sólo Dios conoce de esta manera el futuro, porque contempla todas las cosas en su eternidad. La eternidad divina está presente a todos los tiempos y permite a Dios conocer lo futuro como si estuviera presente ante Él.
¿Pueden conocer los pensamientos secretos del corazón?
Sí que pueden conocerlos en sus efectos, por ejemplo, cuando un pensamiento produce alguna alteración corporal. Pero no pueden conocer directamente el pensamiento tal como está en el entendimiento ni la decisión tal como está en la voluntad. Esto pertenece propiamente a Dios, porque la voluntad de la criatura racional está sometida directamente a Dios.
Finalmente, los ángeles tienen un conocimiento natural y otro sobrenatural. Mediante el natural conocen las criaturas según las capacidades propias de su naturaleza. Mediante la visión de Dios conocen los misterios de la gracia, pero sólo en la medida en que Dios se los revela.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ÁNGELES --> SU MODO DE CONOCER.
¿Está el entendimiento del ángel en potencia para conocer?
El entendimiento del ángel no está en potencia respecto de aquello que naturalmente puede conocer, porque posee desde su naturaleza las facultades inteligibles necesarias para conocerlo. Sin embargo, puede estar en potencia respecto de aquellas cosas que Dios le revela y que exceden su conocimiento natural.
También puede decirse que el ángel no piensa constantemente en todas las cosas que conoce naturalmente. Posee las facultades inteligibles, pero no está siempre considerando cada una de ellas. En cambio, respecto de la visión de Dios y de aquello que contempla en la Palabra, el ángel bienaventurado no está en potencia, porque esta visión constituye su bienaventuranza y permanece en acto.
¿Pueden los ángeles conocer muchas cosas simultáneamente?
Sí que pueden, cuando esas cosas pueden ser conocidas mediante una misma especie inteligible. Muchas cosas consideradas como completamente distintas no pueden constituir una sola operación intelectual; pero cuando están unidas en un único objeto inteligible pueden ser conocidas simultáneamente.
Esto sucede de manera suprema en la visión de Dios. Los ángeles bienaventurados contemplan en la esencia divina todas las cosas que conocen en la Palabra. Como la esencia divina es una sola, pueden conocer simultáneamente todo aquello que contemplan en ella.
¿Conocen los ángeles mediante razonamientos sucesivos como nosotros?
No. El entendimiento humano conoce mediante un proceso: conoce una cosa, después otra, y desde los principios llega progresivamente a las conclusiones. Por eso el hombre es llamado racional.
El ángel posee una luz intelectual más perfecta. Cuando conoce un principio, puede captar inmediatamente aquello que se deriva de él dentro del ámbito de lo que naturalmente puede conocer. Por eso el ángel es llamado intelectual, mientras que el hombre es llamado racional.
Tampoco el ángel conoce componiendo y dividiendo de la misma manera que nosotros. Su conocimiento de lo que una cosa es le permite captar directamente aquello que corresponde a su naturaleza. Por eso no necesita construir mediante sucesivos juicios aquello que puede conocer inmediatamente.
¿Puede equivocarse un ángel?
No, el error no pertenece propiamente al entendimiento angélico respecto de aquello que conoce naturalmente según su naturaleza. Los ángeles buenos, cuya voluntad está sometida al orden divino, no se engañan en estas cosas.
Los demonios se equivocan respecto de las realidades sobrenaturales porque, al apartarse de la sabiduría divina, pueden juzgar según la sola condición natural de las cosas. Por eso pueden conocer correctamente la naturaleza de algo y, sin embargo, equivocarse acerca de aquello que depende del orden sobrenatural.
Por último, se llama conocimiento «matutino» al conocimiento de las cosas en cuanto están en la Palabra divina, y «vespertino» al conocimiento de las cosas en cuanto existen en sus propias naturalezas. Ambos nombres expresan dos aspectos del conocimiento angélico según aquello que es conocido.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ÁNGELES --> SU VOLUNTAD.
¿Hay voluntad y libre albedrío en los ángeles, y cómo se relacionan su voluntad, su naturaleza y su entendimiento?
En los ángeles hay voluntad, porque toda naturaleza tiende al bien según su propio modo de ser. Los seres que no conocen tienden al bien por inclinación natural; los animales lo hacen mediante el conocimiento sensible; y los seres intelectuales tienden al bien universal mediante la voluntad. Como el ángel conoce el bien de manera intelectual, necesariamente posee voluntad.
La voluntad del ángel no es su misma naturaleza ni su mismo entendimiento. Sólo en Dios se identifican plenamente el ser, el entendimiento y la voluntad. En toda criatura, la voluntad se dirige hacia un bien que está fuera de ella, mientras que el entendimiento recibe en sí aquello que conoce. Por eso ambas facultades son distintas.
También el ángel tiene libre albedrío. Donde hay entendimiento hay juicio libre, porque quien conoce el bien universal puede juzgar y elegir. El libre albedrío del ángel es incluso más elevado que el del hombre, porque su entendimiento es superior. Sin embargo, su voluntad no se divide en apetito irascible y concupiscible, porque esas divisiones pertenecen al apetito sensible. El ángel carece de apetito sensible y posee solamente voluntad intelectual.
La voluntad angélica puede dirigirse naturalmente al bien y también elegir determinados bienes. Pero, una vez realizada la elección, la voluntad del ángel queda fijada de una manera que no ocurre en el hombre. El hombre puede cambiar de elección porque su conocimiento racional procede de una manera sucesiva y puede considerar razones opuestas. El ángel, en cambio, conoce intelectualmente de manera más inmediata e inmutable. Por eso, antes de elegir puede escoger; después de elegir, su adhesión queda totalmente establecida.
Así se comprende la diferencia entre los ángeles buenos y los demonios: los primeros, habiéndose adherido al bien, permanecen en él; los segundos, habiéndose apartado de él, permanecen obstinados en su pecado.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ÁNGELES --> SU AMOR.
¿Existe amor natural y amor electivo en los ángeles, y cómo aman a Dios, a sí mismos y a los demás ángeles?
En los ángeles existe amor natural, porque todo ser tiene una tendencia hacia aquello que es conveniente para él. En la criatura intelectual esta tendencia natural se encuentra en la voluntad. Por tanto, como el ángel es una naturaleza intelectual, posee necesariamente amor natural. También existe en él un amor electivo. El amor natural es el principio del amor que procede de la elección.
El ángel se ama naturalmente a sí mismo, porque naturalmente tiende a conservar y perfeccionar su propio ser. Pero este amor natural no significa que se ame más que a Dios. El ángel y el hombre aman naturalmente a Dios más que a sí mismos, porque toda criatura pertenece a Dios como al bien universal del que depende su propio bien. La criatura, por su misma naturaleza, está ordenada a Dios. Si se amara naturalmente más a sí misma que a Dios, su inclinación natural estaría desordenada.
También un ángel ama naturalmente a otro ángel en cuanto ambos participan de la misma naturaleza angélica. El amor natural se funda en aquello que un ser tiene en común con otro. Pero cuando el amor se dirige a una persona concreta por razones particulares, interviene el amor electivo.
Hay que distinguir, además, el amor de amistad del amor por el que se desea un bien para uno mismo. Cuando se ama a alguien queriendo su propio bien, se trata de amor de amistad; cuando se desea algo para poseerlo como bien propio, se trata de un amor distinto. Esta distinción permite comprender que el ángel puede amarse a sí mismo naturalmente y, al mismo tiempo, amar a Dios por encima de sí mismo.
Por tanto, en los ángeles existen amor natural y amor electivo. Su naturaleza intelectual es perfecta y no necesita el proceso discursivo propio del hombre, pero esto no elimina la elección. La voluntad sigue siendo una verdadera potencia de tendencia al bien. Lo que supera la naturaleza, como la bienaventuranza sobrenatural, requiere además la acción de la gracia.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ÁNGELES --> SU ORIGEN.
¿Los ángeles fueron creados por Dios, cuándo fueron creados y en qué lugar fueron establecidos?
Los ángeles fueron creados por Dios. Sólo Dios es el ser por esencia; todas las demás criaturas reciben el ser de otro. Por eso, todo lo que existe fuera de Dios tiene a Dios como causa de su existencia. Los ángeles, aunque sean sustancias espirituales, no son eternos ni existen por sí mismos.
Los ángeles fueron creados de la nada. Sólo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, es eterno. Las criaturas comenzaron a existir por voluntad de Dios y no proceden de una materia eterna independiente de Él.
Respecto al momento de su creación, encuentro diversas opiniones entre los autores cristianos. Sin embargo, considero más probable que los ángeles fueran creados al mismo tiempo que las criaturas corporales. Los ángeles no constituyen un universo separado, sino que forman parte del único universo junto con las criaturas corporales. La perfección del universo consiste precisamente en el orden existente entre sus distintas partes. Por eso resulta más conforme con la perfección de la obra divina que la creación de los seres espirituales y corporales pertenezca al mismo orden universal.
No se considera, sin embargo, que deba rechazarse como errónea la opinión de quienes sostuvieron que los ángeles fueron creados antes que las criaturas corporales, especialmente por la autoridad de algunos Santos Padres. Por tanto, distingo entre lo que considero más probable y aquello que puede sostenerse legítimamente.
En cuanto al lugar de los ángeles, afirmo que las criaturas espirituales fueron creadas con un orden respecto del mundo corporal. Por eso es conveniente entender que fueron creadas en el cielo superior, llamado cielo empíreo o de los ángeles. No se trata de afirmar que el ángel esté en un lugar como un cuerpo contenido por dimensiones, sino que tiene una relación determinada con el lugar mediante su poder.
Así, los ángeles son criaturas de Dios, espirituales, incorruptibles y ordenadas al gobierno del mundo corporal dentro de la unidad del universo.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ÁNGELES --> GRACIA Y GLORIA.
¿Fueron los ángeles bienaventurados desde su creación, necesitaron gracia, merecieron la bienaventuranza y qué relación existe entre su naturaleza, su gracia y su gloria?
Siempre hay que distinguir dos perfecciones. Una es la perfección natural que el ángel puede alcanzar por sus propias capacidades. En este sentido, el ángel fue creado bienaventurado, porque posee inmediatamente la perfección propia de su naturaleza intelectual. No necesita, como el hombre, un proceso discursivo para alcanzar su perfección natural. Pero existe otra bienaventuranza superior: ver a Dios tal como es en sí mismo. Esta supera toda capacidad natural de una criatura y, por eso, no fue concedida al ángel desde el primer momento de su creación.
Para alcanzar esta bienaventuranza sobrenatural, el ángel necesitó la gracia. La voluntad natural tiende al bien que corresponde a la naturaleza; pero la visión de Dios supera toda naturaleza creada. Por eso el ángel no podía dirigirse hacia esta bienaventuranza por sus solas fuerzas. Necesitaba ser movido por Dios mediante la gracia.
Los ángeles fueron creados en gracia santificante. La gracia es como el principio que dispone para alcanzar la gloria. De este modo, el ángel pudo merecer su bienaventuranza mediante un acto libre informado por la gracia. No es correcto decir que mereció después de haber alcanzado ya la bienaventuranza, porque el mérito es camino hacia el fin y no una acción posterior a la posesión del fin.
Después del primer acto de amor por el cual el ángel mereció la bienaventuranza, la alcanzó inmediatamente. Esto corresponde a su naturaleza, que no necesita procesos sucesivos para pasar de una perfección a otra.
Los grados de gracia y gloria corresponden razonablemente a los distintos grados de perfección natural de los ángeles. Los ángeles de naturaleza más perfecta se volvieron hacia Dios con mayor intensidad y, por ello, recibieron mayores dones de gracia y una mayor bienaventuranza.
En los ángeles bienaventurados permanecen su conocimiento y amor naturales. Pero, al contemplar a Dios por esencia, ya no pueden pecar. Quien ve a Dios como supremo bien no puede apartarse de Él mientras permanece en esa visión. Por eso los ángeles bienaventurados están confirmados definitivamente en el bien.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: ÁNGELES --> MALOS.
¿Podía el ángel pecar, cuál fue el primer pecado de los demonios, cómo ocurrió su caída y cómo influyeron unos ángeles malos sobre otros?
El ángel, considerado solamente según su naturaleza, podía pecar. Si existe una criatura que no puede pecar, esto no procede de su naturaleza, sino de un don de gracia que la confirma en el bien. Sólo Dios está absolutamente libre de pecado, porque sólo su voluntad es la regla de sus propias acciones. La voluntad de toda criatura debe estar ordenada a la voluntad divina, que es su último fin.
En los demonios pueden considerarse los pecados de dos maneras. En cuanto al reato, se les atribuyen todos los pecados porque inducen a los hombres a cometerlos. Pero en cuanto a los actos propios de su naturaleza, sólo pueden tender a aquellos males compatibles con una naturaleza espiritual. Por eso, el primer pecado del ángel no pudo ser un desorden relacionado directamente con bienes corporales. Fue soberbia: consistió en no someterse debidamente a la regla superior, que es la voluntad de Dios.
Después de la soberbia apareció la envidia. El ángel malo se entristeció por el bien de otros cuando lo consideró contrario a la grandeza que deseaba para sí. También quiso ser como Dios, pero no pudo querer una igualdad absoluta con Dios, porque sabía naturalmente que eso era imposible. Su deseo consistió en buscar una grandeza semejante a la divina por sus propias fuerzas, sin someterse al orden establecido por Dios.
No pudo ser malo desde el primer instante de su creación, porque Dios no es causa del pecado. Es más probable que el diablo pecara inmediatamente después del primer instante de su creación, especialmente si se admite que fue creado en gracia y que pudo realizar desde entonces un acto de libre albedrío.
Respecto a quién pecó primero, existen opiniones distintas. Algunos sostuvieron que fueron los ángeles inferiores; otros, que fue el superior. Considero más probable que fuera el ángel supremo entre los que cayeron, porque el motivo de la soberbia es la grandeza, y los superiores poseían mayor grandeza. Sin embargo, la otra opinión no debe considerarse contraria a la fe.
El primer ángel que pecó movió a los demás mediante persuasión, no mediante coacción. Los otros demonios consintieron libremente. Los ángeles fieles fueron más numerosos que los que cayeron porque el pecado es contrario a la inclinación natural hacia el bien.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: ÁNGELES MALOS --> LOS_DEMONIOS.
¿Qué conocimiento conservaron los demonios después de su pecado, por qué permanecen obstinados en el mal, si sufren dolor y cuáles son sus lugares de pena?
Los demonios no perdieron los dones naturales que recibieron al ser creados. Por eso conservaron su conocimiento natural. El pecado no destruyó su naturaleza angélica ni sus capacidades naturales. Lo que perdieron fue la bienaventuranza y los dones sobrenaturales relacionados con ella.
Distingo tres clases de conocimiento. El conocimiento natural permanece íntegro. El conocimiento sobrenatural puramente especulativo no desapareció completamente, pero quedó disminuido: los demonios pueden conocer algunos secretos divinos mediante revelaciones indirectas o efectos de la acción divina, aunque no los conocen como los ángeles santos. En cambio, perdieron totalmente el conocimiento sobrenatural afectivo que lleva al amor de Dios, porque también perdieron la caridad.
La voluntad de los ángeles santos quedó confirmada en el bien y la de los demonios quedó obstinada en el mal. Esta obstinación no se explica simplemente por la gravedad de su primer pecado, sino por la condición propia de la naturaleza angélica. El ángel conoce de manera más estable e inmutable que el hombre. Por eso, después de su elección, su voluntad queda fijada de una manera que no sucede en el hombre. Antes de elegir puede dirigirse a uno u otro camino; después de la elección, queda establecida en aquello que ha elegido.
Los demonios no tienen dolor como una pasión sensible, porque no poseen cuerpo ni apetito sensible. Pero sí pueden tener dolor como acto de la voluntad. Sufren porque están privados de la bienaventuranza que naturalmente desean y porque su voluntad perversa encuentra obstáculos. También desean que desaparezcan bienes que existen, especialmente el bien de quienes se salvan. Por eso hay en ellos una verdadera aflicción entendida como acto voluntario.
En cuanto a los lugares de pena, los demonios tienen una doble situación. El infierno corresponde a su culpa; la atmósfera tenebrosa corresponde al ministerio que Dios permite que ejerzan al poner a prueba a los hombres. Mientras dura este orden providencial, algunos demonios permanecen en el infierno y otros actúan en el mundo. Después del juicio, todos los malos, hombres y ángeles, estarán en el infierno, mientras todos los buenos estarán en el cielo.
SANTO TOMÁS DE AQUINO ÁNGELES --> INFOGRAFÍA.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: CREACIÓN CORPÓREA --> OBRA.
Las criaturas corpóreas proceden de Dios como de su primera causa. Todo lo que posee ser recibe de Dios el principio de su existencia, porque Dios es el ser primero y la causa universal de cuanto existe. Las criaturas corpóreas forman parte del universo creado y reciben de Dios tanto su existencia como las perfecciones propias de su naturaleza.
La producción de las criaturas pertenece propiamente a la creación. Crear significa producir el ser de una cosa en cuanto ser, y esta acción corresponde a Dios porque solamente Dios posee el poder suficiente para producir el ser sin depender de una materia anterior. Las causas creadas actúan sobre realidades que ya poseen algún ser y producen determinadas transformaciones; Dios, en cambio, es causa del mismo ser de las cosas.
La creación establece así una dependencia radical de toda criatura respecto de Dios. La criatura posee un ser recibido y participado; Dios posee el ser por esencia. Por esta razón, cuanto existe fuera de Dios tiene en Él la fuente primera de su existencia.
Las criaturas corpóreas, por tanto, tienen a Dios como principio de su ser. Su existencia expresa la causalidad divina y manifiesta de algún modo la perfección de su Creador. El mundo corporal pertenece al orden querido por Dios y recibe de Él su existencia y su perfección propia.
Dios es el sumo bien y la bondad divina es la razón principal de la producción de las criaturas. El bien posee una capacidad de comunicación: aquello que es bueno tiende a comunicar su perfección según el modo que corresponde a su naturaleza. En Dios esta comunicación alcanza la plenitud suprema porque Dios es el bien universal.
Las criaturas proceden de Dios por su bondad. Cada criatura recibe una perfección determinada y manifiesta esa perfección de una manera propia. La diversidad de las criaturas permite que la bondad divina sea manifestada mediante múltiples grados y formas.
La producción de las criaturas corpóreas pertenece, por tanto, al orden de la bondad divina. Dios quiso comunicar su bondad mediante criaturas distintas, ordenadas y dotadas de diferentes perfecciones. Así el universo alcanza una perfección que resulta de la multiplicidad ordenada.
La bondad divina constituye el principio de la creación y también el fin hacia el cual se ordenan las criaturas. Dios comunica el bien y las criaturas participan de él según la capacidad propia de cada naturaleza. La creación corpórea expresa de este modo la bondad divina mediante la diversidad, el orden y la perfección de sus seres.
La Palabra pertenece al orden de la sabiduría divina. Dios conoce perfectamente aquello que produce y su Palabra expresa el concepto de la sabiduría divina. Las cosas creadas existen según las ideas ejemplares presentes en la mente divina.
La Palabra divina posee relación con la producción de las criaturas porque Dios crea según su sabiduría. La criatura primero está en Dios como conocida por Él y después posee existencia propia en su naturaleza creada. La Palabra expresa el conocimiento divino mediante el cual las cosas son producidas.
La expresión «Dijo Dios» señala esta causalidad de la Palabra. La palabra humana comunica un concepto que existe previamente en el entendimiento; la Palabra divina posee una perfección infinitamente superior y expresa eternamente la sabiduría de Dios.
La creación mediante la Palabra manifiesta que Dios produce las criaturas conforme a su sabiduría. La obra creadora posee así un orden inteligible. Las criaturas proceden de Dios según una razón conocida y querida por Él.
Las formas de las criaturas proceden de Dios como de su causa primera. Toda perfección que existe en las criaturas tiene en Dios su fuente primera, porque Dios es la causa universal de todo ser y de toda perfección.
Las causas creadas pueden producir determinadas formas en cuanto poseen ellas mismas una forma y una capacidad activa correspondiente. Una causa natural produce otra cosa semejante a sí misma dentro del orden de la naturaleza. Esta causalidad pertenece al orden de las causas segundas.
Dios posee una causalidad superior. Él es causa del ser mismo y, por consiguiente, causa de las formas mediante las cuales las cosas poseen su ser determinado. Las formas proceden de Dios como de su fuente primera, mientras las causas naturales pueden intervenir como causas segundas en la producción de determinadas formas.
La creación manifiesta así una doble consideración: Dios es la causa primera de todo cuanto existe y las criaturas actúan como causas segundas dentro del orden establecido por Dios. El orden natural conserva de este modo su realidad propia y permanece enteramente dependiente de la causa primera.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: CREACIÓN CORPÓREA --> ORDEN.
La materia pertenece a la creación divina porque posee una relación esencial con las formas corporales. Todo lo que pertenece al ser de las criaturas procede de Dios. La materia corporal constituye el principio potencial de los cuerpos y recibe su actualidad mediante la forma.
La materia considerada en sí misma carece de una forma determinada. Esta consideración permite comprender la expresión «materia informe» utilizada al explicar el comienzo de la creación. La materia posee realidad como principio potencial y su existencia depende de Dios.
La materia primera y las formas proceden de Dios. La materia posee una condición potencial, mientras la forma determina y actualiza al compuesto. El cuerpo natural resulta de la unión de ambos principios.
La expresión bíblica relativa a una tierra informe y vacía puede comprenderse según este orden: primero se considera la materia en cuanto principio común de los cuerpos y después su formación mediante las formas que determinan las distintas criaturas.
Dios es, por tanto, creador de la materia. La materia pertenece al orden de la creación y constituye uno de los principios fundamentales de los cuerpos.
La materia y la forma constituyen conjuntamente el cuerpo natural. La materia posee una condición potencial y la forma proporciona la actualidad determinada. Por ello, considerada según su naturaleza propia, la materia precede a la forma en cuanto potencia; considerada según la producción concreta del compuesto, materia y forma pertenecen al mismo acto creador.
La materia puede ser considerada en dos sentidos. Según el orden de la naturaleza, la potencia precede al acto en cuanto aquello que recibe una determinación. Según el orden de la producción concreta, la materia y la forma constituyen simultáneamente el compuesto creado.
La narración de la creación presenta primero la materia en una condición común y después describe las diversas formas y distinciones de las cosas. Este orden pertenece al modo humano de comprender y enseñar la obra divina.
La sabiduría divina establece el orden de la exposición de modo que primero se presente aquello que posee una condición común y después se manifiesten las determinaciones particulares. Así se comprende el paso desde la materia informe hacia la diversidad ordenada de los cuerpos.
El universo comprende criaturas espirituales y criaturas corporales ordenadas entre sí. El cielo empíreo pertenece al orden de la creación corpórea y posee una especial dignidad dentro del universo.
La conveniencia de su creación desde el principio se comprende a partir del orden universal. Dios produce las cosas según una disposición ordenada, y el universo requiere realidades superiores y realidades inferiores relacionadas entre sí.
El cielo empíreo puede entenderse como una realidad corporal superior, destinada al orden de las criaturas espirituales y a la manifestación de la perfección del universo. Su consideración pertenece a la estructura del mundo creado.
La creación de la realidad corpórea superior junto con la materia inicial permite comprender la unidad del universo desde su principio. Las criaturas corporales y espirituales forman un único universo bajo el gobierno y la causalidad de Dios.
El tiempo está relacionado con el movimiento. Donde existe movimiento existe sucesión, y donde existe sucesión temporal se puede hablar de antes y después. Por ello, el tiempo pertenece al orden de las realidades creadas.
Dios es eterno y se encuentra por encima del tiempo. Las criaturas poseen una duración determinada y sus cambios se desarrollan mediante sucesión. El tiempo acompaña al movimiento de las criaturas corporales.
La creación del mundo corporal implica la existencia de movimiento y, con él, el comienzo del tiempo. El tiempo pertenece al universo creado y comienza con aquello cuya mutabilidad mide.
La expresión «en el principio» puede entenderse en relación con el comienzo del tiempo. La creación constituye así el principio de la realidad temporal. Dios produce simultáneamente el universo creado y el orden temporal en el que se desarrolla su movimiento.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: CREACIÓN CORPÓREA --> PRIMER DÍA.
La luz corresponde al primer día porque constituye la primera distinción visible presentada en la obra de la creación. La narración comienza con la producción de la luz y después presenta su separación de las tinieblas.
La luz posee una especial relación con la manifestación y con la distinción. Mediante la luz se establece la diferencia entre el día y la noche y comienza la sucesión que permite distinguir los días de la creación.
La obra del primer día prepara el orden posterior. La luz aparece antes que las luminarias porque la narración distingue entre la luz considerada en sí misma y los cuerpos luminosos que aparecen posteriormente.
El orden de la creación posee una estructura progresiva: primero aparece la luz, después las realidades que reciben su orden mediante ella. La producción de la luz pertenece, por tanto, al primer momento de la distinción de las criaturas corpóreas.
La luz puede considerarse desde diferentes aspectos según la realidad física a la que se atribuya. Los cuerpos luminosos producen luz y los cuerpos transparentes reciben una disposición que permite la iluminación.
La luz tiene relación con la manifestación de los cuerpos y con la actualización de aquello que puede recibir iluminación. Por eso su consideración requiere distinguir entre el cuerpo luminoso que actúa y la iluminación que se produce en el medio.
El sol, la luna y las estrellas poseen una función propia en el orden de la luz. La narración de la creación sitúa estos cuerpos luminosos en el cuarto día, mientras la luz aparece desde el primer día.
La consideración teológica del relato atiende al orden de la obra divina. La luz del primer día permite comprender la distinción inicial entre día y noche y prepara la posterior ordenación de las luminarias.
La producción de la luz establece una distinción entre luz y tinieblas. La narración expresa esta distinción mediante la separación y mediante la denominación de día y noche.
La luz posee una relación con la claridad y las tinieblas con la oscuridad. La distinción entre ambas permite expresar el primer orden temporal del universo corporal.
La separación constituye una parte esencial de la obra de los primeros días. Dios establece distinciones entre realidades que inicialmente son presentadas en una condición común y después reciben su orden propio.
La luz aparece como principio de la distinción temporal. El día y la noche expresan la sucesión y permiten comprender el orden de los días mediante los cuales se describe la obra creadora.
La producción de la luz corresponde convenientemente al primer día porque la luz posee una función primordial en la distinción y en la ordenación temporal. Antes de presentar las luminarias, la narración presenta la luz como realidad inicial.
El orden de la creación sigue una disposición determinada. Primero se establece aquello que permite distinguir; después aparecen las realidades que reciben su lugar dentro de ese orden.
La luz permite distinguir el día y la noche. Esta distinción proporciona la estructura temporal mediante la cual se nombran y ordenan los seis días de la obra creadora.
La conveniencia consiste, por tanto, en que la primera distinción corresponde a la luz y las tinieblas. Posteriormente las luminarias cumplen funciones propias dentro del mismo orden.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: CREACIÓN CORPÓREA --> SEGUNDO DÍA.
El segundo día corresponde a la obra del firmamento. El firmamento establece una distinción dentro de la realidad de las aguas y ordena la estructura del cielo.
La creación presenta primero la luz y después el firmamento porque el orden de las obras avanza desde las primeras distinciones hacia la organización de las regiones del universo corporal.
El firmamento puede comprenderse como una realidad situada en la región superior del mundo corporal y relacionada con la separación de las aguas. Su función dentro de la narración consiste en establecer una división ordenada.
El segundo día introduce así una nueva distinción. Después de la separación entre luz y tinieblas, aparece la separación correspondiente al firmamento y a las aguas.
La expresión «aguas sobre el firmamento» pertenece al lenguaje de la narración de la creación y requiere una interpretación conforme al orden del mundo corporal presentado por el texto.
Las aguas constituyen una realidad corporal y el firmamento establece una distinción entre diferentes regiones. El relato utiliza una forma de expresión adecuada al conocimiento humano y al orden visible del universo.
La interpretación de estas aguas puede relacionarse con realidades celestes situadas en la región superior. El propósito principal de la narración consiste en mostrar la distinción y el orden establecido por Dios.
El firmamento desempeña así una función de separación y de ordenación. Las aguas aparecen distribuidas según la estructura cósmica presentada en el relato de la creación.
La obra del segundo día se refiere al firmamento y a la separación de las aguas. Esta obra posee una correspondencia con el orden de la creación porque primero se distinguen las realidades fundamentales y después se disponen las regiones que forman el universo corporal.
El firmamento recibe su denominación por su función de afirmar o establecer la estructura superior del mundo visible. Su consideración pertenece al orden de la distinción.
El segundo día continúa la obra iniciada el primero. El primer día establece la distinción de luz y tinieblas; el segundo establece una nueva distinción mediante el firmamento.
El orden divino se manifiesta progresivamente en la estructura del mundo. Cada obra posee una relación con las anteriores y prepara las que aparecen posteriormente.
Las aguas mencionadas sobre el firmamento deben comprenderse dentro del orden de las realidades corporales descritas por la Escritura. El firmamento establece una división y permite hablar de aguas superiores y aguas inferiores.
La interpretación de esta realidad debe atender al sentido del relato y a la manera antigua de describir la estructura del cielo. La finalidad principal consiste en expresar que Dios ha establecido orden y distinción entre las partes del universo corporal.
La creación aparece así como un universo estructurado. Las aguas, el firmamento, la tierra y los demás cuerpos ocupan lugares y cumplen funciones correspondientes a la disposición divina.
El segundo día manifiesta, por tanto, la obra de distinción y de orden dentro de la realidad celeste y acuática.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: CREACIÓN CORPÓREA --> TERCER DÍA.
La obra del tercer día comienza con la reunión de las aguas en un solo lugar. Como consecuencia de esta reunión aparece la tierra seca y queda establecida una distinción entre la región terrestre y la región ocupada por las aguas.
La denominación «mar» expresa la reunión de las aguas. El término señala una realidad unificada dentro de la diversidad de las aguas existentes.
La obra divina establece una disposición espacial ordenada. Las aguas son reunidas y la tierra aparece como región diferenciada. De esta manera se prepara el lugar adecuado para la producción de la vegetación.
La creación presenta así una secuencia: reunión de las aguas, aparición de la tierra seca y producción de las plantas. Cada obra prepara la siguiente según un orden determinado.
La aparición de la tierra seca corresponde al tercer día porque la tierra constituye el lugar propio de las plantas y posteriormente de los animales terrestres.
La reunión de las aguas permite que aparezca la tierra. La narración presenta así una distinción entre la región acuática y la región terrestre.
La tierra seca posee una función dentro de la economía de la creación: recibe la vegetación y posteriormente sirve de lugar para los animales terrestres y para el hombre.
El orden de la creación muestra una preparación progresiva del mundo. Primero aparecen las regiones y después las criaturas que habitan en ellas. La tierra seca constituye una condición adecuada para la producción de la vida vegetal.
La producción de las plantas pertenece al tercer día porque las plantas corresponden a la tierra y constituyen su primera forma de vida. La tierra seca aparece antes y después recibe la vegetación.
Las plantas poseen vida según una modalidad propia: nacen de la tierra, crecen en ella, reciben de ella el alimento y producen semillas según las especies correspondientes.
La producción de las plantas prepara el mundo para los animales. Las plantas sirven de alimento y constituyen parte de la disposición del ambiente terrestre.
El orden de la creación manifiesta una sucesión adecuada: primero se prepara la tierra, después aparece la vida vegetal y posteriormente se producen los animales que habitan los diferentes elementos.
La obra del tercer día completa la disposición inicial de las regiones terrestres y acuáticas. La tierra queda preparada para recibir las criaturas que aparecerán en los días siguientes.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: CREACIÓN CORPÓREA --> CUARTO DÍA.
Las luminarias aparecen en el cuarto día después de la producción de la luz en el primer día. Esta disposición posee un sentido determinado: primero se presenta la luz y después aparecen los cuerpos destinados a ser sus principales instrumentos dentro del orden visible.
El sol, la luna y las estrellas reciben funciones relacionadas con la distinción del día y la noche, con las estaciones y con la medida de los tiempos.
Las luminarias sirven para señalar tiempos determinados y para ordenar la sucesión de los días, meses y años. Su posición dentro de la creación corresponde, por tanto, al orden de los cuerpos celestes.
La narración muestra una progresión: la luz aparece primero como realidad inicial; después los cuerpos luminosos reciben funciones determinadas dentro del universo corporal.
Las luminarias poseen capacidad causal respecto de la luz sensible. Los cuerpos luminosos producen iluminación y ejercen una acción sobre los cuerpos capaces de recibirla.
La existencia de la luz desde el primer día y la producción de las luminarias en el cuarto día pueden comprenderse mediante una distinción entre la luz considerada en su primera manifestación y los cuerpos que posteriormente cumplen funciones específicas en su producción y regulación.
El sol posee una función principal entre las luminarias; la luna y las estrellas poseen funciones propias dentro del orden celeste. Todas contribuyen a la estructura sensible del universo.
La causalidad de las luminarias permanece subordinada a Dios. Las causas naturales reciben de Dios su capacidad de actuar y ejercen su causalidad dentro del orden establecido por la causa primera.
El cuarto día corresponde a la producción de las luminarias porque en este momento de la narración ya están preparadas las regiones principales del mundo y comienza la disposición de los cuerpos que las adornan y gobiernan.
Las luminarias se relacionan con el cielo y con la medida de los tiempos. El sol establece la división principal del día y la noche; la luna participa en la ordenación de los meses; las estrellas aparecen como signos dentro del orden celeste.
La creación presenta primero las realidades fundamentales y después sus ornamentos y habitantes. Los cuerpos celestes constituyen un adorno del firmamento y ejercen funciones propias dentro del universo.
El cuarto día pertenece así al orden de los cuerpos celestes y a la regulación de los tiempos. La obra de la creación adquiere una estructura más determinada y visible.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: CREACIÓN CORPÓREA --> QUINTO DÍA.
El quinto día corresponde a los animales que viven y se mueven en las aguas y en el aire. Después de la preparación de estos elementos, aparecen las criaturas que poseen una relación natural con ellos.
Los animales acuáticos reciben su lugar propio en las aguas y las aves se desplazan por el aire. Cada grupo corresponde al elemento en el que realiza sus movimientos y desarrolla sus operaciones.
La creación sigue un orden conveniente. Primero se preparan las regiones del universo; después aparecen las criaturas que las habitan. Las aguas habían sido reunidas y el aire había sido dispuesto mediante el firmamento; posteriormente aparecen los animales correspondientes.
La bendición divina acompaña la producción de estas criaturas. La fecundidad y la multiplicación pertenecen a la capacidad propia de los animales vivientes y expresan la disposición divina de la naturaleza.
Los animales acuáticos y las aves ocupan una posición intermedia en el orden de las criaturas corporales. Poseen vida sensible y movimiento propio, y preparan la progresión hacia los animales terrestres y hacia el hombre.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: CREACIÓN CORPÓREA --> SEXTO DÍA.
El sexto día corresponde a los animales terrestres porque la tierra ya ha sido preparada mediante la reunión de las aguas y la producción de las plantas. Los animales terrestres encuentran así el lugar y el alimento adecuados para su vida.
La narración distingue diversos grupos de animales terrestres. Aparecen el ganado, las bestias y los reptiles, expresando diferentes modos de vida y de movimiento sobre la tierra.
El orden de la creación presenta primero las plantas y después los animales porque las plantas sirven como alimento para muchas criaturas animales. La tierra queda progresivamente perfeccionada mediante la aparición de sus diferentes formas de vida.
Los animales terrestres preceden inmediatamente al hombre. El hombre aparece como la culminación de la obra corporal porque posee una naturaleza racional y ocupa una posición superior entre las criaturas corporales.
El sexto día presenta así una doble obra: la producción de los animales terrestres y la producción del hombre. La tierra, después de recibir la vegetación y los animales, queda preparada para la criatura racional que habrá de gobernar las criaturas inferiores.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: CREACIÓN CORPÓREA --> CONSUMACIÓN.
La obra de los seis días alcanza su consumación con el séptimo día. Los seis días expresan la producción y ordenación de las criaturas; el séptimo expresa la perfección alcanzada por la obra.
La consumación pertenece a aquello que ha llegado a su término. Después de las obras correspondientes a los seis días, el universo creado posee la disposición establecida por Dios.
El séptimo día introduce una consideración diferente: la obra ya realizada alcanza su término y se presenta el descanso divino. Este descanso expresa la perfección y plenitud de la obra.
La estructura de la creación adquiere así siete momentos: seis días corresponden a las obras y el séptimo corresponde a la consumación y al descanso.
El descanso divino posee un significado propio. Dios actúa como causa creadora durante la producción de las criaturas y, una vez completada esta obra, se dice que descansa.
El descanso significa la cesación de la producción de nuevas criaturas. La obra creada alcanza la perfección que Dios quiso darle y permanece bajo su gobierno y conservación.
Dios conserva continuamente las criaturas en el ser. Por ello, el descanso se refiere a la producción de nuevas obras y expresa el término de la obra creadora presentada durante los seis días.
El descanso divino permite comprender que la creación posee una estructura ordenada y terminada. La producción alcanza su término y comienza la consideración de la conservación y del gobierno de lo creado.
La bendición corresponde a la comunicación del bien y a la fecundidad. La santificación corresponde a la ordenación hacia Dios. Ambas acciones resultan adecuadas al séptimo día porque este día representa la consumación de las obras creadas y su ordenación al fin.
La bendición expresa la bondad concedida a las criaturas y la capacidad de multiplicación que Dios les comunica. La santificación expresa la dedicación a Dios y la relación del descanso con el fin último.
El séptimo día posee así una dignidad especial dentro del orden de la creación. Las obras de los seis días muestran la producción y distinción de las criaturas; el séptimo muestra su consumación y su referencia a Dios.
La bendición y la santificación manifiestan dos aspectos complementarios: el bien recibido por la criatura y su ordenación hacia el Creador.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: CREACIÓN CORPÓREA --> 1_6 DÍAS.
Los seis días corresponden a seis grupos de obras presentados en un orden determinado. La narración distribuye las obras según una estructura de distinción y de ordenación.
El primer día corresponde a la luz; el segundo, al firmamento; el tercero, a la separación de la tierra y las aguas y a la producción de las plantas; el cuarto, a las luminarias; el quinto, a los animales acuáticos y a las aves; el sexto, a los animales terrestres y al hombre.
Esta distribución permite comprender el orden progresivo de la creación. Primero aparecen las realidades que sirven de fundamento; después las realidades que adornan y habitan esas regiones.
Los tres primeros días pueden considerarse principalmente desde la distinción de las partes del universo. Los tres siguientes presentan principalmente las criaturas que corresponden a las regiones ya dispuestas.
El número seis expresa así un orden completo de producción y distinción. Cada día posee una obra determinada y cada obra se relaciona con las anteriores y prepara las posteriores.
La creación, considerada como producción del ser, pertenece a un único acto divino. Dios produce las criaturas mediante su poder creador y todas dependen de Él para existir.
La distinción de los días pertenece al modo en que la Escritura presenta el orden de las obras. La sucesión narrativa permite comprender las relaciones y diferencias existentes entre las criaturas.
Dios puede producir simultáneamente la realidad de las criaturas y, al mismo tiempo, establecer entre ellas un orden según su naturaleza. La sucesión expresada en los seis días manifiesta el orden de las cosas y facilita su comprensión.
La obra creadora posee, por tanto, unidad en cuanto procede de Dios y orden en cuanto las criaturas reciben diferentes perfecciones y ocupan distintas posiciones dentro del universo.
La distinción temporal de los días expresa principalmente un orden de razón y de presentación. La creación divina posee unidad causal y el universo posee diversidad ordenada.
El orden de la creación responde a la sabiduría divina. Las primeras obras establecen las condiciones y regiones fundamentales; las obras posteriores introducen las criaturas que corresponden a esas regiones.
Los tres primeros días pertenecen especialmente a la distinción. El primer día distingue la luz de las tinieblas; el segundo distingue las aguas mediante el firmamento; el tercero distingue la tierra de las aguas y produce la vegetación.
Los tres días siguientes pertenecen especialmente al adorno. El cuarto día presenta las luminarias del cielo; el quinto presenta los animales de las aguas y las aves; el sexto presenta los animales terrestres y al hombre.
Este orden manifiesta una progresión desde lo más universal hacia lo más determinado. Primero se dispone el escenario corporal y después se introducen las criaturas que corresponden a cada región.
La conveniencia del orden se comprende también mediante la relación entre las criaturas. Las plantas sirven a los animales; los animales sirven al hombre; las criaturas inferiores quedan ordenadas hacia las superiores y todas quedan ordenadas hacia Dios.
La atribución de las obras a los diferentes días expresa el orden de la creación según la distinción y el adorno.
El primer día corresponde a la luz, que establece la primera distinción. El segundo corresponde al firmamento, que establece la distinción de las aguas. El tercero corresponde a la tierra, al mar y a las plantas, con lo cual queda preparada la región terrestre.
El cuarto día corresponde a las luminarias, que adornan el firmamento y regulan los tiempos. El quinto corresponde a los animales acuáticos y a las aves, que habitan las regiones previamente preparadas. El sexto corresponde a los animales terrestres y al hombre, que completan la habitación de la tierra.
La distribución de las obras manifiesta una correspondencia entre las regiones creadas y sus habitantes. Primero aparece el lugar; después aparece aquello que lo habita.
La estructura general puede expresarse así:
PRIMEROS TRES DÍAS
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v
DISTINCIÓN
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+--> DÍA 1: LUZ
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+--> DÍA 2: FIRMAMENTO
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+--> DÍA 3: TIERRA, MAR Y PLANTAS
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v
ÚLTIMOS TRES DÍAS
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v
ADORNO Y HABITACIÓN
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+--> DÍA 4: LUMINARIAS
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+--> DÍA 5: PECES Y AVES
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+--> DÍA 6: ANIMALES TERRESTRES Y HOMBRE
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v
SÉPTIMO DÍA
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v
CONSUMACIÓN, DESCANSO, BENDICIÓN Y SANTIFICACIÓN
SANTO TOMÁS DE AQUINO CREACIÓN CORPÓREA --> INFOGRAFÍA.
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[ HOMBRE COMPUESTO DE ALMA Y CUERPO ]
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> COMPUESTO DE ALMA Y CUERPO
ARTÍCULO 1. EL ALMA, ¿ES O NO ES CUERPO?
El alma es el primer principio de la vida en los seres vivientes. La vida se manifiesta mediante el conocimiento y el movimiento, pero estos actos poseen instrumentos corporales que reciben su capacidad vital de un principio superior. El cuerpo posee vida en cuanto está actualizado por el alma. Por esto el alma es acto del cuerpo y principio primero de sus operaciones vitales. Su naturaleza corresponde a un principio que actualiza al cuerpo y permite que sea un viviente.
ARTÍCULO 2. EL ALMA HUMANA, ¿ES O NO ES ALGO SUBSISTENTE?
El alma humana posee subsistencia propia porque puede existir como principio intelectual más allá de la dependencia corporal. El alma es una realidad espiritual que recibe el ser de Dios y posee una operación propia del entendimiento. Su unión con el cuerpo constituye al hombre, pero la capacidad intelectual manifiesta una dimensión del alma que posee existencia propia. Esta subsistencia fundamenta la permanencia del alma después de la separación del cuerpo.
ARTÍCULO 3. LAS ALMAS DE LOS SERES IRRACIONALES, ¿SON O NO SON SUBSISTENTES?
Las almas de los animales irracionales ejercen operaciones vitales mediante órganos corporales. Su conocimiento sensible, su apetito y sus movimientos dependen de las disposiciones del cuerpo. Estas almas poseen una realidad vital proporcionada al cuerpo que actualizan y encuentran en él el sujeto de su existencia. Por eso, cuando el cuerpo deja de existir, también termina la existencia propia de estas almas.
ARTÍCULO 4. EL ALMA, ¿ES O NO ES EL HOMBRE?
El hombre está constituido por alma y cuerpo. El alma representa el principio formal que actualiza al cuerpo y determina la vida humana, mientras el cuerpo aporta la dimensión material del compuesto. El alma posee una dignidad propia como principio espiritual, pero el hombre considerado en sentido pleno es el compuesto de alma y cuerpo. De este modo, la persona humana posee unidad sustancial y una naturaleza integrada.
ARTÍCULO 5. EL ALMA, ¿ESTÁ O NO ESTÁ COMPUESTA DE MATERIA Y FORMA?
El alma humana es una forma subsistente y posee una estructura distinta de los seres materiales compuestos de materia y forma. Su subsistencia procede de su propia naturaleza espiritual. El alma recibe el ser directamente de Dios y actúa como forma del cuerpo. Su condición espiritual permite explicar simultáneamente su unión con el cuerpo y su permanencia separada de él.
ARTÍCULO 6. EL ALMA HUMANA, ¿ES O NO ES INCORRUPTIBLE?
El alma humana es incorruptible porque posee el ser como forma subsistente. La corrupción afecta a los seres cuya estructura permite que una forma deje de informar la materia. El alma intelectual posee una existencia propia y una operación intelectual que trasciende las condiciones materiales. Además, todo ser intelectual posee una inclinación natural a permanecer en el ser. Esta inclinación corresponde a una tendencia fundada en su naturaleza.
ARTÍCULO 7. EL ALMA HUMANA, ¿ES O NO ES DE LA MISMA ESPECIE QUE EL ÁNGEL?
El alma humana y el ángel pertenecen a especies diferentes. Las sustancias espirituales poseen diversidad específica según sus grados propios de perfección. El alma humana posee una naturaleza ordenada a unirse al cuerpo y su conocimiento parte de las realidades sensibles. El ángel posee una operación intelectual propia de una sustancia separada. La diferencia entre ambos pertenece a su naturaleza y a su modo propio de conocer.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> UNIÓN DEL ALMA CON EL CUERPO.
ARTÍCULO 1. EL PRINCIPIO INTELECTIVO, ¿SE UNE O NO SE UNE AL CUERPO COMO FORMA?
El principio intelectivo se une al cuerpo como forma y constituye con él una unidad sustancial. El alma intelectiva es la forma del cuerpo humano y proporciona al hombre su ser específico. La misma alma realiza las funciones vegetativas, sensitivas e intelectivas, porque las capacidades inferiores pertenecen al principio vital superior que constituye al hombre. Así se explica la unidad del ser humano.
ARTÍCULO 2. EL PRINCIPIO INTELECTIVO, ¿SE MULTIPLICA O NO SE MULTIPLICA CONFORME SE MULTIPLICAN LOS CUERPOS?
Cada cuerpo humano posee su propia alma intelectiva. La multiplicación de los seres humanos implica la multiplicación de las almas, porque cada alma corresponde a un cuerpo humano determinado como su forma. La unidad específica de la naturaleza humana se conserva mediante la misma especie del alma, mientras la pluralidad de individuos corresponde a la pluralidad de almas.
ARTÍCULO 3. EN EL HOMBRE, ADEMÁS DEL ALMA INTELECTIVA, ¿HAY O NO HAY OTRAS ALMAS DIFERENTES ESENCIALMENTE?
En el hombre existe una sola alma sustancial, la intelectiva. Esta alma posee las capacidades propias de la vida vegetativa, sensitiva e intelectiva. Las funciones de nutrición, crecimiento, generación, sensación, movimiento, apetito y entendimiento proceden de un único principio vital. La unidad del alma explica la unidad sustancial del hombre.
ARTÍCULO 4. EN EL HOMBRE, ADEMÁS DEL ALMA INTELECTIVA, ¿HAY O NO HAY OTRA FORMA?
El alma intelectiva es la única forma sustancial del hombre. El cuerpo recibe de ella su actualidad y su organización esencial. Las diversas disposiciones corporales pertenecen al modo de ser del cuerpo informado por el alma y constituyen condiciones para sus operaciones. La unidad formal explica que el hombre sea una sola sustancia compuesta de alma y cuerpo.
ARTÍCULO 5. ¿ES O NO ES CONVENIENTE QUE EL ALMA INTELECTIVA SE UNA AL CUERPO CORRESPONDIENTE?
La unión del alma intelectiva con el cuerpo corresponde a la naturaleza humana. El alma humana posee un grado de intelectualidad que se realiza mediante operaciones relacionadas con las imágenes sensibles. El cuerpo proporciona al alma el ámbito necesario para su conocimiento propio durante la vida terrena. La unión constituye, por tanto, una condición adecuada a la naturaleza humana.
ARTÍCULO 6. EL ALMA INTELECTIVA, ¿SE UNE O NO SE UNE AL CUERPO MEDIANTE DETERMINADAS DISPOSICIONES ACCIDENTALES?
El alma se une al cuerpo como forma sustancial. Las disposiciones corporales preparan la materia para recibir la forma y permiten determinadas operaciones, pero la unión fundamental procede de la relación entre el alma como forma y el cuerpo como materia. Las disposiciones corporales acompañan la unión y favorecen sus operaciones.
ARTÍCULO 7. EL ALMA, ¿SE UNE O NO SE UNE AL CUERPO MEDIANTE ALGÚN CUERPO?
El alma se une directamente al cuerpo que actualiza. La unidad entre ambos procede de la relación formal y material propia de la naturaleza humana. La existencia de un cuerpo intermedio introduciría una estructura distinta de la unidad sustancial humana. El alma informa directamente al cuerpo y constituye con él una única realidad humana.
ARTÍCULO 8. EL ALMA, ¿ESTÁ O NO ESTÁ TOTALMENTE EN CUALQUIER PARTE DEL CUERPO?
El alma está presente en todo el cuerpo y en cada una de sus partes según su totalidad formal. Cada parte corporal recibe su ser vital por su relación con el alma, aunque las diversas partes poseen operaciones diferentes. El alma actúa como principio de la unidad corporal completa. Su presencia corresponde al cuerpo entero como forma y principio vital.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> POTENCIAS DEL ALMA EN GENERAL.
ARTÍCULO 1. LA MISMA ESENCIA DEL ALMA, ¿ES O NO ES SU POTENCIA?
La esencia del alma y sus potencias poseen razones distintas. El alma es el principio sustancial de las operaciones, mientras las potencias son principios próximos mediante los cuales se realizan operaciones determinadas. Una misma alma posee varias capacidades porque sus operaciones alcanzan objetos y niveles diferentes. La distinción de potencias permite explicar la riqueza operativa de la vida humana.
ARTÍCULO 2. ¿HAY O NO HAY MUCHAS POTENCIAS DEL ALMA?
Existen muchas potencias del alma porque existen diversos géneros de operaciones vitales. La nutrición, la sensación, el movimiento, el apetito y el entendimiento poseen objetos y modos de actuación diferentes. La unidad del alma contiene una pluralidad ordenada de capacidades. Esta diversidad corresponde a los diversos grados de perfección presentes en el ser humano.
ARTÍCULO 3. LAS POTENCIAS, ¿SE DISTINGUEN O NO SE DISTINGUEN POR LOS ACTOS Y OBJETOS?
Las potencias se distinguen por sus actos y objetos. El acto manifiesta la naturaleza propia de una potencia, mientras el objeto determina el ámbito al que se dirige. Una misma realidad puede ser objeto de capacidades diferentes según las relaciones diversas que establece con ellas. Por esto, la diversidad de objetos y operaciones permite distinguir las potencias.
ARTÍCULO 4. EN LAS POTENCIAS DEL ALMA, ¿HAY O NO HAY ORDEN?
Existe orden entre las potencias del alma según su perfección y dependencia. Las potencias superiores pueden contener virtualmente las inferiores y algunas operaciones superiores requieren condiciones proporcionadas por capacidades inferiores. El alma presenta así una estructura jerárquica en la que las potencias se ordenan desde las funciones vegetativas hasta las intelectivas.
ARTÍCULO 5. TODAS LAS POTENCIAS DEL ALMA, ¿ESTÁN O NO ESTÁN EN EL ALMA COMO EN SU SUJETO?
Las potencias pertenecen al alma como principios de operación, pero aquellas que requieren órganos corporales tienen también una dependencia del cuerpo. Las potencias sensitivas poseen órganos determinados; las potencias intelectivas poseen como sujeto inmediato el alma. Esta distinción explica las diferentes condiciones operativas de las capacidades humanas.
ARTÍCULO 6. LAS POTENCIAS DEL ALMA, ¿DIMANAN O NO DIMANAN DE SU ESENCIA?
Las potencias proceden de la esencia del alma como capacidades que expresan sus diversos grados de perfección. Cada potencia se relaciona con una operación propia y con un objeto determinado. El alma contiene virtualmente las raíces de sus operaciones y las potencias manifiestan esa riqueza operativa en actos concretos.
ARTÍCULO 7. LAS POTENCIAS DEL ALMA, ¿SE ORIGINAN O NO SE ORIGINAN TODAS DEL MISMO MODO?
Las potencias proceden del alma según diversos órdenes y requieren disposiciones distintas. Las capacidades vegetativas y sensitivas guardan una relación estrecha con el cuerpo, mientras las intelectivas pertenecen al alma como principio espiritual. La diversidad de operaciones explica la diversidad de su procedencia inmediata.
ARTÍCULO 8. TODAS LAS POTENCIAS DEL ALMA, ¿PERMANECEN O NO PERMANECEN EN EL ALMA UNA VEZ SEPARADA DEL CUERPO?
Las potencias propias del alma como sustancia espiritual permanecen en el alma separada según su naturaleza. Las capacidades que dependen esencialmente de órganos corporales quedan en condición distinta, porque su ejercicio requiere el cuerpo. La separación modifica el modo operativo del alma y conserva las capacidades que pertenecen propiamente a su dimensión espiritual.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> POTENCIAS DEL ALMA EN ESPECIAL.
ARTÍCULO 1. ¿SON O NO SON CINCO LOS GÉNEROS DE LAS POTENCIAS DEL ALMA QUE HAY QUE DISTINGUIR?
Se distinguen cinco géneros fundamentales de potencias: vegetativas, sensitivas, apetitivas, locomotrices e intelectivas. Esta división corresponde a los grandes modos de operación vital. Las capacidades inferiores sirven de base a las superiores y las superiores integran perfecciones de las inferiores. El orden expresa una progresión desde la vida corporal hasta la actividad intelectual.
ARTÍCULO 2. ¿ESTÁN O NO ESTÁN ASIGNADAS CORRECTAMENTE LAS PARTES VEGETATIVAS, ES DECIR, NUTRITIVA, AUMENTATIVA Y GENERATIVA?
Las funciones vegetativas se distinguen según nutrición, crecimiento y generación. La nutrición conserva al individuo; el crecimiento desarrolla el cuerpo hasta su dimensión adecuada; la generación asegura la conservación de la especie. Cada operación posee un objeto y una finalidad propia dentro de la vida orgánica.
ARTÍCULO 3. ¿ES O NO ES CORRECTA LA DISTINCIÓN EN CINCO SENTIDOS EXTERIORES?
Los cinco sentidos exteriores corresponden a cinco modos determinados de recepción sensible: vista, oído, olfato, gusto y tacto. Cada sentido posee un objeto propio y una estructura corporal proporcionada a su operación. El tacto ocupa una condición fundamental porque acompaña a todos los animales y se relaciona directamente con la conservación de la vida.
ARTÍCULO 4. LOS SENTIDOS INTERIORES, ¿ESTÁN O NO ESTÁN DISTINGUIDOS CORRECTAMENTE?
Los sentidos interiores permiten integrar, conservar y valorar las percepciones recibidas por los sentidos externos. El sentido común reúne las sensaciones; la imaginación conserva las formas sensibles; la memoria conserva experiencias y significados; la facultad estimativa o cogitativa reconoce relaciones particulares útiles para la acción. Estas capacidades completan la actividad de los sentidos externos.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> POTENCIAS EN GENERAL.
ARTÍCULO 1. LA MISMA ESENCIA DEL ALMA, ¿ES O NO ES SU POTENCIA?
La esencia del alma y sus potencias poseen razones distintas. El alma es el principio sustancial de las operaciones, mientras las potencias son principios próximos mediante los cuales se realizan operaciones determinadas. Una misma alma posee varias capacidades porque sus operaciones alcanzan objetos y niveles diferentes. La distinción de potencias permite explicar la riqueza operativa de la vida humana.
ARTÍCULO 2. ¿HAY O NO HAY MUCHAS POTENCIAS DEL ALMA?
Existen muchas potencias del alma porque existen diversos géneros de operaciones vitales. La nutrición, la sensación, el movimiento, el apetito y el entendimiento poseen objetos y modos de actuación diferentes. La unidad del alma contiene una pluralidad ordenada de capacidades. Esta diversidad corresponde a los diversos grados de perfección presentes en el ser humano.
ARTÍCULO 3. LAS POTENCIAS, ¿SE DISTINGUEN O NO SE DISTINGUEN POR LOS ACTOS Y OBJETOS?
Las potencias se distinguen por sus actos y objetos. El acto manifiesta la naturaleza propia de una potencia, mientras el objeto determina el ámbito al que se dirige. Una misma realidad puede ser objeto de capacidades diferentes según las relaciones diversas que establece con ellas. Por esto, la diversidad de objetos y operaciones permite distinguir las potencias.
ARTÍCULO 4. EN LAS POTENCIAS DEL ALMA, ¿HAY O NO HAY ORDEN?
Existe orden entre las potencias del alma según su perfección y dependencia. Las potencias superiores pueden contener virtualmente las inferiores y algunas operaciones superiores requieren condiciones proporcionadas por capacidades inferiores. El alma presenta así una estructura jerárquica en la que las potencias se ordenan desde las funciones vegetativas hasta las intelectivas.
ARTÍCULO 5. TODAS LAS POTENCIAS DEL ALMA, ¿ESTÁN O NO ESTÁN EN EL ALMA COMO EN SU SUJETO?
Las potencias pertenecen al alma como principios de operación, pero aquellas que requieren órganos corporales tienen también una dependencia del cuerpo. Las potencias sensitivas poseen órganos determinados; las potencias intelectivas poseen como sujeto inmediato el alma. Esta distinción explica las diferentes condiciones operativas de las capacidades humanas.
ARTÍCULO 6. LAS POTENCIAS DEL ALMA, ¿DIMANAN O NO DIMANAN DE SU ESENCIA?
Las potencias proceden de la esencia del alma como capacidades que expresan sus diversos grados de perfección. Cada potencia se relaciona con una operación propia y con un objeto determinado. El alma contiene virtualmente las raíces de sus operaciones y las potencias manifiestan esa riqueza operativa en actos concretos.
ARTÍCULO 7. LAS POTENCIAS DEL ALMA, ¿SE ORIGINAN O NO SE ORIGINAN TODAS DEL MISMO MODO?
Las potencias proceden del alma según diversos órdenes y requieren disposiciones distintas. Las capacidades vegetativas y sensitivas guardan una relación estrecha con el cuerpo, mientras las intelectivas pertenecen al alma como principio espiritual. La diversidad de operaciones explica la diversidad de su procedencia inmediata.
ARTÍCULO 8. TODAS LAS POTENCIAS DEL ALMA, ¿PERMANECEN O NO PERMANECEN EN EL ALMA UNA VEZ SEPARADA DEL CUERPO?
Las potencias propias del alma como sustancia espiritual permanecen en el alma separada según su naturaleza. Las capacidades que dependen esencialmente de órganos corporales quedan en condición distinta, porque su ejercicio requiere el cuerpo. La separación modifica el modo operativo del alma y conserva las capacidades que pertenecen propiamente a su dimensión espiritual.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> POTENCIAS DEL ALMA EN ESPECIAL.
ARTÍCULO 1. ¿SON O NO SON CINCO LOS GÉNEROS DE LAS POTENCIAS DEL ALMA QUE HAY QUE DISTINGUIR?
Se distinguen cinco géneros fundamentales de potencias: vegetativas, sensitivas, apetitivas, locomotrices e intelectivas. Esta división corresponde a los grandes modos de operación vital. Las capacidades inferiores sirven de base a las superiores y las superiores integran perfecciones de las inferiores. El orden expresa una progresión desde la vida corporal hasta la actividad intelectual.
ARTÍCULO 2. ¿ESTÁN O NO ESTÁN ASIGNADAS CORRECTAMENTE LAS PARTES VEGETATIVAS, ES DECIR, NUTRITIVA, AUMENTATIVA Y GENERATIVA?
Las funciones vegetativas se distinguen según nutrición, crecimiento y generación. La nutrición conserva al individuo; el crecimiento desarrolla el cuerpo hasta su dimensión adecuada; la generación asegura la conservación de la especie. Cada operación posee un objeto y una finalidad propia dentro de la vida orgánica.
ARTÍCULO 3. ¿ES O NO ES CORRECTA LA DISTINCIÓN EN CINCO SENTIDOS EXTERIORES?
Los cinco sentidos exteriores corresponden a cinco modos determinados de recepción sensible: vista, oído, olfato, gusto y tacto. Cada sentido posee un objeto propio y una estructura corporal proporcionada a su operación. El tacto ocupa una condición fundamental porque acompaña a todos los animales y se relaciona directamente con la conservación de la vida.
ARTÍCULO 4. LOS SENTIDOS INTERIORES, ¿ESTÁN O NO ESTÁN DISTINGUIDOS CORRECTAMENTE?
Los sentidos interiores permiten integrar, conservar y valorar las percepciones recibidas por los sentidos externos. El sentido común reúne las sensaciones; la imaginación conserva las formas sensibles; la memoria conserva experiencias y significados; la facultad estimativa o cogitativa reconoce relaciones particulares útiles para la acción. Estas capacidades completan la actividad de los sentidos externos.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> POTENCIAS INTELECTIVAS.
ARTÍCULO 1. EL ENTENDIMIENTO, ¿ES O NO ES UNA POTENCIA DEL ALMA?
El entendimiento es una potencia del alma y constituye una capacidad propia de su naturaleza espiritual. La esencia del alma posee la capacidad intelectual como una potencia destinada a una operación determinada. La distinción entre alma y entendimiento permite explicar que una misma alma posea diversas capacidades.
ARTÍCULO 2. EL ENTENDIMIENTO, ¿ES O NO ES POTENCIA PASIVA?
El entendimiento humano recibe las formas inteligibles y pasa de la potencia al acto de conocer. Esta recepción expresa su condición de potencia intelectual receptiva. Su conocimiento se realiza mediante la actualización de aquello que inicialmente posee como capacidad. Esta estructura explica el carácter progresivo del conocimiento humano.
ARTÍCULO 3. ¿HAY O NO HAY QUE PONER UN ENTENDIMIENTO AGENTE?
Existe un entendimiento agente porque las imágenes sensibles contienen las formas en condiciones particulares y el entendimiento humano requiere una actualización que permita captar su contenido inteligible. El entendimiento agente ilumina y abstrae la forma inteligible a partir de las imágenes. Así se establece la transición desde la experiencia sensible hacia el conocimiento intelectual.
ARTÍCULO 4. EL ENTENDIMIENTO AGENTE, ¿ES O NO ES ALGO DEL ALMA?
El entendimiento agente pertenece al alma humana. Su actividad corresponde a la capacidad intelectual mediante la cual el hombre convierte en inteligibles las formas presentes en las imágenes. Forma parte de la estructura propia del alma intelectiva y participa de su condición espiritual.
ARTÍCULO 5. EL ENTENDIMIENTO AGENTE, ¿ES O NO ES UNO EN TODOS?
Cada ser humano posee su propio entendimiento agente. La unidad de la naturaleza intelectual pertenece a la especie humana, mientras la existencia individual corresponde a cada alma. Cada hombre realiza personalmente su actividad intelectual mediante su propia capacidad cognoscitiva.
ARTÍCULO 6. LA MEMORIA, ¿ESTÁ O NO ESTÁ EN LA PARTE INTELECTIVA DEL ALMA?
Existe memoria intelectiva porque el entendimiento conserva aquello que ha conocido y puede volver a considerarlo. La memoria humana posee una dimensión intelectual distinta de la memoria sensible. El alma conserva las especies inteligibles y puede actualizar nuevamente conocimientos adquiridos.
ARTÍCULO 7. LA MEMORIA INTELECTIVA Y EL ENTENDIMIENTO, ¿SON O NO SON POTENCIAS DISTINTAS?
La memoria intelectiva y el entendimiento pertenecen a una misma capacidad intelectual considerada bajo funciones diferentes. La memoria expresa la retención de conocimientos, mientras el entendimiento expresa su actualidad cognoscitiva. La diferencia corresponde principalmente a las operaciones y relaciones propias de una misma potencia intelectual.
ARTÍCULO 8. LA RAZÓN, ¿ES O NO ES UNA POTENCIA DISTINTA DEL ENTENDIMIENTO?
Razón y entendimiento pertenecen a la misma potencia intelectual, considerada según modos diferentes de conocer. El entendimiento capta directamente lo inteligible, mientras la razón procede discursivamente desde principios hacia conclusiones. La razón expresa así el movimiento propio de la inteligencia humana.
ARTÍCULO 9. LA RAZÓN SUPERIOR Y LA INFERIOR, ¿SON O NO SON POTENCIAS DIVERSAS?
La razón superior y la inferior constituyen una misma capacidad intelectual ordenada a objetos diversos. La razón superior considera las realidades eternas y los principios que orientan la vida humana; la razón inferior considera las realidades temporales y las acciones humanas. La diferencia pertenece al objeto y al modo de ordenación.
ARTÍCULO 10. LA INTELIGENCIA, ¿ES O NO ES UNA POTENCIA DISTINTA DEL ENTENDIMIENTO?
Inteligencia y entendimiento designan una misma potencia intelectual bajo diversas denominaciones y consideraciones. El entendimiento recibe este nombre por su capacidad de conocer las formas inteligibles, mientras la inteligencia expresa la captación de lo inteligible. Ambos términos convergen en la misma facultad.
ARTÍCULO 11. EL ENTENDIMIENTO ESPECULATIVO Y EL PRÁCTICO, ¿SON O NO SON POTENCIAS DIVERSAS?
El entendimiento especulativo y el práctico pertenecen a una misma potencia. La diferencia procede de sus fines: el entendimiento especulativo ordena el conocimiento hacia la verdad, mientras el práctico ordena el conocimiento hacia la acción. Una misma capacidad intelectual puede dirigirse hacia ambos fines.
ARTÍCULO 12. LA SINDÉRESIS, ¿ES O NO ES UNA POTENCIA ESPECIAL DISTINTA DE LAS DEMÁS?
La sindéresis designa el hábito de los primeros principios prácticos. Su función consiste en conservar los principios fundamentales del orden de la acción y orientar el juicio práctico. Se relaciona con la razón como principio habitual de sus operaciones.
ARTÍCULO 13. LA CONCIENCIA, ¿ES O NO ES UNA DETERMINADA POTENCIA?
La conciencia es un acto mediante el cual se aplica el conocimiento a una acción o situación concreta. Su nombre expresa un conocimiento aplicado a algo conocido. La conciencia permite reconocer y juzgar los propios actos mediante la ciencia previamente poseída.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> POTENCIAS APETITIVAS EN GENERAL.
ARTÍCULO 1. EL APETITO, ¿ES O NO ES ALGUNA POTENCIA ESPECIAL DEL ALMA?
El apetito constituye una potencia propia porque expresa una inclinación hacia el bien conocido o hacia el bien natural. Todo ser tiende hacia aquello que le conviene según su naturaleza, pero en los vivientes esta inclinación posee formas específicas. El apetito sensible y el apetito intelectual pertenecen a órdenes diferentes de conocimiento y de tendencia.
ARTÍCULO 2. EL APETITO SENSITIVO Y EL INTELECTIVO, ¿SON O NO SON POTENCIAS DIVERSAS?
El apetito sensitivo y el intelectivo son potencias diferentes porque siguen formas diferentes de conocimiento. El apetito sensitivo responde al bien aprehendido por los sentidos; la voluntad responde al bien aprehendido por el entendimiento. La diferencia entre ambos corresponde al nivel de conocimiento que origina la tendencia.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> SENSUALIDAD.
ARTÍCULO 1. LA SENSUALIDAD, ¿ES O NO ES SOLAMENTE APETITIVA?
La sensualidad pertenece al orden apetitivo y expresa la tendencia sensible hacia los bienes corporales. Su movimiento sigue a la percepción sensible y busca aquello que aparece como conveniente para la naturaleza sensible. La sensualidad constituye así una dimensión apetitiva distinta de las capacidades cognoscitivas sensibles.
ARTÍCULO 2. EL APETITO SENSITIVO, ¿SE DIVIDE O NO SE DIVIDE EN IRASCIBLE Y CONCUPISCIBLE, COMO EN POTENCIAS DIVERSAS?
El apetito sensitivo se divide en concupiscible e irascible. El concupiscible se dirige hacia bienes sensibles considerados según su conveniencia inmediata; el irascible se orienta hacia bienes difíciles de alcanzar y hacia los obstáculos que aparecen en su consecución. Ambos pertenecen al mismo apetito sensible y cumplen funciones diferentes.
ARTÍCULO 3. LO IRASCIBLE Y LO CONCUPISCIBLE, ¿ESTÁN O NO ESTÁN SOMETIDOS A LA RAZÓN?
Las potencias irascible y concupiscible están ordenadas a la razón porque el ser humano posee una estructura en la que las capacidades inferiores pueden ser dirigidas por las superiores. La razón proporciona la medida de la acción y orienta los movimientos sensibles hacia el bien humano. Esta ordenación permite la integración de las tendencias sensibles dentro de la vida racional.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> VOLUNTAD.
ARTÍCULO 1. LO QUE LA VOLUNTAD DESEA, ¿LO DESEA O NO LO DESEA POR NECESIDAD?
La voluntad posee una inclinación natural hacia el bien universal. El bien aprehendido como bien constituye el objeto propio de la voluntad y orienta su tendencia. Esta inclinación fundamenta una necesidad natural hacia la felicidad, entendida como plenitud del bien.
ARTÍCULO 2. LO QUE LA VOLUNTAD QUIERE, SEA LO QUE SEA, ¿LO QUIERE O NO LO QUIERE POR NECESIDAD?
La voluntad puede dirigirse hacia bienes particulares mediante elección. Estos bienes poseen aspectos diversos de conveniencia y pueden presentarse de maneras distintas ante el entendimiento. La libertad surge en este ámbito de bienes particulares porque la voluntad permanece abierta a diferentes formas de realización del bien.
ARTÍCULO 3. LA VOLUNTAD, ¿ES O NO ES UNA POTENCIA MÁS DIGNA QUE EL ENTENDIMIENTO?
La dignidad relativa del entendimiento y de la voluntad se determina por sus objetos y operaciones. El entendimiento recibe la verdad, mientras la voluntad tiende hacia el bien. La verdad y el bien están íntimamente relacionados, y cada potencia posee una excelencia propia según el aspecto bajo el cual alcanza su objeto.
ARTÍCULO 4. LA VOLUNTAD, ¿IMPULSA O NO IMPULSA AL ENTENDIMIENTO?
La voluntad mueve las potencias hacia sus operaciones en cuanto dirige al sujeto hacia aquello que considera conveniente. El entendimiento presenta el bien conocido y la voluntad impulsa hacia él. Existe así una interacción ordenada entre conocimiento y tendencia, en la cual la voluntad puede mover al entendimiento a considerar determinados objetos.
ARTÍCULO 5. LO IRASCIBLE Y LO CONCUPISCIBLE, ¿DEBEN O NO DEBEN DISTINGUIRSE EN EL APETITO SUPERIOR, QUE ES LA VOLUNTAD?
La voluntad constituye un apetito intelectual simple y carece de la división propia del apetito sensible. La distinción entre irascible y concupiscible corresponde a diferentes modos de tendencia sensible. La voluntad puede relacionarse con bienes difíciles y bienes agradables, pero conserva una misma potencia intelectual.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> LIBRE ALBEDRÍO.
ARTÍCULO 1. EL HOMBRE, ¿TIENE O NO TIENE LIBRE ALBEDRÍO?
El hombre posee libre albedrío porque posee entendimiento y voluntad. El entendimiento conoce diversas posibilidades de acción y la voluntad puede tender hacia ellas según el juicio racional. La libertad pertenece a la capacidad de actuar mediante elección y constituye una dimensión esencial de la responsabilidad humana.
ARTÍCULO 2. EL LIBRE ALBEDRÍO, ¿ES O NO ES UNA POTENCIA?
El libre albedrío designa una potencia en cuanto principio de elección. La elección implica conocimiento y voluntad, pero el libre albedrío se refiere principalmente a la capacidad apetitiva mediante la cual el hombre elige entre bienes particulares. Su actividad expresa la libertad propia de la criatura racional.
ARTÍCULO 3. EL LIBRE ALBEDRÍO, ¿ES O NO ES UNA POTENCIA APETITIVA?
El libre albedrío pertenece al apetito porque elegir implica querer una posibilidad entre varias. El entendimiento presenta las alternativas y la voluntad realiza la elección. La libertad posee así una estructura en la que conocimiento y apetito cooperan bajo la primacía de la voluntad.
ARTÍCULO 4. EL LIBRE ALBEDRÍO, ¿ES O NO ES UNA POTENCIA DISTINTA DE LA VOLUNTAD?
El libre albedrío y la voluntad corresponden a una misma potencia considerada según operaciones diferentes. La voluntad expresa la tendencia racional hacia el bien, mientras el libre albedrío expresa la capacidad de elegir entre posibilidades particulares. La libertad se encuentra, por tanto, en la misma potencia voluntaria.
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[ CONOCIMIENTO INTELECTUAL DE LAS COSAS CORPORALES ]
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> CONOCIMIENTO INTELECTUAL DE LAS COSAS CORPORALES.
ARTÍCULO 1. EL ALMA, ¿CONOCE O NO CONOCE LO CORPORAL POR EL ENTENDIMIENTO?
El alma humana conoce las realidades corporales mediante el entendimiento. Los sentidos reciben las formas sensibles y las imágenes conservan su representación. El entendimiento abstrae de ellas las formas inteligibles y alcanza así un conocimiento universal. El proceso intelectual parte de la realidad sensible y alcanza su contenido inteligible.
ARTÍCULO 2. EL ALMA, ¿CONOCE O NO CONOCE LO CORPORAL POR SU ESENCIA?
El alma conoce las cosas corporales mediante sus capacidades cognoscitivas y mediante las formas inteligibles obtenidas de la experiencia. La esencia del alma constituye el principio de conocer, mientras los objetos corporales proporcionan aquello que el entendimiento conoce. El conocimiento humano requiere una relación entre sujeto cognoscente, imágenes y formas inteligibles.
ARTÍCULO 3. EL ALMA, ¿LO CONOCE O NO LO CONOCE TODO POR LAS ESPECIES IMPRESAS NATURALMENTE EN ELLA?
El entendimiento humano posee capacidad natural para conocer, pero las formas inteligibles de las cosas materiales proceden de la experiencia sensible. Las especies inteligibles se reciben en el entendimiento mediante la actividad del entendimiento agente. La estructura cognoscitiva humana se desarrolla mediante la relación entre capacidad intelectual y realidad sensible.
ARTÍCULO 4. LAS ESPECIES INTELIGIBLES, ¿PASAN O NO PASAN AL ALMA PROVENIENTES DE ALGUNAS FORMAS SEPARADAS?
Las especies inteligibles humanas proceden de las realidades sensibles mediante la operación intelectual. El conocimiento humano posee un modo propio adecuado a su condición corporal. El entendimiento agente permite extraer lo inteligible de las imágenes y hacer posible el conocimiento intelectual.
ARTÍCULO 5. EL ALMA INTELECTIVA, ¿CONOCE O NO CONOCE LAS COSAS MATERIALES EN LAS RAZONES ETERNAS?
Las razones eternas constituyen la verdad divina que fundamenta todo conocimiento verdadero. El alma humana conoce las cosas materiales mediante sus propias formas inteligibles y alcanza la verdad en cuanto participa de la luz intelectual primera. La verdad creada posee así un fundamento superior en Dios.
ARTÍCULO 6. EL CONOCIMIENTO INTELECTUAL, ¿PARTE O NO PARTE DE LAS COSAS SENSIBLES?
El conocimiento humano comienza desde las realidades sensibles. Los sentidos proporcionan imágenes y experiencias a partir de las cuales el entendimiento abstrae las formas inteligibles. El conocimiento intelectual conserva una estructura espiritual propia, pero su punto de partida durante la vida terrena se encuentra en la experiencia sensible.
ARTÍCULO 7. EL ENTENDIMIENTO, ¿PUEDE O NO PUEDE CONOCER, DE HECHO, MEDIANTE LAS ESPECIES INTELIGIBLES QUE YA POSEE SIN RECURRIR A LAS IMÁGENES?
El entendimiento puede actualizar conocimientos ya adquiridos mediante las especies inteligibles que conserva. Durante la vida corporal, las imágenes sensibles mantienen una función importante para el conocimiento, porque la condición humana relaciona el entendimiento con la imaginación. La actividad intelectual posee así una dependencia funcional de las representaciones sensibles.
ARTÍCULO 8. EL JUICIO DEL ENTENDIMIENTO, ¿QUEDA O NO QUEDA IMPEDIDO CUANDO EL SENTIDO ESTÁ ANULADO?
El juicio intelectual puede verse afectado por la alteración de los sentidos cuando la operación intelectual requiere imágenes y representaciones sensibles. Durante el sueño, la enfermedad u otras condiciones semejantes, las facultades inferiores modifican las condiciones del conocimiento. La dependencia funcional del entendimiento respecto de las imágenes explica esta relación.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> CONOCER: MODO Y ORDEN.
ARTÍCULO 1. NUESTRO ENTENDIMIENTO, ¿CONOCE O NO CONOCE LO CORPORAL Y LO MATERIAL ABSTRAYENDO ESPECIES DE LAS IMÁGENES?
El entendimiento conoce las realidades materiales abstrayendo de las imágenes las formas inteligibles. La imagen representa una realidad particular, mientras el entendimiento alcanza la forma en un grado universal. Esta abstracción permite conocer la naturaleza de las cosas materiales mediante una operación intelectual propia. :contentReference[oaicite:1]{index=1} ARTÍCULO 2. LAS ESPECIES INTELIGIBLES ABSTRAÍDAS DE LAS IMÁGENES, ¿SE RELACIONAN O NO SE RELACIONAN CON NUESTRO ENTENDIMIENTO COMO LO QUE SE CONOCE?
Las especies inteligibles funcionan como medio mediante el cual el entendimiento conoce las cosas. El conocimiento intelectual alcanza la realidad mediante la forma inteligible presente en el entendimiento. La especie constituye una semejanza de la cosa conocida y permite que el entendimiento alcance su objeto.
ARTÍCULO 3. NUESTRO ENTENDIMIENTO, POR NATURALEZA, ¿CONOCE O NO CONOCE ANTES LO MÁS UNIVERSAL?
El conocimiento humano procede desde aquello que resulta más cercano a la experiencia hacia grados progresivos de universalidad. Las realidades particulares son conocidas mediante los sentidos y las imágenes; el entendimiento alcanza después las formas universales. El conocimiento universal se constituye mediante una operación intelectual sobre la experiencia.
ARTÍCULO 4. NUESTRO ENTENDIMIENTO, ¿PUEDE O NO PUEDE CONOCER SIMULTÁNEAMENTE MUCHAS COSAS?
El entendimiento puede considerar muchas cosas mediante una misma operación cuando están relacionadas bajo una unidad conceptual. La multiplicidad de objetos puede quedar integrada en un conocimiento común. La consideración intelectual posee una capacidad de reunir diversos contenidos bajo conceptos y relaciones.
ARTÍCULO 5. NUESTRO ENTENDIMIENTO, ¿CONOCE O NO CONOCE COMPONIENDO Y DIVIDIENDO?
El entendimiento compone y divide cuando formula juicios. Primero aprehende los términos y después establece entre ellos una relación afirmativa o negativa. Esta operación permite expresar la verdad mediante la adecuación entre el juicio intelectual y la realidad conocida.
ARTÍCULO 6. EL ENTENDIMIENTO, ¿PUEDE O NO PUEDE SER FALSO?
El entendimiento posee una relación directa con la verdad. En la simple aprehensión, el entendimiento recibe una forma inteligible; la posibilidad de error aparece especialmente cuando compone y divide mediante juicios. La verdad surge cuando el juicio intelectual corresponde con la realidad.
ARTÍCULO 7. ¿PUEDE O NO PUEDE ALGUIEN CONOCER MEJOR QUE OTRO UNA COSA?
Los hombres poseen grados diferentes de conocimiento. Esta diferencia procede de la mayor perfección de las potencias, de la calidad de los hábitos intelectuales y de la disposición de las imágenes y condiciones corporales. Así, una misma realidad puede ser comprendida con mayor profundidad por una persona que por otra.
ARTÍCULO 8. NUESTRO ENTENDIMIENTO, ¿CONOCE O NO CONOCE ANTES LO INDIVISIBLE QUE LO DIVISIBLE?
El entendimiento conoce primero aquello que puede ser captado como unidad inteligible. Después puede considerar las partes y relaciones que constituyen una realidad compleja. El conocimiento de lo divisible presupone una primera aprehensión intelectual de aquello que posee unidad.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> SOBRE LO QUE NUESTRO ENTENDIMIENTO PUEDE CONOCER.
ARTÍCULO 1. NUESTRO ENTENDIMIENTO, ¿CONOCE O NO CONOCE LO SINGULAR?
El entendimiento conoce lo singular mediante una relación con las imágenes y con las facultades sensibles. El entendimiento alcanza directamente las naturalezas universales, mientras el conocimiento de lo singular requiere la integración de la experiencia sensible. La razón humana puede reconocer al individuo mediante sus condiciones particulares.
ARTÍCULO 2. NUESTRO ENTENDIMIENTO, ¿PUEDE O NO PUEDE CONOCER LO INFINITO?
El entendimiento humano puede conocer lo infinito bajo determinadas razones y relaciones, pero la comprensión plena de un infinito actual supera su capacidad. El conocimiento humano alcanza aspectos de la infinitud según conceptos determinados. La infinitud divina pertenece a un orden superior de conocimiento.
ARTÍCULO 3. EL ENTENDIMIENTO, ¿CONOCE O NO CONOCE LO CONTINGENTE?
El entendimiento puede conocer lo contingente en cuanto presente y en cuanto objeto de una consideración intelectual. Lo contingente posee causas y condiciones que pueden ser conocidas. El conocimiento intelectual distingue la necesidad y la contingencia según el modo de ser de las cosas.
ARTÍCULO 4. NUESTRO ENTENDIMIENTO, ¿CONOCE O NO CONOCE LO FUTURO?
El futuro contingente pertenece a un orden de realidad que todavía se encuentra abierto en sus causas particulares. El entendimiento humano puede conocerlo mediante sus causas, conjeturas o signos, y alcanza certeza plena sobre él cuando interviene una causa que determina el acontecimiento. El conocimiento divino posee una certeza superior porque contempla todas las cosas en su eternidad.
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[ EL CONOCIMIENTO DEL ALMA Y DE SUS ACTOS ]
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> EL CONOCIMIENTO DEL ALMA Y DE SUS ACTOS.
ARTÍCULO 1. EL ALMA INTELECTIVA, ¿SE CONOCE O NO SE CONOCE A SÍ MISMA POR SU ESENCIA?
El alma humana posee conocimiento de sí misma mediante sus actos. Durante la vida terrena, el alma se conoce intelectualmente cuando percibe sus operaciones y reconoce en ellas la propia naturaleza. El conocimiento directo de la esencia del alma corresponde a una condición distinta de la simple percepción inmediata de sus actos. El alma llega a sí misma mediante su actividad intelectual.
ARTÍCULO 2. NUESTRO ENTENDIMIENTO, ¿CONOCE O NO CONOCE LOS HÁBITOS DEL ALMA POR LA ESENCIA PROPIA DE ELLOS?
Los hábitos intelectuales se conocen mediante sus actos. La operación manifiesta la existencia y naturaleza del hábito que la produce. El entendimiento reconoce sus disposiciones cognoscitivas al considerar la actividad que procede de ellas.
ARTÍCULO 3. EL ENTENDIMIENTO, ¿CONOCE O NO CONOCE SU PROPIO ACTO?
El entendimiento puede conocer su propio acto porque la operación intelectual puede convertirse en objeto de consideración. El conocimiento de una cosa incluye la posibilidad de reconocer el acto mediante el cual se conoce. El entendimiento alcanza así una forma de reflexión sobre su propia actividad.
ARTÍCULO 4. EL ENTENDIMIENTO, ¿CONOCE O NO CONOCE EL ACTO DE LA VOLUNTAD?
El entendimiento conoce el acto de la voluntad porque la voluntad pertenece a la misma alma y su operación se encuentra inteligiblemente relacionada con el entendimiento. El querer puede ser conocido tanto por la percepción de su acto como por la consideración de su naturaleza. Así, entendimiento y voluntad mantienen una relación interna dentro de la unidad del alma.
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[ CONOCIMIENTO DE LAS SUSTANCIAS INMATERIALES ]
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> CONOCIMIENTO DE LAS SUSTANCIAS INMATERIALES.
ARTÍCULO 1. EL ALMA HUMANA, EN EL ESTADO DE LA VIDA PRESENTE, ¿PUEDE O NO PUEDE CONOCER LAS SUSTANCIAS INMATERIALES?
El entendimiento humano posee capacidad espiritual, pero durante la vida terrena conoce según el modo propio de un alma unida al cuerpo. Las sustancias inmateriales exceden el modo directo de conocimiento propio de la experiencia humana. El hombre puede alcanzar conocimiento de ellas mediante sus efectos y mediante la consideración de sus causas, mientras el conocimiento directo corresponde a condiciones superiores.
ARTÍCULO 2. ¿PUEDE O NO PUEDE LLEGAR A SU CONOCIMIENTO A TRAVÉS DEL CONOCIMIENTO DE LAS COSAS MATERIALES?
El hombre puede elevarse desde las criaturas materiales hacia el conocimiento de las realidades espirituales. Las cosas visibles manifiestan efectos, perfecciones y causas que permiten ascender intelectualmente hacia aquello que las trasciende. El conocimiento de lo espiritual procede así mediante signos y efectos proporcionados a la capacidad humana.
ARTÍCULO 3. DIOS, ¿ES O NO ES LO PRIMERO QUE NOSOTROS CONOCEMOS?
Durante la vida terrena, el primer objeto conocido por el entendimiento humano son las realidades materiales. El conocimiento de Dios se alcanza mediante las criaturas y mediante la consideración de aquello que manifiesta su causa. La luz intelectual procede de Dios, pero esta luz actúa como principio del conocer y permanece distinta del objeto inmediatamente conocido.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> CONOCIMIENTO DEL ALMA SEPARADA.
ARTÍCULO 1. EL ALMA SEPARADA, ¿PUEDE O NO PUEDE CONOCER ALGO?
El alma separada conserva capacidad intelectual y posee un modo de conocer distinto del que tiene durante su unión con el cuerpo. Separada de los órganos, recibe las condiciones propias de una sustancia espiritual. Puede conocer mediante formas inteligibles proporcionadas a su estado y puede alcanzar objetos que durante la vida corporal conoce de manera diferente.
ARTÍCULO 2. EL ALMA SEPARADA, ¿CONOCE O NO CONOCE LAS SUSTANCIAS SEPARADAS?
El alma separada puede conocer las sustancias separadas según el modo intelectual propio de su estado. La separación del cuerpo permite una operación intelectual más independiente de las imágenes sensibles. Este conocimiento permanece proporcionado al grado propio del alma y a la iluminación que recibe.
ARTÍCULO 3. EL ALMA SEPARADA, ¿CONOCE O NO CONOCE TODO LO NATURAL?
El alma separada posee un conocimiento más amplio de las realidades naturales, pero su ciencia permanece proporcionada a las formas inteligibles recibidas. La separación corporal modifica el modo de conocimiento y permite un acceso más espiritual a las realidades. La plenitud absoluta del conocimiento natural pertenece a un orden superior.
ARTÍCULO 4. EL ALMA SEPARADA, ¿CONOCE O NO CONOCE LO SINGULAR?
El alma separada puede conocer lo singular mediante formas y relaciones proporcionadas a su estado. La singularidad puede ser conocida cuando se encuentran disponibles las condiciones inteligibles que permiten reconocer un individuo determinado. La separación del cuerpo modifica los medios de conocimiento y amplía su independencia respecto de los sentidos.
ARTÍCULO 5. EL HÁBITO CIENTÍFICO ADQUIRIDO AQUÍ, ¿PERMANECE O NO PERMANECE EN EL ALMA SEPARADA?
El hábito científico adquirido durante la vida permanece en el alma separada porque pertenece al entendimiento como perfección estable. La separación del cuerpo conserva la disposición intelectual adquirida. El modo de ejercerla cambia porque el alma posee condiciones cognoscitivas diferentes.
ARTÍCULO 6. EL ACTO CIENTÍFICO ADQUIRIDO AQUÍ, ¿PERMANECE O NO PERMANECE EN EL ALMA SEPARADA?
Los actos concretos de conocimiento pertenecen a las condiciones operativas propias de la vida corporal. El hábito intelectual permanece como disposición, mientras el acto requiere una actualización según el estado del alma separada. La ciencia adquirida conserva así su fundamento habitual.
ARTÍCULO 7. LA DISTANCIA LOCAL, ¿IMPIDE O NO IMPIDE EL CONOCIMIENTO DEL ALMA SEPARADA?
La distancia local carece de capacidad para impedir por sí misma el conocimiento intelectual del alma separada. Lo que se encuentra distante en el espacio sigue poseyendo realidad actual y puede ser conocido mediante una forma intelectual. La distancia temporal posee una condición diferente porque lo futuro todavía carece de actualidad propia. :contentReference[oaicite:2]{index=2} ARTÍCULO 8. LAS ALMAS SEPARADAS, ¿CONOCEN O NO CONOCEN LO QUE AQUÍ SUCEDE?
Las almas separadas pueden conocer determinados acontecimientos de la vida terrena. Este conocimiento depende de las formas inteligibles y de la disposición mediante la cual reciben conocimiento. La distancia local resulta irrelevante para el conocimiento intelectual; la relación con los acontecimientos requiere una razón cognoscitiva proporcionada.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> EL ALMA.
ARTÍCULO 1. EL ALMA, ¿ES ALGO HECHO O ES DE LA SUSTANCIA DEL MISMO DIOS?
El alma humana es una criatura producida por Dios y posee una sustancia propia. Su naturaleza espiritual recibe el ser de Dios y conserva una estructura distinta de la esencia divina. Dios es acto puro y plenitud absoluta del ser, mientras el alma recibe el ser y posee capacidades que expresan su condición creada. Por esto el alma pertenece al orden de las criaturas espirituales.
ARTÍCULO 2. ¿EL ALMA ES O NO ES CREADA?
El alma humana es creada directamente en cuanto a su origen. Crear significa producir el ser desde su principio radical, y el alma posee una naturaleza que requiere este modo de origen. La generación corporal explica la producción de determinados seres materiales, mientras el alma racional requiere la acción creadora de Dios.
ARTÍCULO 3. EL ALMA RACIONAL, ¿ES O NO ES CREADA DIRECTAMENTE POR DIOS?
El alma racional es creada directamente por Dios. Su naturaleza espiritual carece de una materia corporal capaz de producirla mediante transformación. Dios es el único principio capaz de producir directamente una realidad espiritual de esta naturaleza. La creación del alma manifiesta su dignidad propia.
ARTÍCULO 4. EL ALMA HUMANA, ¿FUE O NO FUE CREADA ANTES DEL CUERPO?
El alma humana fue creada en relación con el cuerpo al que corresponde como forma. La naturaleza humana exige la unidad de alma y cuerpo, y la formación del hombre alcanza su plenitud en el compuesto. El alma posee prioridad formal porque es principio del cuerpo, mientras la existencia del hombre corresponde a la unión de ambos.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> EL CUERPO.
ARTÍCULO 1. EL PRIMER HOMBRE, ¿FUE O NO FUE HECHO DEL BARRO?
El primer hombre fue formado del barro. Esta materia expresa la condición corporal del hombre y su pertenencia al orden de las criaturas terrenas. Dios dispuso el cuerpo humano de manera adecuada para recibir el alma racional. La formación a partir de la tierra manifiesta simultáneamente la condición material del hombre y la acción creadora de Dios.
ARTÍCULO 2. EL CUERPO HUMANO, ¿ES O NO ES HECHO DIRECTAMENTE POR DIOS?
El cuerpo humano procede directamente de Dios en su primera formación. La materia corporal posee capacidad para recibir formas, pero la organización del primer cuerpo humano responde a una acción divina especial. La dignidad del hombre exige una disposición corporal proporcionada a la naturaleza racional que lo constituye.
ARTÍCULO 3. EL CUERPO HUMANO, ¿FUE O NO FUE CORRECTAMENTE DISPUESTO?
El cuerpo humano posee una disposición adecuada a la vida racional. Sus características corporales favorecen el uso de las manos, la posición erguida, la actividad intelectual y la relación con el mundo. Las ventajas corporales de otros animales corresponden a funciones particulares, mientras el hombre recibe una disposición global orientada a su naturaleza racional.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> ORIGEN DE LA MUJER.
ARTÍCULO 1. AL PRODUCIR LAS PRIMERAS COSAS, ¿DEBIÓ O NO DEBIÓ SER HECHA LA MUJER?
La mujer pertenece al orden querido por Dios desde la primera institución de las cosas. La naturaleza humana comprende varón y mujer, y la generación, la vida doméstica y la cooperación propia de la especie requieren esta distinción. La mujer posee una función propia dentro de la comunidad humana y forma parte de la perfección del orden creado.
ARTÍCULO 2. LA MUJER, ¿DEBIÓ O NO DEBIÓ SER HECHA DEL HOMBRE?
La mujer fue formada del hombre para expresar una relación especial de unidad. Esta procedencia favorece la unión del varón y de la mujer y manifiesta que ambos pertenecen a una misma naturaleza. También contiene un significado sacramental relacionado con la unidad entre Cristo y la Iglesia. La mujer aparece así como ayuda semejante al hombre y como participante de la misma especie.
ARTÍCULO 3. LA MUJER, ¿DEBIÓ O NO DEBIÓ SER FORMADA A PARTIR DE LA COSTILLA DEL HOMBRE?
La formación de la mujer a partir de la costilla expresa proximidad y comunidad de naturaleza. La imagen de la costilla manifiesta una relación especial entre ambos y favorece la comprensión de la unión matrimonial. El relato posee además un sentido simbólico referido a la unidad entre Cristo y la Iglesia.
ARTÍCULO 4. LA MUJER, ¿FUE O NO FUE HECHA DIRECTAMENTE POR DIOS?
La mujer fue formada directamente por Dios. Aunque su cuerpo procede de la materia corporal del hombre, la organización de esa materia en una nueva realidad humana requiere la acción divina. Dios es quien da a la materia la forma y disposición correspondientes a la mujer.
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[ FIN U OBJETIVO DEL HOMBRE: LA IMAGEN DE DIOS ]
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> FIN U OBJETIVO DEL HOMBRE: LA IMAGEN DE DIOS.
ARTÍCULO 1. LA IMAGEN DE DIOS, ¿ESTÁ O NO ESTÁ EN EL HOMBRE?
El hombre posee la imagen de Dios porque posee una naturaleza intelectual capaz de conocer y amar. La imagen se encuentra especialmente en la mente, donde existen conocimiento y voluntad. El hombre refleja de modo particular la perfección divina mediante su capacidad de conocer la verdad y de amar el bien.
ARTÍCULO 2. LA IMAGEN DE DIOS, ¿SE ENCUENTRA O NO SE ENCUENTRA EN LAS CRIATURAS IRRACIONALES?
Las criaturas irracionales manifiestan semejanza con Dios mediante sus perfecciones naturales, pero la imagen en sentido propio corresponde a la criatura intelectual. El conocimiento y el amor racionales permiten al hombre representar de manera más elevada la vida divina. Las criaturas irracionales manifiestan principalmente vestigios de la perfección creadora.
ARTÍCULO 3. LA IMAGEN DE DIOS, ¿ESTÁ O NO ESTÁ MÁS EN EL ÁNGEL QUE EN EL HOMBRE?
El ángel posee una imagen de Dios más perfecta en cuanto a su naturaleza intelectual separada de la materia. El hombre posee la imagen divina en un grado propio de su naturaleza racional unida al cuerpo. Ambos participan de la condición intelectual, pero mediante grados y modos distintos de perfección.
ARTÍCULO 4. LA IMAGEN DE DIOS, ¿SE ENCUENTRA O NO SE ENCUENTRA EN CUALQUIER HOMBRE?
Todo hombre posee la imagen de Dios por su naturaleza racional. Esta imagen puede presentarse con diferentes grados de claridad según la disposición moral y espiritual de la persona. La naturaleza intelectual proporciona el fundamento permanente de la imagen, mientras la vida concreta puede hacerla más clara o más oscurecida.
ARTÍCULO 5. LA IMAGEN DE DIOS, ¿ESTÁ EN EL HOMBRE REFERIDA A LA TRINIDAD DE PERSONAS?
La imagen divina en el hombre guarda relación con la Trinidad mediante la estructura de la mente, el conocimiento y el amor. La memoria, la inteligencia y la voluntad ofrecen una semejanza creada con la vida trinitaria. La imagen alcanza su expresión más elevada cuando estas capacidades se ordenan hacia Dios.
ARTÍCULO 6. LA IMAGEN DE DIOS, ¿ESTÁ EN EL HOMBRE SÓLO EN LO QUE RESPECTA A LA MENTE?
La imagen se encuentra principalmente en la mente porque las capacidades intelectuales constituyen la semejanza más elevada con Dios. Las demás dimensiones humanas pueden manifestar vestigios o semejanzas derivadas. La mente posee la capacidad de conocer y amar, y por eso constituye el centro de la imagen divina en el hombre.
ARTÍCULO 7. LA IMAGEN DE DIOS, ¿ESTÁ O NO ESTÁ EN EL ALMA POR RAZÓN DE LOS ACTOS?
La imagen divina puede considerarse según las capacidades y según los actos. Las potencias expresan una semejanza estable, mientras los actos manifiestan el dinamismo de esa imagen. El conocimiento y el amor actuales hacen más explícita la semejanza con Dios porque ponen en ejercicio las capacidades propias de la mente.
ARTÍCULO 8. LA IMAGEN DE LA DIVINA TRINIDAD, ¿ESTÁ O NO ESTÁ EN EL ALMA SÓLO EN RELACIÓN CON SU OBJETO, QUE ES DIOS?
La imagen divina alcanza su perfección cuando la mente conoce y ama a Dios. La estructura de memoria, inteligencia y voluntad constituye la base de la imagen, mientras Dios como objeto proporciona su máxima realización. La mente se asemeja más plenamente a Dios cuando sus actos se ordenan hacia la verdad y el bien divinos. ARTÍCULO 9. ¿HAY O NO HAY UNA CORRECTA DISTINCIÓN ENTRE IMAGEN Y SEMEJANZA?
La imagen expresa una semejanza fundada en una representación más propia, mientras la semejanza puede significar una relación más general. Toda imagen implica semejanza, pero la imagen añade una relación representativa. El hombre es imagen de Dios por su naturaleza intelectual y alcanza una semejanza más perfecta mediante sus actos y su ordenación hacia Dios.
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[ ESTADO Y CONDICIÓN DEL PRIMER HOMBRE ]
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> ESTADO Y CONDICIÓN DEL PRIMER HOMBRE.
CUESTIÓN 94 SOBRE EL ESTADO Y CONDICIÓN DEL PRIMER HOMBRE. LO REFERENTE AL ENTENDIMIENTO
ARTÍCULO 1. ¿VIO O NO VIO EL HOMBRE A DIOS EN SU ESENCIA?
El primer hombre recibió un conocimiento de Dios proporcionado a su estado original, pero la visión inmediata de la esencia divina corresponde a la bienaventuranza sobrenatural. El hombre podía conocer a Dios mediante criaturas, efectos y conocimiento espiritual proporcionado a su condición. La visión plena de la esencia divina pertenece a la participación perfecta en la vida de Dios.
ARTÍCULO 2. ADÁN, EN SU ESTADO DE INOCENCIA, ¿VIO O NO VIO A LOS ÁNGELES?
Adán podía conocer las realidades espirituales según el grado de conocimiento proporcionado a su estado, pero su condición corporal seguía determinando el modo humano de conocer. La pureza de su estado permitía un conocimiento más elevado que el propio de la condición caída. La naturaleza del alma humana seguía siendo la misma y conservaba su modo propio de conocimiento.
ARTÍCULO 3. EL PRIMER HOMBRE, ¿LO CONOCIÓ O NO LO CONOCIÓ TODO?
Adán recibió una ciencia proporcionada a la dignidad de su estado y a su función como primer hombre. Dios le proporcionó las especies inteligibles necesarias para conocer las realidades naturales según su condición. Su conocimiento comprendía las cosas necesarias para el gobierno y orden de la vida humana. El progreso posterior correspondía principalmente a un modo más perfecto de conocer y a nuevas revelaciones en el ámbito sobrenatural.
ARTÍCULO 4. EL HOMBRE EN SU PRIMER ESTADO, ¿PUDO O NO PUDO SER ENGAÑADO?
La integridad del primer estado implicaba una rectitud perfecta de las potencias humanas. Mientras permanecía en esa condición, el entendimiento poseía una disposición ordenada hacia la verdad y las facultades inferiores permanecían sometidas a las superiores. Por ello, el juicio intelectual conservaba su rectitud. El error intelectual aparece cuando alguna facultad inferior altera las condiciones naturales del juicio, como ocurre durante el sueño o ante determinadas perturbaciones sensibles. La integridad original proporcionaba al hombre una condición intelectual ordenada y estable.
ARTÍCULO 1. EL PRIMER HOMBRE, ¿FUE O NO FUE CREADO EN ESTADO DE GRACIA?
El primer hombre fue creado en estado de gracia. La rectitud propia de su estado exige comprender que la razón estaba sometida a Dios, las facultades inferiores estaban sometidas a la razón y el cuerpo estaba sometido al alma. Esta triple ordenación constituía la armonía característica del estado primitivo.
La subordinación de las facultades inferiores a la razón y del cuerpo al alma poseía como fundamento la subordinación de la razón a Dios. Esta primera subordinación pertenecía al orden de la gracia, porque producía efectos superiores a las capacidades propias de la naturaleza humana. La gracia santificante constituía, por tanto, el principio superior de la justicia original.
La pérdida de la gracia produjo inmediatamente la alteración del orden interior. La experiencia de la desnudez y el movimiento desordenado de la carne manifestaron corporalmente la pérdida de aquella subordinación. El estado primitivo integraba naturaleza y gracia en una condición de armonía, mientras la gracia perfeccionaba la naturaleza humana y elevaba su ordenación hacia Dios.
El primer hombre recibió así la gracia desde el comienzo de su existencia. Esta gracia constituía la raíz de la justicia original y explicaba la ordenación de todas las dimensiones humanas. La perfección del primer estado procedía de esta unión entre la naturaleza creada y el don sobrenatural.
ARTÍCULO 2. EL PRIMER HOMBRE, ¿TUVO O NO TUVO PASIONES?
Las pasiones pertenecen al apetito sensitivo y tienen como objeto el bien o el mal. Algunas pasiones se orientan hacia bienes, como el amor y el gozo; otras se relacionan con males, como el temor y el dolor. El estado de inocencia poseía condiciones particulares respecto de estas pasiones.
El primer hombre experimentaba amor y gozo respecto del bien presente, así como deseo y esperanza respecto de bienes futuros. Estas pasiones podían existir porque expresaban movimientos ordenados hacia bienes convenientes. Las pasiones relacionadas con el mal, como temor y dolor, correspondían a situaciones propias de una condición en la que aparece algún mal que amenaza o afecta al sujeto.
El rasgo fundamental del estado de inocencia consistía en la subordinación perfecta del apetito sensitivo a la razón. Las pasiones seguían el juicio racional y quedaban integradas dentro de la dirección de la razón. El orden interior del hombre permitía que sus movimientos sensibles acompañaran el bien reconocido racionalmente.
La virtud perfecta posee precisamente esta función: ordenar las pasiones según la razón. La perfección humana aparece así como una integración de las facultades, donde el apetito sensible participa ordenadamente de la dirección racional.
ARTÍCULO 3. ADÁN, ¿TUVO O NO TUVO TODAS LAS VIRTUDES?
Adán poseyó las virtudes correspondientes a la perfección de su estado. Las virtudes deben comprenderse según los objetos y circunstancias que les corresponden. Algunas virtudes ordenan las pasiones, otras regulan las relaciones humanas y otras orientan directamente hacia Dios.
Las virtudes que se relacionan con la regulación de las pasiones estaban presentes porque las pasiones mismas formaban parte de la vida humana. La templanza ordenaba el deseo sensible; la fortaleza ordenaba los movimientos relacionados con los bienes difíciles; la justicia ordenaba las relaciones con los demás.
Virtudes como penitencia y misericordia pertenecen a situaciones concretas relacionadas con pecado y miseria. Su existencia plena depende de las circunstancias en que se ejercen. Las virtudes fundamentales de la vida humana estaban presentes según aquello que correspondía al estado primitivo.
La fe también pertenecía al orden sobrenatural de la vida humana porque el hombre estaba destinado a Dios. La perfección del estado de inocencia comprendía, por tanto, la rectitud moral y la ordenación sobrenatural hacia Dios.
ARTÍCULO 4. LAS OBRAS DEL PRIMER HOMBRE, ¿FUERON O NO FUERON DIGNAS DE MÉRITO COMO LO SON AHORA?
Las obras realizadas por el primer hombre podían poseer mérito porque Adán había recibido la gracia. La gracia constituye el principio mediante el cual las acciones humanas se ordenan hacia la vida eterna. Las obras realizadas bajo la gracia adquieren una relación sobrenatural con Dios.
El mérito procede de la gracia y de la voluntad humana que coopera con ella. El hombre puede realizar actos naturales mediante sus propias capacidades, pero la ordenación de esos actos hacia la vida sobrenatural requiere el don de la gracia.
El estado de inocencia permitía realizar obras meritorias mediante una voluntad ordenada y una naturaleza integrada. La tentación podía constituir una ocasión de ejercicio de la voluntad, aunque las condiciones interiores del primer hombre facilitaban la resistencia porque sus facultades estaban ordenadas.
La dignidad meritoria de las obras procedía, por tanto, de la gracia que elevaba la actividad humana hacia Dios. El hombre creado en gracia podía progresar hacia la gloria mediante actos realizados bajo la acción de esa gracia.
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[ EL DOMINIO QUE LE CORRESPONDÍA AL HOMBRE POR SU ESTADO
DE INOCENCIA ]
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> EL DOMINIO QUE LE CORRESPONDÍA AL HOMBRE POR SU ESTADO DE INOCENCIA.
ARTÍCULO 1. ADÁN, EN EL ESTADO DE INOCENCIA, ¿DOMINABA O NO DOMINABA A LOS ANIMALES?
El hombre poseía dominio sobre los animales en virtud de su naturaleza racional. La razón permite ordenar las criaturas inferiores hacia fines determinados. El dominio humano se fundamenta en la superioridad propia de la criatura racional dentro del orden creado.
Los animales podían ser dirigidos por el hombre porque carecen de razón y actúan mediante capacidades sensibles. El dominio se expresaba en la capacidad de darles nombre, utilizarlos y ordenar su actividad según las necesidades humanas.
El estado de inocencia proporcionaba una relación especialmente ordenada entre el hombre y los animales. Las criaturas irracionales estaban subordinadas al hombre y contribuían al orden de la vida humana. El dominio pertenecía al hombre por su naturaleza racional y alcanzaba su ejercicio pleno dentro de la armonía del estado primitivo.
ARTÍCULO 2. EN EL ESTADO DE INOCENCIA, EL HOMBRE, ¿DOMINABA O NO DOMINABA A TODA CRIATURA?
El hombre poseía un dominio ordenado sobre las criaturas inferiores según el lugar que cada una ocupaba en la creación. La superioridad humana procedía de la razón y de la capacidad de dirigir las cosas hacia fines.
Este dominio encontraba su fundamento en el orden establecido por Dios. Las criaturas inferiores estaban orientadas hacia fines propios y podían subordinarse al hombre en cuanto servían a su vida y a su perfección.
El dominio humano expresaba una participación limitada en el gobierno del mundo creado. Dios conserva el gobierno universal, mientras el hombre ejerce un gobierno particular sobre las realidades que se encuentran bajo su capacidad racional.
ARTÍCULO 3. EN EL ESTADO DE INOCENCIA, ¿LOS HOMBRES HABRÍAN SIDO TODOS IGUALES?
En el estado de inocencia existía diversidad entre los hombres según sus capacidades y funciones. La igualdad absoluta entre individuos no constituye una condición necesaria de la perfección humana. La creación posee diversos grados de perfección y esta diversidad contribuye al orden del conjunto.
El orden exige que cada realidad ocupe el lugar correspondiente a sus capacidades. Los hombres podían poseer diferentes grados de perfección natural y diferentes funciones sin romper la armonía de la comunidad humana.
La diversidad ordenada favorecía el bien común. Las capacidades diferentes permitían que cada persona contribuyera según sus dones y recibiera de los demás aquello que correspondía a sus propias necesidades.
ARTÍCULO 4. EN EL ESTADO DE INOCENCIA, ¿DOMINABA O NO DOMINABA EL HOMBRE AL HOMBRE?
El hombre poseía una forma de gobierno sobre otros hombres cuando esta autoridad estaba ordenada al bien común. El dominio despótico corresponde a una relación en la que alguien utiliza a otro como instrumento. El gobierno humano puede adoptar, en cambio, una forma ordenada de dirección y cooperación.
En el estado de inocencia, la autoridad podía existir como dirección de personas libres. La razón de esta autoridad se encontraba en el orden de las capacidades y en la búsqueda del bien común.
La relación entre hombres se habría caracterizado por la armonía de las voluntades. La autoridad tendría una función de orden y coordinación, con cada persona actuando según su dignidad racional y sus capacidades.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> CONSERVACIÓN DEL INDIVIDUO.
ARTÍCULO 1. EL HOMBRE EN ESTADO DE INOCENCIA, ¿SERÍA O NO SERÍA INMORTAL?
El hombre en estado de inocencia poseía una inmortalidad proporcionada a la condición de aquel estado. El cuerpo humano, considerado según su naturaleza material, posee principios de corrupción. La inmortalidad recibida por Adán procedía de una fuerza sobrenatural que preservaba el cuerpo de la corrupción.
El alma racional ejercía sobre el cuerpo una influencia especial en virtud de la justicia original. Esta fuerza mantenía la armonía corporal y preservaba al hombre de la muerte. La inmortalidad pertenecía así al estado de inocencia como don añadido a la naturaleza corporal.
La inmortalidad del primer hombre se relacionaba directamente con la subordinación de las facultades inferiores al alma y de la razón a Dios. Mientras permanecía aquel orden, la vida corporal recibía la protección correspondiente a la justicia original.
El cuerpo conservaba, sin embargo, una naturaleza corporal susceptible de alimentación y crecimiento. La inmortalidad poseía un carácter sobrenatural y dependía del orden establecido por Dios.
ARTÍCULO 2. EL HOMBRE EN ESTADO DE INOCENCIA, ¿FUE O NO FUE PASIBLE?
El hombre en estado de inocencia poseía un cuerpo preservado de las alteraciones destructivas. La impasibilidad correspondía a la conservación de la disposición natural del cuerpo.
La alimentación producía una transformación en el alimento para incorporarlo a la sustancia corporal. Esta transformación pertenecía al orden de la nutrición y permitía conservar la vida. La existencia de alimentación correspondía, por tanto, al modo propio de la vida corporal.
La impasibilidad del cuerpo se refería a aquellas alteraciones capaces de destruir o deteriorar su disposición natural. El cuerpo podía recibir transformaciones ordenadas a su perfección sin experimentar las condiciones propias de la corrupción.
ARTÍCULO 3. EL HOMBRE EN ESTADO DE INOCENCIA, ¿NECESITABA O NO NECESITABA ALIMENTARSE?
El hombre necesitaba alimentarse porque su cuerpo pertenecía al orden de los seres vivos que requieren restauración de la humedad y de las fuerzas corporales. La inmortalidad sobrenatural preservaba al hombre de la corrupción, mientras la alimentación contribuía al mantenimiento de la vida.
El alimento se convertía en sustancia corporal y compensaba las pérdidas producidas por la actividad natural del cuerpo. La necesidad de alimentación correspondía a la naturaleza corporal y coexistía con la inmortalidad sobrenatural.
La alimentación formaba parte de la condición propia del hombre en el Paraíso. La acción de comer poseía un orden natural y podía realizarse dentro de la armonía de la vida humana.
El cuerpo también producía residuos derivados de la alimentación. Esta realidad corporal estaba ordenada según la condición del hombre y podía desarrollarse con dignidad dentro del estado de inocencia.
ARTÍCULO 4. EL HOMBRE EN ESTADO DE INOCENCIA, ¿HUBIERA O NO HUBIERA ALCANZADO LA INMORTALIDAD POR EL ÁRBOL DE LA VIDA?
El árbol de la vida contribuía a preservar al hombre de la corrupción corporal. Su virtud actuaba como un remedio frente al desgaste producido por la condición material del cuerpo.
El cuerpo humano pierde progresivamente vigor por la mezcla y transformación de los elementos corporales. El árbol de la vida fortalecía la virtud vital y ayudaba a conservar la integridad corporal durante un determinado tiempo.
Esta acción correspondía a una virtud corporal limitada. El árbol de la vida producía una conservación temporal y proporcionada a su virtud. La inmortalidad absoluta procede de Dios y supera la capacidad de cualquier realidad corporal.
La función del árbol consistía, por tanto, en preservar la vida corporal frente al desgaste natural. Su efecto estaba integrado dentro del régimen especial del estado de inocencia.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> CONSERVACIÓN DE LA ESPECIE.
ARTÍCULO 1. EN EL ESTADO DE INOCENCIA, ¿HABRÍA HABIDO GENERACIÓN?
En el estado de inocencia habría existido generación para multiplicar el género humano. La generación corresponde especialmente a la dimensión corporal del hombre, mientras el alma racional posee una condición incorruptible.
El hombre ocupa una posición intermedia entre las criaturas corporales corruptibles y las sustancias espirituales incorruptibles. Su cuerpo posee condición corruptible y su alma posee condición espiritual e incorruptible. Por esta razón, la generación pertenece a la conservación y multiplicación de la humanidad.
En los seres corporales, la conservación de la especie constituye una finalidad fundamental de la generación. En el hombre, la generación permite también multiplicar los individuos dotados de alma racional.
Dios estableció la generación como medio para multiplicar el género humano desde el principio. Esta finalidad pertenecía al orden de la creación y formaba parte de la perfección del estado de inocencia.
ARTÍCULO 2. EN EL ESTADO DE INOCENCIA, ¿HABRÍA HABIDO GENERACIÓN POR COITO?
La generación humana en el estado de inocencia habría tenido lugar mediante la unión del varón y de la mujer. La diferencia de sexos posee como una de sus finalidades principales la generación.
La unión corporal habría estado plenamente sometida a la razón y a la voluntad. El acto generativo habría conservado su dignidad porque las facultades corporales estaban ordenadas y el apetito sensible permanecía sometido a la razón.
El placer corporal podía existir dentro del orden natural. La razón regulaba el acto y dirigía el deseo hacia aquello que correspondía a la finalidad de la generación. La continencia posee mérito en las condiciones actuales por la necesidad de ordenar una concupiscencia afectada por el desorden; el estado de inocencia presentaba una situación diferente porque el apetito sensible estaba plenamente subordinado a la razón.
La unión sexual habría conservado la integridad corporal de la mujer. El parto habría ocurrido sin el dolor propio de la condición posterior al pecado. La generación habría constituido una actividad natural y ordenada, realizada mediante la cooperación de varón y mujer.
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[ CONDICIÓN DE LA PROLE - EL CUERPO ]
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> CONDICIÓN DE LA PROLE - EL CUERPO.
ARTÍCULO 1. EN EL ESTADO DE INOCENCIA, LOS NIÑOS, NADA MÁS SER ENGENDRADOS, ¿TENÍAN O NO TENÍAN TODA LA PERFECCIÓN CORPORAL EN USO?
Los niños nacidos en el estado de inocencia habrían recibido desde su nacimiento una condición corporal más perfecta que la actual, aunque la naturaleza humana conservaría un proceso de desarrollo. La naturaleza pasa de estados iniciales hacia estados más perfectos mediante un crecimiento ordenado.
El uso de las facultades corporales depende de la disposición de los órganos. Los niños actuales poseen limitaciones propias del desarrollo corporal y de la disposición de los órganos sensibles. En el estado de inocencia estas condiciones corporales habrían sido mejores y el desarrollo habría ocurrido dentro de un orden más perfecto.
La perfección del estado primitivo habría alcanzado también el cuerpo de los niños según su edad. La prole habría comenzado su existencia con una constitución más favorable al ejercicio de sus capacidades, mientras el desarrollo progresivo seguiría perteneciendo a la naturaleza humana.
ARTÍCULO 2. EN EL PRIMER ESTADO, ¿HUBO O NO HUBO VARONES Y MUJERES?
En el estado de inocencia habrían nacido varones y mujeres. La diversidad de sexos pertenece a la perfección de la naturaleza humana y contribuye a la multiplicación de la especie.
La generación habría seguido el orden establecido por Dios al crear al hombre y a la mujer. La diferencia sexual posee una finalidad natural relacionada con la generación y con la cooperación propia de la vida humana.
La existencia de mujeres formaba parte de la perfección de la humanidad. Dios estableció desde el principio la naturaleza humana con diversidad de sexos y esta estructura habría continuado en la generación de los descendientes.
El estado de inocencia habría permitido una generación ordenada en la que varones y mujeres participarían de la multiplicación del género humano según la estructura propia de la naturaleza.
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[ CONDICIÓN DE LA PROLE - LA JUSTICIA ]
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> CONDICIÓN DE LA PROLE - LA JUSTICIA.
ARTÍCULO 1. LOS HOMBRES, ¿NACIERON O NO NACIERON JUSTOS?
Los descendientes del primer hombre habrían nacido en justicia original. La generación produce un ser semejante según la especie y transmite las condiciones pertenecientes a la naturaleza específica cuando la generación se desarrolla en condiciones perfectas.
La justicia original constituía un accidente perteneciente a la condición de la naturaleza humana recibida en el estado primitivo. Su raíz se encontraba en la gracia y expresaba la subordinación de la razón a Dios, junto con la subordinación de las facultades inferiores a la razón y del cuerpo al alma.
La gracia santificante constituye el fundamento sobrenatural de esta justicia. Su transmisión a los descendientes se entiende desde la condición original de la naturaleza humana y desde la acción creadora de Dios al comunicar el alma racional.
Los hijos habrían recibido la justicia original junto con la condición humana correspondiente al estado primitivo. La gracia poseía carácter sobrenatural y procedía de Dios, mientras la generación transmitía la naturaleza humana en la que aquella justicia había sido establecida.
ARTÍCULO 2. EN EL ESTADO DE INOCENCIA, LOS NIÑOS, ¿HUBIERAN O NO HUBIERAN NACIDO CONFIRMADOS EN JUSTICIA?
Los niños habrían nacido en gracia y justicia, pero su condición habría seguido siendo perfectible. La confirmación en justicia corresponde a una condición de estabilidad plena en la que la criatura racional alcanza la bienaventuranza mediante la visión de Dios.
Mientras permaneciera en la condición de peregrinación hacia la bienaventuranza, la criatura racional conservaría el libre albedrío y la posibilidad de orientar su vida mediante sus decisiones. La justicia original proporcionaría una rectitud superior y una especial armonía de las facultades.
Los descendientes habrían recibido una condición semejante a la del primer hombre en cuanto a la gracia y la justicia original. Esta condición habría proporcionado una inclinación ordenada hacia el bien y una estructura interior favorable al ejercicio de la libertad.
La confirmación plena pertenece al estado de bienaventuranza. En ese estado, la criatura racional alcanza la visión clara de Dios y encuentra en la bondad divina la plenitud de su deseo. El estado de inocencia constituye, por tanto, una condición de justicia y gracia orientada hacia la bienaventuranza.
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[ CONDICIÓN DE LA PROLE - LA CIENCIA ]
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> CONDICIÓN DE LA PROLE - LA CIENCIA.
ARTÍCULO 1. LOS NIÑOS, ¿NACÍAN O NO NACÍAN PERFECTOS EN CIENCIA?
Los niños del estado de inocencia habrían poseído una ciencia proporcionada a su condición, aunque el desarrollo de las capacidades intelectuales seguiría un proceso correspondiente a la naturaleza humana.
El uso del entendimiento depende en cierta medida de las potencias sensitivas. El entendimiento humano durante la vida corporal utiliza las imágenes proporcionadas por los sentidos. Cuando las potencias sensitivas alcanzan una disposición adecuada, el entendimiento puede ejercer sus operaciones con mayor perfección.
El estado de inocencia habría proporcionado mejores condiciones corporales para el ejercicio intelectual. Los niños poseerían una disposición superior a la actual y alcanzarían progresivamente el uso perfecto de sus capacidades.
La ciencia perfecta corresponde a una condición desarrollada de la vida intelectual. La infancia conservaría una etapa inicial y progresiva, aunque dentro de condiciones más favorables que las actuales.
ARTÍCULO 2. INMEDIATAMENTE DESPUÉS DE NACER, ¿TENÍAN O NO TENÍAN USO DE RAZÓN?
El uso de la razón depende de las condiciones de las potencias sensitivas. Las facultades sensibles poseen órganos corporales y su disposición influye en el ejercicio intelectual.
En los niños, el desarrollo corporal inicial condiciona el ejercicio de la razón. La excesiva humedad cerebral propia de la primera edad dificulta el ejercicio perfecto de las capacidades intelectuales. Este principio explica la progresión natural desde la infancia hacia la madurez.
En el estado de inocencia, los niños habrían experimentado una condición superior respecto de las facultades corporales, pero seguirían atravesando un proceso de desarrollo. Su uso de razón sería más perfecto que el de los niños actuales dentro de aquello que correspondiera a su edad.
La naturaleza humana conserva así un orden progresivo. La madurez intelectual requiere la disposición adecuada de las facultades corporales y sensitivas, mientras la perfección propia del estado de inocencia habría favorecido este desarrollo.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: EL HOMBRE --> EL PARAÍSO.
ARTÍCULO 1. EL PARAÍSO, ¿ES O NO ES UN LUGAR CORPÓREO?
El Paraíso posee una realidad corpórea y constituye un lugar determinado de la tierra. La narración del Génesis presenta el Paraíso como un lugar real y corpóreo, al que pueden añadirse significados espirituales.
La interpretación adecuada conserva el fundamento histórico de aquello que la Escritura presenta como acontecimiento. El sentido espiritual puede acompañar al sentido histórico y ampliar su comprensión.
El Paraíso terrenal estaba situado en las regiones orientales. El oriente posee, dentro del orden simbólico y cosmológico utilizado por Santo Tomás, una dignidad particular. Por ello resultaba conveniente que el Paraíso estuviera situado allí.
Los elementos descritos en el relato, como los ríos y los árboles, pertenecen a la realidad corpórea del Paraíso. El sentido espiritual de determinadas realidades, como el árbol de la vida, puede coexistir con su realidad corpórea.
El Paraíso aparece así como un lugar real establecido por Dios para el hombre y dotado además de significados espirituales.
ARTÍCULO 2. EL PARAÍSO, ¿FUE O NO FUE UN LUGAR ADECUADO PARA SER HABITADO POR EL HOMBRE?
El Paraíso fue un lugar especialmente adecuado para el hombre porque reunía condiciones convenientes para su vida corporal y espiritual. El cuerpo humano poseía en el estado de inocencia una condición especial de incorrupción, y el ambiente del Paraíso correspondía a esa condición.
El lugar estaba dispuesto para favorecer la vida humana y proporcionar los bienes necesarios para su conservación. El hombre podía vivir allí según la integridad propia de su estado.
La conveniencia del Paraíso se relacionaba también con el alma humana. La condición corporal del hombre se encontraba vinculada a la vida espiritual y a la justicia original. El lugar constituía así un ambiente proporcionado al hombre íntegro, compuesto de alma y cuerpo.
La posterior ausencia del hombre en el Paraíso después del pecado expresa la pérdida de una condición original y permite comprender la grandeza de aquello que el hombre había recibido.
ARTÍCULO 3. EL HOMBRE, ¿FUE O NO FUE PUESTO EN EL PARAÍSO PARA QUE LO TRABAJARA Y LO CUSTODIARA?
El hombre fue puesto en el Paraíso para trabajar y custodiar. Este trabajo poseía un carácter distinto del trabajo penoso producido después del pecado. En el estado de inocencia, la actividad humana podía constituir un ejercicio agradable de las capacidades naturales.
El trabajo del Paraíso podía entenderse también en relación con la acción de Dios sobre el hombre. Dios trabaja en la justificación del hombre y lo guarda de la corrupción y del mal.
Considerado como actividad humana, el trabajo del Paraíso proporcionaba ejercicio a las capacidades corporales y racionales. El hombre podía cultivar el lugar sin experimentar la fatiga y el sufrimiento que posteriormente acompañarían al trabajo.
La custodia se relacionaba con la preservación del orden recibido. El hombre debía conservar la condición en la que había sido colocado y permanecer vigilante ante la tentación. El Paraíso estaba ordenado al bien del hombre y constituía un medio para su perfección.
ARTÍCULO 4. EL HOMBRE, ¿FUE O NO FUE HECHO EN EL PARAÍSO?
El hombre fue creado fuera del Paraíso y posteriormente fue colocado allí. La razón de esta disposición se encuentra en el orden de la creación y en la naturaleza del hombre.
El Paraíso constituía un lugar adecuado para el hombre después de su creación. El hombre fue formado primero según su naturaleza corporal y espiritual y después fue trasladado al lugar destinado para su vida en el estado de inocencia.
La situación del hombre puede compararse con la de las criaturas que poseen un lugar propio según su condición. El Paraíso constituía el lugar adecuado para el hombre íntegro, mientras su creación correspondía al acto creador de Dios.
La distinción entre creación y colocación en el Paraíso permite comprender el orden narrado en el Génesis: Dios crea al hombre y posteriormente lo establece en el lugar preparado para él.
SANTO TOMÁS DE AQUINO EL HOMBRE --> INFOGRAFÍAS.
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[ GOBIERNO DEL MUNDO EN GENERAL ]
SANTO TOMÁS DE AQUINO: GOBIERNO Y CONSERVACIÓN DE LAS COSAS POR DIOS --> GOBIERNO DEL MUNDO EN GENERAL.
ARTÍCULO 1. EL GOBIERNO DEL MUNDO
El mundo está gobernado por Dios. El orden constante de las cosas naturales manifiesta una dirección hacia fines determinados y buenos. Las criaturas naturales alcanzan aquello que corresponde a su perfección, aunque carezcan de conocimiento del fin. Esta orientación revela una inteligencia que conoce y ordena los fines. Dios, origen de todas las cosas, comunica también a cada criatura la ordenación hacia su perfección. Gobernar consiste precisamente en conducir hacia el fin.
ARTÍCULO 2. EL FIN DEL GOBIERNO DEL MUNDO
El fin último del gobierno del mundo es un bien que trasciende el universo creado. Dios es principio de todas las cosas y, por correspondencia, constituye también su fin último. Cada criatura posee un bien particular y el conjunto de las criaturas participa del bien universal. El orden del universo constituye un bien verdadero, porque expresa la disposición de todas las cosas, pero este orden se orienta hacia un bien superior: Dios, bien por esencia.
ARTÍCULO 3. LA UNIDAD DEL GOBIERNO DEL MUNDO
El mundo está gobernado por un solo principio supremo. El gobierno perfecto conduce la multiplicidad hacia la unidad y la concordia. La unidad pertenece esencialmente al bien, porque cada realidad conserva su perfección mediante su unidad. Una multitud alcanza su orden cuando sus diversos elementos quedan orientados hacia un mismo fin. La diversidad de movimientos y naturalezas procede de la riqueza del universo y expresa diferentes modos de participación del bien. Dios reúne toda esta diversidad bajo un único orden universal.
ARTÍCULO 4. LOS EFECTOS DEL GOBIERNO DEL MUNDO
El gobierno divino produce efectos que pueden considerarse desde distintos niveles. En relación con el fin último, todos los efectos conducen a la semejanza con el sumo bien. En relación con los medios, aparecen dos efectos generales: la conservación de las criaturas en el bien y su movimiento hacia el bien. En relación con cada criatura concreta, los efectos adquieren una multiplicidad correspondiente a naturaleza, operaciones y fines particulares. Así, la unidad del gobierno produce una admirable multiplicidad ordenada.
ARTÍCULO 5. LA UNIVERSALIDAD DEL GOBIERNO DIVINO
Todo cuanto existe está sometido al gobierno divino. Dios es creador universal de todo ser y, por la misma razón, gobierna universalmente todo cuanto ha creado. Dar existencia y conducir hacia la perfección pertenecen a una misma acción ordenadora. Las criaturas participan del ser y de la bondad recibidos de Dios, y esa participación permanece bajo su gobierno. La universalidad de la causalidad divina alcanza tanto a las realidades espirituales como a las corporales, naturales y humanas.
ARTÍCULO 6. EL GOBIERNO DIRECTO DE DIOS Y LA MEDIACIÓN DE LAS CRIATURAS
Como Dios gobierna directamente todas las cosas, establece el plan universal de su gobierno. En la ejecución de ese plan utiliza criaturas como causas y medios para otras criaturas. Esta mediación manifiesta una mayor perfección del universo, porque Dios comunica a las criaturas la capacidad de producir efectos y de participar activamente en el gobierno de otras. Dios conoce y ordena directamente cada realidad particular, mientras las causas creadas ejecutan dentro de su propio ámbito aquello que la sabiduría divina dispone.
ARTÍCULO 7. LA UNIVERSALIDAD DEL ORDEN PROVIDENTE
Todo acontecimiento queda comprendido en el orden universal del gobierno divino. Una realidad puede apartarse del orden de una causa particular y, mediante la intervención de otras causas, quedar integrada en un orden más amplio. Dios es la causa universal primera de todo ser y de todo acontecimiento. Por ello, cuanto sucede dentro de la multiplicidad de las causas permanece incorporado al gobierno divino. La contingencia pertenece al funcionamiento de las causas próximas y expresa precisamente la riqueza del orden establecido por Él.
ARTÍCULO 8. LA CONFORMIDAD DE TODAS LAS COSAS CON EL GOBIERNO DIVINO
El orden universal de la Providencia conduce todas las cosas hacia el bien. Cada criatura actúa buscando el bien que corresponde a su operación y a su naturaleza. Incluso cuando una criatura se aparta de un bien particular, su acción queda integrada en el orden universal mediante otras causas. La sabiduría divina dirige las tendencias naturales y voluntarias hacia el orden total. Así, todas las criaturas cooperan, según su propia condición, en la realización del gobierno divino.
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[ GOBIERNO DIVINO EN ESPECIAL ]
SANTO TOMÁS DE AQUINO: GOBIERNO Y CONSERVACIÓN DE LAS COSAS POR DIOS --> GOBIERNO DIVINO EN ESPECIAL.
ARTÍCULO 1. LA CONSERVACIÓN DE LAS CRIATURAS EN EL SER
Las criaturas reciben de Dios una conservación continua de su existencia. Crear significa comunicar el ser; conservar significa mantener actualmente esa comunicación. Las causas creadas pueden producir efectos que permanecen después de su acción, porque actúan sobre realidades que poseen principios propios de permanencia. Dios, en cambio, es causa del ser mismo de las criaturas. Por ello, la existencia creada depende radicalmente de la acción divina. La criatura permanece en el ser porque participa continuamente del ser recibido de Dios.
ARTÍCULO 2. LA CONSERVACIÓN DIRECTA DE LAS CRIATURAS POR DIOS
Dios conserva directamente a toda criatura en su existencia, aunque también utiliza unas criaturas para conservar o proteger a otras. La conservación indirecta consiste en apartar aquello que puede destruir una realidad. La conservación directa consiste en comunicar y mantener el ser mismo. Las causas creadas pueden conservar determinadas disposiciones o impedir determinadas corrupciones, mientras Dios sostiene el ser de todas las criaturas en su raíz. La acción divina alcanza inmediatamente aquello por lo que cada criatura existe.
ARTÍCULO 3. EL PODER DIVINO SOBRE EL SER CREADO
Porque Dios posee poder para reducir una criatura a la nada y porque su acción sobre el ser procede de su voluntad libre, la existencia de las criaturas depende de Dios y, por ello, Dios posee sobre ellas un dominio radical. Las criaturas reciben el ser y permanecen en él por participación. La reducción a la nada pertenece al poder absoluto de Dios, aunque la sabiduría divina ordena la conservación de las criaturas conforme al gobierno establecido.
ARTÍCULO 4. LA CONSERVACIÓN UNIVERSAL DE LAS CRIATURAS
El orden natural de las criaturas manifiesta una tendencia hacia la permanencia según el modo propio de cada naturaleza. Las criaturas espirituales poseen una condición incorruptible; las criaturas materiales conservan al menos la materia que constituye el sujeto de generación y corrupción. La acción milagrosa de Dios se orienta a manifestar la gracia y su poder. La conservación de las cosas manifiesta especialmente la bondad y el poder divinos, porque mantiene en el ser aquello que procede de la acción creadora.
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[ MUTACIÓN DE LAS CRIATURAS ]
SANTO TOMÁS DE AQUINO: GOBIERNO Y CONSERVACIÓN DE LAS COSAS POR DIOS --> MUTACIÓN DE LAS CRIATURAS.
ARTÍCULO 1. EL MOVIMIENTO DIRECTO DE LA MATERIA HACIA LA FORMA
Como Dios puede conducir directamente la materia desde la potencia hacia la forma. La materia posee capacidad para recibir formas y Dios posee poder universal sobre toda realidad creada. La forma constituye el acto de la materia. Por ello, el poder divino puede producir directamente la actualización de la materia conforme a una nueva forma. Esta capacidad deriva del dominio universal de Dios sobre el ser y sobre todos los principios que intervienen en la constitución de las criaturas.
ARTÍCULO 2. EL MOVIMIENTO DIRECTO DE LOS CUERPOS
Dios puede mover directamente cualquier cuerpo. Todo movimiento corporal procede de una forma que constituye principio de determinada actividad o de una tendencia hacia una forma. Quien posee poder para comunicar la forma posee también poder para comunicar el movimiento que procede de ella. Dios puede producir directamente aquello que las causas creadas producen mediante sus poderes particulares. La causalidad divina alcanza, por tanto, cualquier movimiento corporal.
ARTÍCULO 3. LA MOCIÓN DIVINA DEL ENTENDIMIENTO CREADO
Dios mueve directamente el entendimiento creado. En el entendimiento deben distinguirse el poder intelectual y las especies inteligibles mediante las cuales entiende en acto. Dios puede causar en el entendimiento aquello que constituye su principio operativo y puede también producir las formas inteligibles. La acción divina alcanza la raíz misma de la actividad intelectual, porque Dios es causa universal del ser y de las potencias de las criaturas. Las causas creadas participan de esta causalidad mediante la enseñanza, la iluminación y otras formas de cooperación.
ARTÍCULO 4. LA MOCIÓN DIVINA DE LA VOLUNTAD
Dios mueve directamente la voluntad creada porque es causa primera de todo movimiento y de toda perfección. La voluntad tiene como objeto el bien, y Dios es el bien universal que fundamenta todos los bienes particulares. La acción divina mueve la voluntad de acuerdo a su naturaleza racional y libre. La moción divina produce el acto voluntario desde el interior de la criatura, respetando la condición propia de la voluntad y conduciéndola hacia el bien.
ARTÍCULO 5. LA ACCIÓN DE DIOS EN TODO AGENTE CREADO
Dios obra en todo agente porque Dios es causa primera del ser, de las potencias y de la operación de cada criatura. Esta acción divina fundamenta la actividad de las causas creadas y permite que cada una produzca realmente sus propios efectos. La causa segunda conserva su verdadera eficacia y actúa según su naturaleza. La causalidad divina y la causalidad creada se integran en un único orden: Dios comunica el poder de obrar y la criatura ejerce realmente ese poder.
ARTÍCULO 6. LOS DIVERSOS ÓRDENES DE LAS CAUSAS
Cada causa produce un orden propio respecto de sus efectos, y los órdenes inferiores quedan contenidos dentro de órdenes superiores. La causa superior influye sobre la inferior y la utiliza para alcanzar efectos determinados. Dios, como causa universal, contiene bajo su gobierno todos los órdenes particulares. Por ello, un efecto puede quedar fuera del orden de una causa particular y continuar plenamente integrado en un orden causal superior. La totalidad de los órdenes constituye una estructura jerárquica bajo la causalidad divina.
ARTÍCULO 7. LA NATURALEZA DEL MILAGRO
El milagro recibe su nombre de la admiración que produce un efecto cuya causa resulta extraordinaria para quien lo contempla. El milagro se reconoce mediante la relación entre el efecto producido y el poder de la naturaleza. Dios puede producir efectos que exceden las capacidades propias de las causas naturales. La admiración surge porque el efecto supera el orden conocido de la naturaleza. El milagro manifiesta de modo especial la acción y el poder divinos.
ARTÍCULO 8. LA GRADACIÓN DE LOS MILAGROS
La grandeza de un milagro se determina por el grado en que su efecto supera las capacidades de la naturaleza creada. La comparación se establece con el poder natural y no con el poder divino, cuya capacidad supera infinitamente cualquier efecto creado. Algunos milagros afectan solamente el orden habitual de una determinada naturaleza; otros exceden de manera mucho más profunda las posibilidades naturales. La diversidad de milagros expresa al mismo tiempo diferentes grados de manifestación del poder divino.
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[ UNA CRIATURA MUEVE A OTRA ]
SANTO TOMÁS DE AQUINO: GOBIERNO Y CONSERVACIÓN DE LAS COSAS POR DIOS --> UNA CRIATURA MUEVE A OTRA.
ARTÍCULO 1. LA ILUMINACIÓN DE UN ÁNGEL POR OTRO
Los ángeles iluminan a otros ángeles. Iluminar consiste en manifestar una verdad conocida a un entendimiento capaz de recibirla. El ángel superior posee una verdad de modo más universal y la comunica al inferior de manera proporcionada a su capacidad. La iluminación establece una comunicación ordenada del conocimiento divino. Los ángeles participan así en la transmisión del conocimiento que procede de Dios, conservando cada uno el grado propio de su perfección intelectual.
ARTÍCULO 2. LA MOCIÓN DE LA VOLUNTAD ANGÉLICA
Un ángel puede mover la voluntad de otro mediante la presentación de un bien que actúe sobre la voluntad como objeto. La voluntad se mueve principalmente por el bien conocido. Un ángel puede presentar una realidad bajo una determinada razón de bien y favorecer así el acto voluntario de otro. La potencia interior de la voluntad permanece propia del sujeto.
ARTÍCULO 3. LA ILUMINACIÓN DE LOS ÁNGELES INFERIORES
La iluminación sigue un orden jerárquico. Los ángeles superiores reciben de Dios una verdad más universal y la comunican a los inferiores acomodándola a su capacidad. La perfección de un ángel superior permite comunicar aquello que conoce a otro inferior. El orden procede de Dios y se extiende progresivamente a través de las criaturas espirituales. La superioridad en el conocimiento fundamenta la capacidad de iluminación.
ARTÍCULO 4. LA COMUNICACIÓN DEL CONOCIMIENTO ANGÉLICO
Los ángeles superiores comunican a los inferiores todo aquello que corresponde al orden de la iluminación que les ha sido confiado. Esta comunicación expresa la bondad propia de las criaturas espirituales, pues el bien tiende a difundirse. Cada ángel comunica según su capacidad y según el orden establecido por Dios. La iluminación forma una cadena ordenada de participación en la verdad divina.
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[ LENGUAJE DE LOS ÁNGELES ]
SANTO TOMÁS DE AQUINO: GOBIERNO Y CONSERVACIÓN DE LAS COSAS POR DIOS --> LENGUAJE DE LOS ÁNGELES.
ARTÍCULO 1. LA COMUNICACIÓN ENTRE LOS ÁNGELES
Existe entre los ángeles una comunicación intelectual. El lenguaje angélico consiste en manifestar interiormente un concepto a otro entendimiento. Como los ángeles poseen conocimiento intelectual sin dependencia de órganos corporales, su comunicación pertenece al ámbito espiritual. Un ángel comunica a otro aquello que conoce y desea manifestar. La locución angélica constituye, por tanto, una comunicación directa de contenidos intelectuales.
ARTÍCULO 2. LA COMUNICACIÓN DEL ÁNGEL INFERIOR AL SUPERIOR
El ángel inferior puede manifestar al superior aquello que conoce. La subordinación jerárquica permite la iluminación descendente, mientras la comunicación intelectual puede desarrollarse también en sentido ascendente. El ángel inferior comunica sus conceptos al superior cuando corresponde al orden de sus acciones. Esta comunicación manifiesta que hablar y enseñar poseen relaciones distintas: toda iluminación implica comunicación de verdad, mientras la comunicación intelectual puede abarcar otros contenidos.
ARTÍCULO 3. LA COMUNICACIÓN DEL ÁNGEL CON DIOS
El ángel habla a Dios mediante la manifestación intelectual de sus deseos. Dios conoce eternamente todos los pensamientos y deseos de las criaturas, pero la oración angélica expresa una relación ordenada de la criatura con Dios. La comunicación dirigida a Dios constituye una manifestación de la voluntad y del amor de la criatura hacia su principio y fin. Esta locución pertenece al orden de la alabanza, petición y servicio.
ARTÍCULO 4. LA AUSENCIA DE DISTANCIA LOCAL EN EL LENGUAJE ANGÉLICO
La comunicación angélica es una operación intelectual y, por ello, posee independencia respecto del lugar corporal. El ángel comunica un concepto mediante un acto de voluntad dirigido a otro entendimiento. La distancia local carece de función esencial en esta comunicación. El lenguaje angélico depende de la voluntad y del entendimiento, de modo que puede establecerse sin desplazamiento corporal.
ARTÍCULO 5. LA PERCEPCIÓN UNIVERSAL DEL LENGUAJE ANGÉLICO
El concepto manifestado por un ángel llega al ángel al que se dirige mediante la voluntad del comunicante. La manifestación intelectual posee carácter determinado y dirigido. Los demás ángeles pueden conocer aquello que se comunica cuando reciben esa manifestación según el orden establecido. La comunicación angélica mantiene así un carácter personal y ordenado, donde el contenido depende de la voluntad de quien lo manifiesta.
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[ ÁNGELES: JERARQUÍAS Y ÓRDENES ]
SANTO TOMÁS DE AQUINO: GOBIERNO Y CONSERVACIÓN DE LAS COSAS POR DIOS --> ÁNGELES: JERARQUÍAS Y ÓRDENES.
ARTÍCULO 1. LAS JERARQUÍAS ANGÉLICAS
Los ángeles se distribuyen en jerarquías según los grados de perfección y participación en el gobierno divino. Una jerarquía constituye una multitud ordenada bajo un principado sagrado. La diferencia de jerarquías corresponde a diversos modos de recibir y transmitir la iluminación divina. La primera jerarquía se ocupa principalmente de la contemplación y recepción inmediata de la luz divina; las jerarquías inferiores participan progresivamente de la comunicación y ejecución del gobierno.
ARTÍCULO 2. LOS ÓRDENES DENTRO DE LAS JERARQUÍAS
Cada jerarquía contiene diversos órdenes. Un orden reúne ángeles que poseen una semejanza determinada respecto de la recepción y comunicación de la iluminación divina. La distinción de órdenes permite organizar las funciones de los ángeles según grados específicos de perfección. Cada orden participa del gobierno divino con una función propia y se relaciona con los demás dentro de una estructura jerárquica.
ARTÍCULO 3. LA MULTITUD DE ÁNGELES EN CADA ORDEN
Un orden angélico puede contener una multitud de ángeles. La diferencia entre los ángeles procede de sus grados de perfección y de sus modos particulares de participación en la bondad divina. La multiplicidad de ángeles manifiesta la riqueza de la creación espiritual. Cada ángel posee una perfección propia y participa del orden común según su condición.
ARTÍCULO 4. LA DISTINCIÓN NATURAL DE LOS ÓRDENES ANGÉLICOS
Los órdenes angélicos se distinguen según la naturaleza y según los dones de gracia. La diversidad de naturalezas angélicas fundamenta una primera distinción de perfecciones. Sobre esta base se desarrolla también el orden de la gracia y del ministerio. La jerarquía expresa, por tanto, diferencias reales de perfección y funciones dentro del gobierno divino.
ARTÍCULO 5. LOS NOMBRES Y PROPIEDADES DE LOS ÓRDENES
Los nombres de los órdenes angélicos expresan las propiedades y operaciones que corresponden a cada uno. Serafines manifiestan especialmente el ardor del amor divino; Querubines expresan la plenitud del conocimiento; Tronos manifiestan la estabilidad del gobierno divino; Dominaciones, Virtudes, Potestades, Principados, Arcángeles y Ángeles expresan diversos grados de participación en el gobierno, ejecución y comunicación de las obras divinas.
ARTÍCULO 6. LA DISTRIBUCIÓN JERÁRQUICA DE LOS ÓRDENES
Los órdenes se disponen según grados de perfección y funciones. La primera jerarquía comprende Serafines, Querubines y Tronos; la segunda comprende Dominaciones, Virtudes y Potestades; la tercera comprende Principados, Arcángeles y Ángeles. Esta distribución expresa una progresión desde la contemplación y recepción de la luz divina hasta la ejecución de las obras divinas en las criaturas inferiores. Cada grado participa de la misión común según su propia perfección.
ARTÍCULO 7. LA PERMANENCIA DE LOS ÓRDENES ANGÉLICOS
Los órdenes angélicos permanecen después del juicio. La distinción de grados pertenece a la condición estable de la creación espiritual y a la distribución de las funciones que corresponden al gobierno divino. El ministerio puede alcanzar su cumplimiento, mientras permanece la diversidad de grados de perfección. La consumación final manifiesta plenamente el orden establecido por Dios.
ARTÍCULO 8. LA INCORPORACIÓN DE LOS HOMBRES A LOS ÓRDENES ANGÉLICOS
Los hombres pueden alcanzar la dignidad correspondiente a los órdenes angélicos mediante la gracia y la gloria. La condición humana posee una naturaleza espiritual unida al cuerpo, mientras los ángeles poseen naturaleza espiritual separada. En la gloria, la participación sobrenatural en Dios puede elevar al hombre a una dignidad comparable a la de los órdenes angélicos. La diversidad de naturalezas permanece, mientras la participación en la gracia establece una comunión superior.
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[ ORDEN DE LOS DEMONIOS ]
SANTO TOMÁS DE AQUINO: GOBIERNO Y CONSERVACIÓN DE LAS COSAS POR DIOS --> ORDEN DE LOS DEMONIOS.
ARTÍCULO 1. EL ORDEN EXISTENTE ENTRE LOS DEMONIOS
Los demonios conservan cierta estructura de orden correspondiente a su naturaleza angélica. La caída afectó su relación con Dios y su estado de gracia, mientras permanecieron las capacidades naturales propias de su condición espiritual. Entre ellos existen diversos grados de perfección natural y de poder. Esta desigualdad permite una cierta subordinación y organización de sus acciones.
ARTÍCULO 2. LA PRELACÍA ENTRE LOS DEMONIOS
Entre los demonios existe una prelacia fundada en los grados naturales de poder. El orden de una naturaleza permanece incluso cuando su orientación moral se encuentra corrompida. Los demonios superiores poseen mayor capacidad de acción y ejercen dominio sobre los inferiores. Esta estructura sirve a la realización de sus propósitos, especialmente a la oposición al orden divino.
ARTÍCULO 3. LA COMUNICACIÓN ENTRE LOS DEMONIOS
Los demonios poseen comunicación intelectual, aunque su comunicación carece del carácter de iluminación propiamente dicha. La iluminación pertenece a la manifestación de la verdad en cuanto orientada hacia Dios. Los demonios pueden comunicar conocimientos y pensamientos según su naturaleza intelectual. Su actividad conserva las capacidades naturales del entendimiento angélico, mientras su orientación se encuentra separada del orden de la gracia.
ARTÍCULO 4. LA PRELACÍA DE LOS ÁNGELES BUENOS SOBRE LOS MALOS
Todo orden de prelacia tiene su principio en Dios. Las criaturas más perfectas y más próximas a Dios reciben mayor capacidad de gobierno. Los ángeles buenos poseen una superioridad ordenada respecto de los demonios porque participan de la rectitud del gobierno divino. Esta superioridad expresa el dominio de la sabiduría divina sobre todas las potencias creadas.
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[ DOMINIO DE LOS ÁNGELES ]
SANTO TOMÁS DE AQUINO: GOBIERNO Y CONSERVACIÓN DE LAS COSAS POR DIOS --> DOMINIO DE LOS ÁNGELES SOBRE LA CRIATURA CORPORAL.
ARTÍCULO 1. EL GOBIERNO ANGÉLICO DE LAS CRIATURAS CORPORALES
Las criaturas corporales están sometidas al gobierno de las criaturas espirituales según el orden establecido por Dios. La potestad particular queda integrada bajo una potestad superior y universal. Los ángeles participan en el gobierno del mundo corporal porque poseen una naturaleza espiritual superior a la corporal. Su acción constituye un instrumento de la Providencia divina.
ARTÍCULO 2. LA ACCIÓN ANGÉLICA SOBRE LA MATERIA CORPORAL
Los ángeles pueden actuar sobre la materia corporal mediante la aplicación de agentes corporales y la disposición de las condiciones necesarias para producir determinados efectos. Su poder natural alcanza la materia a través del orden de las causas corporales. La transformación de la materia hacia nuevas formas sustanciales corresponde propiamente a Dios como causa primera, mientras el ángel participa mediante la disposición y aplicación de causas naturales.
ARTÍCULO 3. EL MOVIMIENTO LOCAL DE LOS CUERPOS POR LOS ÁNGELES
Los ángeles pueden mover localmente los cuerpos mediante su poder espiritual. El movimiento local requiere una causa que comunique impulso al cuerpo, y una sustancia espiritual puede producir este movimiento porque posee una capacidad superior a la corporal. La acción angélica sobre los cuerpos se realiza según el orden de la naturaleza creada y según las condiciones propias de cada cuerpo.
ARTÍCULO 4. LA REALIZACIÓN DE MILAGROS POR LOS ÁNGELES
El milagro, en sentido estricto, supera el poder de toda naturaleza creada. Por ello, el ángel puede ser instrumento de un milagro, preparar sus condiciones o producir determinados efectos extraordinarios, mientras Dios constituye su causa principal. El poder angélico puede superar el curso ordinario de una naturaleza particular. La manifestación propiamente milagrosa del poder divino procede de Dios.
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[ ACCIÓN DE LOS ÁNGELES SOBRE LOS HOMBRES ]
SANTO TOMÁS DE AQUINO: GOBIERNO Y CONSERVACIÓN DE LAS COSAS POR DIOS --> ACCIÓN DE LOS ÁNGELES SOBRE LOS HOMBRES.
ARTÍCULO 1. LA ILUMINACIÓN DEL HOMBRE POR LOS ÁNGELES
Los ángeles iluminan al hombre conforme al orden de la Providencia. El ángel superior fortalece el entendimiento humano y presenta las verdades inteligibles mediante semejanzas sensibles, porque el conocimiento humano se desarrolla mediante imágenes y representaciones. La iluminación angélica comunica la verdad adaptándola a la capacidad humana. Dios permanece como fuente primera de toda verdad y los ángeles actúan como ministros de esa comunicación.
ARTÍCULO 2. LA ACCIÓN ANGÉLICA SOBRE LA VOLUNTAD HUMANA
El ángel puede influir sobre la voluntad humana mediante la presentación de bienes y mediante la acción sobre las potencias sensibles que acompañan el acto voluntario. La voluntad recibe su objeto mediante el conocimiento y puede ser movida por aquello que aparece como bien. La voluntad conserva su propia capacidad de elección. La acción angélica influye y dispone, mientras el acto voluntario pertenece propiamente a la persona.
ARTÍCULO 3. LA ACCIÓN ANGÉLICA SOBRE LA IMAGINACIÓN
El ángel puede alterar la imaginación humana porque puede actuar sobre los órganos corporales y sobre los movimientos de los espíritus y humores relacionados con la imaginación. Puede presentar formas sensibles o producir disposiciones internas que modifiquen la actividad imaginativa. Esta acción explica fenómenos imaginativos extraordinarios y determinadas representaciones producidas durante el sueño o estados semejantes.
ARTÍCULO 4. LA ACCIÓN ANGÉLICA SOBRE LOS SENTIDOS
Los sentidos humanos pueden ser alterados por la acción angélica de dos maneras: mediante la presentación exterior de objetos sensibles y mediante la modificación interior de los espíritus y humores corporales. El ángel puede asumir un cuerpo o disponer elementos sensibles para producir una percepción determinada. También puede modificar las condiciones corporales que acompañan la operación de los sentidos.
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[ LA MISIÓN DE LOS ÁNGELES ]
SANTO TOMÁS DE AQUINO: GOBIERNO Y CONSERVACIÓN DE LAS COSAS POR DIOS --> LA MISIÓN DE LOS ÁNGELES.
ARTÍCULO 1. EL ENVÍO DE LOS ÁNGELES PARA EL MINISTERIO
Algunos ángeles son enviados por Dios para ejercer ministerios exteriores. El gobierno divino conduce las realidades inferiores mediante las superiores. Los ángeles reciben de Dios una misión concreta respecto de las criaturas y ejecutan exteriormente aquello que corresponde al orden providente. El envío manifiesta una relación entre la contemplación de Dios y el servicio de las criaturas.
ARTÍCULO 2. LOS ÁNGELES ENVIADOS Y LOS ÁNGELES ASISTENTES
Los ángeles pertenecientes a los órdenes superiores permanecen principalmente en la contemplación y asistencia ante Dios, mientras los órdenes inferiores reciben misiones exteriores. El envío implica una acción hacia las criaturas y una salida del ámbito propio de la contemplación ministerial. La diversidad de funciones corresponde a la diversidad de órdenes angélicos.
ARTÍCULO 3. LA ASISTENCIA DE LOS ÁNGELES ENVIADOS
Los ángeles enviados permanecen también en presencia de Dios mediante la contemplación. El movimiento hacia las criaturas pertenece a su misión exterior, mientras su unión con Dios permanece en el orden espiritual. De esta manera, misión y asistencia se integran. El ángel puede ejercer una función exterior y conservar simultáneamente su orientación interior hacia Dios.
ARTÍCULO 4. LOS ÓRDENES ANGÉLICOS ENVIADOS
Los ángeles de los órdenes inferiores son enviados principalmente para ministerios exteriores. Los órdenes superiores poseen una mayor proximidad contemplativa a Dios y comunican la iluminación a los inferiores. Los órdenes inferiores ejecutan más directamente las acciones relativas a las criaturas. Esta distribución expresa la estructura jerárquica del gobierno divino.
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[ ÁNGELES CUSTODIOS ]
SANTO TOMÁS DE AQUINO: GOBIERNO Y CONSERVACIÓN DE LAS COSAS POR DIOS --> ÁNGELES CUSTODIOS.
ARTÍCULO 1. LA GUARDA ANGÉLICA DE LOS HOMBRES
Los hombres están confiados a la custodia de los ángeles. La Providencia divina utiliza criaturas superiores para conducir y proteger a las inferiores. El ángel custodio ayuda al hombre en su camino hacia el bien y lo protege de múltiples peligros. Esta custodia expresa la bondad del gobierno divino y la participación de los ángeles en la conducción de las criaturas racionales.
ARTÍCULO 2. EL ÁNGEL CUSTODIO PERSONAL
Cada hombre recibe un ángel custodio particular. La dignidad de la persona racional y la diversidad de las necesidades humanas fundamentan una custodia individual. El ángel custodia al hombre desde una misión determinada por Dios y orientada hacia su perfección. La custodia personal manifiesta la atención providente de Dios a cada criatura racional.
ARTÍCULO 3. EL ORDEN ANGÉLICO DE LOS CUSTODIOS
La guarda de los hombres corresponde especialmente al orden inferior de los ángeles, porque este ministerio pertenece a la acción más próxima a las criaturas humanas. Los órdenes superiores reciben y transmiten la iluminación divina y los inferiores ejecutan funciones exteriores. El ministerio de custodia se integra así en la estructura jerárquica del gobierno angélico.
ARTÍCULO 4. LA UNIVERSALIDAD DE LA CUSTODIA ANGÉLICA
Todo hombre recibe custodia angélica. La Providencia divina extiende su cuidado a toda criatura racional y asigna a cada persona la ayuda de un ángel. La custodia acompaña al hombre en su existencia terrena y se ordena a su perfección espiritual. La condición humana como criatura racional fundamenta esta asistencia providente.
ARTÍCULO 5. EL COMIENZO DE LA CUSTODIA
El ángel comienza su custodia cuando el hombre entra en la existencia humana. La misión del custodio se ordena a acompañar la vida de la persona desde su inicio. La custodia se relaciona con la dignidad de la criatura racional y con el fin al que está llamada. Dios establece esta asistencia desde el comienzo de la vida humana.
ARTÍCULO 6. LA CONTINUIDAD DE LA CUSTODIA
El ángel custodio permanece vinculado a la persona durante las circunstancias propias de su peregrinación terrena. La misión del custodio alcanza las diversas situaciones de la vida y se orienta constantemente al bien de la persona. La custodia incluye protección, ayuda y orientación según el orden de la Providencia divina.
ARTÍCULO 7. LA RELACIÓN DEL ÁNGEL CON LA PÉRDIDA DEL CUSTODIADO
El ángel custodio posee conocimiento y voluntad conformes a Dios. Por ello, la pérdida espiritual del hombre produce en el ángel una relación con la justicia divina y con el orden de la Providencia. La tristeza propia de una voluntad privada de su bien pertenece al orden humano; el ángel contempla el juicio divino y permanece unido al bien universal querido por Dios.
ARTÍCULO 8. LA ARMONÍA ENTRE LOS ÁNGELES EN LA CUSTODIA
Las funciones de los ángeles están ordenadas por Dios y se coordinan dentro de una misma Providencia. Las diferencias de misión expresan distintos grados de participación en el gobierno divino. Las aparentes diferencias entre ministerios angélicos se integran en una estructura común. Cada ángel cumple la función que corresponde a su orden y a la disposición divina.
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[ INSIDIA DE LOS DEMONIOS ]
SANTO TOMÁS DE AQUINO: GOBIERNO Y CONSERVACIÓN DE LAS COSAS POR DIOS --> INSIDIA DE LOS DEMONIOS.
ARTÍCULO 1. EL COMBATE DE LOS DEMONIOS CONTRA LOS HOMBRES
Los hombres son combatidos por los demonios. Este combate procede de la malicia demoníaca y se orienta a impedir el bien espiritual del hombre. Dios permite esta lucha dentro del orden de la Providencia y proporciona los medios necesarios para que la criatura racional pueda alcanzar su fin. La tentación constituye una ocasión de ejercicio de la virtud y de crecimiento en el bien.
ARTÍCULO 2. LA TENTACIÓN COMO ACCIÓN PROPIA DEL DIABLO
Tentar consiste propiamente en poner a prueba para descubrir una disposición determinada. El demonio tienta al hombre buscando conocer, inducir o favorecer una caída. La tentación puede presentar un objeto como deseable y estimular las pasiones o la imaginación. La acción demoníaca actúa mediante causas naturales y psicológicas disponibles para la criatura, mientras la voluntad humana conserva su responsabilidad.
ARTÍCULO 3. LA RELACIÓN ENTRE EL PECADO Y LA TENTACIÓN DEMONÍACA
El demonio puede ser causa indirecta de determinados pecados mediante la tentación, la sugestión y la disposición de circunstancias. El pecado procede directamente de la voluntad que elige un bien particular fuera del orden debido. Las inclinaciones humanas, las pasiones y las circunstancias poseen también causalidad propia. Por ello, la responsabilidad moral permanece en el sujeto que realiza voluntariamente el acto.
ARTÍCULO 4. EL PODER DEMONÍACO SOBRE LOS MILAGROS
El milagro propiamente dicho pertenece al poder divino. Los demonios pueden producir efectos extraordinarios mediante sus poderes naturales y mediante el conocimiento de las fuerzas ocultas de la naturaleza. Estos efectos pueden causar admiración y servir para engañar. La verdadera manifestación milagrosa de un poder superior pertenece a Dios, mientras las criaturas actúan dentro de los límites de su naturaleza.
ARTÍCULO 5. LA PERSISTENCIA DE LA TENTACIÓN DEMONÍACA
Los demonios pueden continuar tentando después de experimentar resistencia por parte del hombre. La derrota en una tentación concreta puede llevar a nuevas estrategias y nuevas ocasiones. La lucha espiritual permanece dentro de la Providencia y permite al hombre ejercitar la virtud. La perseverancia en el bien fortalece la disposición de la voluntad y favorece el crecimiento espiritual.
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[ ACCIÓN DE LA CRIATURA CORPORAL ]
SANTO TOMÁS DE AQUINO: GOBIERNO Y CONSERVACIÓN DE LAS COSAS POR DIOS --> ACCIÓN DE LA CRIATURA CORPORAL.
ARTÍCULO 1. LA ACTIVIDAD DE LOS CUERPOS
Los cuerpos poseen verdadera capacidad activa. Las cualidades y formas naturales constituyen principios reales de operaciones. El fuego calienta, el cuerpo pesado se mueve hacia su lugar y los diversos agentes naturales producen efectos según sus propiedades. Dios es causa primera de estas operaciones y las criaturas corporales son causas segundas verdaderas. La acción corporal pertenece al orden real de la naturaleza.
ARTÍCULO 2. LAS RAZONES SEMINALES
En las criaturas corporales existen principios activos que contienen virtualmente determinados efectos futuros. Estas razones seminales expresan capacidades naturales presentes en las cosas y ordenadas hacia desarrollos posteriores. Dios establece en la creación las virtualidades mediante las cuales las criaturas producen nuevos efectos. La naturaleza contiene así principios de desarrollo que actúan bajo el gobierno divino.
ARTÍCULO 3. LA CAUSALIDAD DE LOS CUERPOS CELESTES
Los cuerpos celestes ejercen causalidad sobre los cuerpos inferiores. Su movimiento y sus disposiciones influyen en los cambios corporales y en los procesos naturales de generación y corrupción. Esta influencia procede de su superior estabilidad y de su posición dentro del orden cósmico. Los cuerpos celestes actúan como causas corporales superiores y forman parte del orden establecido por la Providencia divina.
ARTÍCULO 4. LA INFLUENCIA DE LOS CUERPOS CELESTES SOBRE LOS ACTOS HUMANOS
Los cuerpos celestes influyen sobre las disposiciones corporales y, mediante ellas, pueden influir indirectamente en las potencias sensibles. La inteligencia y la voluntad poseen una dimensión espiritual y alcanzan bienes mediante el conocimiento y la elección. Por ello, la influencia celeste puede disponer condiciones corporales y pasionales, mientras la decisión racional pertenece a la voluntad humana. La libertad permanece fundada en la naturaleza espiritual del hombre.
ARTÍCULO 5. LA INFLUENCIA DE LOS CUERPOS CELESTES SOBRE LOS DEMONIOS
Los cuerpos celestes pueden influir en las disposiciones corporales que acompañan determinadas acciones demoníacas cuando los demonios utilizan agentes corporales. La acción celeste pertenece al orden corporal y los demonios pertenecen al orden espiritual. Por ello, la influencia se produce mediante los cuerpos y sus disposiciones, dentro de los límites establecidos por la Providencia. La naturaleza espiritual del demonio conserva su superioridad respecto del orden corporal.
ARTÍCULO 6. LA LIBERTAD FRENTE A LA NECESIDAD CELESTE
Los cuerpos celestes producen inclinaciones en las realidades corporales y pueden disponer determinadas condiciones para la acción humana. Estas influencias carecen de poder para imponer necesidad a la voluntad racional. La voluntad puede seguir o superar las inclinaciones sensibles mediante el conocimiento y la deliberación. La Providencia integra las influencias corporales dentro de un orden donde permanece la libertad propia de la criatura racional.
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[ EL HADO ]
SANTO TOMÁS DE AQUINO: GOBIERNO Y CONSERVACIÓN DE LAS COSAS POR DIOS --> EL HADO.
ARTÍCULO 1. LA EXISTENCIA DEL HADO
Existe el hado entendido como disposición ordenada de causas segundas. Muchos acontecimientos aparecen casuales cuando se consideran desde causas próximas, mientras adquieren una ordenación intencional cuando se contemplan desde una causa superior. El encuentro de dos personas enviado por un mismo superior sirve como ejemplo: el encuentro resulta casual para ellas y ordenado para quien las envió. El hado expresa así la disposición de las causas secundarias bajo la Providencia.
ARTÍCULO 2. LA REALIDAD DEL HADO EN LAS CAUSAS SEGUNDAS
El hado reside en las causas segundas, porque consiste precisamente en su ordenación hacia efectos previstos por Dios. Dios constituye el primer principio de esta ordenación, mientras las causas creadas ejecutan sus efectos según sus propias capacidades. El hado posee realidad en la estructura causal de las criaturas y expresa la dependencia ordenada de las causas segundas respecto de la causa primera.
ARTÍCULO 3. LA INMUTABILIDAD DEL HADO
La disposición de las causas segundas puede considerarse en sí misma y en relación con Dios. Las causas creadas poseen contingencia y capacidad de variación, mientras el orden divino que las comprende permanece estable. La inmutabilidad pertenece propiamente a la Providencia divina; el hado manifiesta esa Providencia mediante una serie de causas que actúan según diferentes grados de necesidad y contingencia.
ARTÍCULO 4. LA UNIVERSALIDAD DEL HADO
Todo aquello que depende de causas segundas queda sometido al hado. Las realidades producidas directamente por Dios pertenecen a una causalidad inmediata y, por ello, quedan fuera del hado considerado estrictamente. La creación y la glorificación de las sustancias espirituales pertenecen directamente a Dios. El hado alcanza las obras realizadas mediante la ordenación de las causas creadas.
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[ ACCIÓN DEL HOMBRE ]
SANTO TOMÁS DE AQUINO: GOBIERNO Y CONSERVACIÓN DE LAS COSAS POR DIOS --> ACCIÓN DEL HOMBRE.
ARTÍCULO 1. LA ENSEÑANZA DEL HOMBRE AL HOMBRE
El hombre puede enseñar a otro hombre porque posee conocimientos que puede comunicar mediante signos, palabras y demostraciones. El maestro dispone los principios y presenta las conclusiones de modo que el entendimiento del discípulo pueda pasar de la potencia al acto. Dios constituye la causa primera de toda ciencia, mientras el maestro actúa como causa instrumental y próxima. La enseñanza humana produce realmente conocimiento en quien aprende.
ARTÍCULO 2. LA RELACIÓN DEL HOMBRE CON EL CONOCIMIENTO ANGÉLICO
Los hombres pueden manifestar a los ángeles aquello que pertenece a las acciones humanas y a determinadas realidades creadas. El conocimiento divino y la iluminación sobrenatural siguen un orden en el que los ángeles superiores instruyen a los inferiores. Los hombres poseen una dignidad elevada mediante la gracia, pero la iluminación de los ángeles respecto de las verdades divinas procede de Dios y se desarrolla según el orden angélico establecido.
ARTÍCULO 3. EL PODER NATURAL DEL ALMA SOBRE LA MATERIA
El alma humana, por su poder natural, actúa sobre el cuerpo que vivifica y gobierna. La materia corporal recibe formas mediante agentes corporales o mediante Dios como causa primera. La virtud natural del alma separada carece de poder para transformar directamente la materia corporal. La acción humana sobre la materia se realiza mediante los órganos corporales, las potencias sensibles y la utilización de instrumentos y agentes naturales.
ARTÍCULO 4. LA ACCIÓN DEL ALMA SEPARADA SOBRE LOS CUERPOS
El alma separada conserva sus capacidades intelectuales y volitivas, pero su poder natural carece de la capacidad de mover directamente cuerpos locales. Mientras está unida al cuerpo, el alma mueve mediante la vivificación y el gobierno de los órganos. Separada del cuerpo, carece de ese instrumento corporal. Los efectos extraordinarios que puedan acompañar al alma separada dependen de una disposición divina y de un poder superior.
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[ PROPAGACIÓN HUMANA: EL ALMA ]
SANTO TOMÁS DE AQUINO: GOBIERNO Y CONSERVACIÓN DE LAS COSAS POR DIOS --> PROPAGACIÓN HUMANA: EL ALMA.
ARTÍCULO 1. LA TRANSMISIÓN DEL ALMA SENSITIVA
El alma sensitiva de los animales procede de la potencia generativa de los progenitores porque constituye la forma de un cuerpo orgánico y posee operaciones dependientes de la materia corporal. La generación produce progresivamente la disposición corporal adecuada y, mediante ella, aparece el alma sensitiva. La causa generativa actúa según la potencia contenida en la naturaleza del progenitor. El alma sensitiva pertenece, por tanto, al orden de las formas corporales.
ARTÍCULO 2. EL ORIGEN DEL ALMA INTELECTIVA
El alma intelectiva posee una naturaleza espiritual y sus operaciones intelectuales trascienden la materia. La virtud seminal, que actúa mediante el poder del cuerpo y del alma sensitiva del progenitor, carece de capacidad para producir directamente una realidad espiritual. El alma intelectiva procede de Dios mediante creación. La generación humana dispone el cuerpo para recibir el alma, mientras Dios constituye su causa propia.
ARTÍCULO 3. LA CREACIÓN DE LAS ALMAS HUMANAS EN EL TIEMPO
Las almas humanas son creadas por Dios en el momento correspondiente a la generación de cada hombre. El alma intelectiva está ordenada esencialmente a un cuerpo humano determinado y constituye con él una unidad natural. La creación simultánea de todas las almas al principio del mundo separaría el alma de su orden natural hacia el cuerpo. La generación humana constituye el ámbito en el que el cuerpo se dispone para recibir el alma creada por Dios.
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[ PROPAGACIÓN HUMANA: EL CUERPO ]
SANTO TOMÁS DE AQUINO: GOBIERNO Y CONSERVACIÓN DE LAS COSAS POR DIOS --> PROPAGACIÓN HUMANA: EL CUERPO.
ARTÍCULO 1. LA INCORPORACIÓN DEL ALIMENTO A LA NATURALEZA HUMANA
El alimento puede convertirse verdaderamente en parte de la naturaleza corporal humana. La naturaleza específica comprende la forma y la materia consideradas universalmente, mientras la naturaleza individual comprende esta alma y este cuerpo determinados. El alimento, mediante la nutrición y transformación corporal, pasa progresivamente de una condición extraña a una condición semejante a la del organismo que lo recibe. De este modo contribuye realmente a la constitución y conservación del cuerpo humano.
ARTÍCULO 2. EL SEMEN Y EL SOBRANTE DEL ALIMENTO
El semen procede de aquello que queda disponible después de los procesos nutritivos necesarios para la conservación del individuo. El alimento experimenta una transformación progresiva hasta convertirse en sustancia corporal semejante a la del organismo. Una parte se incorpora directamente al cuerpo y otra queda disponible para la generación. El semen constituye así una realidad preparada por la naturaleza para transmitir el principio generativo y colaborar en la producción de un nuevo ser humano.
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[ INFOGRAFÍA ]
SANTO TOMÁS DE AQUINO: GOBIERNO Y CONSERVACIÓN DE LAS COSAS POR DIOS --> INFOGRAFÍA.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: BIENAVENTURANZA --> EL FIN ÚLTIMO DEL HOMBRE.
Las acciones propiamente humanas proceden de la razón y de la voluntad, porque el hombre posee el dominio de sus actos. La razón y la voluntad permiten dirigir la acción hacia aquello que se desea alcanzar. Por esto, las acciones realizadas mediante deliberación expresan propiamente la actividad humana. El fin ocupa el lugar de principio del obrar, porque aquello que se desea alcanzar mueve la voluntad hacia la realización del fin.
Toda acción humana recibe su orientación fundamental del fin que persigue. El bien y el fin se encuentran estrechamente unidos, porque el bien constituye aquello hacia lo cual tiende el deseo. La voluntad se dirige hacia un bien presentado por la razón como fin. Así, la conducta humana adquiere orden.
La actividad humana presenta diversos grados de orden según la intención y la ejecución. Una acción humana puede dirigirse inmediatamente hacia un objetivo particular y, al mismo tiempo, quedar integrada dentro de una finalidad más amplia. De este modo, los actos humanos forman un corpus ordenado en el que los fines particulares se relacionan con fines superiores. La existencia de esta orden permite comprender la vida humana como un movimiento dirigido hacia un término último.
La finalidad constituye, por tanto, un principio esencial para comprender la acción humana. El hombre actúa como ser racional y voluntario, y su actividad adquiere sentido mediante la orientación hacia bienes que la razón reconoce como verdad y la voluntad como bien.
La naturaleza racional del hombre posee una capacidad propia para utilizar los medios hacia los fines. Las criaturas carentes de razón actúan también de acuerdo con fines, pero su orientación procede de una disposición natural establecida por quien gobierna la naturaleza. En ellas aparece un orden final conforme a sus capacidades y operaciones propias.
El hombre participa de este orden y, además, posee razón y voluntad. Mediante la razón conoce el fin, mientras la voluntad se dirige hacia el fin conocido. De esta manera, el hombre puede determinar sus propias acciones conforme al conocimiento que posee de aquello que desea alcanzar.
Dirigirse hacia un fin es mediante la razón y la voluntad es la forma superior de obrar. La inteligencia dispone los medios adecuados, mientras la voluntad realiza el movimiento deseo hacia aquello que aparece como bien. La racionalidad permite por tanto que el hombre sea principio de sus propios actos dentro del orden establecido por Dios.
Semejanza entre el orden natural y el orden racional. En ambos existe dirección hacia un término pero en el hombre esta dirección se realiza mediante conocimiento y voluntad. La naturaleza racional expresa, por tanto, una capacidad especial para ordenar deliberadamente la acción hacia el bien.
En los actos humanos el fin aporta una determinación esencial al acto porque expresa aquello hacia lo cual se dirige la voluntad. Un mismo movimiento exterior puede pertenecer a acciones humanas diferentes según la finalidad que lo oriente.
El fin permite distinguir acciones que exteriormente presentan una materia semejante. Una misma acción material puede adquirir una significación distinta según el bien buscado. El fin determina así la orientación moral del acto y permite comprender su verdadero significado dentro de la conducta humana.
El fin posee una función decisiva porque dirige los medios y permite juzgar el orden de la acción. Un fin adecuado ordena los actos hacia el bien correspondiente; un fin desordenado altera la dirección de la acción. De este modo, la finalidad constituye uno de los principios fundamentales para comprender los actos humanos.
En las acciones humanas existe una ordenación de fines. Un fin particular puede servir como medio respecto de otro fin superior, y esta relación exige la existencia de un último término que dé unidad al conjunto.
El fin último cumple una función semejante a la del primer principio en otros órdenes. Cuando la voluntad desea un bien como fin, ese deseo orienta las acciones posteriores. Los fines intermedios reciben su sentido de su relación que mantienen con el fin superior. Una serie ordenada de fines encuentra así su fundamento en un término último.
La vida humana posee una orientación general hacia el bien perfecto. El hombre busca diversos bienes particulares porque los considera convenientes para alcanzar alguna forma de perfección. La multiplicidad de acciones y deseos encuentra unidad mediante la referencia al bien que posee razón de fin último.
La existencia de un fin último permite comprender la vida humana como un orden. Cada elección particular queda integrada dentro de una orientación más amplia, y el conjunto de la actividad humana adquiere una dirección hacia la plenitud del bien.
El fin último posee la condición de bien perfecto y, por ello, ocupa el término supremo del deseo. Un mismo hombre puede perseguir diversos bienes particulares, pero la razón de fin último corresponde a aquello que le satisface plenamente el bien perfecto.
Cuando el hombre busca riquezas, honores, placer, conocimiento o cualquier otro bien particular, lo hace bajo la consideración de que ese bien participa de alguna forma de bondad. El fin último reúne y ordena estas aspiraciones particulares mediante la razón de bien perfecto.
La voluntad posee una orientación fundamental hacia la plenitud del bien, y esta orientación confiere unidad al deseo humano. Por ello, el fin último posee carácter único dentro de cada vida humana.
Los diversos bienes buscados por el hombre adquieren su posición en la vida según su relación con ese término supremo. La unidad del fin último proporciona unidad a la totalidad de los deseos y de las acciones.
Cuando la voluntad se dirige hacia un bien particular, ese bien puede integrarse dentro de una ordenación hacia el bien perfecto. Por esta razón, todo cuanto el hombre desea queda relacionado con su orientación fundamental hacia el fin último.
El fin último actúa como el primer principio del movimiento deseo. Así como los movimientos secundarios reciben su dirección del primer principio que los impulsa.
El hombre camina hacia el fin último mediante una sucesión de elecciones y actividades particulares. Cada paso posee su finalidad inmediata y, al mismo tiempo, puede integrarse en el orden general de la vida.
El fin último posee una razón universal porque corresponde al bien perfecto que satisface la voluntad humana. Todos los hombres poseen una misma naturaleza racional y, por ello, participan de una misma orientación fundamental hacia el bien pleno.
Las diferencias entre las personas aparecen en los bienes particulares que cada una elige y en la manera concreta de organizar su vida. Unos pueden buscar riquezas, otros honores, otros placer, conocimiento o poder. Estas elecciones expresan distintas concepciones del bien y distintos caminos particulares.
El deseo de plenitud se encuentra en todos, aunque cada persona pueda representar de manera distinta aquello que considera capaz de proporcionarle esa plenitud.
La bienaventuranza es el fin último de la vida humana. Su universalidad procede de la misma naturaleza del hombre, ordenada hacia la plenitud del bien. La diversidad de caminos particulares adquiere sentido dentro de esta orientación universal.
El fin puede considerarse como la realidad que constituye el término del deseo, Dios constituye el fin último de todas las criaturas, porque todas proceden de Él y se ordenan hacia Él.
Cada criatura alcanza su fin conforme a su propia naturaleza y capacidad. Así, el hombre al poseer una naturaleza racional alcanza su perfección mediante la bienaventuranza.
Existe, por tanto, una unidad del fin en cuanto a Dios como término supremo de toda la creación, y existe diversidad en cuanto al modo de alcanzar y participar de ese fin. La criatura racional posee una forma especial de participación mediante conocimiento y amor a lo que le es conocido.
Dios constituye la fuente y el término universal de todas las criaturas. El hombre encuentra en Dios su bien supremo y su plenitud, mientras cada criatura participa de la bondad divina según el grado de perfección que corresponde a su naturaleza.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: BIENAVENTURANZA --> ¿EN QUÉ CONSISTE?.
La bienaventuranza es el mayor bien (es el bien supremo) capaz de satisfacer plenamente el deseo humano. Las riquezas poseen utilidad porque permiten adquirir numerosos bienes materiales y atender necesidades de la vida pero, pertenecen al ámbito de los bienes particulares.
El bien supremo presenta una condición diferente respecto a los bienes particulares. Cuanto más perfectamente se posee el bien supremo, mayor resulta el amor hacia él porque más se le conoce. Los bienes temporales presentan una dinámica distinta, porque su posesión permite descubrir nuevas necesidades y nuevos deseos.
La bienaventuranza corresponde al bien capaz de satisfacer plenamente todos los deseos y necesidades. Las riquezas pueden servir a la vida humana y facilitar determinadas actividades, pero su naturaleza instrumental las sitúa dentro de un orden inferior respecto del bien supremo.
El honor posee dignidad porque expresa el reconocimiento de la excelencia. Puede acompañar a la virtud y representar una señal de la estima que una comunidad concede a una persona. La bienaventuranza, sin embargo, posee una perfección superior al reconocimiento recibido de otros.
El honor depende de quien lo concede y, por ello, se presenta como un bien relativo. La bienaventuranza pertenece al sujeto que alcanza el bien perfecto. La plenitud humana requiere poseer el bien que perfecciona al hombre, mientras el honor expresa una consideración exterior sobre esa perfección.
La causa de la bienaventuranza se encuentra en el bien que perfecciona al hombre, mientras el honor constituye una manifestación externa de excelencia.
Dios posee el honor supremo porque posee la excelencia suprema. El honor dirigido a Dios expresa la excelencia divina y la relación del hombre con su principio.
La gloria consiste en el conocimiento y reconocimiento de la excelencia. La gloria humana puede acompañar la virtud y puede estimular determinadas acciones. Su fundamento, sin embargo, depende del conocimiento que otras personas tengan de la excelencia propia.
La bienaventuranza posee una perfección interior y esencial. La gloria pertenece principalmente al reconocimiento exterior. El bien perfecto requiere la posesión del bien que satisface la voluntad, mientras la fama expresa la manifestación de ese bien ante otros.
La gloria puede ser verdadera cuando corresponde a una excelencia real. También puede depender de una opinión humana que presenta una valoración imperfecta. Por ello, la gloria posee un carácter subordinado respecto del bien que realmente perfecciona al hombre.
La gloria divina expresa la manifestación de la excelencia suprema. En el hombre, la gloria puede acompañar la virtud y constituir un fruto de la excelencia, mientras la bienaventuranza pertenece a la consecución del bien supremo.
El poder posee valor en cuanto permite producir determinados efectos. El hombre poderoso puede disponer de medios amplios para realizar acciones y alcanzar bienes particulares. El poder puede constituir un instrumento para realizar obras buenas y alcanzar determinados fines. Su valor depende del orden que recibe desde la razón y la voluntad.
El poder perfecto corresponde a Dios como fuente universal de todo cuanto existe. La criatura recibe un poder limitado y participado. La bienaventuranza humana encuentra su plenitud mediante su unión con el bien supremo, fuente de todo poder y de toda perfección.
La plenitud humana reside en el bien supremo hacia el cual se ordena toda capacidad.
Los bienes corporales poseen importancia para la vida humana porque el hombre vive mediante un cuerpo y realiza muchas actividades a través de él.
La bienaventuranza posee una perfección superior a cualquier bien corporal particular. Ningún bien corporal particular posee la amplitud necesaria para satisfacer plenamente esa orientación.
El cuerpo puede contribuir a la felicidad imperfecta propia de la vida presente. La actividad humana requiere condiciones corporales saludables. Esta contribución pertenece al orden instrumental.
La bienaventuranza perfecta corresponde a la unión con el bien supremo. El cuerpo participa entonces de la perfección del hombre mediante la plenitud que procede de la bienaventuranza del alma.
El deseo acompaña querer alcanzar un bien y expresa el descanso del deseo, en aquello que se ha alcanzado. La delectación posee así una relación estrecha con el bien, porque surge cuando el deseo encuentra satisfacción en una realidad amada.
Los deseos corporales pertenecen a bienes particulares y sensibles. Su intensidad y duración corresponden a la naturaleza de esos bienes. La bienaventuranza posee una perfección universal y espiritual, por lo que su contenido fundamental pertenece a un orden superior.
El deseo puede acompañar a la posesión de un bien verdadero. En este sentido, la bienaventuranza incluye delectación, porque la voluntad que siempre busca el bien descansa y no quiere nada más que estar en el bien supremo alcanzado. Esa es la delectación que acompaña a la bienaventuranza como fruto de la posesión del bien.
La causa principal de la bienaventuranza se encuentra en el bien supremo poseído. La delectación surge de esa posesión y expresa el gozo producido por el bien. Por ello, el deseo acompaña a la felicidad perfecta como consecuencia y plenitud del bien supremo alcanzado.
La bienaventuranza es y pertenece al alma en cuanto el alma participa activamente en su consecución. El alma tiene las capacidades mediante las cuales conoce y ama, y, por estas capacidades alcanza aquello que constituye su perfección.
La bienaventuranza es perteneciente al alma y por tanto como aquello que hace bienaventurado al hombre. La perfección recibida en el alma constituye la verdadera bienaventuranza en cuanto estado y operación del sujeto.
El bien supremo que origina la bienaventuranza tiene una realidad superior al alma, siendo así la dimensión objetiva de la bienaventuranza. Mientras que el alma recibe su perfección mediante su ordenación del alma hacia el bien supremo que constituye su fin, siendo así la dimensión subjetiva de la bienaventuranza.
El alma alcanza su perfección mediante con la posesión del bien supremo. La capacidad interior constituye el sujeto de la bienaventuranza, mientras el objeto supremo determina aquello que hace plenamente bienaventurado al hombre.
La bienaventuranza es el bien perfecto capaz de satisfacer plenamente el deseo humano. La voluntad posee una orientación hacia el bien universal, y esta amplitud requiere un objeto cuya bondad posea plenitud universal.
Todo bien creado participa de la bondad. Cada criatura posee una perfección determinada y limitada según su propia naturaleza. La suma de bienes creados expresa una gran riqueza de perfecciones, pero cada uno de ellos permanece dentro del orden de la participación.
Dios posee la bondad universal y perfecta. En Él se encuentra la fuente de toda bondad creada y la plenitud que corresponde al deseo humano. Por ello, la voluntad encuentra en el bien supremo aquello que satisface plenamente su orientación hacia el bien.
Y la bienaventuranza del hombre consiste en Dios solo como bien supremo. La criatura bienaventurada participa de la bondad divina y encuentra en Dios la plenitud, mientras que con los bienes particulares expresan bienes de manera limitada.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: BIENAVENTURANZA --> ¿QUÉ ES?.
La bienaventuranza se considera el bien supremo que constituye el término del deseo. Dios es el bien supremo y constituye el fin último del hombre. La bienaventuranza, es la perfección del sujeto que pertenece al orden al que se dirige el hombre.
La bienaventuranza humana constituye una perfección recibida por el hombre. Dios como fuente y término de esa perfección. Y el hombre participa del bien divino mediante la perfección propia de su naturaleza racional.
La distinción entre Dios como bien supremo y la bienaventuranza como perfección del hombre permite comprender la relación entre la causa y el efecto. Dios es la causa del bien en cuya posesión consiste la plenitud, mientras la bienaventuranza es el efecto que designa la perfección alcanzada por el hombre mediante la posesión del bien supremo.
La vida eterna expresa esta participación plena en el bien divino. El hombre alcanza una felicidad verdadera y propia de la criatura mediante su unión con Dios.
La bienaventuranza posee una relación esencial con la actuación del hombre que alcanza su perfección mediante la actividad propia de sus facultades. La potencia adquiere su perfección mediante el acto, y la bienaventuranza corresponde al acto perfecto de las facultades superiores.
La posesión del fin supremo puede entenderse como una actuación mediante la cual el hombre alcanza y disfruta del bien supremo. La bienaventuranza consiste en la consecución del bien supremo y en el acto mediante el cual el hombre se une a ese bien.
La perfección de un hombre se manifiesta mediante el ejercicio de sus facultades intelectuales y volitivas. La bienaventuranza es la operación perfecta, porque expresa el acto culminante de la criatura racional hacia su bien supremo y último.
El bien supremo constituye así el objeto de esta operación. La bienaventuranza pertenece al sujeto mediante el acto por el cual alcanza y disfruta del bien supremo que constituye su fin último.
El conocimiento humano comienza en la experiencia sensible y utiliza las imágenes procedentes de los sentidos para las operaciones intelectuales propias de la condición humana.
La bienaventuranza perfecta pertenece, sin embargo, al orden de la inteligencia. La unión con el bien increado requiere una capacidad capaz de alcanzar aquello que trasciende los bienes corporales.
La operación fundamental de la bienaventuranza consiste en la unión intelectual con Dios. Los sentidos participan en el orden de la vida humana y en la plenitud corporal, mientras la unión con Dios pertenece al acto superior del alma.
La bienaventuranza requiere conocimiento y amor, porque la criatura racional alcanza el fin mediante la razón y la voluntad. El entendimiento presenta el bien a la voluntad, y la voluntad se dirige hacia aquello que ha sido conocido como bien.
El conocimiento posee una prioridad respecto de la consecución del objeto, porque el amor presupone el conocimiento de aquello que se ama. La voluntad dirige hacia el fin y disfruta del bien alcanzado. La delectación pertenece así al movimiento y reposo del deseo respecto del bien conseguido.
La bienaventuranza consiste principalmente en el actuar del entendimiento, porque el fin inteligible se alcanza mediante el conocimiento. La voluntad acompaña esta operación mediante el amor y la fruición.
De este modo, ambas facultades participan en la felicidad, con una primacía del entendimiento en la visión del bien supremo.
El entendimiento especulativo se ordena a la verdad, mientras el entendimiento práctico se ordena a la acción ordinaria.
Dios constituye la verdad primera y la causa suprema de todas las cosas. La perfección del entendimiento se alcanza mediante la contemplación de aquello que posee la máxima inteligibilidad. La contemplación divina supera las operaciones ordenadas a los asuntos particulares de la acción.
El entendimiento práctico posee gran importancia para la vida moral porque dirige las acciones hacia los fines adecuados. Su función es disponer al hombre hacia el fin.
La bienaventuranza perfecta corresponde al acto contemplativo mediante el cual el entendimiento especulativo y práctico, alcanza el objeto supremo.
La sabiduría es la culminación de la actividad intelectual contemplativa y encuentra su objeto supremo en Dios.
Las ciencias especulativas proporcionan conocimiento verdadero acerca de diversas realidades. Su estudio perfecciona el entendimiento y produce una forma de felicidad intelectual durante la vida presente.
Así como cada ciencia estudia un ámbito determinado de la realidad, la bienaventuranza busca la contemplación del principio supremo. La bienaventuranza perfecta posee un objeto superior a todas las ciencias particulares.
Las ciencias especulativas pueden disponer al entendimiento para una contemplación más elevada. El conocimiento adquirido mediante ellas permite avanzar en la comprensión del orden de la realidad y preparar la mente para la consideración de las causas superiores.
La bienaventuranza perfecta encuentra su objeto en Dios y las ciencias particulares poseen valor como instrumentos de perfección intelectual y como aproximación al conocimiento de la realidad, mientras la visión divina constituye la culminación del entendimiento.
Los ángeles, poseen una naturaleza intelectual superior a la humana en su modo de conocimiento. Mientras que el hombre puede alcanzar una forma elevada de contemplación intelectual y llegar a conocer las realidades espirituales.
La perfección última de una potencia consiste en alcanzar plenamente aquello que constituye su objeto. El objeto del entendimiento humano posee una amplitud que encuentra su plenitud en la verdad suprema.
El conocimiento de los ángeles puede representar una perfección elevada del entendimiento humano, pero la plenitud de la capacidad intelectual se alcanza mediante el conocimiento de la fuente universal de toda verdad y de todo ser.
Dios constituye el objeto último del entendimiento. Los ángeles pueden iluminar al hombre como maestros y ministros dentro del orden creado, mientras Dios permanece como principio inmediato de la iluminación que conduce a la visión divina.
La perfección última del entendimiento humano consiste en alcanzar la realidad suprema que corresponde plenamente a su capacidad intelectual. Dios es la fuente primera de todo ser, de toda verdad y de toda iluminación. La visión de la esencia divina constituye la culminación de esta capacidad.
La Sagrada Escritura expresa esta verdad al afirmar que los bienaventurados verán a Dios tal cual es. Esta visión establece una semejanza especial entre el hombre y Dios, porque el entendimiento humano participa de la verdad divina mediante una unión inmediata con su fuente, su ser, la verdad y su iluminación.
La esencia divina supera todo conocimiento creado en excelencia y profundidad. La visión beatífica es una elevación sobrenatural del entendimiento mediante la cual la criatura alcanza a Dios como objeto supremo.
La bienaventuranza perfecta es, por tanto, la visión de la esencia divina. En cuanto el entendimiento recibe la luz necesaria para contemplar a Dios, y la voluntad disfruta del bien que el entendimiento contempla. En esta visión se encuentra la plenitud de la felicidad humana.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: BIENAVENTURANZA --> ¿QUÉ SE REQUIERE?.
La delectación puede acompañar una realidad de diversos modos: como preparación, como perfección, como ayuda exterior o como consecuencia concomitante. En la bienaventuranza, la delectación acompaña al acto mediante el cual el deseo descansa en el bien conseguido.
La bienaventuranza implica la posesión del bien supremo. Cuando el deseo alcanza aquello que ama porque previamente ya lo conoce a través de su entendimiento, experimenta descanso y gozo.
La delectación tiene una relación necesaria con el bienaventurado porque su voluntad ya ha encuentrado el bien supremo aquello hacia lo cual se dirige. La visión de Dios produce el gozo correspondiente a la posesión del bien.
La bienaventuranza comprende así la visión y la delectación. La visión constituye el acto principal mediante el cual se alcanza el bien supremo, y la delectación expresa el descanso de la voluntad en ese bien que ya no necesita buscar más saciada de bien supremo.
Pero la visión es el elemento principal porque mediante ella el entendimiento llega al objeto de la bienaventuranza. La delectación surge después de la visión como consecuencia de la posesión del bien supremo contemplado.
La causa de la delectación se encuentra en el acto mediante el cual el bien es alcanzado. La visión divina produce el gozo porque presenta a la voluntad el bien supremo en su presencia.
La voluntad se mueve hacia el bien bajo la guía del entendimiento. Cuando el entendimiento alcanza el objeto, la voluntad descansa y experimenta delectación-gozo. De este modo, la visión posee prioridad causal y esencial respecto del gozo que la acompaña.
La bienaventuranza es la visión de Dios. El gozo pertenece necesariamente a la plenitud de la felicidad como consecuencia del bien contemplado y poseído.
La bienaventuranza es la posesión el alcanzar aquello que el hombre busca, es decir, el hombre logra alcanzar la comprehensión de Dios.
El entendimiento contempla a Dios verdaderamente y la voluntad posee el bien divino mediante el amor. El hombre alcanza así el término de su búsqueda y recibe aquello hacia lo cual se orienta.
La esencia divina supera toda capacidad creada en infinitud y plenitud. El hombre contempla a Dios mediante una luz recibida y participa de la verdad divina conforme a su capacidad propia.
La comprehensión requerida para la bienaventuranza consiste en que la criatura permanece abierta a la infinitud divina y, al mismo tiempo, alcanza plenamente el término de su deseo mediante la unión con Dios.
La voluntad recta se orienta al fin último y desea el bien conforme al orden establecido por Dios. Esta rectitud la disposición necesaria para alcanzar la bienaventuranza, porque el fin último requiere una orientación adecuada de la voluntad.
La bienaventuranza perfecta encuentra así una disposición fundamental en la rectitud de la voluntad. El hombre bienaventurado posee una voluntad plenamente ordenada hacia Dios, que constituye el fin último y el bien supremo.
La bienaventuranza presente posee relación con el cuerpo porque las operaciones humanas requieren facultades sensibles y condiciones corporales adecuadas.
La bienaventuranza perfecta posee una relación diferente con el cuerpo. El alma puede contemplar a Dios mediante el entendimiento porque la esencia divina trasciende las imágenes sensibles y puede ser conocida mediante una elevación intelectual sobrenatural.
Las almas separadas del cuerpo pueden participar de la visión divina. La unión con Dios mediante la visión constituye la esencia de la bienaventuranza perfecta, mientras el cuerpo pertenece a la perfección del hombre de otro modo.
El cuerpo pertenece a la plenitud del hombre como parte de su naturaleza. La bienaventuranza alcanza su forma perfecta en el alma mediante la visión de Dios y posteriormente alcanza también al cuerpo mediante la plenitud derivada de esa felicidad.
La perfección del alma produce una redundancia de perfección sobre el cuerpo. La felicidad plena del alma comunica al cuerpo una condición de inmortalidad y gloria.
El cuerpo bienaventurado participa así de la perfección del alma. La visión de Dios constituye el centro de la felicidad, y la perfección corporal acompaña y completa la condición del hombre entero.
En la bienaventuranza imperfecta de esta vida los bienes exteriores sirven para las operaciones humanas. El hombre necesita recursos materiales para conservar la vida corporal y realizar determinadas obras de virtud.
La actividad contemplativa requiere condiciones exteriores en cierta medida, mientras la actividad práctica puede requerirlas en mayor grado porque muchas obras virtuosas se realizan mediante bienes materiales. La bienaventuranza perfecta, fundada en la visión de Dios, posee una suficiencia superior.
En la vida presente, la compañía de los amigos favorece las actividades virtuosas y proporciona una forma especial de alegría.
La amistad también posee una relación con la bienaventuranza porque la caridad une al hombre con Dios y con el prójimo. El amor perfecto a Dios produce como consecuencia un amor ordenado hacia las demás personas.
La bienaventuranza perfecta consiste esencialmente en la unión con Dios. La amistad con los bienaventurados acompaña esta plenitud y participa de su alegría. El bienaventurado disfruta de Dios como bien supremo y participa del gozo común de quienes se encuentran unidos al mismo fin.
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SANTO TOMÁS DE AQUINO: BIENAVENTURANZA --> LA CONSECUCIÓN DE LA BIENAVENTURANZA.
La bienaventuranza verdadera consiste en la visión de Dios y supera las capacidades naturales de la criatura. El hombre posee una naturaleza racional orientada hacia la verdad y el bien, y mediante la gracia divina puede ser elevado hasta la visión de la esencia divina.
La naturaleza humana alcanza su perfección suprema mediante una participación sobrenatural en Dios. La bienaventuranza supera las condiciones ordinarias de la inteligencia creada y requiere una elevación proporcionada al fin sobrenatural.
Dios concede la luz mediante la cual el entendimiento puede contemplar su esencia divina. Esta elevación permite al hombre alcanzar el fin que supera las capacidades propias de su naturaleza.
La bienaventuranza constituye así una verdadera posibilidad para el hombre mediante la acción de Dios. La criatura alcanza el fin sobrenatural por participación de la vida divina y mediante la gracia que la dispone para la visión beatífica.
La bienaventuranza perfecta es y consiste esencialmente en la visión de Dios. Todos los bienaventurados alcanzan a Dios como objeto de su felicidad y participan de la vida divina.
Las criaturas poseen capacidades diferentes y reciben de Dios grados diversos de perfección. Esta diversidad puede expresarse también en la intensidad de la participación en el bienaventurado estado.
La visión de Dios constituye el fundamento común de la felicidad, mientras la capacidad de cada criatura determina el grado de participación. Cada bienaventurado alcanza plenamente aquello que corresponde a su capacidad.
Existe así igualdad en cuanto al objeto supremo y diversidad en cuanto al modo y grado de participación. La bienaventuranza posee una misma fuente y admite diversos grados de plenitud participada.
La vida presente puede contener una bienaventuranza imperfecta. El hombre alcanza en ella determinados bienes espirituales mediante el conocimiento de la verdad, la práctica de las virtudes y la ordenación de la voluntad hacia Dios.
La felicidad perfecta corresponde a la visión de Dios. Durante la vida presente, el hombre camina mediante la fe y alcanza una participación anticipada de la bienaventuranza mediante la esperanza, la caridad y las obras virtuosas.
La vida contemplativa posee una especial semejanza con la bienaventuranza futura porque orienta al hombre hacia las realidades espirituales y hacia la verdad. La vida activa también participa de la felicidad mediante la práctica ordenada de las virtudes.
La bienaventuranza presente constituye una participación inicial e imperfecta de la felicidad futura. La plenitud pertenece a la visión divina, mientras la vida terrena proporciona el camino de preparación y participación anticipada.
La bienaventuranza perfecta posee estabilidad porque consiste en la unión definitiva con el bien supremo. La visión de Dios lleva consigo la plenitud del conocimiento y del amor, y la voluntad queda plenamente ordenada hacia el bien divino.
El bien supremo satisface completamente el deseo humano. La voluntad, alcanzado su fin, encuentra en Dios aquello que constituye su perfección. La plenitud de esta posesión establece la estabilidad propia de la felicidad eterna.
La bienaventuranza presente posee una condición diferente porque el hombre vive todavía en un estado de camino hacia el fin. La voluntad puede experimentar cambios durante esta etapa y la vida espiritual se encuentra todavía en proceso de crecimiento.
La felicidad perfecta pertenece a la vida eterna y posee carácter estable. La bienaventuranza terrena constituye una participación provisional y perfectible orientada hacia la visión definitiva de Dios.
La bienaventuranza perfecta supera las capacidades naturales del hombre porque consiste en la visión de la esencia divina. Aunque la naturaleza humana posee un deseo de verdad y de bien, el fin sobrenatural requiere una elevación superior.
La criatura racional puede alcanzar bienes proporcionados a sus capacidades naturales mediante sus propias operaciones. La visión divina pertenece a un orden superior y requiere la acción gratuita de Dios.
La gracia eleva la naturaleza humana y la dispone para participar de la vida divina. La bienaventuranza procede de Dios como fuente principal y supera cualquier adquisición basada exclusivamente en las fuerzas naturales.
La naturaleza humana posee una orientación hacia el bien supremo y la gracia conduce esa orientación hasta su culminación sobrenatural. La bienaventuranza perfecta constituye un don divino recibido mediante una participación sobrenatural.
La criatura superior puede colaborar en el perfeccionamiento de otra criatura mediante iluminación, enseñanza y ayuda. Los ángeles pueden iluminar el entendimiento humano respecto de determinados conocimientos y realidades creadas.
El ángel puede ejercer una función ministerial y pedagógica dentro del orden establecido por Dios. Su acción prepara y ayuda al hombre en el camino hacia la bienaventuranza.
La criatura superior desempeña así una función instrumental dentro del orden divino. Dios permanece como causa principal de la bienaventuranza y como fuente de la luz mediante la cual el entendimiento alcanza la visión de su esencia.
La bienaventuranza constituye un don de Dios y supera la capacidad natural de la criatura. Al mismo tiempo, la sabiduría divina establece un orden en el cual las criaturas racionales alcanzan el bien perfecto mediante operaciones orientadas hacia él.
La rectitud de la conciencia constituye una disposición necesaria para la consecución del fin. El hombre se mueve hacia la bienaventuranza mediante actos ordenados al último fin, y estos actos reciben el nombre de méritos.
Dios podría comunicar inmediatamente la bienaventuranza por su poder infinito. El orden de la sabiduría divina dispone la participación de las criaturas mediante un movimiento hacia el bien. Dios concede así el premio en relación con las obras realizadas bajo su gracia.
Los ángeles alcanzan la bienaventuranza mediante un movimiento meritorio proporcionado de acuerdo a su naturaleza, mientras los hombres avanzamos mediante una sucesión de actos virtuosos y méritos. La bienaventuranza aparece como premio de las operaciones virtuosas y como don procedente de Dios.
Todo hombre desea el bien y busca aquello que considera capaz de producir su plenitud. La bienaventuranza constituye el bien perfecto y, por ello, pertenece a la orientación fundamental del hombre.
Las personas pueden representar de manera diferente aquello que consideran felicidad. Unos buscan riquezas, otros honores, placer, poder, conocimiento o bienes espirituales. Estas diferencias expresan diversas concepciones acerca del bien que puede proporcionar la plenitud.
El deseo de felicidad permanece universal porque toda voluntad tiende al bien bajo una razón de plenitud. Las elecciones particulares pueden orientar este deseo hacia bienes diversos, pero la estructura fundamental del deseo conserva su referencia al bien perfecto.
La bienaventuranza constituye así el fin último universalmente deseado. El hombre busca la felicidad en cuanto busca el bien supremo completo de su existencia. La razón y la revelación permiten reconocer que esta plenitud encuentra su objeto supremo en Dios.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: BIENAVENTURANZA --> INFOGRAFÍA.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ACTOS HUMANOS --> LO VOLUNTARIO Y LO INVOLUNTARIO.
Lo voluntario pertenece propiamente a los actos humanos porque el principio del movimiento está dentro del sujeto que obra y porque conoce aquello hacia lo cual se dirige su acción. El conocimiento del fin por el entendimiento permite ordenar la acción de la voluntad hacia aquello que se pretende alcanzar.
La acción humana adquiere su condición propiamente voluntaria cuando procede del sujeto mediante su facultad apetitiva y bajo conocimiento del término al que se dirige. La voluntad puede recibir estímulo desde algo exterior, especialmente mediante la presentación de un objeto, pero conserva su condición de principio interior del acto voluntario. La moción exterior puede afectar el conocimiento, el cuerpo o las circunstancias de la acción, mientras el movimiento voluntario procede formalmente de la facultad apetitiva.
Dios constituye el primer principio de todo movimiento, también del movimiento voluntario. La dependencia respecto de Dios conserva plenamente la condición voluntaria porque Dios mueve cada naturaleza según su modo propio de obrar. La voluntad humana posee así un principio intrínseco de acción y recibe su moción primera de Dios como causa primera.
Los animales irracionales participan de lo voluntario en cuanto poseen conocimiento sensible del fin. El animal conoce mediante los sentidos aquello que resulta conveniente o perjudicial y se dirige hacia ello mediante el deseo sensible. Esta operación contiene un conocimiento del fin de la acción y una inclinación hacia ella.
Lo voluntario humano posee una perfección superior porque el hombre conoce el fin bajo la razón y puede ordenar racionalmente los medios hacia él. El animal conoce aquello que desea mediante la estimación sensible y se mueve según la inclinación natural de su deseo. El hombre, en cambio, conoce mediante la razón la relación entre fines y medios y puede deliberar acerca de las posibilidades de actuación.
Lo voluntario es por tanto, una manera proporcionada a la naturaleza de cada sujeto. En el animal es una participación de lo voluntario fundada en el conocimiento sensible; en el hombre es voluntario racional, acompañado por deliberación, elección y dominio de la acción.
La voluntad puede referirse tanto a la realización de una acción como a la abstención de una acción. El acto voluntario posee su principio en el querer, y el querer puede ordenar una operación exterior o determinar una abstención. La voluntad puede querer realizar una acción, querer permanecer en reposo, querer hablar o querer guardar silencio.
La ausencia de una operación exterior puede constituir una decisión voluntaria cuando la voluntad determina la conducta de esa manera. El acto voluntario se encuentra principalmente en el interior de la voluntad.
La voluntad posee así una amplitud mayor que la ejecución exterior. El acto humano recibe su raíz en el querer y desde esa raíz puede pasar a la operación exterior o permanecer en el ámbito interior de la voluntad.
La voluntad posee una inclinación propia hacia el bien y su movimiento voluntario procede interiormente. Una fuerza exterior puede actuar sobre el cuerpo y sobre las potencias que sirven a la ejecución, pero la voluntad conserva su propio modo de querer.
La violencia puede afectar directamente los miembros corporales y las facultades sometidas al movimiento exterior. La voluntad posee una estructura diferente porque su acto procede de ella misma como principio interior. La fuerza exterior puede crear condiciones de gran presión sobre la acción, aunque la voluntad conserva su condición propia.
Dios puede mover la voluntad como causa primera. Esta moción divina posee una naturaleza distinta de la violencia, porque Dios produce el movimiento voluntario conforme con la naturaleza de la voluntad. La moción primera de Dios y la libertad de la voluntad pertenecen, por tanto, a un mismo orden causal.
La violencia produce una acción exterior mediante una fuerza que procede desde fuera y que actúa sobre el sujeto contra su inclinación. El acto propiamente voluntario procede de la voluntad como principio interior. Cuando una acción exterior es impuesta por una fuerza contraria, el sujeto puede padecer una acción que afecta a sus miembros y a sus potencias ejecutivas.
La voluntad constituye el criterio para determinar la presencia de violencia. Cuando el sujeto conserva el querer de la acción, la acción mantiene su carácter voluntario. Cuando la acción corporal procede de una fuerza exterior que domina al sujeto, aparece la dimensión de violencia.
La doctrina distingue así entre el acto interior de querer y la ejecución corporal. El primero pertenece directamente a la voluntad; la segunda puede estar sometida a fuerzas exteriores que condicionan su realización.
El temor surge ante un mal futuro que se presenta como próximo y difícil de evitar. Una persona puede realizar una acción bajo el impulso del temor y, al mismo tiempo, querer realizarla para evitar un mal mayor. La acción posee así voluntariedad porque procede de una elección realizada dentro de una situación determinada.
El temor introduce una circunstancia que modifica el modo de querer. Una persona puede voluntariamente realizar una acción bajo la condición concreta impuesta por el temor. Por eso el acto realizado por temor participa de lo voluntario y puede contener también una dimensión involuntaria considerada según la inclinación natural del sujeto.
El juicio moral debe atender a esta estructura concreta. La acción adquiere su significado a partir de aquello que la persona quiere y de las condiciones en las que realiza la elección.
Otras influencias que proceden del interior de un sujeto que forma parte de la dinámica de sus potencias pueden modificar la disposición del sujeto y puede influir sobre el juicio práctico.
Esas influencias puede preceder al acto de la voluntad y favorecer una determinada orientación del deseo. También puede acompañar a la decisión y aumentar la intensidad de la inclinación. La razón conserva su capacidad de juzgar y ordenará la acción mediante la voluntad.
Esas influencias pueden disminuir el dominio racional cuando alcanza una gran intensidad, porque altera la disposición corporal y sensible del sujeto. La valoración del acto debe considerar la relación entre las influencias, el juicio, la voluntad y la ejecución concreta.
La ignorancia posee una relación diversa con la voluntad según su origen. Existe una ignorancia que precede al acto voluntario y que produce una acción que el sujeto habría evitado al poseer el conocimiento correspondiente. Esta ignorancia puede causar un acto involuntario propiamente dicho.
Existe también ignorancia vinculada con la negligencia. La persona posee la obligación de adquirir determinado conocimiento y omite realizar aquello que corresponde para alcanzarlo. En este caso, la ignorancia participa de la voluntariedad porque procede de una disposición previamente querida.
Existe también la ignorancia concomitante, que acompaña al acto sin constituir su causa determinante. La persona actúa bajo ignorancia, pero su voluntad posee una disposición que habría producido la misma acción aun con conocimiento. La relación entre ignorancia y voluntariedad depende así de la función causal que la ignorancia desempeña respecto de la decisión.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ACTOS HUMANOS --> LAS CIRCUNSTANCIAS.
Las circunstancias son una condición particular que rodea un acto singular. El término procede de aquello que se encuentra alrededor de una realidad y se aplica a las condiciones exteriores que acompañan al acto humano. Las circunstancias pertenecen a la realidad concreta de la acción y determinan su realización particular.
Las circunstancias añaden condiciones particulares al acto voluntario mientras que la sustancia del acto constituye aquello que pertenece esencialmente a su estructura. Estas condiciones son accidentes del acto porque afectan realmente a la acción y permiten determinarla con mayor precisión.
Las circunstancias pueden referirse a la persona que actúa, al objeto de la acción, al lugar, al momento, a los medios empleados, al modo de actuar y al fin particular perseguido. La doctrina moral utiliza estas condiciones para comprender la acción concreta en toda su determinación.
La consideración teológica de los actos humanos requiere atender a sus circunstancias porque el bien de una acción posee una plenitud que depende también de las condiciones concretas en las que se realiza. El acto humano singular aparece siempre acompañado por circunstancias determinadas.
Las circunstancias pueden aumentar o disminuir la bondad o la malicia del acto. También pueden proporcionar una determinación moral específica cuando su contenido afecta directamente a la especie del acto. La doctrina moral alcanza así su precisión mediante el examen recto del conjunto del acto y de las condiciones particulares que lo acompañan.
El estudio de las circunstancias pertenece, por tanto, al conocimiento completo de la acción humana. La valoración moral considera el objeto elegido, el fin perseguido y las condiciones concretas de la actuación.
Las circunstancias se reúnen tradicionalmente en siete preguntas: quién, qué, dónde, con qué medios, por qué, cómo y cuándo. Cada pregunta permite descubrir una condición particular de la acción.
«Quién» identifica al agente y a las personas relacionadas con la acción. «Qué» considera aquello que se realiza. «Dónde» señala el lugar. «Con qué medios» considera los instrumentos empleados. «Cómo» atiende al modo de realización. «Cuándo» considera el tiempo. «Por qué» se refiere al fin o motivo particular.
La respuesta a estas siete preguntas permiten pasar de la consideración general del acto a su realidad singular. Una acción humana adquiere así su plena determinación cuando estas condiciones son conocidas y relacionadas entre sí.
Las circunstancias adquieren diferente importancia según su relación con la acción. Algunas poseen una influencia especialmente intensa porque afectan al sujeto, al objeto o al fin. Entre ellas destaca la circunstancia que expresa por qué se realiza una acción, porque el fin puede ordenar toda la actividad hacia un determinado término.
La importancia moral de una circunstancia procede de la manera en que afecta a la bondad o malicia del acto. Una condición puede intensificar una determinación moral ya existente o introducir una determinación nueva.
La consideración moral debe, por tanto, reconocer una jerarquía entre las circunstancias. Las más relevantes son aquellas que poseen una relación directa con la especie, el fin y el orden racional de la acción.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ACTOS HUMANOS --> LA VOLUNTAD.
La voluntad tiene por objeto el bien porque el bien posee razón de apetecible. Toda potencia se ordena a un objeto propio y la voluntad se ordena al bien. La voluntad tiende hacia aquello que aparece como conveniente para el sujeto.
El bien puede presentarse bajo diferentes grados y formas. Existen bienes particulares, bienes sensibles, bienes espirituales y el bien universal. Todos pueden mover la voluntad en cuanto participan de alguna razón de bien.
El movimiento de la voluntad se dirige siempre hacia aquello que el sujeto aprehende como bueno.
La voluntad puede dirigirse hacia un bien verdadero y hacia un bien aparente. El entendimiento presenta el objeto bajo determinada razón y la voluntad apetece aquello que aparece como conveniente. El objeto formal del querer permanece bajo la razón de bien.
Un bien verdadero posee una conveniencia fundada en la realidad y en el orden debido. Un bien aparente posee una conveniencia que aparece al sujeto bajo una determinada consideración. La voluntad sigue la presentación que recibe del entendimiento y puede dirigir su acto hacia bienes particulares que poseen una apariencia de bien.
Esto explica la posibilidad de elecciones desordenadas. El sujeto busca siempre alguna forma de bien, aunque el bien presentado por el entendimiento y elegido pueda carecer de la plenitud correspondiente al verdadero bien humano.
La voluntad puede dirigirse hacia un objeto que posee malicia cuando ese objeto se presenta bajo alguna razón de bien. El mal considerado precisamente como mal carece de razón de apetecible, mientras una realidad mala puede contener placer, utilidad, ventaja, satisfacción o alguna otra condición apetecible.
La voluntad se mueve hacia aquello que el entendimiento presenta bajo razón de bien. Por ello, una acción moralmente desordenada puede ser querida porque el sujeto descubre en ella un beneficio particular.
El desorden aparece en la relación entre el bien particular buscado y el orden universal del bien humano. La voluntad conserva su orientación formal hacia el bien, mientras la elección concreta puede apartarse del orden debido.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ACTOS HUMANOS --> EL MOTIVO DE LA VOLUNTAD.
El entendimiento mueve a la voluntad mediante la presentación del objeto. La voluntad apetece el bien conocido y, por ello, la aprehensión intelectual precede a la determinación concreta del querer. El entendimiento presenta aquello que puede ser querido bajo una determinada razón.
La voluntad posee como objeto el bien y el bien se encuentra previamente conocido para poder moverla. El entendimiento determina así el contenido concreto que aparece ante la voluntad. La voluntad recibe del entendimiento la presentación del objeto y se dirige hacia él mediante el deseo racional.
La relación entre entendimiento y voluntad forma una estructura ordenada: el entendimiento conoce y presenta; la voluntad apetece y tiende. Ambas potencias cooperan en la constitución del acto humano completo.
Ordenadamente sería así: el entendimiento busca y presenta el bien de la verdad y la voluntad acciona y se dirige hacia el bien presentado por el entendimiento.
El deseo sensitivo puede influir sobre la voluntad porque las pasiones modifican la disposición corporal y sensible del sujeto. Una pasión intensa puede hacer que un objeto aparezca especialmente deleitable o conveniente. Esta nueva disposición influye en el juicio práctico y, mediante él, puede influir en la voluntad.
La voluntad posee una naturaleza superior y puede dirigir las potencias sensibles. Al mismo tiempo, las pasiones pueden ejercer una influencia ascendente sobre el juicio práctico. La acción humana surge así de una interacción entre conocimiento, voluntad y deseo sensitivo.
La pasión posee especial fuerza cuando acompaña una representación intensa del bien sensible. La voluntad conserva capacidad de ordenar la conducta conforme al juicio racional y puede integrar la inclinación sensible dentro de un orden superior.
Estimulada por el entendimiento, la voluntad puede moverse a sí misma en el orden de sus actos porque primero quiere el fin presentado por el entendimiento y posteriormente quiere aquello que conduce al fin por la inteligencia. La voluntad que quiere la salud puede comenzar a querer obtener los medios el tratamiento necesario para alcanzarla.
La inteligencia racional interviene en la determinación de los medios. La voluntad recibe mediante el entendimiento la consideración de aquello que puede conducir al fin y, posteriormente, se determina hacia aquello que desea realizar.
La voluntad puede pasar de querer el fin a querer aquello que conduce a él. Este proceso supone consejo y deliberación. El sujeto comienza a querer determinados medios después de considerar su relación con el fin.
El primer movimiento de la voluntad requiere una causa primera. Dios mueve la voluntad como causa universal y primera. La voluntad conserva, al mismo tiempo, su condición de principio interior del acto voluntario. La causalidad divina produce el acto voluntario conforme con la naturaleza propia de la voluntad.
Los cuerpos celestes pueden influir en las condiciones corporales y naturales del hombre. La voluntad pertenece a una potencia racional y posee una orientación hacia el bien conocido. La determinación moral de la voluntad procede del orden racional.
La voluntad racional conserva su orden propio y su capacidad de determinarse mediante el conocimiento del bien.
Dios es la causa de la voluntad porque la voluntad pertenece al alma racional, cuya creación procede de Dios, y porque la voluntad se encuentra ordenada al bien universal. Los bienes particulares poseen una bondad participada y limitada; Dios posee el bien universal.
Dios mueve la voluntad hacia su objeto universal, que es el bien. El hombre se determina mediante la razón a querer este bien particular o aquel otro, según aquello que la razón presenta como bueno, real o, aparente.
Dios puede también mover especialmente a determinadas personas mediante la gracia hacia un bien concreto. La moción divina alcanza la raíz de la voluntad y conserva la estructura propia de su libertad.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ACTOS HUMANOS --> EL MODO.
La voluntad posee una inclinación natural hacia el bien en común, hacia el último fin y hacia aquello que corresponde a la naturaleza del sujeto. La naturaleza es aquello que pertenece intrínsecamente a una realidad según su sustancia. Desde esta consideración, los principios de la actividad voluntaria poseen una inclinación natural.
El bien en común ocupa respecto de la voluntad una posición semejante a la que poseen los primeros principios respecto del entendimiento. La voluntad se dirige naturalmente hacia el bien y hacia la felicidad como último fin.
Los bienes particulares reciben posteriormente determinaciones concretas mediante la razón. La inclinación natural hacia el bien proporciona el fundamento universal sobre el que se desarrollan las elecciones particulares.
El bien universal mueve necesariamente a la voluntad porque la voluntad tiende naturalmente hacia el bien en común y hacia la felicidad. El último fin posee una relación necesaria con la voluntad porque constituye aquello que la voluntad busca como perfección última.
Los bienes particulares presentan diferentes grados de bondad y pueden ser considerados bajo diversas razones. Por ello, la voluntad puede dirigirse hacia uno u otro bien particular según el juicio práctico de la razón.
La libertad de elección aparece especialmente en los bienes particulares. La voluntad posee una orientación necesaria hacia el bien universal y una capacidad libre de determinación respecto de los bienes concretos.
El deseo sensible puede mover la voluntad mediante la pasión, especialmente cuando la cosa sensible aparece con gran fuerza como deleitable o útil. La pasión altera la disposición corporal y modifica la representación concreta de la cosa.
La voluntad racional (razón --> voluntad) conserva una capacidad propia de movimiento conforme con el juicio de la razón. La pasión influye sobre la voluntad mediante el modo en que presenta el bien sensible y mediante la disposición corporal que acompaña al acto.
La pasión posee una fuerza inclinativa considerable y puede dificultar el ejercicio pleno de la razón práctica.
Dios mueve la voluntad conforme con su naturaleza. La moción divina alcanza el acto voluntario y produce en la voluntad aquello que corresponde a su modo propio de actuar. La voluntad humana permanece libre porque Dios mueve la voluntad precisamente como voluntad.
La moción divina constituye así la raíz primera del movimiento voluntario, mientras la voluntad constituye el principio próximo y libre de la acción.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ACTOS HUMANOS --> LA FRUICIÓN.
La satisfacción (la fruición) pertenece a la potencia apetitiva porque consiste en descansar con agrado en el bien alcanzado como fin. El fruto es aquello que se recibe al término de una actividad y que produce satisfacción. De manera semejante, la satisfacción expresa la complacencia de la voluntad ante el bien que constituye el término del movimiento apetitivo.
La percepción del bien pertenece al entendimiento; la complacencia ante el bien pertenece a la voluntad. Una misma realidad puede relacionarse con diversas potencias según razones diferentes. La visión de Dios, por ejemplo, pertenece al entendimiento en cuanto visión y a la voluntad en cuanto Dios es bien y fin.
La satisfacción expresa así el descanso apetitivo en el fin conseguido.
La satisfacción en sentido propio pertenece a la naturaleza racional porque requiere considerar algo como fin. Los animales pueden experimentar placer ante objetos sensibles y pueden alcanzar aquello hacia lo que se inclinan por naturaleza. El hombre, además, puede reconocer racionalmente una realidad como fin y descansar voluntariamente en ella.
La satisfacción se relaciona con el fin como término consciente de la tendencia. La voluntad humana puede reconocer un bien como fin y adherirse a él mediante el amor y la delectación.
La estructura racional del hombre permite una satisfacción superior, especialmente cuando el objeto de la voluntad es el bien supremo.
La satisfacción se refiere principalmente al fin porque consiste en descansar en aquello que se busca como término. El último fin constituye la satisfacción perfecta porque reúne en sí la razón suprema de término y perfección.
También puede existir una satisfacción respecto de fines intermedios cuando éstos son considerados como términos de una determinada acción. La voluntad puede encontrar satisfacción en bienes particulares y en fines subordinados.
La satisfacción alcanza su plenitud cuando el objeto posee razón de último fin. En el ámbito humano, los fines particulares conservan su condición de bienes subordinados al fin supremo.
La satisfacción perfecta corresponde al fin conseguido porque el descanso pleno de la voluntad requiere la posesión del bien. La esperanza y la intención pueden producir una satisfacción imperfecta porque anticipan de alguna manera el bien esperado.
La voluntad puede experimentar complacencia ante un fin que espera alcanzar. Esta complacencia posee una estructura imperfecta respecto de la satisfacción que surge de la posesión efectiva.
La distinción permite comprender la relación entre intención, esperanza y posesión del bien. La satisfacción plena pertenece al término alcanzado; la satisfacción imperfecta puede acompañar al movimiento hacia el término.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ACTOS HUMANOS --> LA INTENCIÓN.
La intención (la intención) es acto de la voluntad porque consiste en tender hacia un fin. El entendimiento conoce el fin y establece la ordenación de los medios, pero la tendencia efectiva hacia el término pertenece a la voluntad.
La intención presupone conocimiento porque la voluntad necesita conocer aquello hacia lo cual se dirige. El acto de la intención aparece después de la presentación racional del fin y expresa la orientación voluntaria hacia él.
La voluntad considera el fin de tres maneras principales: puede quererlo simplemente, puede descansar en él mediante la satisfacción y puede tender hacia él mediante la intención. La intención considera el fin como término de aquello que conduce hacia él.
La intención puede dirigirse hacia fines intermedios porque un fin puede actuar como término de una determinada acción y, al mismo tiempo, quedar ordenado hacia un fin superior.
Una persona puede buscar un fin próximo mediante determinados medios y ordenar ese fin hacia otro más elevado. La voluntad puede integrar diversos fines dentro de una misma estructura ordenada.
El último fin posee primacía porque constituye el último término supremo de la vida humana. Los fines intermedios poseen razón de fin en un orden particular y pueden convertirse en objeto de intención.
La voluntad puede tender simultáneamente hacia diversos fines cuando existe un orden entre ellos. Un fin próximo puede ser querido en cuanto conduce hacia un fin superior. La unidad de la intención procede del orden que vincula los distintos fines.
Una acción puede poseer así una estructura compleja: se busca inmediatamente un bien particular y, mediante él, se pretende alcanzar otro bien superior. La voluntad integra ambos dentro de una misma dirección.
La pluralidad de objetos adquiere unidad cuando se encuentran ordenados hacia un mismo término superior.
La intención se refiere al fin en cuanto término del movimiento de la voluntad. El querer absoluto del fin expresa la voluntad; el descanso en el fin conseguido expresa la satisfacción; la tendencia hacia el fin mediante aquello que conduce a él expresa la intención.
La intención puede dirigirse al último fin porque éste constituye el término supremo de la vida humana. También puede dirigirse hacia fines subordinados que poseen razón de término dentro de un orden particular.
La estructura de la intención permite comprender la orientación dinámica de la voluntad hacia aquello que pretende alcanzar.
La intención recibe su bondad o malicia del fin hacia el que orienta la voluntad. Un fin conforme con el orden debido comunica bondad a la intención. Un fin desordenado comunica malicia.
La intención posee importancia esencial en el entendimiento de la valoración del acto porque expresa la orientación interior de la voluntad. El acto exterior adquiere una determinación adicional mediante el fin querido.
El orden moral exige la correspondencia entre el fin, el objeto elegido y las circunstancias. La intención buena participa de la bondad del acto cuando se encuentra acompañada por medios y circunstancias adecuados.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ACTOS HUMANOS --> LA ELECCIÓN.
La elección contiene elementos propios del entendimiento y de la voluntad, pero pertenece formalmente a la voluntad. La comparación entre posibilidades pertenece a la razón, mientras el movimiento hacia aquello que se elige pertenece a la voluntad.
La elección presupone una deliberación mediante la cual la razón considera diversas posibilidades. Después del juicio práctico, la voluntad se mueve hacia aquello que ha sido elegido. La elección constituye así el término del proceso deliberativo y el comienzo de la ejecución.
La razón compara y juzga; la voluntad desea y elige. La estructura completa del acto exige la cooperación de ambas potencias.
La elección propiamente dicha pertenece a la naturaleza racional porque requiere deliberación acerca de diversas posibilidades. Los animales poseen deseo sensible y pueden dirigirse hacia objetos que perciben como convenientes, pero su operación procede de la estimación sensible y de la inclinación natural.
El hombre puede considerar diversas alternativas y comparar sus relaciones con el fin. Esta capacidad permite determinar mediante la razón cuál medio conviene realizar.
La elección humana posee, por tanto, una estructura racional y voluntaria. La conducta animal presenta movimientos semejantes exteriormente, mientras la elección propiamente dicha requiere deliberación.
La razón examina la relación entre los medios y el fin y presenta aquello que puede ser realizado.
La elección expresa la determinación concreta de la voluntad respecto de aquello que conduce al término querido.
La elección se refiere a aquello que está bajo el poder del agente. Una persona puede desear bienes exteriores, acontecimientos futuros o acciones realizadas por otros, pero la elección se dirige a aquello que puede ser realizado mediante la propia capacidad.
La elección pertenece al orden práctico porque determina una acción que el sujeto puede ejecutar. El agente considera aquello que depende de él y se determina hacia una posibilidad concreta.
La capacidad de elección expresa así el dominio voluntario sobre la propia actuación.
La elección se dirige a aquello que puede realizarse. La deliberación examina las posibilidades efectivas y busca los medios mediante los cuales el fin puede alcanzarse.
La voluntad puede desear realidades difíciles o incluso acontecimientos fuera del poder humano, pero la elección requiere una posibilidad concreta de actuación. Por ello, la estructura de la elección pertenece al ámbito de lo operable.
La razón práctica transforma la consideración general del fin en una determinación concreta de aquello que puede hacerse por la voluntad utilizándo la inteligencia para elegir los medios adecuados conseguirlo.
El hombre elige libremente porque la elección se produce después de una deliberación acerca de diversos bienes particulares y diversos medios. La razón práctica puede considerar distintas posibilidades y formular juicios diversos acerca de su conveniencia.
La voluntad se encuentra abierta a diferentes bienes particulares porque ninguno de ellos agota por sí mismo la razón universal de bien. La libertad aparece en la capacidad de determinarse conforme al juicio práctico y de elegir entre posibilidades.
El libre albedrío se manifiesta así en la cooperación entre razón y voluntad. La razón juzga las posibilidades y la voluntad se determina hacia aquella que elige como bien.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ACTOS HUMANOS --> EL CONSEJO.
La inteligencia (el consejo) constituye es un momento racional del acto humano y prepara la elección mediante el examen de las posibilidades concretas.
La inteligencia es una investigación de la razón práctica acerca de aquello que puede conducir al fin. La razón examina las posibilidades, considera los medios y busca la vía adecuada para alcanzar aquello que la voluntad quiere.
La deliberación posee carácter investigador porque parte de una situación en la que existen diversas posibilidades de actuación. La razón compara los medios y avanza hacia una conclusión práctica.
La inteligencia se refiere principalmente a aquello que conduce al fin. El fin funciona como principio que orienta la investigación. La razón considera qué medios permiten alcanzar aquello que la voluntad desea.
El fin se presenta como término recto bondadoso querido por la voluntad y la inteligencia examina los caminos que conducen hacia él. La estructura dla inteligencia depende, por tanto, de la relación entre medios y fin.
La deliberación puede abarcar una cadena de medios subordinados, avanzando desde el fin hacia aquello que finalmente puede realizarse.
La inteligencia considera aquello que se encuentra bajo el poder del agente. Deliberar significa investigar acerca de lo que puede hacerse mediante la propia actuación.
Las realidades externas pueden formar parte de la consideración práctica cuando constituyen condiciones de la acción, pero la deliberación culmina en aquello que puede quedar bajo el dominio operativo del sujeto.
La inteligencia posee así una orientación práctica y concreta. Su objeto propio son las posibilidades de actuación que pueden conducir al fin.
La inteligencia se aplica especialmente a las acciones que requieren investigación y comparación de posibilidades. Las acciones que proceden inmediatamente de una disposición estable pueden realizarse mediante una determinación más sencilla.
La deliberación adquiere especial importancia cuando existen diversos medios y cuando la elección requiere valorar sus relaciones con el fin. La estructura del acto humano permite así distinguir acciones que requieren amplio consejo y acciones que pueden realizarse mediante una disposición previamente determinada.
La inteligencia constituye una investigación proporcionada a la complejidad de la acción.
La inteligencia procede desde el fin hacia los medios. La razón considera aquello que se pretende alcanzar y desciende progresivamente hacia aquello mediante lo cual puede realizarse.
El proceso concluye cuando la investigación alcanza una posibilidad concreta que puede ponerse en ejecución. La resolución consiste en pasar desde la consideración del término hacia una determinación práctica.
La inteligencia posee así un movimiento ordenado: parte del fin, examina los medios y alcanza una acción posible.
La inteligencia conduce a la elección porque la investigación racional prepara la determinación voluntaria. La razón compara los medios y formula un juicio acerca de aquello que conviene realizar.
La voluntad recibe la conclusión práctica y se dirige hacia aquello que ha sido presentado como conveniente. La elección constituye así el término del proceso deliberativo.
La relación entre consejo y elección manifiesta la cooperación ordenada entre entendimiento y voluntad en el acto humano.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ACTOS HUMANOS --> EL CONSENTIMIENTO.
La aceptación (el consentimiento) es acto de la potencia apetitiva porque consiste en adherirse a aquello que ha sido presentado por la razón después de la deliberación. El entendimiento investiga y juzga; la voluntad se adhiere a la posibilidad que la razón presenta.
El término «consentimiento» expresa una unión de la voluntad con aquello que acepta. El entendimiento asiente a una verdad mediante el conocimiento, mientras la voluntad consiente adhiriéndose al bien que se le presenta como realizable.
La aceptación constituye así un momento esencial del proceso que conduce desde la deliberación hasta la elección.
La aceptación se relaciona con la razón superior porque ésta considera los principios superiores que regulan la acción humana. La razón superior atiende a las razones eternas y al orden establecido por Dios.
La voluntad acepta aquello que la razón presenta como realizable. La razón superior posee especial importancia cuando el acto debe ser juzgado según el orden último de la conducta humana.
La aceptación expresa así la unión entre la voluntad y el juicio racional que regula la acción desde sus principios superiores.
La aceptación se refiere principalmente a aquello que conduce al fin después de la deliberación. El fin ya se encuentra querido y orienta la investigación de los medios.
La voluntad puede consentir en los medios presentados por la inteligencia como adecuados para alcanzar el fin. La aceptación constituye así un paso intermedio entre la inteligencia y la elección.
La elección determina finalmente aquello que se realiza, mientras la aceptación es previa y expresa la adhesión de la voluntad a la razón e inteligencia durante la deliberación.
La aceptación se refiere a aquello que el sujeto puede realizar mediante sus propias potencias. La voluntad puede adherirse a una acción concreta que se encuentra bajo su capacidad de ejecución.
El proceso práctico alcanza así una determinación progresiva: la voluntad quiere el fin por se bueno, la inteligencia aconseja sobre los medios, la voluntad acepta y finalmente elige hacer aquello que debe ejecutarse.
La aceptación pertenece al ámbito de la acción posible y prepara la determinación concreta de la elección.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ACTOS HUMANOS --> EL USO.
El uso pertenece a la voluntad porque consiste en aplicar una potencia a la realización de aquello que ha sido elegido. La voluntad mueve las facultades ejecutivas para alcanzar el fin mediante el medio seleccionado.
La elección determina aquello que se quiere realizar y el uso aplica las potencias necesarias para ejecutar la acción. La voluntad posee así una relación activa con las facultades que participan en la ejecución.
El uso expresa la transición desde la determinación interior (aceptación) hacia la realización concreta de la acción.
El uso en sentido propio pertenece a la naturaleza racional porque implica aplicar conscientemente una potencia a un fin mediante la voluntad. Los animales realizan operaciones orientadas hacia fines naturales y sensibles, pero la estructura racional del uso humano incorpora deliberación y ordenación voluntaria.
El hombre puede utilizar una potencia como instrumento para alcanzar un fin que previamente ha querido. Puede también ordenar unas facultades a otras dentro de una estructura práctica.
El uso humano posee así una dimensión racional y voluntaria que expresa el dominio del sujeto sobre sus propias potencias.
El uso puede aparecer en diferentes momentos según aquello que la voluntad utiliza. El uso de las potencias ejecutivas sigue a la elección porque la voluntad aplica esas potencias para realizar aquello que ha elegido.
La voluntad también puede usar la razón para considerar los medios y relacionarlos con el fin. Bajo esta consideración, el uso puede preceder a una elección concreta.
Los actos de la voluntad poseen una estructur que permite considerar diferentes relaciones entre aceptación, elección y uso.
La voluntad mantiene una doble relación con aquello que quiere. Primero puede tener el fin como objeto de su tendencia y, después, puede dirigirse hacia la realización efectiva de aquello que conduce al fin.
Cuando el uso significa la aplicación de las potencias ejecutivas, sigue a la elección. La elección determina aquello que se quiere realizar y el uso mueve las potencias hacia la ejecución.
Cuando la voluntad usa la razón para considerar aquello que conduce al fin, el uso puede aparecer antes de la elección. El orden depende de la relación concreta entre el acto de usar y aquello que se elige.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ACTOS HUMANOS --> LOS ACTOS.
El imperio es acto de la razón aunque presupone un acto de la voluntad. La voluntad quiere el fin y mueve la razón para ordenar aquello que debe hacerse. La razón formula entonces la orden práctica que dirige la acción.
El imperio pertenece a la razón porque ordenar significa establecer una relación racional entre el fin querido y la acción que debe realizarse.
La voluntad proporciona la inclinación hacia el fin; la razón establece el orden práctico de la ejecución.
El imperio pertenece propiamente a la razón porque requiere una ordenación racional de una potencia hacia una acción. Los animales pueden presentar movimientos ordenados hacia fines naturales, pero su conducta procede de la estimación sensible y de la inclinación natural.
El hombre posee imperio porque puede conocer el fin, deliberar sobre los medios y ordenar sus potencias mediante un juicio práctico.
La estructura del imperio expresa así el dominio racional de la conducta.
El imperio precede al uso porque la razón ordena la acción y la voluntad aplica posteriormente las potencias a la ejecución. El imperio establece qué debe hacerse; el uso pone las facultades en ejercicio.
La razón formula la orden práctica a partir del fin querido. La voluntad recibe esa orden dentro de la estructura del acto humano y mueve las potencias ejecutivas.
El imperio y el uso constituyen, por tanto, momentos diferentes y complementarios del proceso operativo.
El imperio y el acto imperado poseen distinción según las potencias que intervienen. El imperio pertenece a la razón y el acto imperado pertenece a la potencia que ejecuta aquello que ha sido ordenado.
Ambos pueden constituir una unidad moral porque proceden de una misma ordenación voluntaria. La razón ordena y la potencia ejecuta, formando conjuntamente la acción humana completa.
La distinción de actos permite comprender la cooperación ordenada de las facultades dentro de una única acción moral.
La voluntad puede recibir imperio respecto de sus propios actos porque puede ordenarse a sí misma mediante la razón.
La voluntad participa así del dominio racional de la acción y puede ser dirigida hacia una determinada operación.
La razón puede recibir imperio porque la voluntad puede querer que se realice una determinada operación intelectual. Considerar, pensar, deliberar y juzgar pueden constituir objetos de la voluntad.
La voluntad mueve a la razón mediante la ordenación hacia un fin. La razón ejecuta entonces su propia actividad conforme al imperio recibido.
Esta estructura manifiesta la cooperación entre voluntad y entendimiento en la dirección del acto humano.
Las potencias sensibles pueden quedar sometidas al imperio de la razón porque el hombre puede ordenar voluntariamente sus movimientos sensibles. La razón dirige las facultades inferiores mediante la voluntad.
El dominio racional alcanza las potencias sensibles en cuanto éstas pueden participar de la ordenación del sujeto racional.
Los actos del alma sensitiva pueden quedar bajo el imperio de la voluntad cuando dependen de facultades que pueden obedecer a la razón. El hombre puede dirigir movimientos, percepciones y respuestas sensibles mediante la voluntad y el ejercicio racional.
La influencia de la voluntad sobre la sensibilidad posee límites derivados de la condición propia de las potencias y de sus órganos corporales. La acción humana integra así la dirección racional y la actividad sensible.
Las funciones vegetativas poseen una operación natural vinculada a la organización corporal. La voluntad puede influir indirectamente sobre ellas mediante la alimentación, el descanso, el ejercicio y otras condiciones que afectan al cuerpo.
El imperio directo pertenece principalmente a las potencias que pueden obedecer a la razón. Las operaciones vegetativas poseen una dinámica natural propia.
La acción voluntaria puede favorecer o dificultar determinadas condiciones corporales, mientras las funciones vitales fundamentales siguen su orden natural.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ACTOS HUMANOS --> BONDAD Y MALICIA_1.
La acción humana recibe bondad cuando se conforma con el orden debido y recibe malicia cuando presenta un desorden moral. La bondad moral expresa la perfección de la acción conforme con la razón y con el orden establecido por la ley eterna.
El acto humano posee un objeto, un fin y unas circunstancias. La plenitud moral surge de la adecuada ordenación de estos elementos.
La voluntad constituye el principio interior de la acción y dirige la conducta hacia un determinado fin. El orden de la acción determina así su condición moral.
El objeto constituye una fuente esencial de la bondad o malicia del acto. El objeto es aquello que la voluntad elige directamente y proporciona al acto una determinación específica.
Una acción adquiere su especie moral mediante aquello que se quiere directamente. El objeto permite conocer qué clase de acción realiza la persona.
La voluntad recibe del objeto una determinación moral que posteriormente queda integrada con el fin y las circunstancias. La bondad completa requiere la armonía de los elementos que constituyen la acción.
Las circunstancias contribuyen a la bondad o malicia porque completan la determinación concreta del acto. La acción singular posee una plenitud mayor que la consideración abstracta de su especie.
Una acción requiere circunstancias apropiadas para alcanzar su perfección. La ausencia de una condición debida puede introducir una deficiencia en la acción. Del mismo modo, una circunstancia conveniente puede aumentar su bondad.
Las circunstancias actúan como accidentes del acto y pueden modificar su valor moral o incluso constituir una nueva especie cuando poseen suficiente fuerza determinante.
El fin constituye una causa principal de la bondad o malicia porque ordena la voluntad hacia aquello que pretende alcanzar. Una misma acción material puede adquirir diferentes determinaciones morales según el fin perseguido.
El fin actúa como principio de la voluntad y como término de la acción. Los medios reciben su orientación del fin y participan de su ordenación.
La acción moral completa exige una correspondencia entre el objeto elegido y el fin perseguido. La bondad del fin constituye una dimensión esencial de la bondad del acto.
El acto humano recibe una especie de su objeto porque el objeto determina formalmente la acción. La diferencia entre objetos produce diferencias entre actos cuando esa diferencia pertenece esencialmente al principio activo correspondiente.
En el ámbito moral, la razón constituye el principio respecto del cual se considera la bondad o malicia. Por ello, una diferencia relevante del objeto puede producir una diferencia específica entre actos buenos y malos.
La acción humana adquiere así una especie moral determinada por la relación entre el objeto querido y el orden racional.
El fin puede proporcionar una especie moral porque determina la ordenación de la voluntad. La acción exterior posee una materia determinada y la intención puede introducir una nueva orientación formal.
Una misma realidad exterior puede recibir una determinación diferente según el fin que mueve al agente. La finalidad querida permite comprender la razón moral bajo la cual se realiza la acción.
El fin actúa como principio ordenador y puede constituir una especie moral distinta de la que procede del objeto.
El objeto y el fin proporcionan determinaciones diferentes al acto humano. * El objeto expresa aquello que se hace y el fin expresa aquello para lo cual se hace.
Una acción puede poseer una especie procedente de su objeto y otra determinación procedente de su fin. Estas dimensiones se integran en la unidad moral del acto.
La especie del acto debe considerarse según el principio activo respecto del cual el objeto constituye una determinación esencial. El fin puede añadir una ordenación superior a la acción.
Algunos objetos considerados en sí mismos poseen una condición moral indiferente. Una acción puede ser considerada bajo un aspecto material que carece de determinación moral específica.
La valoración completa aparece cuando el acto se considera dentro de la ordenación concreta de la voluntad. El fin y las circunstancias permiten determinar la acción singular.
El objeto puede, por tanto, poseer indiferencia considerada según una determinación abstracta, mientras la acción humana concreta recibe su valor moral mediante la ordenación voluntaria.
El acto singular adquiere determinación mediante el fin concreto y las circunstancias. El hombre actúa siempre dentro de una situación particular y su voluntad se dirige hacia un término determinado.
La razón ordena la acción hacia un fin y la voluntad participa de esta ordenación. Por ello, la acción individual adquiere una referencia moral concreta.
La consideración del acto singular permite comprender cómo el objeto, el fin y las circunstancias integran una única realidad moral.
Una circunstancia puede constituir una nueva especie moral cuando introduce una determinación que pertenece a otro orden moral. La circunstancia posee entonces fuerza suficiente para convertirse en diferencia específica.
Un mismo acto puede recibir una nueva determinación cuando una circunstancia añade una relación esencial con otra virtud o con otro vicio. La acción adquiere así una especie moral más determinada.
La circunstancia conserva su carácter accidental mientras intensifica una especie ya constituida. Cuando proporciona una nueva diferencia esencial, adquiere función específica.
Una circunstancia puede aumentar la bondad o la malicia sin constituir una especie nueva. La intensidad moral y la especie moral poseen dimensiones diferentes.
Una circunstancia que añade una mayor perfección dentro de la misma especie actúa como condición accidental. Otra circunstancia puede aportar una diferencia específicamente nueva.
La valoración del acto requiere distinguir entre intensificación de una especie y constitución de una especie distinta. Esta distinción permite comprender la función precisa de las circunstancias.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ACTOS HUMANOS --> BONDAD Y MALICIA_2.
La voluntad recibe su bondad del objeto porque aquello que quiere constituye el término inmediato de su acto. El bien querido proporciona una determinación formal a la voluntad.
La voluntad posee bondad cuando su objeto corresponde al orden debido. La elección de un objeto adecuado proporciona una primera determinación de rectitud.
El objeto constituye así una fuente esencial de la moralidad interior de la voluntad. Esta determinación se completa mediante la intención y las circunstancias.
La bondad de la voluntad requiere la consideración del objeto y del fin. El objeto proporciona una primera determinación y la intención expresa la ordenación hacia el fin.
Una voluntad puede querer un objeto bueno y orientar ese querer hacia un fin desordenado. También puede poseer una intención excelente acompañada por una elección que carece de la adecuación correspondiente.
La bondad moral plena exige la integración del objeto, la intención y las circunstancias dentro de un mismo orden racional.
La voluntad humana recibe su rectitud de su conformidad con la razón. La razón presenta el orden que corresponde a la acción y determina aquello que debe quererse.
La voluntad posee como objeto el bien y el bien debe ser conocido para ser querido. La razón presenta el bien bajo su aspecto inteligible y la voluntad se dirige hacia él.
La razón constituye así la regla próxima de la voluntad. La rectitud de la voluntad consiste en su conformidad con el juicio racional verdadero.
La rectitud de la razón humana posee como fundamento último la ley eterna, que es la razón divina. La razón humana constituye la regla próxima de la voluntad, mientras la ley eterna constituye la regla primera y superior.
La bondad de la voluntad depende en último término de su conformidad con el orden establecido por Dios. La ley eterna fundamenta la verdad del orden moral que la razón humana reconoce.
La voluntad alcanza así su medida última en la razón divina, cuya participación se manifiesta en la criatura racional.
La razón práctica dirige la voluntad mediante el juicio acerca de aquello que debe realizarse. Cuando la conciencia presenta una acción como debida, la voluntad se encuentra vinculada por ese juicio en cuanto actúa conforme a lo que considera recto.
La valoración del error depende también de su origen. La ignorancia puede proceder de una circunstancia invencible o de una negligencia voluntaria. La relación entre error y responsabilidad moral se determina mediante el vínculo entre conocimiento, voluntad y obligación.
La conciencia constituye así una regla próxima de la acción, mientras la rectitud plena depende de la correspondencia entre el juicio racional y el orden verdadero.
La voluntad sigue el objeto tal como es presentado por la razón. Cuando la razón errónea presenta algo como bien o como mal, la voluntad se dirige hacia aquello bajo la razón que recibe del juicio.
El error puede proceder de ignorancia y puede poseer diferentes grados de responsabilidad. Cuando la ignorancia pertenece al orden de lo que debía conocerse y procede de negligencia, la voluntad participa de la responsabilidad del error.
La acción moral requiere así considerar simultáneamente el objeto real, la aprehensión racional y la relación voluntaria con esa aprehensión.
La intención del fin comunica una determinación a la voluntad porque el fin mueve y ordena los medios. Aquello que se quiere para alcanzar un fin recibe su orientación de ese fin.
La voluntad puede querer un medio como camino hacia un determinado término. La bondad del fin puede influir formalmente sobre la bondad del querer del medio.
La intención constituye así una dimensión esencial de la voluntad porque manifiesta la dirección interior del acto hacia el fin.
La intensidad de la intención puede redundar formalmente en la intensidad del acto voluntario. Una intención intensa hacia un gran bien puede comunicar una mayor intensidad al querer.
La intensidad material del medio puede presentar una medida diferente. Una persona puede querer intensamente un fin y querer con menor intensidad el medio mediante el cual pretende alcanzarlo.
La bondad de la intención influye en el acto interior y exterior porque la intención constituye la razón formal de la orientación hacia el fin. La cantidad del mérito depende, además, de la intensidad del acto.
La voluntad alcanza su bondad plena cuando se conforma con la ley divina. La ley divina constituye la expresión de la razón divina que ordena todas las cosas hacia su fin.
La voluntad humana recibe su regla próxima de la razón y su fundamento último de la ley eterna. La conformidad con la ley divina integra ambos niveles dentro de una misma estructura moral.
La bondad de la voluntad posee así una dimensión racional, moral y teológica: la razón conoce el orden, la voluntad lo quiere y la ley divina constituye su fundamento último.
La voluntad humana alcanza su perfección mediante la conformidad con la voluntad divina en la razón del bien querido. La conformidad más perfecta consiste en querer aquello que Dios quiere según el mismo orden y razón.
Puede existir diversidad material entre aquello que quiere una persona y aquello que quiere otra, manteniéndose la unidad de las voluntades cuando ambas se ordenan hacia una misma razón de bien.
La voluntad humana se conforma especialmente con Dios cuando participa de la razón divina del orden de las cosas. En la gloria, esta conformidad alcanza su máxima perfección porque el hombre contempla plenamente el orden querido por Dios.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ACTOS HUMANOS --> BONDAD Y MALICIA_3.
La bondad y la malicia moral están primero en el acto interior de la voluntad porque la voluntad constituye el principio del acto moral. El acto exterior recibe su ordenación de aquello que la voluntad quiere.
Un acto exterior puede poseer una determinada condición según su objeto y sus circunstancias, y puede recibir otra determinación según el fin querido. La voluntad proporciona la orientación interior que dirige la ejecución.
El acto exterior expresa así materialmente la ordenación que comienza en la voluntad. El bien y el mal moral poseen su raíz en el acto interior.
El acto exterior recibe de la voluntad su ordenación hacia el fin. La voluntad puede dirigir una acción exterior hacia un fin bueno o hacia un fin desordenado.
La bondad del acto exterior posee también una determinación propia según su objeto y circunstancias. Por ello, la voluntad constituye el principio interior de la moralidad y el acto exterior aporta la materia concreta de la acción.
La bondad completa surge de la integración entre el acto interior y el acto exterior dentro de una única ordenación voluntaria.
El acto interior de la voluntad y el acto exterior pueden constituir un único acto moral porque se encuentran unidos por una misma ordenación voluntaria. El acto interior posee función formal y el exterior posee función material.
En determinados casos ambos poseen la misma bondad porque el exterior recibe toda su razón de bien del orden hacia el interior. En otros casos, el acto exterior posee además una razón propia de bondad derivada de su objeto o de sus circunstancias.
La relación puede compararse con una acción que posee valor por su finalidad y, al mismo tiempo, contiene una bondad propia según su materia.
El acto exterior puede añadir bondad o malicia porque realiza plenamente aquello que la voluntad había querido. El acto interior posee la orientación formal y el exterior puede incorporar una dimensión adicional mediante su materia y sus circunstancias.
La ejecución concreta permite que el acto alcance una plenitud mayor. El bien querido interiormente puede recibir una nueva perfección mediante su realización exterior.
La bondad del acto exterior debe valorarse según su objeto, sus circunstancias y su relación con la voluntad que lo ordena.
Un acontecimiento posterior puede relacionarse con la bondad o malicia cuando mantiene conexión con la voluntad del agente y con la ordenación de la acción. El acontecimiento posee relevancia moral según la relación que guarda con el acto voluntario.
El resultado puede manifestar o realizar de manera más plena aquello que la voluntad había querido. Su consideración moral requiere atender a la intención y a la relación causal entre la acción y el acontecimiento.
La moralidad procede principalmente de la voluntad y puede recibir determinaciones accidentales mediante los efectos vinculados a la acción.
Un acto exterior puede ser considerado uno según su realidad material y poseer diversas determinaciones según la ordenación voluntaria que recibe. La unidad física de una acción y su determinación moral pertenecen a órdenes distintos.
La voluntad puede ordenar diferentes aspectos de una acción hacia fines diversos. Las distintas determinaciones se comprenden mediante la estructura interior del querer.
La valoración moral requiere, por tanto, distinguir la unidad material de la acción y la diversidad de razones bajo las cuales puede ser querida.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ACTOS HUMANOS --> LAS CONSECUENCIAS.
El acto bueno posee razón de rectitud porque se conforma con el orden de la razón y de la ley eterna. La rectitud expresa una relación adecuada entre la acción humana y la regla que debe dirigirla.
El acto malo posee razón de pecado porque contiene un desorden voluntario respecto del orden debido. El pecado constituye así una acción moralmente desordenada en cuanto procede de una voluntad humana.
La bondad y la malicia adquieren en este artículo su consecuencia moral: la bondad se expresa como rectitud y la malicia como pecado.
El acto bueno puede ser objeto de alabanza porque procede de una voluntad conforme con el bien. La alabanza reconoce en el agente una acción que merece aprobación según el orden racional.
El acto malo posee razón de culpa porque procede de una voluntad que participa responsablemente en un desorden moral. La culpa se refiere así al agente como autor voluntario de la acción.
La alabanza y la culpa expresan una relación personal entre el acto y su autor. El hombre puede recibir reconocimiento o responsabilidad moral porque sus acciones proceden de su voluntad.
El mérito surge de la acción voluntaria que se ordena al bien conforme con el orden debido. El demérito surge de la acción voluntaria que se aparta de ese orden.
El mérito presupone que la persona actúe mediante sus propias facultades y que la acción posea una relación adecuada con el fin. La voluntad libre hace que el acto pueda ser atribuido al sujeto.
La doctrina del mérito muestra así que la bondad moral produce consecuencias en el agente. El acto bueno perfecciona la relación del hombre con el fin y el acto malo la deteriora.
El acto humano puede poseer mérito o demérito ante Dios porque Dios es el principio primero de la criatura, la regla suprema del orden moral y el fin último del hombre.
El mérito humano posee su fundamento en el orden establecido por Dios. La gracia eleva la capacidad humana y permite que los actos realizados bajo la ordenación divina alcancen un mérito sobrenatural.
El acto bueno adquiere razón de mérito ante Dios cuando se realiza conforme con el orden divino y orientado hacia el fin último. El acto malo adquiere razón de demérito porque introduce una separación voluntaria respecto del orden establecido por Dios.
La relación entre libertad humana y causalidad divina conserva una estructura ordenada: Dios es causa primera, la razón y la voluntad humana es causa próxima y el acto voluntario constituye el medio mediante el cual el hombre participa del orden moral.
SANTO TOMÁS DE AQUINO: LOS ACTOS HUMANOS --> INFOGRAFÍA.